La Monja de la Orden

Por Zenia Rodson

 

Descargo de responsabilidad


This is an UBER story; characters are loosely based on two chicks from a now-cancelled TV show, but that's where the similarities end - and I really mean that, because I never knew much about the show anyway.Esta es una historia Xena_UBER; y podría decir que los personajes son míos aunque éstos vagamente se basan en dos chicas de un programa de televisión,  (siento que solo vi  el programa tres veces de todos modos).

Violencia: Ninguna

Advertencia de amor/sexo: Sí, y muy consentido además. Esta historia describe en detalles una relación amorosa/sexual entre dos mujeres adultas. Lamento si no es eso lo que desearía leer...puede seguir adelante y encontrar algo a su gusto.

Dedicatoria: Dedico esto a MM, quien de ninguna manera se le ocurriría venir por estas páginas e interesarse por mis dotes de narradora.

Copyright: Zenia Rodson 2011. Todos los derechos reservados. No reproducir, publicar etc., sin permiso del autor

Si usted decide hacerme saber lo que piensa sobre este escrito, aquí le va mi correo:

zeniarodson@spray.se

 

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La Monja de la Orden

                                 

    Al fin había dado el paso y mi vida iba a cambiar. Me había enrollado a la brigada humanitaria que iba a viajar a Paquistán con fines de ayudar a los más necesitados y estaba dispuesta a pasar todas las pruebas que se requerían. Claro que no había contado después de haber presentado todos mis documentos es que debía pasar un curso de preparación. Pero esto fue solo un acicate para empeñarme más a la idea. Tomar unos cursos, para volver a las aulas después de adulta me daba la oportunidad de enmendar aquella actitud camorrista y el total desinterés que mostré unos años atrás cuando se me exigía que estudiara.

    A Robert le parecía una locura, incluso estaba seguro de que lo dejaría sin haber concluido. Y eso me gustaba, lo de llevar la contraria y demostrarle que estaba equivocado. Robert es el chico con que mantengo una casi relación de pareja. Es músico y trabaja en el espectáculo musical del hotel dónde  trabajo.

    Nos conocimos porque  me desempeño como la ?Show and Music Mánager? de uno de esos monstruos de hacer dinero como es el susodicho hotel de cinco estrellas ?Emporio? de la ciudad de Estocolmo. Así que mi horario de trabajo es simple y llanamente: todo el día. Básicamente haciendo contactos, entrevistas, para la búsqueda de talentos jóvenes musicales o negociaciones con artistas ya reconocidos en el ambiente capitalino. En las tardes superviso y mantengo todos los cabos sueltos en lo referente al local, luces, sonido, bandas, instrumentos etc, etc. Contando con la entrega semanal de un nuevo espectáculo al director del complejo. La verdad es que no me desagrada lo que hago, pero después de seis años en el medio reconozco que no es esto lo que hubiera deseado hacer, cumplidos los 26 años.

     Ahora estoy aquí, en el edificio de la MKFC, que es algo así como la institución para la educación adulta sueca a nivel universitario. Esta institución colabora activamente en Paquistán, y a afectos tiene diversos proyectos en las ramas de educación, economía, medicina, y desarrollo en general.

    Cuando entro al local, no me asombro de verme rodeada de gente adulta, y de aspecto profesional. Me siento al final del aula y escucho con atención las correspondientes presentaciones de quienes serían mis compañeros de curso por espacio de 6 meses. Total que con mí diploma de economía y mí tercer curso de ingeniería civil (nunca lo terminé por circunstancias de la vida) me siento como la más analfabeta de todos los presentes.

     Cuando el profesor empieza su presentación tocan a la puerta y cuando levanto la vista no me lo puedo creer ?¿Por dios y que hace ésta aquí??

- Disculpe, tuve problemas con el tráfico ?susurra la chica con el rostro arrebolado.

- ¡Adelante hermana! ¿Su nombre?

- Isabelle Izaguirre.

- Tome asiento, por favor.

    ¡Una monja! Con su vestido largo marrón hasta cubrirle los tobillos y ancho como para meterse adentro cinco personas atadas de las manos, una cofia de lienzo de color negro que le cubre la cabeza y una cadena con una cruz que le cuelga del cuello.

    ?¿Todavía existen monjas en el mundo? No sé si asombrarme de mi ignorancia o de su provocativa presencia ¿Que hace una monja en un curso para ir a Paquistán??. Lo cierto es que su aparición me deja pasmada pero aún más cuando veo que se dirige hacia el fondo exactamente a la mesa dónde estoy sentada. No sé por qué lo hago pero apenas se acerca, le digo:

- Está ocupado ?señalando para el sitio a mí lado.

     Siento su mirada perpleja y sus cejas elevadas, luego se gira hacia adelante.

- ¡Aquí está libre! ?escucho al rubio medio calvo que dice ser especialista de difusión de ?Dagens Nyheter? el más importante periódico hoy por hoy, en Suecia?.

     El profesor reanuda su presentación y yo miro a la monja de reojo. ¡Tuve suerte de quitármela de encima tan fácil!. Lo cierto es que me entra repelús al observar su vestuario. Sólo he visto monjas en películas y ver una de tan cerca me ha provocado un repentino pavor. Además, soy atea y no me gusta nada que se relacione a la iglesia incluyendo toda su divina parentela.

    Él día no es tan aburrido después de todo, aunque el plan de asignaturas es bastante cargado. Sé que voy a tener que esforzarme en historia, ética, y derecho internacional, Nunca se me dieron bien anteriormente. En la cafetería me siento sola y tomo un zumo de limón y un sándwich mientras que el resto se reúnen en grupitos pequeños y conversan. A la salida me espera Robert en su rugiente moto. Cuando estoy asegurada tras sus espaldas y nos disponemos a salir, me percato que la monjita esta parada cerca del andén. De seguro esperando a que vengan a recogerla.

- ¿Sabes algún piropo cachondo? ?se sorprende Robert con la pregunta que le hago- Un beso de los históricos si le dices algo picante a la monja que está allí ?le reto sonriendo.

- ¡Vale!

     Y arranca haciendo mucho ruido, Robert es un sinvergüenza cuando se lo propone, y esta vez se esmera, a tal punto que se me suben los colores con lo que le dice a la pobre, pero igual sonrío sin siquiera mirarla.

- ¿Está en tu curso? ?gira la cabeza Robert, cuando ya salimos a la avenida.

- Sí, para  mí desgracia.

- O para la de ella... que nos hemos pasado ¿eh?

- ¡Olvídalo!

       Robert me lleva directo a mí apartamento y allí estamos un rato, suficiente para tener sexo a la carrera, bañarnos y salir ambos cada uno a lo suyo. Él tiene que ensayar con el grupo y yo tengo entrenamiento de voleibol con un grupo de chicos de la escuela nacional de deportes. Es un trabajo extra el cual pagan bien y que he aceptado a instancia de mí antiguo instructor de cuando formaba parte del equipo femenino juvenil de Södermalm.   

      Luego que termino el entrenamiento, de nuevo a la ducha y directo al que considero la principal fuente de mis ingresos; El hotel. Después de dar una vuelta compruebo que todo está en orden y continuo trabajando en mí oficina en un proyecto para huéspedes nipones que recibiríamos la semana entrante.

    Llego a casa exhausta y con el teléfono repiqueteando como loco desde mi cuarto.

- ¿Haló?

- Alexandra ¿dónde te metes?

- ¡Hola mama! Estaba en el trabajo.

- ¡Por Dios!  ¿sabes que hora es?

- Pues... ?como si mirar el reloj fuera mí fuerte- ¡He tenido cosas que hacer!

- Hija no sé qué vida llevas... ¿por qué no vienes a casa?

- Mamá llegaré el sábado a almorzar.

­- Sabes cómo se pone tu padre cuando no te ve.

­- ¡Qué sí mamá! que ahora estoy un poco liada con lo del curso.

- Sigues con esa tonta idea de irte a esos países perdidos en...

- ¿En el culo del mundo? Sí, mamá.

- ¡Qué barbaridad! bueno te llamaba para recordarte que Elois tuvo que irse a Malmö a unas conferencias y...

- Y que tengo que ir a la compañía inmobiliaria de papá

- Sí, es algún papeleo con el abogado, llamó hoy.

- Trataré de pasar por ahí mañana.

- Te lo agradezco, hija.

- Te llamo mañana, mamá, buenas noches.

- ¡Buenas noches!

      Elois es mi hermano mayor, y entre los dos atendemos el funcionamiento de la mobiliaria que mi padre fundó hace 30 años atrás. Después del accidente dónde permanece en silla de ruedas se le hace imposible atender esos menesteres por sí mismo.

     Cuando me ducho y me voy a la cama pienso que justo por eso ansío cambiar todo lo que ahora estoy haciendo. Quiero ver gente nueva, conocer otros ambientes, buscar un sentido a la vida. Después de todo el día ocupado y del trabajo intenso que desarrollo me siento sola y hay días que no encuentro la razón de disfrutar de mi vida a plenitud. Aunque en realidad, no sé exactamente lo que busco, ni tampoco el por qué lo hago. Y con esa idea me quedo dormida suspirando entre mis sabanas.

                                                                 **********

     Pero lo del curso es que va a pasos agigantados, ya en el tercer día nos han recargado de literatura para leer y de algunos deberes para hacer en casa ¡No sé cómo puñetas voy a tener tiempo y paciencia para llevarlos a cabo! Tampoco mi cabeza está realmente donde tiene que estar, ahora tengo que solucionar como salimos del problema con la demanda que han presentado los vecinos que habitan en los edificios de la inmobiliaria de papá. ¡Quieren reparaciones! Se acerca el frío, y las listas aisladoras de los cristales dobles de las ventanas se desgastan con el tiempo, además la calefacción necesita un generador central más potente, eso sin contar que ya hubo un salidero en el sótano porque los tubos viejos no aguantan tanta presión de agua ¡Mierda! ¿De dónde papá sacará el dinero? 

- ¿Ha escuchado la pregunta Señorita Alexandra? ?la profesora de historia está frente a mí como una serpiente venenosa salida de la lámpara de Aladino.

     Toda la clase voltea hacia mi sitio y me observan como si llevara las ropas de revés.

- ¿Perdone...? ?debo tener la expresión más idiota de todo el país, por el modo de las sonrisas de mis compañeros dibujándose en sus rostros.

- ¡Esta es la tercera vez que le hago la pregunta, Alexandra!- ahora descubro el por qué la profesora nunca me agradó- ¡Y parece no haber escuchado!

- Pues... realmente no ?debía haber evitado esta verguenza, las risitas se hace general, o mejor dicho, la única que no se ha girado para burlarse de mi despiste, ha sido la monja que ni siquiera presta atención.

- Es lamentable que vengamos a perder el tiempo en clases- la bruja se dirige a su mesa con intenciones de no olvidarse de mi en un futuro inmediato- ¿Alguien puede contestar la pregunta?    

      Me siento terrible. Aprieto los dientes y no dejo relucir nada en mi expresión mientras alguien responde y yo trato de escuchar sobre qué están hablando, por si se le ocurre hacerme repetir . ¡De la constitución de Paquistán! Ya me estoy viendo en la madrugada leyendo de cabo a rabo el libro de historia. ¡No le voy a dar gusto a la bruja!

     No ha sido un buen día a pesar de mi empeño en poner atención. Lo peor es el turno de derecho internacional, cuando el profesor se aparece con las cincuenta hojas copiadas del libro de texto y las reparte. Con mi bulto de papeles bajo el brazo escapo escaleras abajo después que todos salen y casi llegando a la entrada principal, justo en el pasillo doy un resbalón y las hojas salen en todas direcciones alfombrando una buena parte del corredor.

- ¡La puta madre! ?me agacho y empiezo a recoger a diestro y siniestro con la terrible pesadilla de notar que las paginas no están enumeradas ¿Y ahora como infierno encuentro la ilación?

      Con suerte el grupo ya ha bajado y estoy sola en medio de mi pequeño desastre. Por eso no la veo. Simplemente escucho los pasos y cuando me vuelvo, la monja esta agachada recogiendo hojas desperdigadas.

-¿Qué haces?

     Lo primero que me choca es el verde. Sus ojos. ¡Alucinantemente verdes!

- Recogiendo tus hojas ?dice como si tal cosa.

- ¡No te he pedido que lo hagas! -rezongo molesta no sé si de verguenza o de ser la primera vez que veo su rostro de cerca y advertir que es asombrosamente hermosa.

      Se queda con la mano llena de hojas a medio camino del suelo y me observa como si estuviera bromeando.

- Quiero ayudarte ?dice suave y con la mirada sin quitarla de la mía.

- ¡No lo necesito! ?grito comprobando que definitivamente se me ha salido la bestia del cuerpo y aunque me enojo de escucharme yo misma, y me abochorno de toda la situación no hago nada por arreglarlo .

     Delicadamente la monja se incorpora asintiendo sin decir palabras, luego lleva la mano a un costado de su ancho vestido y lo levanta para pasar sobre todos los papeles y no arrastrar alguno por descuido. ¡Mierda! La observo mientras se aleja hacia la salida sin volver la vista atrás.

      Cuando logro ajuntar el atado de papeles y me precipito a la salida imaginando que Robert está esperando para recogerme, me encuentro que no está pero no es el caso de la monja que abre la puerta del auto, al parecer del monasterio, que ha venido a recogerla. Al timón otra monja que luego de sonreírle le planta un beso en la mejilla y se ponen en marcha pasando a mi lado entretenidas en su conversación.

    Robert no llega y tomo un taxi, de paso lo llamo y le digo par de merecidas cosas por dejarme colgada además de señalarle que no sé cuándo nos veamos porque estoy muy ocupada.

    Me llego hasta el Banco Nacional y pido el estado de cuentas de mi padre, y la entrada monetaria de los tres últimos meses de la inmobiliaria. No sé por qué mi padre lo ha decidido así pero soy la única que tengo poder legal de hacerlo. Pongo todo en mi carpeta y me voy a ver el último ensayo del show que presentamos la próxima semana en el hotel. Al parecer el tema escogido no está mal y el director me palmea por el hombro antes de retirarse a sus oficinas.

   De vuelta a mi departamento compro una pizza y ya bañada y saciada mi hambre, extraigo carpetas, papeles, libros y los deposito ante mí en la mesa de la sala. Empiezo con los de mi padre segura de que tiene que haber una solución sin tanto desembolso de dinero. La calculadora y los apuntes son buenos ayudantes para tener clara la situación, y no es tan mala como supongo después de dos horas sacando cuentas. Con algunas llamadas y varios arreglos podríamos llegar a acuerdos. Suspiro pensando que el sábado podría sentarme junto a mi padre no solo con malas noticias.  

        Ya es tarde para cuando empiezo a organizar hojas y abrir el libro de historia. Me hago un café y por una rara coincidencia pienso en unos ojos verdes cuando reposo la vista en la enorme planta que tengo adosada en una esquina de la sala. ¿Debería pedirle disculpas a la monja? ¡Solo a mí se me ocurre! ¡Por dios!

      La bruja de historia va a tener razón, después de todo... hay tanto contenido en las pocas clases que hemos dado que si no me pongo a estudiar ahora, se me escapa de las manos la bendita asignatura. Y sencillamente no puede ser.

 

     Los días pasan vertiginosos, lo de leer en casa en las noches no se me ha estado dando muy bien. Me duermo recostada en el sofá apenas repaso un capítulo.

     Escucho a Leonídas, un ingeniero que se sienta en la mesa a mi derecha que la biblioteca es provechosa en cuanto a buscar nuevos materiales de comprobación. Al parecer muchos de los que están en el curso lo hacen. Le pregunto a la profesora de historia a modo de congraciarme con ella, y me recomienda la biblioteca de Medborgatplasen como la idónea para esos menesteres. Me propongo ir a la biblioteca dos horas diarias después de clases. Esto reduce las visitas de Robert a mi apartamento, y que tenga que hacer una mejor planificación de mi contenido de trabajo. O sea, usar más el teléfono y confiar en que la presencia no es siempre necesaria a la hora de elegir un elenco musical bueno.

      A mi alrededor los estudiantes del curso nos vamos conociendo y el ambiente es bueno en general. No acostumbro a participar en el grupo de chismes que se congrega en la cafetería en las pausas, pero sí converso con amabilidad con la mayoría de mis compañeros. La monja es lo suficiente comunicativa a punto que entra y sale de los pequeños grupos con bastante comodidad y parece ser bastante aceptada, a mí me ignora completamente y eso es bueno porque así me evita el que sea desagradable con ella. Pienso a veces que realmente no tiene culpa de ser monja ¿o sí?

       No sé cómo hace para tener todos sus deberes al día y levantar la mano para responder a las más diversas preguntas. Supongo que después de rezar no tiene otra que hacer y se pone a estudiar. ¡Bien por ella que no tiene que trabajar para pagar alquiler e infinidades de cuentas! Además, ¡Para lo que nos va hacer falta en Paquistán saber toda esta cantidad de asignaturas!

    Con los que mejor me llevo es con Ela, una economista, que suele dar conferencias en empresas con poco rendimiento. En los tiempos actuales de crisis supongo que a su empresa le va muy bien, y luego está Erik, un ex-deportista dentro de la élite nacional de hockey. Nos prestamos las notas de clases y cuando tenemos que trabajar en grupo trato de coincidir con ellos cosa que no ha sucedido hoy en la clase de ética.

    El tema expuesto ha sido ?Los factores significativos para una cultura ética?. Los grupos los elige la profesora y sin pensarlo me encuentro con cuatro extraños, entre ellos la monja. Nos dirigimos hacia la cafetería para tener un poco de independencia del resto de estudiantes.

      El rubio de ?Dagens nyheter?, empieza una exposición de palabras rebuscadas y completamente vacías de contenido, Luis el otro integrante del grupo se ensalza en una discusión que a mi parecer nada tiene que ver con el tema y solo quiere llevarle la contraria al periodista. Yo y la monja permanecemos calladas mientras el tiempo transcurre. Uno de nosotros tendrá que exponer el resultado del debate del grupo delante de los otros estudiantes.

    En dos ocasiones levanto la vista y ella permanece seria y escuchando con atención, yo de entrada les digo que no soy muy versada en el tema y que mi ayuda sería insignificante. Faltando cinco minutos del tiempo estipulado para regresar al aula la monja carraspea y abriéndose en una sonrisa tímida nos sorprende a los tres con su comentario

- Es interesante lo que ustedes han reflejado en sus puntos de vista, en mi caso pienso que los factores decisivos son: el liderazgo, la comunicación, la contratación y selección del personal, un entrenamiento permanente y por último el refuerzo de actitudes éticas según el contexto.

    ¡Vaya con la monja! ni siquiera respira para dejar caer todo de sopetón, sencillo y concreto. El rubio duda y el periodista quiere entrar en una discusión a priori de los diferentes puntos pero ya está el profesor haciéndonos señas de que regresemos al aula. Y sin más la miro y digo lo único razonable en este caso.

- ¿Te ocupas de representar al equipo?

- Por supuesto ?y ahora su mirada además de asombrosa me parece centrada e inteligente.

     Nuestro equipo recibe nota sobresaliente. Es fantástica la exposición de la monja. No me pierdo ni un detalle de cómo algo ruborizada por estar frente al aula, con voz suave y modulada plantea y documenta todos los puntos, recalcando que el equipo ha llegado a esas conclusiones. Nada más falso, Sonrío y sus ojos me atrapan en un gesto de complicidad.

A pesar de que su hábito religioso la cubre de pies a cabeza se nota que tiene una piel muy blanca y varios rizos rubios se desprenden por debajo de la cofia. Sin tanto ropaje, se podría deslumbrar un cuerpo delgado y bien proporcionado. A la salida, apuro los pasos y me uno a ella como sin dar importancia.

- ¡Gracias en nombre del equipo!

    No me contesta y tampoco me mira. Y no soy de las que se dejan con la palabra en la boca, así que me adelanto y me atravieso en su camino.

- ¡Te dije gracias! ?repito y no tiene más remedio que detenerse y mirarme.

- Bien ? baja la vista y antes de pasar a mi lado pregunta- ¿Te he hecho algo?

- ¿Por qué lo preguntas? ?no me extraña su tono irónico.

- Sé que te desagrado y quería saber.

- No eres tú ?me apuro a aclarar con cierta soberbia- ¡Es lo que representas!

- Entiendo ?sonríe cansada- ¡No te gustan las monjas!

- No.

- Entonces todo está claro ?clava su mirada en mí y lo único que pienso es cómo se puede tener unos ojos tan rabiosamente hermosos y utilizarlos con ese desparpajo.

      Pasa por mi lado y cuando me doy cuenta, ya está dentro del auto que la espera y se aleja con la misma monja que acostumbra a recogerla. 

                                                         **********

     Esta tarde me veo con Robert que me sorprende con un ramo de flores al abrirle la puerta. He preparado la cena y he puesto velas encendida sobre la mesa de la cocina. Ya lo echaba de menos después de tres días sin sentir el estrujón fuerte de sus brazos y los ávidos besos que me colman de un amor cómodo e incondicional.

    Robert es un chico majo, complaciente cuando se trata de ir a la cama sin muchas palabras. Creo que es mi horma del zapato en cuanto a eso, así que dejamos la cena para después que hayamos saciado nuestras necesidades. Hoy se queda a dormir conmigo porque no tiene actuación y con gusto tomamos una botella de vino durante la cena.

- Quiero hacerte un regalo ?me dice cuando nos sentamos en la terraza para despedirnos de los últimos días de brisa templada que baja del norte.

- Pensé que las flores eran suficientes

- Me gustaría que lo llevaras ?dice nervioso y saca del bolsillo un estuche- Es un anillo.

- ¿Un anillo? ?sí que me sorprendo y no quiero pensar en las consecuencias del hecho en sí.

- Ya sé que no te gusta eso de los compromisos pero...  

- ¡Es hermoso! ?susurro dándole vueltas en mis manos-

- Cuando te vayas, quiero que lleves algo de mí.

     Vuelvo a admirarme de su sensibilidad. Pero dudo si debo adosarlo a mi mano.

- Es muy tierno de tu parte pero ya sabes que yo no...

- ¡Lo sé! no quieres atarte a nadie ?dice molesto.

- Ni siquiera sé que voy a hacer de mi vida, Robert ... ?suspiro tratando de hacerle entender.

- Ya tienes edad suficiente, Alexandra ?me mira y luego levanta los hombros- ¡No tienes que prometerme nada, sólo quiero que tengas un recuerdo de mí... y que voy a estar aquí cuando regreses.

- ¡Cariño! ?lo abrazo y me quedo pensativa en su pecho.

     Diga lo que diga, me siento como que he dado un paso hacia adelante en las relaciones que llevo con él desde hace dos años. Y no sé si he hecho bien.

                                                             **********

    Cuando entro en la biblioteca me apabulla el silencio y la concentración de los que pasean entre los enormes estantes y los que sentados en la sala de lectura están ensimismados en la lectura. Busco con la vista una mesa vacía y localizo una al final del local cerca de los ventanales que dan a la calle. Antes de llegar al sitio elegido mis ojos tropiezan con una cabeza cubierta con una cofia negra hundida en un libro. No puedo dejar de acercarme y mirar por encima de su hombro ?Derecho internacional?.

- ¡Pensé que sólo los ignorantes vienen a estudiar aquí! ?susurro casi en su oído y el salto que pega me hace sonreír.

    Me mira como si hubiera visto el diablo en persona y su rostro enrojece. Deposito mis libros en su misma mesa y decido sentarme. Por alguna razón me divierte la idea de molestarla, y todavía me arde que me haya dejado con la palabra en la boca la última vez que hablamos.

- ¿Puedo sentarme? ?pregunto ya acomodada a su lado.

     Cierra el libro y mira hacia el frente.

- ¡Ya me iba! ?susurra despacio recogiendo las anotaciones que estaba haciendo.

- Eso no es cierto -digo despreocupadamente- Te vas porque te molesta mi presencia.

     Me observa frunciendo la frente cuando saco el libro de historia y el de ética

- Lo hago por ti, en todo caso ?reposta suavemente.

- ¿Ah sí? ?levanto una ceja y rebusco en mi carpeta para encontrar algo con qué escribir- ¿Y no será que te vas porque no quieres que te pregunte algo? ?chasqueo la lengua como hablando conmigo misma- ¡A los sábelotodos no le gustan compartir!.

      Queda en silencio y no acaba de acomodar sus anotaciones en la carpeta.

- ¡Mira que haberme olvidado de traer un dichoso lápiz! ?niego con resignación y por arte de magia aparece uno frente a mis ojos, sostenido por una mano pálida y de dedos delgados.

- ¿Está bendecido? ? pregunto y noto el rictus molesto de su semblante y el movimiento que hace para levantarse de la silla.

- ¡Espera! ?examino su rostro firme y hermoso- ¡Lo siento! ¡No me hagas caso! ? y creo que lo digo de verdad­.

- ¡Es una broma!, gracias por el lápiz... ¡y no te vayas!

     De repente me siento confundida, ¡Que me importa a mí el que se quede o se vaya! Cuando me mira desvío la vista y trato de concentrarme en hojear el libro de historia para ponerme a leer. Creo que se lo piensa algunos segundos, pero luego deposita en la mesa sus anotaciones y reabre el libro para sumergirse en el.

- ¿Qué estás estudiando? ?pregunto al fin sin mirarla, después de diez minutos en silencio.

- Estoy redactando el trabajo escrito que tenemos que entregar.

- ¿Trabajo escrito? ?busco desesperadamente en mi memoria y no encuentro nada.

- De derecho Internacional, para entregar el jueves de la próxima semana ?explica tenue, susurrando que es la forma en que uno habla en las bibliotecas.

- ¡Pero falta mucho! ?alego extrañada.

     La sonrisa abierta me desconcierta, sus labios se extienden y una hilera de dientes blancos y parejos hacen una magnífica simetría con el conjunto de su rostro.

- Mientras más rápido, mejor ?suspira y vuelve a hundirse en su cuaderno.

     Sigo hojeando mi libro y leo el capítulo número seis, después de media hora y con los apuntes que tengo necesitaría largos días para retener tantas fechas en la cabeza.

- ¡Cómo para volverse loca! ?suspiro y me froto los ojos, luego que fricciono con mis dedos mis sienes.

-¿Sucede algo? ?susurra con curiosidad a mi lado.

- Pasa que tengo la cabeza más dura que esta mesa.

    No asimila lo que digo y observa las hojas que tengo apiladas a mi costado.

- ¿Tienes problemas con historia?

- Con historia no, con la bruja que nos enseña historia, sí.

    Hace un mohín con la boca y aparta sus apuntes.

- ¿Qué es lo que no entiendes? ? pregunta con sencillez y sin mirarme.

- De entender, entiendo todo... lo que pasa es que no fijo las fechas y se me hacen un lío ubicar el tiempo correcto.

    Alarga su mano por encima del libro y toma mis apuntes, los analiza con rapidez.

- Escribes mucho ?refuta con gesto tranquilo- Por ejemplo aquí... ?señala un punto en el papel atiborrado de letras y yo me acerco para poder leer sobre su hombro. Lo primero que me extraña es la suave fragancia que me golpea el olfato ¿no deberían oler las monjas a incienso, y a iglesias oscuras y húmedas?

- Es suficiente si pones el año y el acontecimiento ?señala con el dedo- Las fechas tienes que aprenderlas asociándolas con algo que puedas acordarte... por ejemplo en el año 1999 fue declarada oficialmente una república federal ¿Puedes evocar algo que te haya pasado en ese año?

- ¿Diez años atrás? pues...­­­ ­­­­-me froto el mentón- ¡El accidente de mi padre! ?digo sin pensarlo siquiera.

     Clava sus ojos en los míos expectantes y siento sus verdes esmeraldas esperando una explicación que no le doy.

- Pues... si asocias las fechas con algo personal acostumbraras a no olvidar ?resume señalando otro punto en la lista.

- ¡Humm! ?asiento.

- Por ejemplo aquí...-el dedo menudo y delgado apunta de nuevo el papel.

- ¿Por qué te comes las uñas? ­?quiero saber y me concentro en sus dedos delgados y de pálida piel.

    Levanta los ojos hacia mí sorprendida y retira la mano con apuro.

- No lo puedo evitar ?murmura.

- No tiene nada que ver con...con... ¿ser monja? ¿no?

       Sonríe repentinamente y niega con la cabeza.

    Me doy cuenta que ha sido una pregunta estúpida y cambio de tema.

- ¿Te importaría preguntarme algo de lo que he escrito para saber si me acuerdo?

      Mira el reloj que tiene en su muñeca izquierda y asiente.

- ¿Quién ganó las elecciones en el año 2007?

- Si estás apurada, no hay problemas ?insinuó dudando.

- Todavía tengo media hora antes de entrar al hospital ?manifiesta sin apuro.

- ¿Hospital? -­ahora sí que me asombro- ¿Estas enferma?

- Trabajo varias horas en las noches.

- ¡Humm! yo que pensé que... solo rezabas y estudiabas.

    De nuevo su sonrisa, amplia, gentil, e inocente.

- ¿Sabes o no la respuesta? ?indaga su mirada reposada.

- Pervez Musharraf.              

­- ¡Bien! ?se alegra- ¿Cuándo sucedió el autogolpe de estado?

- ¿Qué haces en el hospital? ?no puedo evitar preguntarle.

- Cuido enfermos terminales.

- ¿Qué quiere decir eso? ?realmente era más interesante que la historia de Paquistán.

- Curar sus heridas, conversar con ellos, leerles historias, y llevarles un poco de paz antes de morir.

- ¿Te gusta hacerlo?

- Alguien tiene que encargarse de eso ¿no?

- Supongo... no había pensado en ello.

     Afirma y señala una vez más hacia el papel.

- Es en noviembre, no recuerdo el día ?capto la indirecta.

- Tres de noviembre de 1997 ?declara con un mohín de asentimiento.

     Los minutos pasan y entre preguntas y respuestas voy teniendo un mejor dominio de lo leído. Hasta que ella me extiende el manojo de hojas.

- Si no me voy ahora, voy a llegar tarde.

- ¡Por supuesto y disculpa! ?sonrío como tonta- decididamente no es entretenido estudiar sola.

- Es el método el que vale ­?recoge sus apuntes.

- ¡Tan tarde es! ?exclamo cuando miro mi reloj- ¡Increíble que no tenga el cerebro derretido!

     Sonríe cuando se levanta armando un alboroto con los pliegues de su vestido.

- ¡Gracias hermana! ?y me arrepiento al instante, todos la llaman en clase por su nombre.

- ¡Hasta mañana, Alexandra! ?dice tan solo y hasta me sorprendo de lo bien que suena mi nombre en sus labios.

      Y con paso agraciado, sortea las diferentes mesas y la pierdo de vista cuando atraviesa la puerta.

     Al día siguiente llego al aula para el segundo turno porque me fue ineludible una cita de trabajo, apenas le explico al profesor, me responde que tenemos una hora para trabajar en parejas y que busque con quien porque tenemos que entregar las conclusiones antes de que él se marche. Miro desorientada a todos, y ya algunos se han acoplado para trabajar juntos. Ela y Erik ya están unidos, Leonídas que se sienta a mi derecha, se ha levantado y ocupa el puesto con uno de los que se sientan en la primera mesa. La monja está sola, y no lo pienso dos veces.

- ¿Podemos hacer el trabajo juntas? ?le digo sonriendo y halando hacia afuera la silla vacía.

- ¡Lo siento! ?apenas levanta la vista de su cuaderno- Estoy esperando a Jorge.

- ¡O sea que no! ?me confundo- ¿Y dónde está Jorge?

- Ahorita llega ?responde  sin ninguna expresión en el rostro.

     Me vuelvo y camino hacia mi asiento, creo que Luis, el de las discusiones eternas también está solo porque se levanta y acercándose,  me dice:

- ¿Tienes parejas?

- Sí... ¡Tú!

     Nos sentamos en mi mesa y él despliega las preguntas ante mis ojos. Me limito a escuchar sus teorías y a mirar a la monja que después de veinte minutos todavía permanece sola.

- ¿Te parece si empezamos a escribir algo? ?me desespera su monologo y trato de presionarlo.

- Perfecto, ¿lo puedes hacer tú?

     De mala gana empiezo a escribir cuando Jorge abre la puerta y va directamente al lado de la monja. Ella le sonríe y se ponen a cuchichear. ¡Vaya!, ¡Qué bien se llevan!

- ¿No estará muy corta esa respuesta? ?se empeña en molestar, Luis.

- Yo la veo bien ?afirmo sin dejar de observar los murmullos y las sonrisitas de ambos, dos mesas más allá. ¿La monja está coqueteando? ¡No!. No puede ser.

- ¿Estás escuchándome?

- Pues claro, sólo que no dices nada de importancia que pueda escribir ?digo irritada encarándome a Luis..

- Pues te lo planteo desde otra perspectiva...

    No. Decididamente no está coqueteando, esa sonrisa es innata en ella, y esa timidez de levantar la vista de vez en cuando y sorprender al rubio calvo que se sienta con ella. Pero él... ¡Ummm! pone cara de idiota cada vez que la mira. ¡Quién lo diría! conozco esa mirada, oh sí. A Jorge le gusta la monja.

- ¿Y....?

- ¿Y qué?

- Que si ya escribiste.

-No. es que hablas tanto que me confundes ?le paso el cuaderno- Algo te acordaras de lo que dijiste.

     En la pausa en la cafetería es lo mismo, Jorge se sienta con ella y hablan y hablan... creo que escuché que él es escritor, y que tiene publicado varios libros.

- Oye, morena ­?es Erik, el del hockey que se sienta a mi mesa masticando su sándwich- Te invito a ver un partido.

- ¿Cuándo?

- Mañana en la noche.

- No puedo ?hago un vago gesto de disgusto.

- La entrada te la doy gratis, para ti y tu pareja ?recuerdo que le presenté a Robert en una de las veces que me fue a recoger y coincidimos en la salida.

- Tengo entrenamiento.

- ¿Practicas algún deporte? ?ahora él es el que se admira y levanta la voz.

- Estoy entrenando a un grupo de chicos dos veces a la semana.

- ¿Baloncesto?

- Voleibol ?sonrío casi cansada- ¡Eso era lo mío!

- ¡Todavía no estás vieja!

- Para competir, sí... ya me retiré hace dos años.

- Eso tiene el deporte ?coincide conmigo- Nos ponemos viejos y es la juventud la que ocupa nuestros puestos.

    Asiento sonriendo mientras doy vueltas en mis manos a la taza de café.

- ¿Qué tal las clases? ?le pregunto.

- Bien, pero no me dejan mucho tiempo... tengo dos niños en casa que cuando se ponen a chillar...

- Las desventajas de estar casado ?suspiro dándome cuenta lo dichosa que soy estando sola.

- Así es, ¿y tú? ¿te va bien? -indaga él a su vez.

- Así como que bien... ¿qué quieres que te diga? entre el trabajo, los entrenamientos y las dichosas tareas...¿Me pregunto qué pasa si desaprobamos alguna materia?

- Sencillamente no te dan salida. ?con un tono muy serio.

- ¡Por favor! están necesitando gentes... tú crees que...

- Lo sé. tengo un amigo que se presentó el año pasado y no aprobó, así que el contingente se fue y él se quedó, así de simple.

- ¡Vaya! ?respiro hondo- ¡Para mí es importante! ¡Tengo que ir! ?me sincero ante él.

- Para todos es igual, Alexandra.

                                                            *********

      A la salida he dejado mi moto parqueada a un lado del andén, ya estoy por colocarme el casco protector cuando la monja pasa a mi lado hacia el auto que siempre viene a recogerla.

­- ¿Hermana?

     Se voltea como no sabiendo quien puede llamarla.

- ¿Va a estudiar a la biblioteca hoy? ?me atrevo a preguntar ya ahorcajadas en la moto.

- No.

- ¡Pues que bien! ?me coloco el casco llamándome imbécil a mí misma- ¡Ni que fueras la divina pomada! ?murmuro y creo que me escucha porque se vuelve antes de que pueda acelerar con el pedal y salir a la vía rugiendo y echando una bocanada de humo por el tubo de escape.

                                                            **********

   En el amplio jardín de la inmensa construcción de paredes grises, dos monjas pasean entre las hojas caídas de los árboles. Una gran verja negra metálica rodea el lugar limitando la entrada y la gran avenida frente a ellas. Van cogidas del brazo y a paso reposado entre las aisladas bancas y canteros de flores bien cuidadas.

- La madre priora ha estado preguntando por ti

- La veré mañana antes de ir clases ?suspira- ¡Ya no puedo dilatarlo más!

- ¿Es por lo de que seas miembro de la orden?

- ¡Anjaa!

- Pero Isabelle, no te entiendo... ¿Por qué esperar más? 

- Por qué no estoy segura -susurra apenas en el oído de su amiga.

- ¡Alabado sea el señor si alguien te escucha! ?murmura la otra llevándose la mano a la boca y mirando hacia los lados- Mujer, que ya llevas en el convento seis años.

- ¡Benita! qué tiene que ver eso... ?se arregla la cofia que le está molestando sobre la frente- ¡El amor que le profeso al señor no va a disminuir sea o no miembro de la orden!

- Es que estuviste dos años postulando, cuando a todo el mundo le lleva solo seis meses?se sofoca por hablar tan rápido.

- ¿Y...? ?interroga la monja más baja de estatura y de piel pálida.

- Luego cuando te invitaron a ser postulante de ingreso a la orden, aceptaste suponiendo que en dos años ya estarías preparada para emitir las promesas temporales de vivir la castidad, pobreza y obediencia y ahora ... después de cuatro años de eso, lo único que te queda es aceptar las promesas definitivas y hacerte miembro de la orden  o ¿no?

- Benita no me agobies, ¿está bien?

- No te agobio, Isabelle, sabes que eres mi amiga y para mí sería un privilegio...

- No Benita. ser monja carmelita no es un privilegio, sino una responsabilidad en la misión espiritual de Jesucristo.

- ¡Eres terca! y no me salmonees que no estamos en la cofradía.

     La monja rubia se aprieta al abrazo de la más alta y sonríe.

- ¡Ya lo sé, cascarrabias!

- ¡No sé que pasa que la madre superiora es tan condescendiente contigo! ?refunfuña moviendo la cabeza

­- ¡Humm! le conozco algunos secretos. ?con cara de picardía la de estatura más baja.

- ¿Nooo? ¡Cuéntame por dios!... no me vas a dejar así ¿verdad?

     La rubia se zafa del abrazo y corre hacia la verja de la calle riendo divertida.

- ¡Que no es nada, chismosa!

- ¡Júralo por Dios! ­?la monja Benita respira alterada por la carrera.

- ¡Lo juro!, sólo estaba bromeando ?apoya las manos en la verja y mira hacia la calle y queda en silencio.

- ¿En qué piensas?

- En el curso ?levanta las cejas y suspira.

- ¿Te va mal?

- No. ya sabes que me gusta estudiar... tengo un compañero de clases escritor, estoy leyendo uno de sus libros, y es muy bueno, muy profesional...

- ¡Qué interesante!

- Sí, en realidad todos son muy majos.

- Mejor para ti.

- Sólo hay una que me odia... pero no podemos caerle bien a todos ¿no?

- ¿Qué le has hecho?

- ¡Detesta a todos los que componemos el rebaño del señor! ?y súbitamente se echa a reír- ¿No tendríamos que prepararnos para las oraciones de las nueve?

- Tenemos tiempo todavía ?se giran y se dirigen a una de las puertas del pabellón contiguo de la inmensa portada del monasterio.

- No necesito que me recojas mañana ?dice la monja rubia.

- ¿Vas a regresar sola?

- El escritor quiere mostrarme una exposición de arte moderno en la casa de la cultura.

- Bien, te perderás los rezos de media tarde.

- No sería la primera vez, luego puedo ponerme al día.

     Las dos se adentran después de abrir la pesada puerta.

                                                            **********

     Alexandra está contenta con la visita que ha hecho al abogado, las cosas en la Inmobiliaria, están saliendo mejor de lo que había calculado, ahora se ha comprometido con su hermano Elois que ya regresó de sus conferencias en Malmö a participar con un piquete de obreros a arreglar el salidero del sótano. No le asusta vestir un jeans descolorido y viejo para echar una mano junto a ellos.

    Las clases han seguido la misma dinámica, ha tenido que responder un cuestionario de matemáticas que le dejaron para hacer en casa y le llevó poco tiempo en resolver. Matemáticas nunca fue su problema.

     Han recibido nuevo material en idioma urdú (uno de los idiomas hablados en Paquistán) y un resumen de las características étnicas en el país: el pastún, el sindhi, el punjabi y el baluchi. Decide después del trabajo irse un rato a la biblioteca y estudiar el tema por lo importante que podría ser en su inmediato futuro.

     Ahora sale de clases y mientras se sube el largo cabello para colocarse el casco, observa como sus compañeros se van retirando y le alzan la mano en forma de despedida, ella sonríe y responde de igual forma con un adiós. Los últimos que salen es la monja y el rubio. Imagina que allí se despedirán por eso levanta una ceja curiosa cuando observa que el auto del monasterio no está y la pareja cruza la calle ante ella y sigue caminando por el andén para desaparecer en la esquina. ¡Increíble! ¡Monja mosquita muerta!

    Cuando sale a la calzada los ve juntos dirigirse a la próxima parada del autobús. Como un bólido pasa por la avenida con la vista al frente y desaparece rumbo a Slussen para de allí, tomar todo el borde de Gamla Stan y llegar al trabajo.

     Robert entra a su oficina cuando está revisando unos expedientes.

- ¡Hola preciosa! ?le da un beso en la boca después que cierra la puerta.

    Su relación sentimental no es muy conocida en su centro de trabajo. Alexandra lo dejó claro desde el principio: nada de acercamientos entre ellos en horario laboral.

- ¿Qué haces por acá?

- ¡Te extraño Alexandra!, ¿hasta cuándo me vas a tener castigado?

- Que yo sepa siempre nos hemos visto cada dos o tres días ¿ha cambiado algo? ?se recuesta en la silla y se frota la nuca.

- ¿Eso quiere decir hoy?

- Hoy no puedo, tengo que estudiar y llegaré tarde a casa.

- ¿Te puedo recoger a la biblioteca?

- ¡Humm! no sé, ¿te parece si te llamo?

     Robert se voltea a las ventanas que dan a la calle.

- A veces me da la impresión que no me quieres ?dice dolido sin mirarla.

- Rob, no te pongas sentimental ¿sí? los dos sabemos que tenemos vidas agitadas y ocupaciones bastante exigentes así que... nos vemos cuando podemos. ¿ok?

- No es eso Alexandra, ¿por qué no me has llamado?

- ¿Y tú lo has hecho?

- Sí, debes tener más de diez llamadas perdidas.

- ¡Pues vaya! ?ni había mirado el teléfono- ¡He estado ocupada! ¿Me disculpas?

- Siempre lo hago.

- Pues... te llamo esta noche ¿sí?

     El joven asiente y llegando a la puerta la vuelve a mirar.

- ¡Espero tu llamada, cariño!

      Permanece unas dos horas más revisando informes y completando rutinas reglamentarias al cuadre de la quincena. Antes de marchar pasa por la oficina del director entrega algunas planillas y luego entra al salón de espectáculo donde los artistas están ensayando. Se queda un rato más entre ellos y promete estar para la noche del sábado para el estreno del nuevo espectáculo.

                                                          **********

    Antes de entrar a la biblioteca se come una salchicha y se bebe una coca-cola recostada a un banco en el ?Pressbyro? de la esquina. El salón está prácticamente vacío, cuando se encamina entre las mesas sin poder evitar que sus tacones repiquen en el piso desnudo.

     Unos levantan la vista al pasar a su lado, alguien se voltea y le sorprende el verdor de la mirada. La monja.

    ¡También estudia en la noche! ¿No debía estar rezando a estas horas? Sus ojos se han encontrado pero ninguna hace algún gesto de reconocerse. Alexandra continua dejando algunas mesas de por medio y se sienta para sacar sus cuadernos y concentrarse en la lectura. Desea sentarse a su lado pero esta vez no quiere incomodar con su presencia.

    La monja está estudiando matemáticas, la trigueña sonríe, cuando la ve como se ayuda de la calculadora, como echa mano al lápiz y borra en repetidas ocasiones. También muerde la punta del lapicero y hojea el manual amarillo para buscar el resultado al final del libro. ¡Tramposa! Está buscando la solución sin haber resuelto el problema.

     Se ocupa de lo suyo y lo logra por veinte minutos, luego se dedica al análisis del perfil de la pequeña figura vestida de marón que tiene a varios metros de distancia. Tiene una nariz fina y sus labios bien formados, en estos momentos se abultan y se muerden nerviosamente debido a lo que se trae entre manos. Las cejas delineadas sobre sus expresivos ojos sólo acentúa la armonía de un rostro conceptualmente perfecto. ¿Cómo tendrá el cabello? rubio, sí, pero ¿corto, largo, lacio, ondulado? No es por gusto la mirada bobalicona de Jorge, el escritor del curso.  ¡Diablos! esta chica debe ser genial como modelo, como artista, pero monja.... ¡Que desperdicio divino! se irrita consigo misma ¿Y a mí que me importa? piensa después.

      No le gusta que se le rompan los esquemas y decididamente las monjas tendrían que ser feas, amargadas y abstractas ¿o no? Incluso con alguna verruga grande en un cachete. Pero esta chica...

     Los ojos verdes la sorprenden, y pillada en falta, baja la vista hacia sus papeles aún reteniendo el halo de curiosidad con que ellos la envuelven al tropezar con su mirada. Se queda unos minutos perdida en el conjunto de letras sin poder unirlas y descifrar su contenido. ¡Mejor me voy a casa!

       Está cansada y no le gusta las tonterías que su mente le ha dado por divagar. Se pone de pie y se alisa el ceñido pantalón de cuero y su chaqueta negra. ¡Llamar a Robert es una buena alternativa para dormir relajada esta noche!

     Con la firme decisión de solo mirar hacia adelante donde se encuentra la puerta, no deja de presentir que es observada, incluso diría que abiertamente examinada pero no ceja en su empeño y logra salir afuera cumplido su propósito. Respira hondo la frialdad de la noche. ¡Le irrita sentirse tan estúpida! pero ¿por qué?

                                                           **********

     Un nuevo día, en el que tiene que acercar a Robert al centro por estar su moto en el taller. Él ha hecho el desayuno y llevado a la cama.

     Es un detalle que aborrece, pero no tiene coraje para explicarle que las migas de pan en las sabanas es algo que no soporta, ni tampoco el gusto del café sin haberse lavado primero los dientes. ¡En fin! desde que lo conoce se empeña en eso y como matarle la ilusión.

 

     El turno de historia ha estado bien, incluso he podido responder algunas preguntas de la bruja, asociando fechas con acontecimientos y me está dando buenos resultados. La clase de Derecho Internacional es la última. Tengo ganas de ir a casa y descansar un rato. Robert ha estado fogoso y nos hemos quedado dormidos ya bien entrada en la madrugada.

Lo primero que me desencaja es la potente voz del profesor cuando dice:

- ¡Bien! hoy es el día chicos... el trabajo escrito que pedí hace dos semanas y que va a ser su boleto a la nota final.

- ¡Mierda! ?se me sale y cierro los ojos. ¡me olvide! pensé que era el próximo jueves... ¿Pero cómo ha podido ser?

- ¿Morena? ­?me susurra Leonídas que me escucha desde su sitio a mi izquierda- ¿No lo tienes?

     Niego con la cabeza y miro al frente ¿Qué puedo decirle al profesor?

- Pongan su nombre en el encabezamiento y vayan pasándolo hacia adelante.

    Siento el rasgar de las puntas de los lapiceros y como se desplazan hasta la mesa del maestro que los ajunta en un bulto y los coloca en su carpeta.

    El día no puede terminar más fatal, no se me ocurre ninguna explicación creíble para dar al profesor y llena de cólera conmigo misma bajo las escaleras para salir de clases y arrancar la moto e irme al trabajo. ¡Nada de descanso! Si no he podido acordarme de un simple trabajo de clases que va a influir en mi evaluación final tengo que sustituirlo por otro tipo de trabajo, total, que capaz no sirva para esto de estudiar y tampoco para irme en ese viaje. ¡Estoy con la moral por los pisos!

      Los chicos del elenco musical parecen que notan mi mal humor y se esmeran. Después de putear a algunos por el mero hecho de no perder la costumbre me voy a casa satisfecha con su trabajo y decido celebrar mi jodido día. Me siento en el sofá con una copa de vino y pongo la música alta para escuchar por los auriculares. Incluso duermo como una bebé cuando la botella de vino se acaba. 

                                                             *********

    El almuerzo en casa de mis padres los sábados, siempre es agradable, mi madre me pelea por no venir más a menudo y mi padre me abraza efusivamente como si llevara dos meses sin verme. Elois está en casa y es bueno verlo ayudando a cortar la hierba en la terraza que da al patio trasero.

- Ni te hagas la entretenida y ven ayudarme ?grita apenas me asomo.

- Estoy de visita, querido ?bromeo, sé que voy a terminar uniéndome a él.

      Me siento con mi padre en la biblioteca donde él permanece la mayoría del día. Hemos instalado su escritorio y habilitado una pequeña oficina para que realice su trabajo. Le acomodo el cojín en su silla de ruedas y me siento al frente con los documentos que tengo que presentarle.

    Lo entiende todo y está contento con mi gestión, suspira cansado luego de escuchar por una hora datos y cifras

- ¿Ahora háblame de ti?

- Estoy bien papá.

- Estás cansada, no lo niegues ?Tiene los ojos azules como yo y el cabello negro moteado de canas- ¿El curso de preparatoria qué tal va?

- Espero aprobarlo.

- Entonces no hay retroceso con la idea de partir.

- No.

- Pensé tener nietos.

- Los tendrás ­?afirmo sin saber a dónde quiere llegar él- Aunque por mi parte vas a tener que esperar.

- ¡Humm! Elois está enamorado por Malmö.

- El sinverguenza nada me ha dicho.

- Es que todavía no lo sabe ?sonríe- ¿Qué va a pasar con ese músico?

- ¿Cuál? ?me pongo tensa.

- Con el que estás saliendo.

- No lo sé, papa ?suspiro- No creo que sea con él que tendré tus nietos.

- ¿Por eso no lo has traído a casa?

- Imagino, además, no sé cuánto tiempo estaré afuera ni lo que resuelva a hacer después.

- ¿Es absolutamente necesario ese viaje?

- Sí, ya te lo he explicado.

- Puedes encontrar eso que buscas, aquí ?intenta hacer que me arrepienta como otras veces.

- Lo he intentado... y no, no hay caso.

     La madre entra y se apoya en los hombros de Alexandra.

­- ¿Quieren algo de beber? el almuerzo pronto estará.

- ¿Has hecho el postre de Alexandra? ?indaga el padre

     Regreso a casa relajada, y dispuesta a estudiar un poco. Estar con los míos me ha levantado un poco el ánimo. También me llego al hotel y admiro como espectadora el show musical del fin de semana. ¡Asombrosamente bueno!

                                                            **********

    El lunes entra el profesor de Derecho internacional en el tercer turno y hago un mohín de disgusto para prepararme a enfrentar lo que tenga que ser. ¡No quiero desaprobar la maldita asignatura y tampoco ganarme el rencor del profe.

     Empieza a repartir los trabajos escritos ahora con su calificación mientras yo suspiro de nervios. Va diciendo los nombres en alta voz y se acerca a cada mesa para darlo en la propia mano. Casi me espanto al escuchar mi nombre, incluido apellidos y recibir de su mano una hoja llena de letras redondas y bien delineadas con la puntuación de máximo de puntos, en rojo en la esquina de la página. ¡Qué rayos es esto! Quedo paralizada. Evidentemente, no es mi letra, y tampoco mi trabajo, pero está mi nombre.

-Señorita Isabelle ?escucho decir dirigiéndose a la monja y me quedo estática- ¿Por qué razón no ha entregado su trabajo?

     ¡Oh dios! ¿Por qué lo hizo?, y ¿Cómo supo?

- Debe ser un error profesor ?se levanta del asiento- ¡Estoy segura de que lo entregué!

- Sí, me acuerdo ?confirma Jorge el escritor, sentado a su lado- ¡Lo entregamos juntos!

     El profesor los mira y tuerce el gesto.

- ¡Lo cierto es que me extrañé de no encontrarlo!

- No se cómo se ha... extraviado ?habla la rubia con voz pausada- Pero no me importaría que me pudiera evaluar de forma oral, si así usted lo determina.

      Soy un manojo de nervios, tengo la espalda empapada de sudor.

- ¡Ejemm! ¿Podría llegarse a mi oficina después de clases?

- ¡Por supuesto, profesor!

- La evaluaré de forma oral como usted ha propuesto.

- ¡Gracias! No me explico lo que ha podido suceder.

    La miro, quiero ver la expresión de su rostro y quiero explicaciones, pero tengo que esperar hasta la hora de la pausa porque ella no voltea la cabeza ni una vez a lo largo del turno de clases. Me siento confusa y desorientada. Por mi culpa van a someterla a un interrogatorio de la materia y su evaluación podría ser desfavorable si falla en algo. ¿No sería lo correcto explicarle la verdad al profesor?

- ¡Hermana! ?la tomo de sorpresa antes de que salga del aula y no tiene más remedio que voltearse a mirarme- ¡Tenemos que hablar!

- ¡No tiene importancia! ?murmura caminando hacia la puerta conmigo detrás.

     Los demás pasan a nuestro lado y yo la acorralo en el pasillo sospechando que no quiere sacar a relucir el tema.

- ¿Por qué lo hiciste?

- Te dije que no tiene importancia ?responde con la vista en las losetas del piso.

- Si quieres que te lo agradezca al menos dime el por qué ?digo y siento que eso ha sonado sarcástico.

- No lo hice para que me agradecieras ?y ahora si levanta los ojos y los posa en mí y me pierdo en ellos unos segundos- Igual seguirás odiando todo lo que represento.

- ¡Vamos a ver! ?tomo aire como si lo necesitara desesperadamente- me vas a decir que regalas tus conocimientos y el tiempo perdido, por nada.

- Ha sido por algo... tienes tu calificación en la asignatura.

     Su modo de razonar me pone aún más confusa. No sé que decir y ella lo nota.

- Te he visto estudiar y sé lo interesada que estás en el curso? dice con voz tenue- y hubiera sido una lástima que por un olvido te desaprobaran. ¿no?

     Se me ocurre que he visto su cara en otra parte, en las pinturas de Miguel Ángel que hay en la capilla Sixtina, de Roma.

- ¿Y que hay de ti? ¿No es mejor que vaya y le cuente al profesor?

- ¿Y que sepa que lo he engañado?

- Así evitas a que te haga pasar por ese interrogatorio de las preguntas orales.

- Puedo arreglármelas.

- ¿Estás segura de que lo has hecho por eso?

- ¿Tendría que tener otra razón? ?ahora es ella la que parece petulante y me sorprende.

- No, hermana.

- ¡Bien! Olvídalo entonces ?se adelanta para pasar a mi lado- Además...

     La miro aun sin saber a qué atenerme y que otra cosa tiene que decirme.

- ¡Me llamo Isabelle!

        Y se aleja con su suave caminar hacia la cafetería.

     Después de clases veo como la monja sube escaleras arriba hacia la tercera planta donde están las oficinas de los profesores, yo bajo con el resto del grupo y me coloco el casco para salir en la moto sólo que no puedo irme. ¡Demonios! ¡Lo ha hecho por mí! Me siento en el muro que rodea la entrada y me propongo esperarla para saber cómo le ha ido. ¡Tengo remordimientos! Es tan ridículo pero es cierto.

      Cuando ya hace más de diez minutos de espera llega el auto del monasterio conducido por la monja que acostumbra a recogerla y que se extraña de que nadie la reciba, por lo que entonces se baja para mirar alrededor.

 - ¡Hermana! ?se me ocurre y me incorporo acercándome a ella- ¡Disculpe hermana! pero está esperando a ... la hermana Isabelle.

- Sí ¿estás en su curso?

- Sí hermana ?tampoco sé por qué le tiendo la mano- Me llamo Alexandra y ella ha tenido que hacer una prueba oral después de  finalizar las clases.

- ¡Oh!, me llamo Benita ?nos damos la mano y compruebo que ella sí es una monja clásica desde la cabeza hasta la punta de los pies- ¿Crees que demorara mucho?

- No lo sé hermana, yo llevo esperándola un cuarto de hora.

- ¡Qué coincidencia! ?mira su reloj pulsera después que se descubre la muñeca cubierta por la ancha manga de su hábito- ¡No me dijo nada!

- Ha sido... un poco sorpresivo ?afirmo.

- ¡Ya veo! ?hace un visible gesto de impaciencia- No puedo esperar mucho ?susurra apenas.

- Si tiene apuro... ?y tampoco sé por qué lo digo- Yo la puedo llevar de regreso, igual voy a esperar a que salga.

    Me mira como viendo una tabla de salvación.

- Tengo que estar en la cofradía dentro de veinte minutos y si demora tanto no la voy a poder llevar de regreso al monasterio.

- Entonces no se preocupe ?le sonrío muy confiada- Apenas salga le digo que usted estuvo aquí, y que tuvo que irse, después la llevo al Monasterio.

- ¿De verdad que no te importa?

- En lo absoluto, acostumbramos a estudiar juntas en la biblioteca de Medborgatplatsen por las tardes ?comento por si acaso le queden dudas de que es mi amiga.

- En ese caso...

- ¡Váyase tranquila hermana Benita!

- ¿Tienes el auto cerca?

- Sí, no hay problemas ?le digo sin mirar a mis espaldas donde dormita mi Harley-Davison.  

- Bien... entonces me retiro ?me hace una inclinación con la cabeza- ¡Gusto en conocerte!

- Lo mismo digo hermana ? y le ofrezco la mejor de mis sonrisas.

       Ha tenido que pasar cuarenta minutos para ver salir a la monja por la puerta. Viene tan apurada mirando hacia el andén y la avenida que no se da cuenta que le sigo los pasos.

- ¿Y qué tal? ?digo a sus espaldas

- ¿Qué haces todavía aquí? ?arruga el entrecejo cuando se voltea hacia mí.

- Esperándote. ¿Cómo saliste?

- Bien ?susurra como no creyéndome.

- ¿Qué tal de bien? ?insisto abriendo bien los ojos.

- ¡El máximo de puntos!

- ¡Hermana, no queda dudas que es usted una sabia!

       No le causa ninguna gracia lo que digo y vuelve a mirar hacia la avenida.

- Al menos ya no tengo cargo de conciencia, la llevo a casita y todo tan tranquilo. ¡Vamos!

- ¿Qué dices? ?me observa sin entender.

- ¡Que le prometí a la hermana Benita que la llevaría de vuelta al monasterio!

- ¿Ha hablado con...?

- ¡Oh sí! estuvo acá esperándola y como tenia cierto asuntillo en la sacristía se marchó, así que... ahora la llevaré yo ?me giro hacia la esquina donde tengo parqueada a mi bebé.

- ¿Tú me vas a llevar?

- ¿Por qué no? De alguna forma tengo que agradecerte ¿no?

       Se queda pensativa y luego suspira.

- ¿Le dijo a la hermana Benita que me llevaría en esa ... cosa? ?pregunta con sus verdes ojos confundidos.

- ¡Claro! y le pareció muy saludable- le sonrío para darle ánimos de que me siga- ¡Lo digo por el airecito fresco que ya hace!, además, mi bebé es muy dócil.

-­ ¿Su bebé?

- ¡Sipp!

- No sé si deba ?se para a dos metros de la moto y la observa.

- Es un modo de locomoción como otro cualquiera ¿Ha montado alguna vez? ­­?insisto al ver su indecisión.

- ¡No! ?es la respuesta y busca en su muñeca para ver la hora- ¡Tengo que estar en el monasterio dentro de quince minutos! ­?dice contrariada.

- Conmigo llegará en diez.

    Hace un mohín de resignación y se acerca a la parte de atrás de la moto mientras yo me coloco el casco y me pongo ahorcajadas en el asiento.

- Le advierto de que no me gusta las velocidades ?dice y empinándose se sienta con las piernas unidas, detrás de mí.

- Hermana, sería mejor si se sentara con las piernas abiertas.

- ¡Ni lo sueñes! además tengo el hábito si no se ha dado cuenta.

- Pues súbalo por sobre las piernas.

- ¡Tamaño espectáculo! ?murmura disgustada a mis espaldas.

- Tendrá que agarrarse fuerte entonces ?insinúo ya con el pie listo para arrancar.

- Eso ya lo suponía ?siento como me jalonea mi casaca y se aferra de ella con una mano.

- Puede sujetarse de mí ?declaro antes de mirar si ya podía salir a la avenida- ¿A dónde vamos?

- Al monasterio de Nuestra Señora del Monte Carmelo-extrañada masculla- ¡Pensé que lo sabía!

- No sé a dónde está ?siento como tira duro de mi casaca cuando pongo en movimiento la moto y salgo a la avenida.

- ¡Es el único que queda en Estocolmo! ?grita en mi oído echándose hacia adelante.

- No me dedico a hacer turismo en la ciudad, hermana ?le respondo volteando la cabeza y disminuyendo la velocidad ante el semáforo- ¡Con una dirección quizás pueda llegar!

- Östorgatan 12 ?chilla después de jalonar la casaca a punto de hacerme perder el equilibrio.

- ¡Allá vamos! ? digo y me concentro en el tráfico.

     En todo el recorrido no dice nada, pero percibo como su cuerpo bambolea contra mis espaldas y los tirones violentos a mi chaqueta están haciendo que en cualquier momento el cierre salte de su sitio. Llegamos y doy la vuelta a las rejas negras que circundan el lugar. Me parece un sitio sombrío a pesar del hermoso jardín que veo desde la puerta con un zaguán de madera en forma de U.

- ¡Hemos llegado hermana! ? digo apagando el motor frente a la entrada principal y esperando a que se baje.

- ¡Gracias dios por haber salvado mi alma! ?escucho murmurar a mis espaldas sintiendo aún el agarre en mi chaqueta de cuero.

     Cuando me vuelvo después de sacar mi casco no puedo creer lo que veo. Está blanca como la pared, tiene los ojos cerrados y su cuerpo tiembla como una hoja azotada por un vendaval.

- ¿Está bien, hermana? -me asusta su color y me bajo con apremio para tomarla por el brazo y ayudarla a bajar.

- No. No estoy bien ?se separa brusca de mí sin querer mi apoyo y se sostiene con una mano al asiento de la moto- Creo que... voy a devolver el almuerzo.

- ¡Qué barbaridad! ?no sé qué hacer, permanezco a su lado mirando como toma aire agitadamente, la cofia se ha corrido de su sitio, y un mechón largo de pelo rubio se escapa por debajo de la tela, se ve encantadora con esa genuina fragilidad- ¿Puedo... puedo hacer algo por... usted?

    Niega impaciente y sus ojos verdes ahora húmedos chocan raudos contra los míos.

- ¡Gracias! ?masculla- Aunque no debí aceptar su ofrecimiento.

- ¿Qué... qué es lo que le ha hecho mal? ?pregunto dudosa.

- Además de sostenerme del aire y volar a 800 kilómetros por hora, no sé qué podría ser ?se voltea y da unos pasos hacia la entrada.

- Espere hermana ?me coloco a su lado y la sostengo por un codo- ¡No ha sido mi intención!

- Quiero imaginarme eso, aunque tratándose de usted...

- ¡Se lo aseguro!, déjeme ayudarla ?me sitúo a su lado y aunque rechaza el apoyo, persisto en poner mi mano suavemente bajo su brazo para en caso de que pierda el equilibrio poder sostenerla.

- ¿A dónde cree que va? ?indaga con la respiración entrecortada.

- Allá dentro con usted

- Le advierto de que es terreno non grato para su gusto.

- Ya lo sé ?digo sonriendo con la vista fija en la enorme puerta del monasterio, su cruz y sus escalinatas de anticuado diseño

- Pero cualquiera puede venir aquí ¿correcto?

- Cualquiera que profese fe en lo que hay allá adentro, sí.

- Yo solo entro por acompañarla.

- ¡Ya estoy mejor!... no quiero que haga una excepción en su falta de doctrina.

- ¡Yo que pensé que me tomaba como posible candidata en su labor proselitista!

    Se detiene bruscamente y me mira con enojo.

- ¡Jamás lo haría! ?el verde intenso de sus ojos me descoloca, y cuando quiero explicarle que ha sido una broma gira y sigue caminando hacia la otra construcción de color terroso que se encuentra a mano izquierda.

- ¿Es ahí a donde viven? ?pregunto aun siguiéndola.

      Afirma y el último tramo hasta la edificación lo hace con pasos más seguros.

- ¡De verdad que lo siento! ?digo por decir algo- No pensé que se iba a poner mal.

    Se detiene frente a la puerta ancha de roble y suspira sin mirarme.

- En caso normal le pediría que entrara para invitarle un café pero prefiero evitarle la incomodidad.

- Muy agradecida hermana, ¿Está segura de que está bien?

- Ya me ha pasado ?afirma y noto que el color ha vuelto a sus mejillas y sus labios ya no tiemblan- ¡Gracias a Dios que no di con el trasero en la calle!

     No puedo evitar sonreír y ella me observa.

­- ¡Humm! de todos formas gracias por... todo ?dice y se aferra a la aldaba de la puerta.

- Gracias a usted hermana, por permitir que no me desaprueben, aunque... ?me volteo y la miro de soslayo- No me creo eso de que hace las cosas sin esperar nada a cambio.

     Hace un gesto cansado con la mano.

- Tiene que aprender mucho Alexandra, y más vale que sea rápido... acuérdese que se está preparando para ir a un sitio donde va a hacer cosas por el prójimo a cambio de nada.

- Es distinto

- ¿Por qué?

- Porque recibiría una sonrisa, o el agradecimiento de la gente ?digo convencida.

- ¡Humm! así ¿cómo yo...?

- ¿Qué quieres decir? ?me descubro con ganas de estar parada ahí, frente a esa maciza puerta, sólo para discutir con ella.

- Me gané como agradecimiento de mi acción, un paseo en esa bicicleta salvaje donde casi expulso las extrañas.

- La próxima vez será mejor ?alzo las cejas con gesto convencido.

- No habrá una próxima vez ?niega con certeza frunciendo los labios.

- Nunca digas ¡De esta agua no beberé!

- ¡Parece un versículo!

- Refrán popular, bien que lo sabe.

- Ya veo ?se gira y su mirada empieza a recorrerme desde mis zapatos deportivos, pasando por los vaqueros descoloridos que llevo puesto, la casaca de cuero para terminar en mis ojos.

- ¿No se va a ir?

- Estoy esperando a que entre ?le explico pareciendo molesta- Le prometí a la hermana Benita que la traería sana y salva, así que si se desmaya antes de entrar por esa puerta sería mi responsabilidad y no voy a hacerle eso a la hermana.

- ¿Y si me desmayo adentro?

- Me importaría un bledo ?le respondo lo más crudo posible alzando los hombros.

- Es conmovedor lo agradable que puede llegar a ser ?murmura apenas, con ojos abatidos de perro apaleado.

- ¡Muchos comparten su opinión, hermana!

- ¡Y además presumida! -suspira haciendo un mohín de molestia con la boca- En fin... no voy a darle el gusto de desmayarme, ni afuera ni adentro.

- ¡No haga tanto aspaviento de su enclenque cuerpo!

      Me mira con furia y me encanta esa expresión en su rostro.

- ¡Vaya con Dios, hermana! ?digo antes de querer escuchar alguna respuesta.

       No dejo de sonreír en todo el camino alfombrado de hojas amarillas hasta la calle donde dejé parqueada la moto. Descubrimiento número uno: Me encanta molestarla, es un genuino placer mirarme en sus ojos verdes llenos de incomodidad y cólera, descubrimiento número dos: Es dulce y suave con todos los que se relaciona, pero conmigo es áspera, cortante y se mantiene a la defensiva. ¡Perfecto! ¿Debería quejarme a la Madre superiora de su conducta?  

                                                        **********

     Los suaves toques en la puerta.

- ¡Adelante! ?la hermana Isabelle levanta la vista del libro que está leyendo, recostada en su cama.

- ¡Hola! ?se asoma el rostro de una monja de edad media.

- ¡Pasa hermana Benita! ?se incorpora la rubia a medias- ¿No estabas en el oficio de lectura espiritual?

- ¡Ya terminamos! ¿y tú? ¿cómo te va?

- Bien ?la monja se acerca a la cama y con confianza se sienta a los pies de la joven Isabelle.

- Escuché que habías estado un poco indispuesta.

- Me hizo mal el almuerzo ?cierra el libro y lo deposita en su mesilla de noche.

- ¿Estás leyendo versos?

- Y qué tiene de malo. Son muy buenos...

- No soporto leer en mis ratos de ocio- se afloja los zapatos y los deja a un lado de la cama- ¡Tenemos tantos versículos que leer durante el día!

- ¡Vieja gruñona!

­- ¿Qué pasó con ese examen que tuviste después de clases?

- Bien

- ¿Por qué no me habías dicho que tenías una amiga tan bien plantada?

- ¿Amiga? ¿bien plantada? ?abre los ojos la rubia y se rasca el abdomen por encima del pijamas.

- ¡Sí por Dios! más hermosa que esa artista que vimos en la tele el otro día ¿Cómo se llamaba?

- ¿De quién estás hablando?

- De ese pedazo de trigueña de ojos azules que conocí hoy en tu escuela.

- ¿Alexandra? ­?achica los ojos- ¿Te parece... bonita?

- Habría que ser ciego para no verlo ?se quita la cofia resoplando y la deja sobre sus piernas- ¡Debe tener a los hombres del curso como locos!

- Tiene novio ? dice la joven rubia y luego aclara- ¡Por lo menos la he visto con un chico!

- ¿Y bueno? En esta sociedad de valores tan solubles se puede dar el lujo de tener una docena.

- ¿Y para qué tantos? ¡Por Dios! ?se altera sin motivo alguno, la rubia.

- ¡Pero no hay nada más que verla tan bella, correcta, y amable!

- ¿Estás segura de que me estás hablando de Alexandra?

- La misma que te trajo ¿Por qué te habrá traído de regreso al monasterio? ¿no?

- Pues sí ?hace un mohín de desconcierto y retoma la idea que sigue revoleteando en el pensamiento- ¿Acostumbran las chicas de allá afuera tener más de un novio?

- ¡Una preciosidad como ella puede hacerlo!

- ¿Y eso que hablan del ... amor, ... el respeto?

- ¡Qué inocente eres! te hablo de sexo, no de amor ni de pajaritos volando ?se revuelve el cabello negro que ha estado aprisionado bajo la toca.

- No tengo la experiencia tuya ?molesta la mira- ¡Así que no sé! ¡Entraste al monasterio después que habías tenido relaciones y haberte casado! ­­?hace un mohín de niña mimada- ¡Pero yo no!

- Sí y si ese desgraciado con el que contraje matrimonio no me hubiera matado casi a golpes, seguro que todavía estuviera allá afuera.

- ¡Perdón! ?le sonríe afectuosamente la rubia joven- No era mi intención recordarte tus penurias.

- ¡Lo sé! ?quedan en silencio por un instante- ¿Pensé que ibas a trabajar al hospital hoy?

- Cambie el turno con la hermana Lucila.

- Muy noble esa chica ¿no es cierto?

- Así es.

- Como novicia apunta a dar mucho.

- ¡Ajahh!

­- ¡Y eres su heroína! ¡Te tiene mucha estima!

- Así parece, me recuerda a mí con unos años de menos ?sonríe perdida en sus recuerdos.

- No es cierto, Esta es súper activa siempre dispuesta y atrevida, tú de más joven eras más centrada, más madura... y muy apagada.

- ¿A qué te refieres?

- No me hagas caso... ?suspira cansada- ¿Qué tal en el hospital?

- Lo de siempre...en mi turno de ayer murió una señora que padecía de demencia senil.

- No sé cómo prefieres ir trabajar con enfermos que con niños.

- Los enfermos terminales necesitan más de mí, que los niños.

- Tú sabrás ?bosteza- Creo que me voy a la cama, solo pasé a desearte las buenas noches

- ¿No quieres una taza de té antes de dormir?

     La hermana Benita se levanta buscando sus zapatos.

- No. mañana tengo que madrugar ¡Que Dios te bendiga hermana!

- ¡Lo mismo te digo!.

                                                         **********

    

     Por primera vez no puedo ir a la escuela. Se va a desarrollar la reunión mensual para el ajuste de presupuestos en el hotel y el director se pone muy nervioso cuando alguien de la directiva está ausente. Imagino que tomará algunas horas pero supongo mal, la dichosa reunión se extiende hasta el mediodía, así que aprovecho luego que termina para hacer varias llamadas desde mi oficina y concertar algunas entrevistas, escribir un guión para un próximo espectáculo y reunirme con los colaboradores más cercanos para discutir las nuevas orientaciones expuestas por el director para el próximo trimestre. Cerca de las seis de la tarde llamo a Robert para saludarlo y para concertar una cita con él en mi departamento.

     Como falta mucho tiempo hasta que él pueda liberarse de sus compromisos resuelvo pasar por la biblioteca después de haber llamado a Leonídas y ponerme al tanto de los temas que han desarrollado hoy en clases.

     Apenas entro veo a la monja sentada y hundida en sus libros por lo que voy directamente hacia ella

- ¿Puedo sentarme?

- ¡Ya lo estás haciendo! ?declara apenas sin mirarme.

    No hay como un indiferente saludo de bienvenida, sonrío sin perder el ánimo.

- ¿Cómo estás?

- Si te refieres a si me desmayé o si vomité ayer, para tu disgusto no lo hice.

- También una se equivoca ¿no?

- Más bien pensé que no habías ido a la escuela por el remordimiento de casi matar a una monja ?lo dice y hace un mohín con los labios de lo más mono.

- Conozco a algunos que me hubieran dado un premio por ello.

     Entonces si me mira confundida. Sus ojos verdes sorprendidos en los míos.

- ¡Es una broma! ?la observo con calma- ¡No quise hacerte daño! ?lo digo de verdad y ella parece darse cuenta.

- ¿Por qué no fuiste a clases?

- Pensé que nadie se daría cuenta ?exclamo sacando mi cuaderno de ética.

- La profesora de historia te echó de menos ?sonríe y voltea una hoja de su libro de matemáticas.

- ¡Esa bruja! ?tengo que murmurar- Tenía una reunión importante en el trabajo.

- ¿En qué trabajas? ?pregunta haciendo una marca en el libro con su lápiz.

- ¿De qué tengo cara de poder trabajar?

- Desde camorrista hasta vendedora de escobas plásticas ?dice de lo más tranquila.

- ¡Muy graciosa! pero no ?ahogo la carcajada- Soy responsable de música y espectáculos en un hotel.

- ¿Qué se supone que se hace ahí?

- Se escoge a los músicos, se desarrolla un libreto para un espectáculo musical y ...

- ¿De esos que salen en la tv con chicos y chicas ligeros de ropas?

- ¿Y quién dijo que tenían ropas?

      Se voltea para mirarme con la punta del lápiz metida en la boca.

- ¿Estás de nuevo bromeando?.

      Es increíble la calidez de su mirada inocente, me hago la interesante y busco en el cuaderno una página mientras me observa.

- Te puedo llevar un día si quieres.

- No, gracias ?se apresura en contestar mientras yo sonrío.

- ¿Qué estás estudiando? ?pregunto después de unos minutos de silencio.

- Matemáticas

- ¿Es tu telón de Aquiles? ¿no?

- ¡Correcto! ?afirma haciendo una mueca.

- Podríamos hacer negocio entonces ?y lo estoy diciendo muy de verdad.

- ¿Qué tipo de negocios? ?levanta las cejas sin entender.

- Yo me encargo de Matemáticas y tú te encargas de Historia, Derecho internacional y Ética.

- ¡Un momento! ?arruga la frente- Parece un negocio bastante injusto ¿no?

- Matemáticas vale por tres asignaturas ?aseguro.

- ¿Cómo sé que eres tan buena en la materia?

- ¡Ponme a prueba! 

     Levanta la vista y rebusca en mi mirada. Es innegable que sus ojos además de ser preciosos tienen un halo de curiosidad conmovedor.

- ¿Usas lentes de contacto? ­?le digo de repente.

- ¿Por qué lo dices?

- Tal parece que tienes algún grado de estrabismo.

    Baja la vista y suspira contrariada.

- No. no tengo estrabismo y tampoco uso lentes.

    Siento deseos de decirle que sólo quería fastidiarla y que nunca he visto unos ojos tan impresionantes como los suyos, pero prefiero dejarlo así. ¿Qué habría pensado si se lo decía? ¿Que estaba coqueteando con ella? ¡Por dios!

- ¿Va o no el trato?

- Sólo si eres capaz de explicarme estos ejercicios.

- ¡Vamos allá! ?me arrimo un poco para poder leer en su cuaderno y cuando rozo sin querer su brazo, lo quita inmediatamente. Pero su fragancia suave me envuelve y es agradable.

    El tiempo pasa vertiginosamente y me da la medida de por qué no entiende la materia.

- Hermana, en matemáticas es cuestión de razonar sin seguir pautas.

- Pero el ejercicio anterior lo has hecho de otra forma.

- Aquí es otro enfoque, y no se puede repetir el mismo proceso ?digo haciéndola entender- tampoco se trata de aprenderse de memoria las cosas  

    Suspira resignada y su aliento cálido es reconfortante. De improviso mi teléfono empieza a sonar dentro de mi carpeta.

- ¿Qué hora es? ?le pregunto tratando de llegar hasta el.

- Diez y cuarto.

- ¡Tan rápido! ?cuando logro apretar el botón escucho la voz de Robert recordándome que ya está esperándome en el apartamento. ?Sí cariño, ya estoy en camino? le respondo apurada.

- Tengo que irme ?digo recogiendo mis cuadernos.

- ¿Es tu chico? -me pregunta como de pasada.

- Sí... uno de ellos ?respondo bromeando.

- Entonces Benita tenía razón ?afirma como hablando consigo misma.

     No la entiendo y como he notado que en todo el tiempo que hemos estado estudiando no me ha mirado ni una vez le digo con disimulo.

- Hermana, lo de la miopía era para molestarla. Tiene usted unos ojos muy... expresivos.

    Me pongo de pie y ella no dice nada.

- ¿Mañana aquí a las siete? ?pregunto esperanzada antes de irme.

- Mañana ?afirma.

- ¡Gracias hermana!

     Salgo a la carrera y no me explico cómo se me ha hecho tan tarde.

                                                  *********

  Nos reunimos en la biblioteca cada dos días y en diferentes horarios, porque la monja con su trabajo en el hospital y yo con mis dos tardes de entrenamientos, el trabajo y mi relación con Robert, no permiten hacerlo todos los días.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? ?me pregunta el viernes cuando hacíamos un trabajo de historia.

- Todas las que quieras, aunque no te garantizo la respuesta.

    Sé cuándo se moleta por el mohín abultado de sus labios y la arruga en la nariz.

- ¿Me vas a preguntar o no?

- ¿Cuánto ganas por entrenar al grupo ese de chicos?

- Pagan bien ?le respondo levantando una ceja.

- ¿Cuánto de bien...?

       La observo y sé que espera con ansiedad la respuesta. Sus ojos son como dos esmeraldas luminosas a los que sin saber por qué he empezado a temerles. Sin aliento desvío la mirada.

- ¿Necesitas que te preste dinero?

- ¡No por Dios! no se trata de mí.

- ¿Entonces?

    Empieza a morder la punta de su lapicero y hace como que lee una de las hojas.

- ¡Estoy esperando! ?pongo la mano sobre el escrito donde ella descansa la vista.

- Quiero hacerte una proposición ?murmura.

- ¿Es deshonesta? -me encuentro preguntando seductoramente y descubro con morbo que me agrada y me divierte la idea.

    Me mira con expresión sorprendida y no logra entender a lo que me refiero.

- Porque te advierto de que ya estoy comprometida ?le susurro con picardía.

- ¡Oh no! ?se pone colorada y hasta puedo sentir el calor de sus mejillas.

- ¿De qué se trata, entonces? ?al fin digo seria, cuando ella queda sin palabras.

- ¿Cuánto cobrarías por hacerte cargo de entrenar a otro grupo?

- No tengo tiempo para ello.

- Nos adaptaríamos a cualquier horario ?pide también con su mirada.

- ¿Nos? ?exclamo casi aterrada.

- Las monjas del convento queremos entrenar.

- ¿¿Qué??

- ¡Pssss! que no podemos hacer ruido ?dice observando alrededor, hacia las otras mesas de la biblioteca.

- Pero sabes...¿lo que me estas... pidiendo?

- ¡Lo sé! ¿Es completamente imposible, verdad? ?y pone esos ojos, tristes de perro apaleado que no hace otra cosa que retorcerme la conciencia.

- ¡Hermana! ?suspiro profundamente.

- Si es que lo sabía -musita apenada- pero como la madre superiora se empeña en que hagamos algún deporte.

     Quedamos en silencio. Tiene la mano extendida sobre la mesa, una mano delicada de unos dedos finos, largos y pálidos. Sin poder contenerme llevo mi índice hacia ella y paso suavemente mi dedo por sobre su piel suave. El contacto es inesperado para ella que retira la mano inmediatamente. Para mí ha sido confuso, placentero y me deja un atisbo de haber deseado sentir el calor de su piel por más tiempo.

- ¿Cuándo vas a dejar de comerte las uñas? ?murmuro como explicación a mi gesto.

     Niega con la cabeza y esconde sus manos sobre sus piernas por debajo de la mesa.

- Voy a buscar un remedio para ello ?digo y vuelvo a mi trabajo de historia.

- Alexandra, discúlpame por haber...

- ¿Cuantas son las interesadas en entrenar? ?pregunto por decir algo.

- Dieciocho o veinte.

- ¿Por qué voleibol?

- Teníamos un equipo en el monasterio el pasado año, y competíamos entre cofradías, luego el padre Fernando fue trasladado y ...

- ¿Un padre?

- Venía frecuente al monasterio. De él fue la idea para combinar la meditación con el ejercicio físico.

- ¡Ya!

- Pero entiendo que no quieras- hace un gesto con la cabeza y se gira hacia mí- ¡Tampoco creo podamos pagarte mucho!

    Prefiero no contestarle. ¡Yo entrenando a un grupo de monjas! ¿A que Robert se reiría hasta destornillarse?

- Déjame pensarlo ¿sí? ?digo mientras su sonrisa es grandiosa y sus ojos se encienden en miles de estrellitas verdes.

- ¡Me haría tanto ilusión siquiera que lo consideres! ?su voz es tan dulce cuando quiere.

- Pero no te prometo nada, hermana ?esquiva cerrando el cuaderno- Hemos terminado ¿no?

- Con historia sí.

- ¿Vas a seguir estudiando?

- No. Tengo que estar a las 21:00 en casa ?dice recogiendo sus cuadernos- Y en bus me toma más de cuarenta minutos hasta allá.

- Tengo una idea ?acomodo todo dentro de la carpeta- ¿Tienes hambre?

      Me observa preguntando con la mirada.

- Te invito a comer algo ligero por ahí y luego te llevo al monasterio.

- ¡Oh no! ?ya está de pie y se alisa los pliegues del hábito- ¡Esta vez no me convences!

    Me echo a reír y me incorporo frente a ella.

- ¡Te pido que confíes en mí, hermana!

- Lo haría pero no puedo ?ya ha empezado a caminar hacia la salida y yo la sigo.

- Sé que tienes hambre, he escuchado sonar tu estómago ?le digo.

- ¿Lo notaste? ?se vuelve y sonríe- ¡Sólo he comido un sándwich en todo el día!

- ¿Y cuando llegues allá? ?salimos a la noche- ¿Te guardan comida?

- El horario de la cena ya pasó. A veces compro algo por el camino.

- Entonces venga, hermana... no quiero que tu estómago siga asustándome.

- Te lo agradezco pero...

    Se da cuenta que apunto con el control remoto y activo las puertas del coche que tengo aparcado a un lado de la calle.

- ¿Y la moto? ?se detiene y observa alrededor.

- Ves como ya la estás extrañando.

-¡Para nada! ¡Dios Divino! ?me sigue hasta el auto- ¿Es tuyo?

- Sí... mi bebé la guardo en invierno ?abro la puerta delantera y la dejo pasar para que se acomode­- Y ya está haciendo un poco de frío.

- ¡Es muy bonito tu coche!

- ¡Gracias! ?me acomodo al timón y me coloco el cinto- ¿Qué quieres comer?

- ¡Humm!

- ¿Comida china? ¿pasta? ¿comida criolla? ?le propongo.

- McDonald

- ¿¿McDonald??  pero hermana... ?miro hacia adelante y pongo en marcha el coche.

- Nunca comemos eso en el convento.

- ¡Bien! ?sonrío y se me ocurre un sitio.

- ¿Adónde vamos? ?pregunta después de unos minutos sin conocer el camino hacia la salida de la ciudad.

- ¿Piensa que la voy a secuestrar, hermana?

- Igual no podré pagar el rescate ?contesta quedo levantando los hombros.

- ¡Al Mirador! ?le explico girando y entrando en un McDonald donde podía comprar sin salir del coche por una taquilla especial.

- ¿La hamburguesa más grande? ? le pregunto de reojo.

­- ¡Correcto! ?es su respuesta.

    Luego que recibo todos los paquetes del pedido se los paso a ella y prosigo tres cuadras más al norte para salir a un altiplano desde donde se puede ver las luces de la ciudad desde las alturas.

- ¡Es hermoso! ¡Nunca había estado aquí! ?dice exaltada cuando detengo el coche en la cima del mirador.

- Acostumbro a venir a veces, me tranquiliza ?respondo tomando mi parte de la comida

      Sus ojos se expanden ávidos al espectáculo que tiene delante mientras se hace cargo de su enorme bocata.

- ¡Humm! ¡Delicioso!

      Me preocupa el sonido de satisfacción que hace cuando degusta su alimento. ¡No quiero analizarlo pero me resulta demasiado sensual!

- ¿Tiene que hacer tanto ruido al comer, hermana?

- Lo siento pero...-un sorbo de coca-cola- ¿No te gusta tu hamburguesa?

    Parece una niña grande que le han dado un regalo y disfruta a plenitud.

- ¿Tienes algo importante que hacer en el monasterio?

- Debo participar en las oraciones contemplativas de la noche. Ayer me las perdí.

- ¡No creo que te manden al infierno por ello!

     Me mira reprochando mis palabras y sigue comiendo observando el panorama.

- ¿Estás segura que Diosito te escucha cuando platicas con él?

- Él lo ve y lo oye todo; Es omnipresente ?asegura.

- ¡Espero que no sea cierto! ?me sacudo las manos de migajas- ¡Si se asoma por mi casa quedaría decepcionado! 

- ¿Tan mala eres?

- No tiene idea, hermana ?me río y bebo de mi batido de chocolate.

- ¿Qué vas a hacer tú? ?arrebujando el papel grasoso y poniéndolo en la caja vacía.

- Verme con mi chico ?miro automáticamente el reloj y compruebo que todavía tengo mucho tiempo antes de que termine su actuación en el hotel- ¡Ya hace tres días que no lo veo!

- ¿Es mucho tiempo?

- El suficiente para desear aplacar mis nervios. ?bromeo- ¡Si no lo veo hoy, me pongo histérica!

- ¿Por qué?

- Hermana, una tiene sus necesidades ¿no?

- ¡Ah! eso... ?pero estoy insegura si estamos hablando de lo mismo.

- Ya sé que no es su caso... pero... ?no sé por qué diablos sigo con este tema.

- Mis necesidades son otras, Alexandra ?susurra suavemente.

- ¿Espirituales?

- ¡Correcto! ?luego extiende el brazo hacia adelante- ¡Aquella luz! ¿qué es?

- La torre de emisión de la cadena de radio de Estocolmo.

- No pensé que fuera tan alta.

    Nos quedamos recostadas en los asientos observando las parpadeantes luces y la gama de colores. Me siento en paz con el mundo y no tengo deseos de marcharme.

- ¡Esto es más bonito que mirar las estrellas en verano! ?suspira ella.

- ¿Te gusta mirar las estrellas, hermana?

- Sí. Hay un campanario en el monasterio y desde allí se ven muy bien. ¡Tan cercanas! ­­-sonríe y se le hacen hoyitos en las mejillas- ¡Como haciendo guiños!

- ¡Pensé que yo era la única que lo hacía!

     Se gira y nunca he visto el rostro de una mujer tan bello, como el de ella en la penumbra del coche.

- Es un espectáculo hermoso, Alexandra y somos muchos que sabemos apreciarlo.

     Nos quedamos otro rato y no me siento incomoda con ella a mi lado, en silencio envuelta en sus pensamientos y la mirada fija en la noche frente a los cristales del auto.

- No quisiera perderme las oraciones hoy ?dice al fin y yo reacciono.

- Ya nos vamos hermana, pierda cuidado que va a llegar a tiempo.

- ¡Gracias!

     No hablamos en todo el viaje de regreso, Cuando parqueo frente a la verja de entrada del monasterio para que descienda del coche, se vuelve hacia mí.

- ¡Gracias por todo, Alexandra!

- No tienes que darlas, disfruté del paseo también.

    Incomprensiblemente apoya suavemente su mano sobre la mía que todavía tengo ceñida a la palanca del cambio de velocidad.

- ¿Prométeme que vas a pensar en mi proposición?

    El roce de su piel contra la mía me confunde a tal punto que opto por mirar hacia adelante y no hacia sus ojos. Me agrada el contacto y creo que no digo nada sólo por alargar el momento. Siempre había sido ella muy reacia a la mínima fricción amigable de cualquier tipo.

- Lo prometo, hermana ?murmuro encontrándome con su sencilla sonrisa y sus ojos tan estupendos.

- ¡Hasta mañana! y que la pases bien ?aparta su mano y siento su ausencia al instante.

    Un curioso calor me sorprende subiéndome a las mejillas cuando de nuevo se vuelve y me regala otra sonrisa antes de desaparecer por la puerta.

 

    Estamos en la cama completamente desnudos. Robert alarga la mano que tiene bajo mi cabeza y acerca la cajetilla de cigarros que está en la mesita de noche

- ¿Todo bien?

- Sí ? me apoyo sobre su musculoso pecho- ¿Ya vas a fumar?

- Después abrimos la ventana.

- Mis sabanas huelen a cigarros ?me quejo suspirando y me separo de su cuerpo- Me voy a duchar.

- Espera ?expele una bocanada de humo- ¡Te tengo una sorpresa!

- ¿Cuál es?

- Unos días de relax.

- ¡Humm! suena bien ?me recuesto de nuevo en las almohadas y lo miro- ¿Qué se te ha ocurrido ahora?

- El festival juvenil de la canción escandinava.

- Es dentro de unos meses, ¡En Göterborg! ?digo

- ¡Exacto! ¡He alquilado una carpa para los dos!

- ¿¿Qué?? -exclamo incrédula. Sé lo difícil que es conseguir sitios en el basto terreno donde alquilan carpas para que el festival pueda darse al aire libre. Miles de jóvenes, músicos,  gentes de muy diversos orígenes y profesiones se reúnen para además de escuchar buena música, dar rienda a sus fantasías, y a sus desafueros de alcohol y sexo. Siempre tuve curiosidad por asistir a este evento.

-¡¡No te creo!!

- Pues mira que sí ?deja el cigarrillo al borde de la mesita y me toma el rostro para acercarlo a él- ¿Estas contenta?

- ¡Mucho! ?le beso en la barbilla que ahora la cubre una suave pelusa­, luego me le quedo mirando.

- Todo para mi reina ?afirma.

- Robert... ¿por qué no tienes los ojos verdes?

     Veo como alza las cejas extrañado y no sé qué diablos estoy pensando ni tampoco por qué pregunto tamaña estupidez.

- Pensé que no te importaba que los tenga oscuros.

- No si de hecho... ?pero si seré imbécil- No me importa.

- Tampoco sabía que te gusten los ojos verdes.

- ¡Y no me gustan! ... solo que como eres tan trigueño, podría quedarte bien el contraste. ?me siento sofocada y quiero terminar con la conversación.

- Me puedo poner lentillas de colores.

- ¡No seas tonto! ?me levanto y escapo hasta el baño.

     Y allí estoy más del tiempo necesario. Cuando salgo envuelta en una toalla, él está mirando la tv desde la cama.

- ¿A dónde vamos a cenar?

- ¿A esta hora?

- Todavía no son las once ¿No tienes hambre?

- He comido un McDonald y estoy cansada para salir.

- ¿No te apetece unos tragos?

- No. ?me acerco al clóset y busco algo cómodo que ponerme.

- Pues me dirás ¿qué vamos a hacer? ?dice él levantándose y poniéndose una camiseta.

- Podemos ver una peli ?respondo- mañana voy a donde mis padres y tengo que levantarme temprano para pasar por el trabajo primero.

- ¡Vaya! entonces voy a pedirme una pizza y si no me gusta esa peli me pongo a revisar la letra de algunas canciones en que estoy trabajando.

- Bien

     Al final termino en la sala estudiando mi libro de Ética y Robert reescribiendo sus canciones en la terraza.

                                                             *********

      La visita a mis padres me ocupa hasta principio de la tarde del sábado y como Robert tiene actuación, y no nos veríamos esa noche me siento en el sofá a ver televisión con una cerveza en la mano.

      ¡Extraña película donde corren caballos a tropel y en donde cabalga una mujer joven sobre un corcel negro! y todo hubiera estado bien si la chica no hubiera sido rubia, no hubiera estado desnuda y no mostrara ese pelo largo y sedoso al viento y esos pechos saludables que saltaban con movimientos tan libertinos! ¿Desde cuándo pongo atención a la desnudez de una mujer?. Suspiro y me obligo a tomar el control remoto para buscar otro canal. Eso me recuerda algo, no sé si es asociación de ideas o recuerdos del subconsciente. Pero allí esta nítida la sonrisa de alguien y sus ojos esmeraldas.

    Es cuando suena mi celular que tengo encima de la mesita del centro.

­- ¡Hola cariño! ¿qué estás haciendo?

- ¡Hola Robert! estoy mirando la tele.

- ¿Algo bueno?

-  Es lo que trato de discernir ?la chica rubia frena su carrera y de un salto se baja del animal. Su cuerpo desnudo es alucinante al completo- ¡Convincente sería la palabra!­-le digo a Robert con la boca seca.

- Pues que bien... ¿mañana nos vemos para el almuerzo?

- No creo ?el abdomen de la rubia es plano y su pelvis muestra una fina capa de bellos sobre su sexo, sus piernas largas y firmes se mueven rápidas viniendo hacia la pantalla para gritar a alguien que está frente a ella.

- ¿Alexandra estás ahí?

- Sí... te decía que tengo...  ?ahora se da media vuelta y su trasero modelado, de nalgas compactas se balancean rítmicamente a medida que regresa hacia el caballo ¡Dios mío! ¡Que hermosa es! - ¡No voy a poder! Tengo algo pendiente que me puede tomar tiempo.

- Pues llámame después que te libres del compromiso.

- Así lo haré ?la rubia se sube al animal y el rostro rebelde con sus cabellos despeinados es todo una revelación- ¡Hasta mañana Robert!-me despido apurada y me hundo en la pantalla con gesto nervioso y una curiosidad espantosa ¿Dónde está la rubia? pero ya ha desaparecido. El tropel de caballos se aleja y ahora enfocan la imagen de un indio anciano sentado frente a un fuego casi apagado.

    Voy hasta la cocina y saco otra cerveza del refrigerador, tengo la lengua como estropajo y una sed de mil demonios. Me paro junto a la ventana y miro hacia el exterior: las hojas de los arboles ahora amarillas se desprenden inexorables para dejar paso al invierno.

- ¡Mañana iré! ? pienso y no dejo de reconocer que las dudas es algo que no soporto.

 

     Son las diez de la mañana cuando parqueo con la moto frente a la ya legumbre verja de arco antiguo. Ahora que estoy aquí pienso que no ha sido buena idea. Dejo el casco y me abro la casaca de cuero. No se ve un alma por todo los alrededores. Entro despacio y sorteo las bancas y toda la hojarasca amarilla caída en la noche. La puerta del edificio marrón está a la izquierda, doy vueltas sin atreverme avanzar cuando dos monjas salen de la iglesia y se dirigen hacia mí.

- ¡Buenos días hermanas! ?digo y ellas se detienen- Necesito hablar con la hermana Isabelle, ¿Podrían darme razón cómo encontrarla?

- ¿Con Isabelle? ?pregunta sorprendida la más joven que imagino sea pelirroja por los cortos mechones que se escapan por debajo de su cofia.

- Isabelle Izaguirre ?afirmo sin gustarme como me recorre con la mirada.

- Sí, le podemos avisar ?dice al fin la acompañante de la pelirroja.

- ¿De parte de quién? ?pregunta la pelirroja con cierto mohín sarcástico.

- Alexandra... ella sabe.

- ¡Ahhh! ?y no me hace gracia su exclamación cuando se voltea para irse junto a la otra camino a sus habitaciones.

     ¿Y si le tienen prohibido recibir visitas? Me alejo hacia una banca y me siento con la sensación de estar haciendo el ridículo.

- ¡Hola!

- ¡Hola! ?me volteo al escuchar su voz y toparme con esa sonrisa tan suya- ¡Vaya sorpresa! ?se sienta a mi lado y me mira ?su rostro tierno es encantador.

- ¡Disculpe hermana! de repente te he molestado ?estoy nerviosa sin motivo aparente.

- ¡Para nada! Estaba en mi hora de meditación pero puedo hacerlo después.

- ¡Lo siento! en realidad ...

- ¡Me alegro que hayas venido, Alexandra! ?sus ojos son espectaculares- ¡Se respira aire puro aquí afuera!

- Más bien está haciendo frío.

- No te abrigas bien... ¡mira ese escote! ?luego se sonroja y sonríe- ¿A qué has venido en la moto?

- Pues sí.

- ¿Vives lejos de acá?

- Digamos 20 minutos.

- No pensé que fueras tan madrugadora. ¿Ya desayunaste?

     No pregunta el por qué estoy aquí, y habla del tiempo, y de la primera misa que asistió sin hacerme sentir incomoda, ni ella parecer sorprendida por mi presencia.

­- Hermana, he venido para hacerle saber mi decisión.

    Bucea en mis ojos y su semblante se hace severo, creo que contiene la respiración.

- ¿Sobre el entrenamiento?

- ¡Exacto! creo que debo hablar con ...la responsable o la madre superiora en este caso.

- ¿Te refieres a las condiciones del contrato y del sueldo?

- Digamos que desearía puntualizar que si entro ahí ?le hago una señal a mis espaldas- No es para saltar a la cuerda con un atado de soñadoras monjas.

    No se pierde mis palabras y creo que todavía no ha tomado aire.

- ¡Vendría a entrenar voleibol bajo mis condiciones!

- ¿Qué son?

- Las de cualquier otro grupo que quiero sacar adelante ?le respondo lo más sincera que puedo- ¡Sin hacer ninguna distinción!

- ¡Bravo! ?toma una bocanada inmensa de aire- ¿Eso quiere decir casi....casi que te haces cargo de nosotras?

- Sí

- ¡Dios Santísimo que ha escuchado mis ruegos! ?me toma una de mis manos y la cubre con las suyas.

- ¡Gracias Alexandra! - un calorcillo se apodera de mis extremidades cuando veo que se pone de pie sin soltar mi mano- ¡Vamos!

    Me arrastra tras de ella y sus dedos se han trenzado con los míos de forma que no tengo escapatoria. Pero realmente no quiero escapar. Me mira sonriendo mientras avanzamos a la puerta del edificio marrón.

- ¡No tengas miedo! ?señala hacia adelante- ¡Somos gentes de bien!

- Lo sé, hermana.

- Será un poco chocante para tí, pero haré lo posible para que te sientas bien cuando estés con nosotras. ¿ok?

- Espero más que eso ?digo exigente.

- ¿Sí? ?se sorprende y se detiene ante la puerta sin entender.

- Tienes que revisar todos mis deberes del curso y prepararme para cada examen- digo pensativa.

- ¡Lo haré! ?musita con expresión sumisa.

- ¡Qué estoy bromeando, mujer! ?sonrío y su mano pequeña en la mía me hace sentir diferente de una manera que no puedo dilucidar-Supongo que hago esto por...

- ¡Por la Santa Iglesia!

- No. Lo hago por tí.

    Se queda rígida y me mira, luego baja la vista.

- ¡El señor quiera que pueda corresponderte como te mereces!

- Lo hago sin ningún interés.

     Empuja la puerta sin soltar mi mano.

­- Pensé que nunca ibas a dejar de odiarme.

- ¡Tampoco exagere, hermana!

     Me siento apabullada cuando entro, un salón inmenso con cuadros religiosos y bancos de madera rústicos adosados a la pared. La pintura inmensa de Jesús y la Virgen María casi tragando mi confusión.

- ¡Pero con ellos espero no hacer tratos!  ?murmuro para mí misma.

- ¡Por favor, Alexandra! ?susurra bajísimo mirando alrededor- ¡Te llevaré a donde la Superiora! pero te rogaría que no seas muy explícita en cuanto a la relación que tienes con... ellos ?señala a los cuadros.

- ¡Lo capto!

- ¡Ven a mí si es que tienes... necesidad de desahogarte en esos términos ... despectivos! ¿ok?

- ¿Tú me entenderías?

- No, pero trataría de escucharte.

- Lo recordaré, hermana.

     Antes de salirse de mi mano, sonríe una vez más.

- ¿Me esperas aquí?

- Con todos ellos rodeándome, no creo que me anime a moverme.

     Gira la cabeza hacia los lados y suspira reprochándome juguetona con la mirada.

     Al cabo de media hora todo está claro. La madre Superiora, una anciana monja de ojos inteligentes y modales dulces además de no asombrarse de mis vaqueros descoloridos y mi chaqueta de cuero me trata con mucho respeto y se empeña en que yo acepte un sueldo por mis dos horas de entrenamiento cada domingo, al que no acepto por cuestión de principio y porque realmente quiero hacer algo para el bien de los demás.

­- ¿Y entonces? ­?me sorprende Isabelle cuando salgo de la oficina de la madre como si hubiera estado escuchando detrás de la puerta.

- ¡Todo arreglado!

- ¡Bendito sea Dios! ?creo que hace un gesto de abrazarme pero luego deja caer los brazos al lado de su cuerpo y solo se limita a sonreír.

- ¿Cuándo empezamos?

- El próximo domingo al mediodía.

- Es genial ?afirma y se atraviesa en mi camino- ¿Te quedaras un rato más? ¡Puedo enseñarte el terreno del patio donde solemos practicar! ó ofrecerte un cafe en mis habitaciones.

- Yo que tenía otra idea ?digo reclinando la invitación.

- ¿Tienes que ir al trabajo?

- No. pero sé de un sitio donde venden un chocolate cremoso y unas empanadas rellenas de carne que son una maravilla.

    Se queda mirándome y creo que se le hace la boca agua.

- Te llevo y te traigo ?digo como de pasada, cuando volvemos al salón principal de los santos cuadros.

- ¿En la moto?

- Me temo que sí ?me vuelvo hacia ella- ¡Cuento hasta tres y si no te decides me voy sola!

- Es que está haciendo frío.

- ¡Uno! ?exclamo dirigiéndome hacia la puerta marón.

- ¡Y debería estar en las oraciones antes del almuerzo!

- ¡Dos!

- ¡Estoy atrasadísima con las tareas!

- ¡Y...

- ¡Espera! -suspira ruidosamente, halándome por el brazo- Voy contigo, pero espera que me cambie ¿ok?

- Estoy afuera... no voy a quedarme sola con tus amiguitos de nuevo.

      La veo que desaparece por el pasillo adentrándose hacia el fondo de la edificación y yo salgo al aire fresco de la mañana. Me da tiempo de sentarme en una banca y observar el paso de gentes que entran a la iglesia colindante.

- ¡Ya podemos irnos! ?escucho después de diez minutos de espera.

- ¡Pensé que te habías ido a dormir! ?rezongo y volteo para verla.

     Entonces si es una suerte que todavía estoy sentada y que no puedo caerme. ¡No tiene el hábito de religiosa, viste unos jeans, un pulóver de mangas largas, un par de botines y su cabello rubio lo lleva suelto cubriéndole hasta media espalda!

- ¿Y qué... ¿qué has hecho con la hermana? ?creo que murmuro con el sello de idiota en toda mi expresión.

    Se para delante de mí y alza las cejas divertida.

- ¿No creerás que vaya en la moto con el hábito, ¿verdad?

-No, sería criminal ?no me cabe en la cabeza que esa joven, rubia, hermosa, de cuerpo delineado y perfecto sea ella. ¡Dios! ¿Qué está pasando conmigo?  

- ¡Qué desperdicio divino! ?logro balbucear con el estómago revuelto.

- ¿Qué?

- Pues... ¡Que ya nos vamos!

     No puedo disimular que me tiene atontada de la sorpresa. Me alarga la mano para ayudar a levantarme y sonríe mirándome de reojo.

- Pensé que era prohibido ?declaro sonriéndole de vuelta, sin soltarme de su agarre.

- ¿El qué? lo de poder cambiar el hábito.

- ¡Exacto!

- Tenemos también otras actividades que realizar en la sociedad y nos adecuamos a cada una de ellas, claro que oficialmente permanecemos generalmente con el hábito. Pero no es obligado.

- Me siento rara, hermana de verla así... ¡No parece una monja!

- ¡Ah no! ¿Qué parezco, entonces?

- ¡Qué sé yo! en todo caso se le ve mucho mejor ?explico avergonzada ya llegando a la puerta de salida. ¡Dios mío y ni siquiera estaba maquillada!

- Soy una monja de alma y espíritu, Alexandra.

     No le contesto y cuando llego a la moto, le alargo el casco.

- ¿Y tú?

- Estoy acostumbrada ?me acomodo en el asiento- Te sugiero que si te vas a agarrar a mi casaca...

    Contra todo pronóstico siento sus manos en mi estómago y sus muslos rozándome las nalgas.

- Esta vez no, Alexandra ?y siento la presión de todo su cuerpo sobre mi espalda- ¡Me pegaré a ti como un chicle!

    Suspiro y es agradable la firmeza de sus músculos y la cercanía de sus pechos contra mí piel.

- ¡Yo que quería ver tu trasero dando rebote en la avenida!

- ¡No te voy a dar el gusto! ?escucho su risa e imagino que sus ojos verdes estén llenos de estrellitas.

- ¡Allá vamos, hermana!

      Es increíble lo que come, y lo agradable y sensata que puede llegar a ser. Conversamos de todo. Le hablo de mi familia,  y ella me cuenta que sus padres viven en provincia y que solo los visita en días festivos. En dos ocasiones la he regañado por llevarse las manos a la boca y querer morderse las uñas.

- ¡Oh Cristo! me estás martirizando ?aboga con mirada de niña castigada- ¿Cómo haces para tener tus uñas tan largas?

- ¡No me las como!

- ¿Además de eso?

­- Me las cuido, las arreglo a menudo y me las pinto.

- No es algo que pueda llevar a la práctica ?chasquea cómicamente.

- ¿Por qué no?

- No sé vería bien una monja con esos colores y...

- Bien ?le tomo sus dedos largos y menudos y ella se queda quieta- Tengo la solución, voy a hacerte la manicura, y en vez de pintura sólo  ponemos brillo, que da una sensación de pulcritud y limpieza ¿Que te parece?

    Me pierdo en sus manos suaves y tibias, es una sensación muy extraña y de cosquilleo. Me agrada. Pero no sé por qué razón ella se siente incómoda y retira la mano.

- ¿No deberíamos regresar?

- ¿Estás cansada? ?pregunto sin ganas de irme.

- No. sólo que tendrás cosas que hacer y yo... no quiero atrasarme mucho en mis deberes espirituales.

- Deberías decirle a Diosito que el domingo es día libre, para descansar, relajarse...

- ¡Y orar por él!

- ¡Uhhh! ¡Eres imposible!

- ¿Qué vas a hacer tú? ­

- Ir al cine, o irme a nadar un rato, no sé...

    Sigo exactamente la dirección de su mirada. Ha entrado un joven trigueño, alto y de buen ver, está comprando algo y paga en la caja contadora que esta adosada en una esquina del mostrador. Ella no deja de observarlo.

- ¿Qué miras? ­?no puedo dejar de preguntar sorprendida.

- Nada.

- Estabas mirando a ese chico.

    Se pone sonrosada inmediatamente.

­- ¿Lo encuentras atractivo? ?no salgo yo de mi asombro.

- Tiene buen cuerpo ?murmura ladeando la cabeza.

- Pensé que no mirabas a los chicos.

    Sonríe y me mira con sus estrellitas verdes, graciosamente.

- No los miro con el mismo propósito que los puedes mirar tú, pero tengo ojos y no soy inmune a la belleza.

- ¿Te parece simpático? ?pregunto muy confundida.

- Es un bonito ejemplar ?asiente calmadamente.

    Me quedo callada unos instantes analizando su respuesta.

- ¿Es difícil para ustedes? ?no puedo contenerme en indagar.

- ¿El qué?

- Mirar a chicos hermosos y no poder...

- ¿Me estás interrogando? ?hace un gesto ahora de admiración.

- Para nada, solo que me llama la atención cómo solucionas esa parte de ... tu vida.

- Muy fácil ? hace un mohín de desinterés- ¡No pienso en ello!

- Pero ahora has estado pensando.

     Se ríe y se frota las manos tranquilamente.

- Te aseguro que no significa nada, hay cosas más importantes que admirar un buen cuerpo.

- ¡Vaya hermana! imagino que su doctrina es fuerte yo...-chasqueo la lengua- No pudiera soportarlo.

- ¡Me lo puedo creer! pero no es algo para mí ?continúa impasible.

- El cuerpo...tiene necesidades ?recalco sonriendo.

- La mente domina al cuerpo, y en la doctrina de dios la pureza...

- ¡Stop, hermana! no quiero saberlo ?y me siento molesta sin saber por qué- ¿Ya nos vamos?

- Sí ?se incorpora y antes de volverse a la puerta deja descansar la vista en la mesa del fondo donde el trigueño está sentado. 

     Ya acomodada sobre mis espaldas, no decimos una palabra en todo el trayecto de regreso. Cuando detengo la moto ante la puerta del monasterio salta ágilmente sacándose el casco y vapuleando la cabeza para que su cabello se esparrame sobre la espalda. Queda frente a mí.

- ¡Gracias de nuevo!

- ¡Nos vemos mañana, hermana!

- ¿No puedes dejar de llamarme así? ¿no?

- ¿Así como?

- Todos los del curso me llaman por mi nombre ?y lo peor son sus ojos verdes inquisitivos.

- ¡No puedo!

    Sonríe reprobando y antes de marcharse suspira.

- Nos vemos mañana, Alexandra.

     No espero a que entre sino que hundiéndome en el casco, arranco y me incorporo a la avenida. No. No puedo dejar de decirle hermana, presiento que si lo hago dejaría margen a que algunas cosas cambien y aunque no sé exactamente qué... me da pavor los cambios.

                                                          **********

    Han pasado algunos días que no he podido ir a estudiar a la biblioteca, el trabajo me tiene agobiada con el nuevo elenco de artistas que estamos introduciendo en el espectáculo. Se habla de una gira a otros hoteles como un medio fraterno de intercambio de talentos y tengo que estar presente en todo el proceso. Incluso falto a clases así que no me extraño de llegar a las diez de la mañana al aula después de dos días de ausencia y no ver a nadie.

- Se han ido de excursión al Vasa museo ?es la explicación que me da la secretaria en la recepción.

    ¡Solo a la bruja profesora de historia se le ocurren esas cosas, siento deseos de irme a casa pero conociéndola lo más probable es que mande a hacer un trabajo sobre la visita a este barco antiguo de los vikingos e ineludible en la historia sueca. Ahora, la relación que puede tener con Paquistán y con nuestra enseñanza, es algo fuera de todo nivel de análisis.

     Me monto en el auto y trato de llegar lo más rápido posible al lugar, como no veo a nadie conocido pago mi entrada y pregunto por un grupo de estudiantes que está de visita. Enseguida me indican y me voy pasillo adentro admirando los cuadros y pequeños estantes de diversos objetos antiguos entre los siglos VIII al XI.

     Cuando estoy por doblar por el pasillo veo a la hermana Isabelle completamente absorta en la contemplación de una rara pieza de la colección: un antiguo cañón con que estaba provisto el barco en sus tiempos que surcaba los mares. No veo a nadie del grupo, así que me acerco despacio y sin hacer ruido. ¡Quiero sorprenderla! Cuando estoy tras sus espaldas simplemente me echo hacia adelante y la abrazo sin que ella me pueda ver.

    Jamás podía adivinar la reacción que esto supone para ella. Se voltea rauda y siento el tremendo bofetón sobre mi rostro. Solo atino a llevarme la mano a la piel que arde y verla como pálida abre los ojos y casi no puede hablar de los temblores que la sacuden toda.

- ¡Perdón! ?atino yo a decir primero notando como el dolor hace que se me humedezca los ojos.

- ¡No lo vuelvas a hacer! ?balbucea con la respiración agitadísima.

- ¡Lo siento! ¡Quería darte una sorpresa! ?no entiendo su proceder y me froto la parte adolorida.

      Se voltea de espaldas a mí y creo que ahora está llorando.

- ¡No soporto que me sorprendan! ?balbucea, negando con la cabeza- ¡Peor que me... toquen así!

      Quedo sin habla y sin saber qué hacer. ¡Nunca me ha pasado esto! Acostumbro a bromear con mis amigos de esta forma y nadie se lo había tomado tan a la tremenda.

- ¡Lo siento! ?insisto y estoy muy confundida así que doy unos pasos hacia atrás con el propósito de regresar por donde mismo he venido.

- ¡No fue mi intención ?repito atropelladamente con la finalidad de desaparecer.

     ¡A la mierda con la visita al museo!

- ¡Alexandra! ?escucho cuando se gira reclamando mi atención.

      Salgo corriendo hacia la salida. ¿Y qué fue todo eso? ¿Había hecho algo malo? ¿Por qué ha estado tan molesta? ¿Y por qué se me ocurrió abrazarla? Cuando doy marcha atrás para salir del sitio donde estoy parqueada veo que sale del museo en dirección a mí. La ignoro y me incorporo al tráfico de la calle.

 

      Estamos en clase, aunque llego tarde puedo entrar antes que el profesor chequeé la asistencia y nos entregue un folleto sobre la Legislación internacional en el Derecho mercantil. Percibo unos ojos verdes que se voltean de vez en cuando buscando mi mirada pero no estoy para monjas lunáticas, así que me concentro en la lección que es por lo único que estoy sentada aquí.

    Cuando los demás se van a la cafetería en la hora de la pausa, determino quedarme sentada y adelantar el trabajo que tendríamos que entregar como resumen. En la tarde no iba a tener tiempo porque iba a ir directo hacia el trabajo. El profesor también se retira y quedo sola entre mis papeles. Hasta que se abre la puerta y unos pasos menudos se acercan a mi mesa.  Imaginando quien puede ser no levanto la vista  de mis papeles. Isabelle rueda una silla y la pone frente a mí

­- ¡Hola! ?su voz suena extremadamente dulce.

­- ¡Hola! ?respondo y mis ojos chocan con una rosa roja que aparece entre mi rostro y el libro.

- ¡Es para tí! ?dice sosteniéndola porque yo me he quedado embobada, sin mover un músculo.

- ¿De dónde la sacaste? ?gruño enfrentándome a sus ojos verdes.

- ¡Perdóname, por favor!

     Tomo la flor y cómo no sé qué hacer con ella, la llevo a mi nariz para olfatearla. No recuerdo que alguien me haya regalada una rosa roja.

- No pasa nada. ? mascullo.

- Sí pasa, Alejandra ?suspira­- ¡No sé cómo puedo explicarte lo de ayer!

- Lo dejaste claro ¿no? ?dejo la rosa a un lado y cierro el libro- ¡No te gusta que te toquen y tampoco las bromas!

     Me toma las dos manos que tengo apoyadas en la mesa y las une cubriéndolas con las suyas.

- No es eso.

- Entonces no la entiendo, hermana.

- Soy de por sí ... poco amiga al contacto físico... además...

    Siento sus pulgares rotando suavemente sobre mis muñecas y no comprendo nada.

- Lo de ayer, nada tiene que ver contigo ?respira profundo- ¡Mírame, Alexandra!

    La obedezco y sube suavemente su mano a mi rostro y acaricia con la yema de los dedos la mejilla en la que me ha golpeado. Pierdo la respiración y un calambre se desata en mi estómago.

- Lo último que quería era hacerte daño ¿Aún te duele?

- No, hermana ?respondo tragando en seco.

- ¡Me he sentido muy mal por esto! ayer te fuiste corriendo y no pude explicarte.

     Permanezco en silencio concentrada en la caricia de sus dedos. Estoy desorientada.

- ¿Qué tengo que hacer para que me perdones?

       Niego con la cabeza y no creo que soporte mirarla, así de tan cerca.

- ¡Vamos, algo se te tiene que ocurrir!

     Levanto las cejas al fin y sonrío tenuemente

- ¡Podría pensar en miles de cosas!

- ¡Humm! ¡Esa ya eres tú! ?ríe encantada y deja de acariciarme la mejilla para tomarme las manos de nuevo.

- ¿Amigas?

- Nunca pensé ser amiga de una monja ?reflexiono en broma.

- ¡Por favor! ?pide con su cara de niña buena.

- No veo la ganancia por ningún lado hermana, pero en fin...

     Escuchamos los pasos de los estudiantes que vienen por el corredor para entrar en el aula.

­- ¡Gracias! ?sin darme tiempo me toma el rostro con sus manos y atrayéndome hacia ella siento sus labios en mi mejilla, en un roce reposado y tierno. Es cuando se me dispara el corazón y una sensación de vértigo desciende por mi cuerpo. ¡Dios! me ha besado y estoy al borde del desmayo, ¿Pero qué diablos me está pasando?

                                                                **********    

       Hoy he quedado en venir a la biblioteca a estudiar, sé que Isabelle no tiene que trabajar y hago unas gestiones antes de llegar apurada y sentarme a su lado en una mesa alejada del bullicio de los otros.

- ¡Hola hermana!

- Retrasadita como siempre ¿no?

     Su sonrisa es la mejor bienvenida así que ni siquiera abro los libros.

- ¡Vamos!

- ¡Si acabas de llegar, Por Dios!

- Sólo he venido a recogerte.

     Se voltea hacia mí con una expresión de perplejidad.

- ¿Quieres ir a otro sitio a estudiar?

- Sí. tengo el coche afuera... me han dicho que hay una literatura que no encuentras en ningún otro sitio.

- ¿La biblioteca de la Universidad? ¿no? ?se apresta a guardar sus cuadernos en la carpeta.

- Algo divino, hermana.

- Sí que me han hablado de ella, pero como queda tan lejos, nunca he ido ?acomoda los pasos a los míos y salimos para encontrar el auto parqueado en la acera del enfrente.

- ¿Hacemos el trabajo de idiomas y luego me explicas los ejercicios de matemáticas?

- Para todo hay tiempo en esta vida, hermana.

- ¡Oh! te noto muy filosófica, ¿algún motivo en especial?

- ¡Nop! ?la miro y le guiño el ojo mientras ella sonríe acomodándose la cofia.

     Salgo a las calles más concurridas de la ciudad y luego tomo la vía que va al oeste. El aire frió y las tardes que oscurecen temprano ya es señal de que el invierno está a la vuelta de la esquina.

- En cualquier momento empieza a nevar ?dice señalando la escarcha fina que se acumula en algunas ventanillas de coches que pasan a nuestro lado.

- En eso mismo estaba pensando.

- Quizás para nosotras sea el último invierno por algunos años.

    Está refiriéndose al viaje a Paquistán y le doy la razón ¿cuánto tiempo estaremos sin nieve antes del regreso?

- Eso es si llegamos a irnos -le contradigo ya por costumbre.

- ¿Y por qué no habremos de irnos?

- ¿Y qué se yo, hermana? ­­?me adentro a la zona de villas donde viven mis padres, enclavada en Danderid.

- ¿A dónde queda la Universidad? ­?indaga mirando por los cristales cuando detengo el coche frente a la casa grande de dos pisos.

- Hermana, las amigas están para perdonarse ¿no es así?

- ¡Correcto! ?frunce el ceño y me observa mientras me deshago del cinto de seguridad.

- Presumo que te he engañado.

- ¿Qué quieres decir?

- Esa casa que está ahí es la de mis padres. ¡Y hoy vamos a cenar con ellos!

     Me mira atónita sin entender nada.

- Vamos a ver... ¿no podías habérmelo dicho? ?parece molesta y se ve encantadora.

- Ya se que no le gusta las sorpresas y puedo poner el otro cachete para que me de un tortazo.

     Hace un mohín de desaliento.

- Alexandra... bien que podías...

- No cuando se trata del cumpleaños de mi padre ?le digo muy seria.

- ¡Por Dios! y me traes...sin avisarme.. ?tartamudea y mira hacia afuera a través del cristal y luego hacia mí.- Hay cosas a veces que las amigas no perdonan, no tengo ningún regalo y ellos no me han invitado.

- ¡Vas conmigo! y regalos sí tienes.

    Es adorable cuando se queda ahí pegada a mis ojos sin saber qué decir. Estiro mi mano al asiento trasero y saco dos paquetes envueltos en papel de presentes.

- Este el tuyo y este es el mío

     Le da vueltas al paquete y mueve la cabeza contrariada.

- ¡Eres increíble! También has comprado el regalo por mí.

- Es un juego de ajedrez con fichas de nácar, sé que le va a hacer mucha ilusión a mi padre.

- Si en el vocabulario de una monja se permitiera decir que siento deseos de estrangularte, lo diría ?pero el tono de voz no es de enojo.

- ¿Hubieras venido si te lo decía con antelación?

- Por supuesto Alexandra, pero en ese caso hubiera comprado un ramo de flores a tu madre y hubiera venido más presentable, quizás no sea de su agrado sentarse a la mesa con alguien vistiendo mis hábitos.

- El ramo de flores está en el maletero. Y quiero que te conozcan como realmente eres ¿Correcto?

     Hace un mohín de aprobación y sonríe después.

- ¡Alexandra Antuñez!

- ¡Sí, hermana!

- ¿Sabías que eres una mujer maravillosa?

- ¡Lo sé! La gente no se cansa de decírmelo ?levantando una ceja, y me bajo del coche.

- ¡También eres creída! ¡pretenciosa! y presumida ?escucho murmurar desde el asiento.

     Es mi madre la que abre la puerta cuando tocamos el timbre.

- ¡Hola chicas!

- ¡Hola mamá! ella es la hermana Isabelle ?me adelanto y siento el rubor de sus mejillas como si fuera el mío.

- Adelante hermana, un gusto tenerla en mi casa.

- Lo mismo digo señora ?le entrega las flores.

- ¡Hermosas! voy a ponerlas en agua ¡Gracias hermana!- ¡Alexandra tu hermano está en la biblioteca con tu padre! Avísale que ya vengan al salón- ¡Puede acompañarme hermana, por aquí!

- Sí, señora

- Llámame Margot, y ven que te enseñaré la casa!

- ¡Con mucho gusto! ?y me mira mientras yo le hago un guiño y la dejo con mi madre.

      Con mi padre y mi hermano es la mar de bien. Realmente Isabelle se comporta con una educación y sencillez digna de admiración. A mi padre le gustan los regalos y cuando estamos sentados en la mesa la conversación gira en términos generales con una atmósfera distendida. Estoy disfrutando de ver a mi familia reunida y de contar con la presencia de mi compañera de clases.

- Hermana, no sé si se permitirá tomar una copa de vino ?pregunta prudentemente mi padre, descorchando un rioja de muy buen ver.

- No acostumbro a beber alcohol señor, pero en honor a su cumpleaños, le acepto una copa.

- ¡Eso está muy bien, hermana! ?afirma Elois en la cabecera opuesta de la mesa- ¡El buen vino es regalo de Dios!

     La cena ha sido deliciosa, Isabelle y yo ayudamos con los cambios de platos y de una ensalada de camarones al jugo, saltamos a un salmón asado al horno, luego un cabrito con papas rociadas en jugo de champiñones y por ultimo una enorme ?Prinsess tårta? con el café.

    Ya relajados y satisfechos seguimos conversando en la mesa.

- Me da mucho gusto hija que hayas invitado a la hermana ?dice mi padre al fin y yo me sonrojo no sé por qué.

- ¡Ni vieras como he tenido que secuestrarla! ?murmuro sólo para que escuche ella, y siento por debajo de la mesa como una mano me pellizca en el muslo. Casi me atraganto con el vino.

- ¡El gusto es mío! realmente es agradable saber que Alexandra tenga una familia así de estupenda ?contesta ella con su mejor sonrisa a mi padre.

    No sé dónde ha recibido esa elegancia en comportarse en la mesa, pero a mí me ha dejado muy sorprendida ¿tendrían cursos en el monasterio de etiquetas a la hora de comer para señoritas de sociedad?

     Me relajo, mientras Elois se acerca al equipo y pone una música instrumental que sabemos a mi padre le encanta. Luego se retira a la terraza a fumar, mientras que madre acomoda un filtro en las piernas de mi padre.

- ¡Aún queda un pedazo de tarta! ?murmuro al oído de Isabelle en secreto.

- ¿Quieres que reviente? ?me responde en un siseo.

- ¡Ya tenías que haberlo hecho considerando lo que has comido con el tamaño de tu cuerpo!

- ¡Mala! ?sonríe y rosa mi brazo que está a unos centímetros del de ella, para seguir y posar su mano sobre la mía por debajo de la mesa.

- ¿Te ha gustado la cena? ?pregunto fascinada de como entrecruza sus dedos con los míos y los deja ahí sobre mi muslo.

- ¡Ha sido maravillosa! ?suspira.

- ¿Y qué tal el curso, chicas? ?se vuelve mi padre y nos presta atención.

- ¡Bien! ?respondemos las dos y luego nos echamos a reír.

- ¿Es su primera experiencia internacional, hermana?

- Así es.

- ¿Todavía no me explico qué van a ir a hacer tan lejos? ?añade mi madre.

     Como presiento la tormenta, me levanto alejándome del tibio calor de la mano de Isabelle y trato de dar por terminada la velada.

- Ya se nos hace tarde padre, la hermana tiene que regresar al monasterio y yo tengo que levantarme mañana temprano.

- Por supuesto hija, ¿Me ayudas antes de que te vayas?

    Sé que quiere despedirse de mí a solas, así que me acerco al sillón de ruedas para llevarlo hasta la biblioteca.

- ¡Fue realmente un gusto, señor! ?exclama entonces Isabelle

- ¡Nada de señor! Felipe estaría bien, hermana

- Pues muchas gracias Felipe y que lo siga pasando muy bien.

   Sin esperármelo se acerca e inclinándose le deposita un beso en la mejilla a mi padre.

- ¡Gracias hija, eres un ángel! ?cuando salgo con él por el pasillo me increpa.

- ¿Por qué no la habías traído antes?

- No hace mucho que la conozco, padre.

- ¡Desperdicio divino! ?murmura y no tengo más que sonreír, mi padre y yo sincronizamos en muchas cosas sin lugar a dudas- ¡Es tan hermosa y dulce! ?rezonga pensativo.

- Lo es ?no me queda más que admitirlo.

- ¡Tráela cuando vengas a almorzar un sábado!

- ¡Lo haré!

     Ya es tarde cuando nos despedimos y hacemos el viaje de regreso.  En el monasterio se ve todo apagado, así que desciendo con ella para acompañarla el tramo de oscuridad hasta las puertas del edificio marrón.

- Siento que te haya echado a perder los planes de estudios de hoy ?digo cuando el silencio entre nosotras se mantienen

- ¡Que va! más bien te doy las gracias por haberme llevado a conocer a tu familia.

- Parece le caíste bien ¿no?

- ¿Tú crees? tu familia es muy especial, me gustó ?llegamos hasta la puerta.

- ¡Gracias! ?me le quedo mirando- ¿No tendrás problema por regresar tan tarde?

- Tengo llaves ?dice sonriendo- Y con suerte nadie sabrá que he estado afuera.

- ¿Y eso del ayuno y las monjas?

­- ¡Pssss! ni me lo recuerdes ?hace un gesto de martirio, tocándose la panza- Después de esta noche, el señor se enfadaría si no ayunara tres veces por lo menos la próxima semana.

     Estamos paradas frente a frente en la mal iluminada puerta marón.

- ¡Tengo que entrar! ?dice y suspira.

- ¡Bien! -y la miro delineando los contornos de su rostro.

- ¿Puedo...darte un beso de despedida? ?dice ella de repente.

     Asiento y sonriente se acerca para subir la mano acariciarme la mejilla y pegar sus labios a lo que me pareció el beso más dulce que nunca había recibido.

- ¿Puedo yo? ?sé que digo sin saber qué me propongo y subiéndole la barbilla simplemente me echo hacia adelante y rozo sus labios con los míos.

     Luego que lo hago me aterro, ¡Por Dios! la sensación de sus labios suaves y húmedos me desordena. ¿Realmente la he besado? ¿He besado a una mujer?, Mejor dicho ¡A Isabelle! ¡A una monja!

- ¡Hasta mañana Alexandra! ?susurra y no quiero mirarla, sino que me volteo y casi corriendo me voy dando grandes zancadas.

- ¡Hasta mañana, hermana! ?logro balbucear.

     Y soy un manojo de nervios cuando llego al coche.

                                                              **********

    Han pasado dos días y aunque nos hemos visto en el aula he tratado de saludar a la hermana Isabelle cordialmente y luego desaparecer lo más rápido posible de su radio de cercanía.

     El viernes lo paso con Robert y una parte de mis demonios se aplacan. ¡No hay como unos brazos fuertes y un pecho musculoso para olvidar una tierna sonrisa y el brillo cegador de unos prohibidos ojos verdes.

   Pero llega el domingo y me voy al convento como he decidido hacer para entrenar al grupo. Imagino que Isabelle deba recibirme pero no es así. Me atiende una monja que a su vez me hace esperar y la hermana Benita se hace cargo después para llevarme al patio y mostrarme los implementos con los que las monjas acostumbran  a entrenar.

    Yo traigo mis propios balones y una red de repuesto, pero decido no cambiar nada. Para mí es una suerte que las monjas vengan ataviadas con equipos deportivos y hayan dejado sus hábitos en las habitaciones. Isabelle se aparece al cabo de 10 minutos en compañía de la monja pelirroja que ya había encontrado una vez en los jardines del convento.

- ¡Hola Alexandra! ?viste un pantalón deportivo de licra y un pulóver blanco ceñido. Sus cabellos sueltos es la culminación de una belleza genuina que sospecho ni ella misma tiene idea.

- ¡Hola hermana! ?respondo sintiendo como la pelirroja me mira con altivez- ¿Ya están listas?

- Creo que sí ?se gira y las enumera a todas, al quedar de espaldas es imposible que mi vista no recorra su bien formado trasero y sus piernas bien delineadas.

- Como es el primer día, no todas han podido cambiar sus horarios de oraciones ?me explica formalmente.

- Hoy solo haremos calentamiento y dividiremos el grupo en dos, para un corto juego de apreciación.

- ¿De apreciación? ?pregunta la pelirroja

- Tengo que saber cómo juegan y cuáles son los puntos débiles de cada una ?digo tomando la pelota y poniéndome al centro del grupo que ya nos rodea.

­- ¡Bien hermanas! ?me dirijo a todas- Me llamo Alexandra, y soy su nueva entrenadora. Se supone que sí están aquí es porque quieren jugar bien al vóleibol y de eso me voy a encargar yo... No voy a hacer salvedades con nadie haciendo lo que tenga que hacer con tal de enseñarles y lograr un buen equipo. ¿Alguna pregunta?

    Nadie abre la boca y sólo me miran con espectativas.

- Hermana ?señalo a una del grupo­- Sería mejor si prescindiera de la cofia, igual se le caerá con el ejercicio.

   Obedece y se la quita.

- ¡Bien! Dos vueltas corriendo al terreno- grito palmeando y señalo la primera a mi izquierda para hacerle una seña de que se ponga en movimiento.

    La pelirroja corre a la par de Isabelle y algo gracioso debe estar diciéndole porque ella se pone morada de la risa.

     Luego hacemos los más variados ejercicios de calentamiento que va desde movimiento de rotación del cuello hasta estiramiento de los músculos de las piernas. El grupo está muy desigual, algunas no tienen problemas para seguirme mientras les muestro, mientras que otras son una total calamidad.

- ¡Atención! vamos a dividirnos en dos grupos, tú, tú y tu al otro lado de la red. Ustedes de este lado.

     Después de repartidas, no son suficientes para jugar, así que me incorporo al grupo de Isabelle para completar las jugadoras. Después de explicar las reglas básicas les propongo jugar.

- ¡Saque! ?vocifero y espero que el equipo contrario ponga la pelota en nuestro terreno.

    En una ocasión como tenemos que rotar de posición quedo detrás de Isabelle, y cuando flexiono las piernas y me pongo en posición de recibir el saque no puedo dejar de prender mis ojos en la parte posterior de su espalda. ¡Es alucinante su trasero! y el maldito pantalón no deja nada a las fantasías.

­- ¡Cuidado profe! ?escucho a mi lado, y la pelota naturalmente me da de lleno en el rostro.

    ¡Cómo se puede ser tan idiota! Ardo de cólera conmigo misma y ni siquiera me toco el rostro adolorido, cuando paso el balón al equipo contrario. ¡Punto para ellas!

    Al cabo de unos minutos ya entran en calor, la mayoría está sudando y son más activas en el terreno. Y no lo están haciendo tan mal para la vida sedentaria y contemplativa que llevan a diario. La pelirroja es una de las mejores que juegan e Isabelle no se queda atrás, claro que la estatura no le ayuda mucho, pero se mueve con rapidez y sincronización. Una de las monjas del equipo contrario resbala y cae de rodillas haciéndose un hematoma feo, así que se va a la enfermería y yo salgo del grupo para que sigan con el mismo número de jugadoras. Las observo.

     La pelirroja hace un espléndido remate y luego se vuelve a Isabelle, y se abrazan. ¡Saltan enlazadas y felices! El juego sigue, ahora es Isabelle que tapa un saque, la pelirroja corre desde su posición al final del terreno y vuelve abrazarla, le dice algo al oído y ella le toma las manos y le sonríe. El juego sigue.

    Ahora el equipo contrario está sacando ventaja, la hermana Benita ha conectado un saque que nadie ha podido parar. ¡Bien! La pelirroja se molesta, pasa por el lado de Isabelle y cuchichea algo al oído y ésta vuelve a reír. El balón está en el aire, los dos equipos lo defienden, la pelirroja se sale de su posición se coloca al lado de Isabelle y remata limpiamente contra la única de las monjas que es completamente inútil en el juego. El eslabón más débil. Y ahora sí se abraza a Isabelle y permanecen así frente a la net demasiado tiempo para mi gusto. ¡El juego está empatado! ¡Y estoy de abrazos y sonrisitas hasta la coronilla!

- ¡Time Out! ?vocifero­- ¡Juego concluido en empate!

    Escucho algunas protestas y las fulmino a todas con la mirada.

- Tú ?señalando a Benita- Tú ?señalando a la inútil monja del equipo contrario- ¡Y tú! ?señalando a Isabelle- ¡Se quedan conmigo! ¡Las demás salgan del terreno! ¡Han terminado por hoy!

    Las tres designadas se miran haciéndose preguntas en medio del terreno. Las demás se retiran a un lado pero no se van del patio.

    Tomo el balón y me coloco frente a la red.

- Hermanas, van a practicar como se recibe un saque. He notado que tienen problemas con eso, por favor hermana Benita ?la monja se coloca al otro lado de la red y espera mi remate.

- ¡Flexione más las piernas, hermana! y extienda más los brazos ?Doy la primera palmada directo a sus brazos y remite el balón hacia mí.

- ¡Bien! ¡otra vez! y ¡Otra vez! ?cinco veces es suficiente- ¡Usted hermana!

      Creo que se llama Rosa, tiene un rostro picado de viruelas y está asustada.

- ¡Tranquila hermana! ¡Abra más las piernas! ¡Eso es! ?el balón no podría ser perdido ni por un niño de tres años, pero ella lo hace­. ¡Completamente un desastre! Me acerco a ella y le hablo con voz tranquila.

- Hermana, no pierda de vista el balón ?le sonrió tranquila- ¡Lo está haciendo bien, pero le falta concentración!, ¿le parece si probamos de nuevo?

    Asiente y me paro al otro lado de la net. El equipo al completo está mirando desde una esquina, ninguna se ha marchado. Toco el balón con la punta de los dedos y por un milagro de Dios, ella logra levantarlo y rechazarlo.

- ¡Bien hermana, muy bien! ¡Otra vez, otra vez! ?se agranda con mis palabras de ánimo y rechaza la mayoría de los saques.

- ¡Perfecto hermana! ¡la próxima!

     Tengo a Isabelle frente a  mí. ¡Por fin! Hace un amago por sonreírme y lo ignoro.

- ¡Posición! ?grito. Disparo la pelota sorprendiéndola y la erra por cinco centímetros.

- ¡Hermana! ¡Los balones no son globos de cumpleaños! ?grito sarcásticamente.

     Endurece la mirada y me mira extrañada, vuelvo a la carga con un remate fuerte y lo aguanta, extendiendo sus brazos, Disparo otro como para derribar un mulo y lo recibe. ?Con que no te gusta el contacto físico?. Otro remate, bestial, tiene que haberle dolido. Su mirada es tranquila, retadora. Otro más donde pongo el alma. Lo tapa con los antebrazos, sus manos están rojas. ¡Bien! ?¿La pelirroja te puede abrazar cada vez que quiere y yo no?? ¡A mí me pegas! Todavía me arde el bofetón en la mejilla el día del museo. Otro remate con la palma de mi mano que ya me arde, y cae de rodillas para cubrirlo. Otro más. ¡Otro!

- ¡Profe! ?es la pelirroja que se ha puesto al lado de Isabelle- ¿Puedo seguir yo? ?y se pone delante de Isabelle tratando de protegerla.

     ¡Enternecedor! ¿o no?

- ¡Hermana! ?casi muerdo las palabras de lo agitada que estoy- ¡Usted no tiene problemas con el saque pero ahora que lo pienso bien, sus piernas son un tanto débiles, así que póngase a darle vueltas al terreno hasta que yo le diga.

    Mira de soslayo a Isabelle que ya está de pie.

 - ¡Obedece! ?escucho a Isabelle que murmura y de nuevo se pone en posición, mientras la pelirroja resoplando me mira con deseos de matarme y se pone a correr. ¡Ya sé que tengo una enemiga entre las monjas!

     Tomo aire profundo y lanzo el balón una y otra vez, fuerte, despiadadamente, pero no se queja, recibe y lo devuelve sin inmutarse, con una quietud que me está desesperando. Sus ojos verdes límpidos y puros son una fuente de serenidad que me desarma. ¡Otro! ¡Y otro!

- ¡Señorita Alexandra! ?es la hermana Benita que está a mi lado- ¿Me pregunto si ya pudiera retirarme?

     La miro y veo algo en sus pupilas que me hace reaccionar en mi locura.

- Sí hermana... ya hemos terminado. ¡Gracias a todas! ?miro a Isabelle cuando baja los brazos y le hago seña a la pelirroja que deje de correr antes de volverme al cuarto de trastos que han habilitado para guardar sus implementos deportivos. Tomo mi maletín y me siento estupida.

- Alexandra ?es Benita de nuevo- No tenemos cuarto para ducharse en esta parte del edificio, pero le puedo prestar mi habitación.

- ¡Gracias Benita! pero no es necesario ­-­digo cuando veo a Isabelle pasar por nuestro lado en dirección al pasillo donde están los dormitorios, sin voltear la vista. La sigo.

    Ya se dispone a abrir su puerta cuando la interpelo.

- La hermana Benita ha querido prestarme su cuarto de baño pero me sentiría más cómoda si lo hicieras tú.

    No refleja nada en su mirada, asiente con suavidad y abre la puerta para dejarme pasar.

    Lo primero que me sorprende es el inmenso cuadro de la Virgen Maria, Madre de Dios, en la pared del fondo de una ancha cama que está exquisitamente arreglada con una sobrecama de color verde claro y almohadones de diferentes colores. A un costado donde está su escritorio y una computadora aparece inmenso la imagen de Jesús Cristo. La habitación es amplia, está recogida y tiene dos butacas con una mesita en una de las esquinas. También hay un televisor y un equipo de música, puedo ver un librero hasta el techo atiborrado de libros. Una amplia ventana que da a los jardines es cubierta con una suave cortina de encaje blanco.

    Ella espera a que yo recorra con la vista todo el espacio y luego musita:

- La cocina es por allí y el cuarto de baño es por este lado.

- ¡Pensé que tenían un catre de madera, en un cuarto de dos metros y barrotes en la ventana.

- ¡Lees mucha tontería! ?afirma cansada- ¿Quieres algo de beber?

- No sé ­?deposito el maletín en el piso y ella me indica un sitio donde puedo colgar mi chaqueta y dejar mis zapatos para caminar por encima de la alfombra que cubre el piso.

- Puedo preparar chocolate mientras utilizas el baño.

- Bien ?la sigo a la cocina y me asombro que tenga un pequeño refrigerador y cocina eléctrica con todos los enseres necesarios para elaborar alimentos.

- Es muy práctica para ser tan pequeña.

- ¡Anjáá! ?dice sin voltearse a mirarme.

- ¿Cocinas aquí?

- No. Solo cuando quiero meditar y paso días encerrada. -¿Necesitas algo para ducharte?

- No. ?sigo mirando alrededor y encuentro muy confortable su habitación- ¡De hecho ya me iba a bañar!.

- ¡Bien! ?y se desentiende de mí.

    Logro llegar hasta el baño y está ordenado y limpio. ¿A qué hora hace el aseo, con tanto curso, rezos y trabajo? Me meto bajo la ducha y tomo su champú. Huele a ella, sonrío y me unto los cabellos con su olor. Cuando salgo está apoyada en la ventana mirando hacia afuera, se vuelve y asiente levemente.

- ¿Te sientes mejor? ?dice y no la entiendo -¿Por qué no te has secado el pelo?

- No quería hacerte esperar.

- Te traigo la secadora, hay un tomacorriente al lado de la butaca- su actitud es indiferente y no me ha mirado ni una sola vez.

- ¡Pues qué bien!

- Te dejo el chocolate en la mesita ?dice cuando me extiende el secador y veo sus manos amoratadas.

- ¡Gracias! ?respondo confundida al constatar el daño que le he ocasionado en mi incoherente tozudez.

- ¡Ya me ducho!

    Asiento y empiezo a secarme el pelo. Bebo el chocolate mientras escucho el sonido de la ducha muy cerca.

   ¡Me he comportado como una imbécil! ¡Voy hasta la ventana y el paisaje de final del otoño es encantador! La abro y la dejo con las juntas pegadas. Ahora me siento relajada y reconfortada con la bebida caliente.. ¿Podría irme sin despedirme? Estoy tan avergonzada pero no me parece prudente marchar sin unas palabras ¿Dios mío una disculpa en regla era el único camino!.

     Me acerco a la cama y me siento. ¡Uhmm! es cómoda, me echo hacia atrás y agarro un almohadón apretándolo contra mi pecho. La ducha sigue abierta. Me relajo sobre la cama y una paz y un sosiego me hace cerrar los ojos por unos segundos. Su olor me inunda y decido descansar unos minutos ¡Sólo hasta que no escuche el agua correr!

    Experimento un bienestar increíble, mi cuerpo está pegado a otro y siento la caricia de unos dedos suaves en mi pelo, mi rostro está apoyado sobre algo blando, abro los ojos suavemente sin moverme ¿Dónde estoy? Estoy acurrucada contra alguien, ¿Quién? Veo una pierna cubierta por un pijama blanco de seda, y yo estoy apoyada prácticamente sobre el estómago de esa pierna. ¡Isabelle!

    ¡Me he quedado dormida en su cama! Y ella está sentada recostada al espaldar de la cama y me acaricia la cabeza. ¿Se puede estar mejor?

     Quedo unos minutos solo disfrutando del calor de su cuerpo y de sus caricias, advierto también el roce del pasar de las páginas de un libro. Está leyendo. De repente escucho como su estómago se contrae y un horrible rugido sale de sus tripas, estoy tan cerca que no puedo evitar reír por lo bajo.

- ¿Estas despierta? ­?retira inmediatamente la mano de mis cabellos.

- No. estoy en el cielo y está tronando ?digo sin moverme un ápice.

- ¡Es mi estómago! graciosa ?murmura de mala gana.

     Me separo suavemente y levanto la cabeza hacia ella.

- ¿Me has secuestrado? -pregunto y ella gira los ojos hacia arriba y hace una mueca con la boca.

- ¡Te quedaste dormida en mi cama! ?explica mientras yo me muevo un poco para recostarme en el espaldar a su lado.

- ¡He dormido muy bien! ?bostezo y ella me pone la palma de la mano en la abertura de mi boca.

 ­-¿Qué hora es? ?digo sonriendo.

- Las 9 de la noche.

- ¡Santo Cielo! ?me incorporo sin creerlo- ¿Tanto he dormido? ?la miro y está preciosa, con sus cabellos sedosos y esparramados por los hombros.

    ¿Pero que hago sentada  al lado de una monja, en su propia cama y en un monasterio?

- ¡Enséñame tus brazos! ?pido levemente y buscando en sus ojos.

- Todo está bien.

- No. No lo está ¡Quiero verlos! ?exijo con terquedad en un murmuro.

- ¡Ya pasó! ?dice con voz suave y quiere incorporarse de la cama y yo la detengo con mi mano.

- ¡Por favor! ?ruego con la mirada mientras ella se recuesta de nuevo y se sube las mangas del pijamas.

    Lo que veo me deja rígida, las marcas estarán ahí por muchos días, la piel blanca y fina está inflamada y los moretones cubren todo el espacio.

- ¡Dios! ?bajo la cabeza- ¿Cómo he podido? ¡Soy una bestia!

    Ella no dice nada y cuando acerco mis labios a sus manos para besarlas me detiene.

- ¡Alexandra! ?susurra y casi no la escucho.

- ¡Esto no tiene sentido! ?digo arrepentida y con el alma dolida.

- ¡Sí! ¡Logré aplacar tu cólera! ?responde suspirando hondo.

- ¿Mi cólera?

- ¡Estabas llena de ella, Alexandra! lo vi en tus ojos y necesitabas sacarla afuera. ¿Quieres contarme?

     Niego con pesar  ¿Qué puedo decirle si ni yo misma comprendo mi proceder. ¿De dónde he sacado esa violencia? ¡Y por qué a ella!

    Palpo con la yema de mis dedos y siento como se contrae de dolor, subo mis ojos y los tiene llenos de lágrimas.

- ¡No quería hacerte daño! ?explico con la voz entrecortada.

- Lo supuse ?suspira lentamente.

- ¡Perdóname Isabelle! ?La atraigo hacia mí en un impulso y la abrazo. No se mueve, permanece en mi pecho mientras acaricio su cabeza.

- ¿Me has llamado Isabelle? ?dice después de un rato en la que mis lágrimas están a punto de desbordarse.

- Sí

- ¡Es la primera vez que dices mi nombre! ?se despega de mí con lentitud- ¡Y me gusta!

- Tengo una pomada en mi maletín para aliviar el ardor y bajar la inflamación, no te muevas ¿ok?

     Asiente y se acomoda al respaldo de la cama echándose las mangas del pijamas hacia arriba mientras yo busco en mi maletín y saco la pócima y vuelvo a la cama sentándome a su lado.

- ¡Te va a hacer muy bien! sólo tenemos que cubrir la piel enrojecida.

    Unto los moretones con la crema y acaricio apaciblemente en los sitios que no le duele. Entonces escuchamos toques en la puerta. La miro sorprendida

- ¿Quién es? ?pregunta ella en alta voz.

- Soy yo, Isabelle ?escuchamos desde el pasillo.

- ¡Estoy ocupada hermana Lucila! ?me mira con complicidad- ¡Estoy rezando!- y su rostro se hace rojo de rubor.

       Pongo los ojos en blanco y sonrío.

- ¡Sólo quería saber cómo te dejó los brazos esa carnicera! ?vuelve a escucharse la voz.

     Hago un mohín de impotencia ¡Tiene que ser la pelirroja!.

- ¡No te preocupes! ya casi ni me acuerdo.

- ¡Me alegro! ¡Hasta mañana hermana Isabelle!

- ¡Hasta mañana! ¡Que duermas bien!

     Quedo callada escuchando sus pasos como se alejan por el pasillo.

- ¿Es tu amiga? ?­pregunto y no puedo evitar crisparme.

- Soy su apoderada.

- ¿Qué significa eso?

- Todavía es novicia, como somos casi de la misma edad, yo me encargo de seguir los progresos en el plano espiritual hacia una segunda etapa.

- ¿Y qué tal?

- Es rebelde, impulsiva pero tiene buen corazón -suspira- Me estima mucho.

- ¡Ya veo! ?me pongo de pie y guardo la pomada- Deja por un rato los brazos sin cubrir.

- Ya siento un poco de mejoría -afirma también levantándose.

- Tengo que irme ?digo mirando alrededor sin encontrar otro motivo por el cual quedarme.

- Te puedo acompañar ?dice y se acerca a la puerta.

- No es necesario, conozco el camino ?digo sonriendo pasándome la mano por mis cabellos desordenados y aferrándome a mi chaqueta.

- ¿No tendrás frío?

- Tengo el coche afuera.

- ¡Bien!

    Cuando estoy por abrir la puerta me vuelvo hacia ella.

- ¿Isabelle?

- ¿Sí?

      Quedo frente a ella cuando me giro y la tomo por los hombros.

- ¡Necesito me perdones! No sabía lo que hacía y... repito? ¡Soy una estúpida!.

- ¡Todo está bien Alexandra! Para eso somos amigas ¿no?

- ¿Estás segura de que no me guardas rencor? ?quiero quedarme allí en sus inmensos ojos verdes.

- No lo hago.

- ¡Gracias! ?me inclino y de nuevo subo su barbilla. Me mira asustada, cuando la beso en los labios, suave y ahora más pausado. Creo que su respiración se detiene y yo estoy al borde del desmayo. Es cuando su estómago ruge. Me separo y siento mi semblante sofocado, sonrío sin dejar de observar que ella está sonrojada.

- ¿De nuevo el estómago?

- Alguien me cogió de almohada y no pude ir a cenar ?dice con la vista baja.

- Te viene bien ayunar de vez en cuando, ¡Hasta mañana Isabelle!

    Opto por abrir la puerta y salir apurada por el pasillo rogando no tropezarme con nadie para evitar dar explicaciones. Pero sucede que antes de llegar al auto se me ocurre algo, así que me acerco de nuevo al edificio y miro hacia la ventana de Isabelle, la de cortinas blancas de encajes.

                                                                 **********

      Ella está arrodillada en el piso, ante el cuadro de Jesús Cristo con las manos unidas en el pecho y la expresión más dulce y fervorosa que jamás he visto. Yo estoy del otro lado de la ventana, con una mochila en la espalda y haciendo malabares para mantener el equilibrio en el reducido borde exterior de la ventana. ¡Sabiendo que la he dejado abierta sólo empujo y efectivamente cede. Cuando estoy pasando las piernas hacia el interior de la habitación, Isabelle vuelve la mirada a donde estoy y veo miedo primero y luego sorpresa. Pero debo sonreírle con cara de idiota porque se tranquiliza y sigue postrada a los pies del cuadro con los ojos entornados, un murmullo eterno en sus labios y sosteniendo su escapulario.

     Suspiro parada al lado de la ventana y espero a que ella diga algo pero como no lo hace opto por sentarme a esperar en el suelo, precisamente al lado de la ventana, recostada a la pared. Me quito las botas y pongo la mochila entre mis piernas.

- ¡Pssssss! ¡Oye! ¡Alex! ?escucho de lejos y luego la sensación de un roce en mi barbilla secándome un hilillo de saliva. Abro los ojos y unos enormes verdes están sobre mí.

­- ¿Qué... qué pasa?

- ¡Estás babeándote!

-¿Qué dices? ?me paso el dorso de la mano por los labios- ¿Me he vuelto a quedar dormida?

- ¡Sip! ?sonríe y está en el suelo, prácticamente echada sobre mí.

- ¡Es el chocolate que me diste! ha estado con somnífero o en el peor de los casos santiguado!

- ¡Tonta! sólo estás cansada ?se reclina hacia atrás y sube la mano por mis cabellos para tratar de asentarlos- ¿No fuiste a casa?

- Pasé por un sitio primero ?digo reaccionando y abriendo la mochila- ¡No puedo dormir con remordimientos­- le alargo su bolsa de papel.

- ¡¿Has traído McDonald?! ?chilla alborozada sin quitar la vista de la mochila.

- Hamburguesa tamaño gigante, coca-cola, papas fritas y pastel de manzanas.

- ¡Dios ha escuchado mis ruegos! ?dice abalanzándose hacia la comida.

      Abro mi paquete y extraigo mi sándwich.

- Seguro que para que no lo tortures con tantos rezos.

- ¡Humm! ¡No bromees! ¿vale? ?bebe un sorbo de su vaso de cartón.

- ¡Qué aguante debe tener, el pobre! ¿Y ahora que le has estado diciendo? porque te he visto en muy buena platica con él.

- ¡No te burles! ¿ya?

- No lo hago, ¡Espero que al menos te haya escuchado, porque responderte... lo veo bien difícil!

     No me hace caso y moviendo la cabeza sigue comiendo sentada a mi lado.

- ¡Has entrado por la ventana! ?levanta las cejas y me mira.

- No fue complicado.

- Estás loca ¿lo sabes? te podías haber caído.

- ¡Todo porque una monja duerma con el estómago caliente! ?me hago la victima mientras bebo de mi Coca-Cola.

­- Por eso te voy a apreciar un poco más.

- ¡Error! Por eso... me vas a repasar el último capítulo de historia que ya viste la bruja lo que dijo.

- Igual te hubiera repasado, Alexandra.

- ¡Bien! ?me sacudo las migajas de pan y no entiendo porque todavía seguimos sentadas bajo la ventana apretadas en el espacio que hay entra la cama y su escritorio, en vez de habernos sentado en las butacas.

- ¡Humm! ¡delicioso! -gime de esa forma que suele ponerme los nervios de puntas.

- ¿El qué?

- ¡El pepinillo! me encanta ?señala para su hamburguesa.

       La observo mientras termina de devorar todo y suspira satisfecha echándose hacia atrás y apoyando la cabeza en la pared.

- ¿Que tal los brazos?

- Ya no me duelen tanto.

- ¡Humm! la pomada es buena ?digo mientras ella recoge las bolsas de papel vacías y los cartones diseminados por el suelo.

- ¿Sigues con hambre? ?pregunto asombrada.

­- ¡Dame tu mano! ?pide y cuando me la atrapa la lleva a su estómago.

- ¿Sientes algo?

- Nada ­-digo conteniendo el imprevisto desnivel de mi respiración.

      Se levanta el camisón del pijamas y casi me desvanezco cuando deposita mi mano sobre la piel tibia de su abdomen.

- ¿No ves cómo está hinchado como pelota de fútbol? Ya no cabe ni la cabeza de un alfiler.

- No sabía que comías alfileres ? palpo su piel liza por todo el espacio y un estremecimiento me recorre de la cabeza a los pies. ¿Cómo es posible que se me acelere el flujo sanguíneo así? Me volteo hacia ella y alucinada intensifico la caricia- ¡Para la próxima te traigo un costal de agujas, alfileres y púas de metal!

- ¡Que me haces cosquillas! ?exclama y trata de evitar mi contacto rompiendo en sonoras carcajadas.

- ¿Cosquillas? ¿Tienes cosquillas? ?me lanzo sobre ella y hurgo a sus costados cuando empieza a retorcerse para ir resbalando y quedar casi con la cabeza debajo del escritorio.

- ¡Por favor Alex! ¡Nooo! -ríe sin control y parece una lombriz enganchada en el anzuelo de un pescador. Me siento ahorcajadas sobre sus muslos y me dejo caer sobre su torso sin dejar de mover mis dedos por sus costillas. Con los movimientos violentos de mi cuerpo frotando contra el suyo para no dejarla escapar percibo con horror como mi piel se va acalorando, mis pechos poniéndose duros y un desesperante dolor me atenaza el vientre. ¡Por Dios!  ¡Estoy en un grado crítico de excitación!

- ¡Alex, por favoooor! ?gime ella y su irracional fogueo debajo de mí no me ayuda para nada a salir de este trance.

      Estoy por hundir mis labios en su cuello cuando el topetazo que me doy con la punta de la silla en el hombro me hace recobrar la poca cordura que me queda. Llevo la mano al sitio adolorido y me bajo de su cuerpo completamente descompuesta.

-¿Te has hecho daño? -­pregunta ella libre de mi peso, incorporándose.

      Niego con la cabeza y no me sale ni la voz.

- ¿Te dolió, Alex? -ahora se aproxima para tocar con cuidado mi hombro.

- ¡Ya tengo que irme! ?me pongo de pie y distingo todavía los temblores de mi cuerpo- ¡No fue nada!

­- ¿Vas a verte con tu chico? ?pregunta curiosa y creo que no está al tanto de  mi repentina huida.

- No lo sé, quizás lo llame ?recojo mi mochila y abro la ventana.

- ¿Vas a salir por ahí? ­-está parada a mi lado.

- Mejor que atravesar ese pasillo oscuro a riesgo de encontrarme con alguna de las hermanas. ¿no?

- ¿Tendrás cuidado? ?me sujeta por el brazo.

- Lo tendré.

- Si quieres... puedes quedarte en mi cama, yo puedo dormir en otro sitio ?se esfuerza en mirarme a los ojos y yo no puedo.

- ¡Ah! a propósito... ?pregunto volteándome ­-¿Quién es Alex?

- La amiga más buena del mundo ?responde sonriendo.

- ¿Puedo sospechar que soy... yo? ?respondo levantando una ceja.

- ¡Correcto!

- Nadie me ha llamado nunca así

- ¿Te molesta?

- No. sólo que... me parece ?levanto una pierna para pasarla del otro lado- ¡Muy bonito!

- ¡Así te llamaré a partir de ahora!

- ¡Bien! ? paso la otra pierna y me afianzo al marco de la ventana.

- ¿Alex? ¡Gracias por todo!

- ¡Nos vemos mañana! ?susurro por si hay alguien que pueda escuchar allá afuera y miro hacia abajo.

- ¿No te olvidas de algo? ?escucho que dice y levanto la vista para verla frente a mí.

- ¡No te has despedido! ?se inclina hacia adelante para alcanzar mi rostro con sus dos manos y cuando pienso que me va a besar en la mejilla, siento el roce cálido de sus labios en los míos, entonces sí que debo tener una cara de espanto porque murmura luego.

- ¿He hecho algo malo?

- No, de acuerdo a... ?no sé qué decir, esto está haciéndose costumbre y no sé si ella se está dando cuenta ? Somos amigas y no significa nada más que eso ?recalco para tranquilizarla.

- ¡Eso imaginé! ?sonríe maravillosamente- ¡Sujétate bien, por favor!

       Igual hubiera llegado al suelo de una caída y de seguro no tendría el cuerpo tan repleto de sensaciones como cuando toco tierra firme con mis zapatos. Le hago una seña desde abajo porque aun la veo con medio cuerpo afuera y sin mirar otra vez me voy a donde tengo parqueado el coche. Cuando llamo a Robert atesoro la completa certeza de que tengo que dormir acompañada para evitar reflexionar sobre cosas que ya se me están escapando a mi entendimiento.

                                                                  **********

-Te aseguro Alexandra que la chica es fenomenal ?me está diciendo Robert mientras estamos sentados en la mesa de la cocina de mi apartamento y damos cuenta del desayuno.

- ¿Lo dices por su cuerpo o por su talento? ?indago calmadamente.

- ¡Su talento, cariño! ?extiende su mano grande por sobre la mesa y me aprisiona los dedos- ¿Estás celosa?

- ¿Qué tiene ella que no tenga yo? ­

- Absolutamente nada, pero debías considerar la idea de aceptarla en el show.

-¡Humm!

- ¡No te vas a arrepentir!

- Su currículo es bien pobre, y ...

- Tan solo dale una oportunidad ¿sí?

- No sé Robert, ya lo pensaré.

- ¡Gracias campeona! ?se incorpora y cuando pasa por detrás de mi me besa en la mejilla- ¡Ya tengo que irme!

- ¡Bien!

- ¿Nos vemos en la noche?

- No puedo. Tengo que estudiar ?bebo de mi taza de café y escucho la puerta cuando se cierra tras él.

- ¡Nos llamamos! ? susurro bajísimo con el pensamiento en nubes blancas.

     En el curso cada día son más cosas para estudiar. No he podido integrarme en el equipo de trabajo de Isabelle pero nos hemos saludado cordialmente en la mañana y a la hora de la pausa nos sentamos juntas en una mesa de la cafetería.

- ¿Has leído las noticias de Paquistán?

- No

- Se está poniendo feo por allá ?le digo con un gesto de resignación.

- Nunca ha sido un país muy tranquilo.

      Es increíble como su atuendo de monja no puede ocultar su belleza corporal, incluso su cabeza cubierta con la cofia no es suficiente para mitigar el perfecto corte y frescura de su rostro.

- ¡Los talibanes están atacando en cualquier parte! ¡Ha habido un atentado donde han muerto más de 130 personas, todas civiles!

- ¡Dios mío todopoderoso! ?se lleva la mano rápidamente al pecho y se persigna- ¡Pobre gente!

    Suspiro mientras ella permanece en silencio.

- ¿Vamos a estudiar hoy? -­propongo

- No voy a poder, Alex.

- ¡Pero si no tienes que trabajar!

­- Es que voy a... una actividad en la casa de la cultura.

- ¡Ah! ¿Algo planificado por el monasterio?

- No. Voy con Jorge... es la puesta en escena de una obra teatral muy buena.

- ¡Vaya! ­?me siento un poco decepcionada- ¡Estudiaré sola, entonces!

- Pero el viernes tengo tiempo ?reafirma sonriendo- ¿Es por lo de historia? ¿no?

- ¡Anjá! tengo que ponerme al día con la bruja.

      Terminada las clases observo como Isabelle se acerca a Jorge y cuchichean por un buen rato. ¡No sé por qué me irrita tanto! pero es su amigo y a ella parece interesarle todo ese mundo cultural de libros, obras teatrales etc. etc.

      Me voy de clases sin despedirme de nadie y llego al trabajo para estar encerrada con papeles hasta bien entrada la tarde. Luego me voy a casa me doy una ducha, pongo los libros en mi carpeta, para estudiar unas horas y pienso que lo mejor que hacía era llamar a Robert y salir un rato más tarde. Unos tragos en un bar, o una buena peli podrían ser algo para pasar el tiempo.

     Con este pensamiento llego a la biblioteca después de haber comido una chuchería por el camino. Ni siquiera recorro con la vista el espacio y ese es mi primer error porque de haberlo hecho no me hubiera sorprendido tanto ver una cofia negra y un hábito marón en una de las mesas acompañada de alguien. ¡Jorge! ¿Isabelle está estudiando con Jorge? ¡Y me había dicho que no podía!

     Me pilla desprevenida la circunstancia de comprobar que ella es libre de estar con quien quiera, estudiar con quien le viniera en ganas y salir con quien se le antojara. ¿Quién era yo para reclamarle o impedirle?

     Con suerte ninguno de los dos advierten mi presencia y después de estar parada como una cretina por espacio de unos segundos, me vuelvo y salgo por la puerta en dirección a mi auto.

     Me persigue la imagen de dos siluetas bastantes pegadas leyendo de un mismo libro. Sin pensarlo dos veces me voy a buscar a Robert. ¡A la porra los estudios! ¡Al diablo con ellos!

                                                                  **********

     Todavía falta unas horas para empezar el espectáculo en el hotel y Robert no está ensayando. Cuando pregunto por él me dicen que ha salido con la chica nueva a hacer unos trámites. Me siento en el bar y mientas me tomo unas copas lo llamo por teléfono y no responde. Quiero pensar que estoy tranquila y que no estoy imaginándome el asunto que resuelve Robert con la misma chica que horas antes trataba de convencerme para que la contrate fija en la plantilla y aunque es grande el esfuerzo en lograrlo, no me satisface.  Después de ocho llamadas perdidas, dos horas de espera y siete copas me levanto y enfilo hacia otro bar cualquiera. No es conveniente que me emborrache en mi centro de trabajo y ya sospecho que será una noche larga donde estaré ebria, enojada y enemiga de toda la humanidad.

  No sé qué hora es, pero todo está oscuro y hace frío. Estoy parada debajo de una ventana y no me explico el movimiento incesante de todo lo que me rodea. Estoy completamente borracha. Debía estar en mi cama arropada, y no intentando subir por una pared resbaladiza y que se me va de la vista. Me lleno las manos de piedrecillas y las lanzo hacia arriba, con intención de que suenen en los cristales. Aguardo y nada.

    Está visto que esperar sin resultado es mi destino esta noche. Dando traspiés logro sentarme en uno de los bancos ¿Y qué más da si me quedo dormida sobre el duro y helado asiento? ¡Dios estoy extenuada, y deshecha! Sólo quiero dormir y olvidarme de que existo.

- ¿Alexandra? ?escucho a mis espaldas y no me muevo, su voz debe ser consecuencia del subconsciente cabrón que me está jugando una mala pasada.

- ¿Alex? ¿estás bien?

     Después que subo el rostro y enfoco la vista ahí está ella distorsionándose ante mis ojos.

- ¡Hola! ?balbuceo mientras la figura que parece real se sienta a mi lado.

- ¿Qué has hecho? ?me mira desconcertada olfateando el aire- ¿Estás ebria?

- Pues... ebria lo que se llama ebria... siip.

- ¡Por Dios Alex! ? se incorpora y da pasos de un lado a otro- ¿Cómo has podido ponerte así?

- Bebiendo

- Sí eso ya lo sé ?se encara y me levanta el rostro subiendo mi barbilla- ¿Por qué lo has hecho?

- ¡Da igual!

- ¿Has estado bebiendo sola?

­- ¡Siip! ? trato de levantarme y me voy de costado contra el banco.

- ¡Santo Cielos! ?me sujeta del brazo para que recupere el equilibrio.

- ¿A dónde está tu chico? ?pregunta nerviosa.

- ¿Robert? ?río y no sé si tiene gracia- Se fue con una rubia.

- ¿Qué quieres decir con eso? ?vuelve a sentarse.

- Que debe estar... follando con ella a estas alturas.

- ¡Ave María purísima! ? musita santiguándose y luego me toma una mano- ¿Estás enojada por eso?

- ¡Es un hijo de puta! ?mascullo con los dientes apretados.

- ¿Has hablado con él?

- No? no responde ?hago una mueca con la boca y le muestro la mano- El cabrón me regaló hasta un anillo.

- No te pongas así ?permanece en silencio unos minutos- Debe haber una explicación.

- Siempre las hay... ?ahora sí logro ponerme de pie- ¡Me voy a casa!

- ¡Estás loca! no puedes irte, estas demasiado... borracha.

- Estaba lo mismo cuando vine -adelanto unos pasos.

- No te voy a dejar ir ?me toma por el brazo para detenerme.

- ¡Quítate del medio, hermana! Realmente no sé qué haces aquí! -le digo meneando la cabeza tercamente.

- Aquí es donde vivo, Alex.

- Entonces ?miro alrededor bastante perdida- ¡Qué hago yo aquí!

        Me dejo conducir al banco de nuevo.

- ¡Estoy muy cansada! ?susurro y bostezo largamente.

- ¡Qué horrible! hueles a cantina de mala muerte y a cigarrillo barato.

- Correcto -dejo caer la cabeza en mi pecho y me abandono.

- ¡Alex despierta! si te quedas dormida no podré hacer nada por ti.

- ¿Qué... qué piensas hacer?

- ¿Has dejado el auto afuera? ?pregunta mirando a todos lados- ¿A dónde están las llaves?

     Empiezo a registrar en mi casaca y no encuentro nada.

- ¡Dios! ?se pega a mi costado y mete las manos en los bolsillos de mi pantalón.

- ¿Qué haces, monja? ¡No pensaras robarme! ¿eh?

- ¡Esto! ?señala las llaves del coche y se las guarda en su amplio chaquetón.

- ¡Ahora vamos!

- ¿A dónde?

- A mi cuarto, así no puedes manejar, por lo que dormirás aquí esta noche ?se esfuerza en halarme para que me incorpore.

- ¿Contigo?

- Sí, conmigo, si es que logro hacerte entrar sin que las hermanas se den cuenta.

      Caminamos hasta la puerta del edificio

- ¿Estás segura... de que quieres dormir conmigo? -es extraordinario como con los sentidos embotados eso es lo -único que se me ocurre preguntar.

- ¡Te prestaré mi cama! ?se agita por el empeño de casi arrastrarme junto a ella.

- ¡Ya sabía yo! ?no sé qué porque la decepción se apodera de mí - Igual puedo quedarme en el coche.

- ¡Pssss! nada de ruido hasta que lleguemos al cuarto ¿ok? ­-abre la puerta y mira hacia adentro antes de empujarme delante de ella.

     Vamos dando trastazos por el pasillo hasta que llegamos a su habitación.

- ¡Entra! ?me ordena y le obedezco para quedarme en medio de su dormitorio sin saber que hacer.

     Asegura la puerta y volviéndose hacia mí me obliga a seguirla hasta el baño.

- La cama está allá ?le hago ver.

- Te vas a duchar ahora ?me ayuda a quitarme la chaqueta.

- ¿Ducharme? ¿A estas horas? ?aspiro aire sin entender.

- No podría tenerte aquí apestando a alcohol de esa manera.

- Pero... no quiero.

- ¡Desnúdate Alexandra! ?se vuelve y gradúa la temperatura de la ducha para abrir el caño del agua.

     Estoy muy atontada y no puedo creer que tenga que mojar mi cuerpo por su capricho.

- ¿A qué esperas? ?se acerca y empieza a desabotonar mi blusa. La dejo hacer.

- ¡Los zapatos y el pantalón! ?demanda esperando.

- No puedo ?es imposible que mi ceñido pantalón pueda bajarse solo, así que se pone de rodillas y escarba en la apertura de la cintura para luego tirar hacia abajo, mientras yo me sostengo de la pared y me parece increíble que esto esté sucediendo.

- ¡Eso también!

 - ¡No quiero! ?musito sonrojándome en medio de mi desgracia y de un tirón las bragas siguen el camino del pantalón.

- ¡Ya está! ?se incorpora y me mira- ¡Ahora entra!

     Estoy completamente desnuda y ella está en pijamas después de haberse quitado el chaquetón que llevaba por encima.

 - ¿Me vas a bañar?

- ¡Ya estas grandecita! ¿no? pero te puedo ayudar con el pelo.

     Me volteo tanteando la pared y siento su mirada arder en mi espalda.

- ¡Esto es innecesario! ­?protesto adentrándome en el agua- ¡Por Dios está fría! ?hago intento de salir.

- ¡Ni te atrevas, Alexandra!

     Cierro los ojos y un mareo gigante se apodera de mí.

- ¡Voy a morirme! ?casi sollozo de sentir la piel de gallina y los escalofríos por todo mi cuerpo al contacto del chorro de agua helada.

     Siento sus manos cogiendo el champú y los masajes suaves en mi cabeza, luego la espuma resbalando por todo mi cuerpo.

- ¡Enjuágate bien que voy a traer algo para que te seques!

   Al cabo de dos minutos regresa con una toalla con la que me cubre el cuerpo y una bata.

- Te la presto para que duermas cómoda, aunque te quede un poco chica.

- ¿Un poco? ­-me admiro de su apreciación del tamaño de las cosas.

     Desaparece y a duras penas puedo secarme por los recios temblores que me sacuden todos los músculos

- ¡Mala! ?sé que digo en medio de mi desdicha.

- Te estoy escuchando, Alex ?dice desde adentro- ¡Ven que la cama está lista!

     Sosteniéndome de las paredes llego hasta ella que me espera con un vaso de un líquido.

- Tómatelo. Le puse una aspirina­ ­?me lleva hasta el borde de la cama y hace que me siente.

- ¿Qué es?

- No preguntes y bebe, no te sentirás tan mal mañana. Me seca el pelo mientras cierro los ojos y trago el contenido del recipiente que parece ser jugo de manzanas.

- ¡Uchhh!, es asqueroso!

- ¡Todo! ?sigue trajinando con mis cabellos y yo dejo el vaso en la mesita de noche cuando al fin lo bebo hasta el final. Creo que mis intestinos están muy enojados con este último regalo que les ofrezco. ¡Las náuseas son espantosas!

- ¡Échate para cubrirte con las colchas, estás temblando!

- Tengo frío -me encojo en posición fetal en medio de la cama- ¿Y tú? ¿dónde vas a dormir?

- No te preocupes, estaré bien.

     Levanto la cabeza y veo mantas preparadas encima de una butaca.

- ¿Isabelle? ?no hay como el agua helada para despejar el entendimiento- ¿Por qué estoy aquí?

- Lo hablamos mañana ¿está bien?

- No quiero molestar ?entrecierro los ojos y los temblores no acaban, siento como mis dientes chocan entre sí.

- Voy a apagar la luz.

     No respondo y me afianzo a las frazadas. Estoy fatal. No creo que para morirse tenga que uno sentir tan terrible.

- ¿Estas bien? ­-me pregunta y apenas susurro algo sin sentido.

      No sé qué tiempo pasa pero siento que está a mi lado y se ha metido dentro de las colchas. Mi cuerpo está frío, tengo temblores por todo el cuerpo, estoy delirando y en cualquier momento moriré.

- ¿Alex? ?dice en mi oído y todo está oscuro- ¡Ven!

      Me atrae hacia ella y me abraza. Pongo mi cabeza en su pecho y me pego a su calor.

- ¿Mejor?

     Paso mi brazo por su estómago y coloco mis piernas entre las de ellas. Necesito el calor de su piel

- Sí ­?musito

- ¡Ya te va a pasar, cariño! ?susurra acariciándome el pelo y dejo de temblar. El sueño y el cansancio me vence en pocos segundos.

                                                      **********

      Esa sensación de despertar tan a gusto, la tibieza y suavidad de las colchas y del cuerpo que tengo prácticamente debajo de mí. ¿Robert?  Es el aroma de sus cabellos el que me da la pista y no quiero abrir los ojos y tampoco moverme. ¡¡Isabelle!!

      ¡Qué tontería haberla confundido con Robert! ¿Es que hay alguna comparación?  Hago una rápida evaluación del momento: Estoy echada sobre ella, mi pierna sobre la de ellas, mis caderas rozando su costado, mi brazo sobre su estómago y mi rostro hundido en su cuello, ahora percibo su cabello mezclado con el mío cubriéndome el rostro y su respiración suave y su aliento cálido. Cuando abro los ojos de a poco y con temor, vislumbro a dos centímetros de distancia su garganta palpitante y el nacimiento de sus pechos a través de su pijama. ¡No estoy soñando! ¿verdad?

    Trato de calmarme pero mi piel empieza a despabilarse y el sentido del olfato se sofoca de aromas nítidos, tibios y agradables. ¡Podría despertar así todos los días! Mi respiración no puede negar que pertenece al conjunto de mi cuerpo que súbitamente entra en calor ¡Tranquila Alexandra! Sería bueno dejar de respirar y solo sentir, pero es imposible. Me anido más a su cuerpo y ella suspira, se remueve debajo de mí.

- ¡Alex! -murmura

   ¿Debo contestar? ¿No se supone que esté dormida?

- ¡Humm! ?gruño sin abrir los ojos.

- ¡Me... me estás ahogando!

     Se acaba la diversión, deshago el abrazo y me separo para quedar de espaldas sobre mi sitio.

- ¡Lo siento! ?susurro sin abrir los ojos.

- ¿Alex? ¿Estás despierta?

- No

- ¡Graciosa!

     Ahora es ella la que se pega a mí levantando la cabeza para observarme, siento su respiración sobre mi rostro.

- ¡Buenos días!

- ¡Buenos días! ?abro mis ojos haciendo una mueca y los verdes de luminosas estrellitas me sonríen.

- ¿Cómo te sientes? ?me acoteja algunos mechones de pelo que tengo sobre las mejillas.

- Me ha pasado un tren por encima y luego su conductor se ha bajado, ha regresado y me ha pateado el trasero.

- ¡Exagerada! ?ríe quedamente, apoya su codo al lado de mi hombro y descansa su cabeza en su mano abierta- ¡Mírame!

- ¡No puedo! ¡Se me rompería la cabeza!

- ¿Por qué bebiste tanto anoche? ?ahora se aprieta contra mí, siento el roce de sus pechos en mi brazo.

- ¡Tenía ganas!

- ¿Y estabas enojada?

- También

- ¿Quieres hablar de eso?

- No hay nada que decir, Robert es un cabrón que se fue con otra chica ?digo calmadamente, aunque me da por pensar que quizás ese no es el verdadero motivo.

- ¿Sabía él que tú le esperabas?

- No.  De hecho, le dije que no podía verlo anoche porque iba a estudiar.

- ¿Y por qué no estudiaste?

- Cuando llegué a la biblioteca... -¡Mierda, si seré imbécil!­- ¡Decidí no estudiar!

- ¿Estuviste en la biblioteca? ?hace un gesto de dudas y cuando le miro, sus ojos me confunden- ¡Yo te estaba esperando, Alex!

- Estabas con Jorge ?repongo y me siento el doble de idiota.

- ¡Claro! si la obra teatral la suspendieron y me llevé a Jorge para encontrarte allá y estudiar juntos.

     No le respondo y me froto las sienes con las yemas de los dedos.

- ¿Te duele la cabeza? ?pone sus dedos encima de los míos y presiona contra la piel.

- ¡Se me va a fundir en cualquier momento! ­?me enerva su cercanía y cierro los ojos.

- ¿Qué vas a hacer con Robert?

- ¡Mandarlo al infierno!

- Deberías escucharle primero ?suspira y se retira a su sitio justo a tiempo antes de que mi cuerpo empiece a alterarse- ¡Debe tener sus razones!

- No hay ninguna razón para no haber estado conmigo.

- Lo dices como si te perteneciera ?enarca las cejas y acomoda su almohada.

- ¡Si se acuesta conmigo algún derecho debo tener! ¿no?

- Aun así... no es de tu propiedad.

- Debe estar ahí cuando yo lo necesite ?estoy enojándome y no hago nada por evitarlo.

- ¿Estás tú siempre cuando él te necesita?

     No quiero escucharla. ¡Es una mierda eso de estar ahí para alguien! y me asalta otra idea que no tiene nada que ver con lo que hablamos; ¿Sabe ella realmente lo linda que es recién levantada?

- He escuchado que no es bueno en las relaciones ser tan posesiva ?dice con suavidad.

- ¿Pero que me dices? ¿Yo posesiva? Además hermana ¿qué sabes tu de eso??rezongo y me cubro hasta la cabeza con la frazada.

- ¿Y ahora te enojas conmigo?

- No estoy enojada ?digo desde abajo de las colchas- Aunque ahora que lo dices ? respiro hondo- Sí, estoy enojada con alguien que me hizo dar una ducha en la madrugada.

     Saco la cabeza y su sonrisa es simplemente extraordinaria.

- ¿De qué te ríes? ¿Por haberme empujado a la ducha o por hacerme pasar la verguenza de desnudarme?

- ¿Por qué te iba a dar verguenza?

- No es muy usual mostrarse desnuda delante de la gente ¿o sí?

- No; pero con el cuerpo que tienes ?sigue sonriendo y soy yo la que enrojece- ¡Pudieras sentirte orgullosa!

- ¿Te estás burlando? ?me encanta lo que me ha dicho.

- No Alex, tienes un cuerpo hermoso ?me lo dice con una inocencia inquietante.

- ¡Bah! ya sé cual es tu concepto de la belleza ?me vuelvo dándole  la espalda y me pregunto si está intentando coquetear conmigo.

- No te gusta que te digan que eres... preciosa ?dice bajísimo recostándose a mi espalda.

    ¡Cristo! Eso es algo que nunca pensé escuchar, el corazón se me dispara a correr a ningún sitio y me vuelvo hacia ella lentamente.

- Según ? -subo mi mano y mis dedos acarician su mejilla. La miro y buceo en sus ojos esmeraldas, advierto curiosidad, admiración, afecto ¿algo más? muevo mis dedos hacia sus labios. Es una locura pero rozo pausadamente su labio inferior.

- ¡Tenemos que levantarnos! ?musita incorporándose y tal parece que huye de mí- ¡Ya me he quedado sin desayunar!

- ¡Pero si aún no amanece! ?protesto extrañando ya su cercanía.

- ¿Crees que las monjas remoloneamos en las mañanas?

     Me levanto y miro la bata que tengo puesta que apenas me cubre hasta mitad de los muslos.

­- ¿Y esto que es?

    Se ríe y me lanza la toalla.

- Entra al baño tu primero y apúrate

- No me importaría compartirlo, igual ya me has visto como Dios me trajo al mundo! ?le digo de pasada pero reparo que enrojece hasta la raíz del cabello.

   Cuando salgo ya vestida con mis ropas y antes que ella se meta a ducharse me despido torpemente señalando la ventana.

- ¡Me voy por ahí!

- ¡Otra vez!

- ¿Y qué voy a decir si me encuentro con alguna hermana en el pasillo?

     Hace un mohín de contrariedad.

- Estoy pensando en poner una escalera debajo de mi ventana ?bromea y me acerco a ella rápidamente

- ¡Nos vemos en clase! Tengo que ir a casa antes y cambiarme ?la abrazo de prisa y no me atrevo besarla- ¡Gracias por todo, Bell!

­- ¿Bell?

- ¿Tú me llamas Alex? ¿no?

- ¡Copiona! ?me tira de la manga de la chaqueta y se pone en puntas de pie.

    Cierro los ojos cuando la veo acercarse.

­- ¡Prométeme algo! ?me dice al oído y casi me pongo a temblar.

- ¿Sí?

- ¡No bebas más!

- ¡No puedo! ?respondo asombrada con su rostro muy cerca de mí.

- ¡Al menos intenta no ponerte como estabas ayer!

- ¡Prometido! ?sonríe y no puedo evitar bajar la vista a sus labios. ¡Es bella! y es demasiada la tentación! así que cuando rozo su boca ella cierra los ojos por vez primera. El contacto es suave, dulce y duradero e incluso entreabro mis labios y presiono con delicadeza. Rompo el contacto cuando no la escucho respirar. Y como siempre no miro hacia atrás y me abalanzo hacia la ventana con una urgencia de mil demonios.

      La dejo allí, en mitad del dormitorio sin saber cuál es su reacción o si me sigue mirando cuando desciendo al frío y la humedad de la mañana. De los efectos que provoca en mí ese beso robado prefiero simplemente, no pensar.

     Pero sí que me asombro cuando entro a mi departamento y me encuentro a Robert recostado en el sofá de la sala y completamente dormido. Ahora me pregunto el por qué le di llaves alguna vez.

- ¡Buenos días! ­­- digo y me siento frente a él que abre lentamente los ojos

- ¡Alexandra! ¿Hasta que al fin llegas?

- Es mi casa ¿no? y puedo llegar cuando se me antoje.

- ¡Cariño! ya sé que estás enojada! ?se levanta y viene hacia mí- ¡No escuché tus llamadas porque estábamos en el estudio!

- ¡No me toques Robert! y sí, estoy enojada y no quiero verte ?me levanto y voy a la cocina a hacerme una taza de café.

- ¡Me dijeron que estabas esperándome en el hotel!

- ¡Cómo una idiota! ?vocifero con cólera.

- ¡Lo siento cariño! me dijiste que no íbamos a vernos y acompañé a los chicos.

- ¡Te fuiste con la nueva diva!

- ¿Pero qué dices? ?estaba sorprendido- No sólo ella fue sino que también los guitarristas Antonio y José. Nos fuimos todos al estudio. ¡Puedes preguntar! 

- No es necesario.

- Y cuando terminamos, te llamé más de veinte veces.

- Ya para esa hora, fue tarde.

- ¡Créeme Alejandra! ­?se acerca y me abraza por la cintura- Vine directo aquí para verte.

- ¡Déjame Robert! y márchate, no tengo ánimos de discutir ahora.

- ¿Y tú, no me vas a decir a dónde has dormido? ?se separa con fastidio.

- Estuve con una amiga.

- ¿Amiga? ¿Cuál amiga? ­-entiendo la extrañeza de Robert, creo que nunca ha conocido alguna amiga donde yo haya podido dormir.

- ¡Robert! déjame en paz y vete ­-el dolor de cabeza se hace intenso.

- ¿Has bebido?

- ¡Te llamaré Robert para hablar de esto! pero, por favor, ¡¡Márchate!! ?casi grito desesperada.

      Me mira sorprendido y luego se encamina hasta la puerta.

- ¡Espero tu llamada, Alexandra!

     Espero que el café se haga y me tomo dos aspirinas, luego entro al baño para conseguir que la ducha me ayude a enfrentar un nuevo día.

                                                                 **********

      Es pleno invierno en Estocolmo, sus calles mojadas y sus lomas de nieve sucias amontonadas en el andén de las aceras. En el trabajo no hay mucho que hacer, los meses fríos no llaman mucho al turismo internacional y el nacional se conforma en pasar el día en los locales de conferencias y en la noche se retiran temprano a sus habitaciones.

     Los entrenamientos con las monjas ha mejorado mucho. Según Isabelle fue muy importante el primer día cuando mostré un carácter intolerante y firme, ahora parecen corderitos anhelando cada domingo para aprender y divertirse con el entrenamiento. Lo más extraño es la conducta de la pelirroja, que aunque aún me mira de soslayo, es disciplinada y da todo en el juego. Como ya no podemos jugar en el patio, la madre superiora da orden de habilitar uno de los salones como cancha de voleibol y ahora entrenamos bajo techo.

    Con Robert se arreglan las cosas después de comprobar que esa noche efectivamente estaban grabando en el estudio y yo por cansancio o por comodidad me dejo convencer luego de dos o tres visitas a mi apartamento. De alguna manera veo en Robert una forma segura de no hacer locuras. Y ciertamente con más frecuencia estoy tentada de hacer muchas de ellas.

     También llegan los primeros exámenes y entregas de trabajos escritos. Estudiamos con Isabelle en la biblioteca, ahora con más frecuencia. Por eso me extraña ese martes en la mañana no verla en clases. Imagino que ha tenido que cumplir con otro compromiso de la iglesia y aunque voy en la tarde a estudiar, tampoco la encuentro.

      Desde luego que no quiero parecer muy quisquillosa a tal punto de ir al monasterio para averiguar que le pasa aunque mi pensamiento no cesa de darle vueltas a la idea. ¿Por qué no le pedí su número de teléfono? Sé que tiene un celular con el que se comunica a menudo con la hermana Benita.

       Al otro día la impaciencia crece y casi no puedo poner atención en lo que dicen los profesores. ¿Dónde está? ¿Qué está haciendo? ¿Estará enferma? ¡La extraño! ¡Dios! Quiero saber algo de ella. Apenas termina las clases y monto en el auto, suena mi celular: Reunión urgente con la directiva en el trabajo ¡Mierda! ¿Cuánto durara?

      Cuando llego al hotel voy directo a la sala de juntas, donde solemos tener las reuniones semanales con el director. Al primero que veo es al máximo encargado del Restaurante y los tres bares con que cuenta el complejo.

- ¡Hola Cesar! ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta urgencia?

­- ¡Hola trigueña! La inspección está en camino ?me explica con un rictus de preocupación en el rostro.

- ¡No me digas! -resoplo por lo bajo, ¡Demonios! La inspección anual que califica con una serie de puntos la calidad y efectividad de nuestros servicios. Me dejo caer atontada. Debo reunir de inmediato a mis colaboradores y prepararnos. ¡Justo hoy cuando quería ir ver a Isabelle! Sé de inmediato que no saldré del trabajo hasta después de pasada la inspección al día siguiente.

    Y todo es un torbellino a partir que el director nos informa oficialmente los frentes en que deberíamos basar nuestro trabajo para salir victoriosos al minucioso análisis que la comisión acostumbra a realizar cada año. Ya es noche cerrada cuando tengo unos minutos de sosiego en mi oficina. Llamo a la central de información y pido que me conecten con el monasterio de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Después del largos timbres alguien me contesta.

- ¡Buenas noches! me llamo Alexandra Antuñes y desearía ponerme en contacto con la hermana Isabelle, ¡Por favor!

- ¡Buenas noches, señorita Antuñes! ?reconozco la voz aterciopelada y dulce de la madre superiora- ¡La hermana Isabelle se ha retirado a descansar!

- ¡Oh!, disculpe Madre, comprendo que es un poco tarde, pero ¿está bien? Ha faltado a clases dos días.

- Ha estado un poco indispuesta, pero no es nada por lo que preocuparse.

- ¡Vaya! ­?supongo que mi sonrisa es transmitida a través de los cables telefónicos- ¡Salúdela de mi parte! y Gracias por todo, madre.

- ¡Recibe la gracia del Señor, hija! ¡Buenas noches!

     Después que cuelgo frunzo la frente ¿Indispuesta? ¿de qué? ¿el estómago, principio de un resfriado, dolor muscular? ¡Pero qué patética, por qué no pregunté!

     Suspiro profundamente y me preparo para ir a los ensayos y supervisar algunos detalles que todavía no están listos. ¡La veré mañana! lo más probable en la biblioteca como siempre.

Duermo en el sofá que está en la oficina, y apenas amanece voy a casa a bañarme, cambiarme de ropas y regreso inmediatamente. La comisión pasaría por mi departamento después del mediodía. Verdaderamente no me preocupo mucho en cuanto a documentación y rutinas de trabajo soy bastante organizada y tengo todo al día. Pero la calidad del espectáculo lo evaluarían en la noche. A las cinco de la tarde tenemos una reunión con el director y aunque todavía no tenemos el resultado final, nos sentimos bastante optimistas con relación al trabajo de todos los departamentos.

      Al fin a las 8 de la noche salgo en el coche y voy hacia la biblioteca, no tengo los libros conmigo pero conociendo a Isabelle, sé que ella no se ha dejado ninguno en casa y me los prestará ¡Pero Isabelle no está!

      Regreso al coche con una silenciosa alarma en forma de luz roja parpadeando en la boca del estómago. Cuando llego al monasterio hay tres monjas sentadas en uno de los bancos conversando. Aunque pienso que no es necesario entrar por la puerta principal, me da verguenza escalar delante de ellas hacia la ventana de encajes blancos y peor ahora que se acumula la nieve en los aleros y cornisas del edificio.

- ¡Hermanas, buenas noches! ?no conozco a ninguna.

- ¡Buenas noches! ­?responden ellas trasladando su atención hacia mí

- Podría pedirles el favor de avisarle a la hermana Isabelle que quisiera conversar con ella.

      Se miran y una de ella se incorpora.

- La rubia del pabellón central ?aclara una de las que permanece sentada.

- ¡Voy a avisarle! ya regreso

      Asiento dando las gracias y doy paseos cortos alrededor de la puerta de entrada hasta que al cabo de unos veinte minutos regresa.

- ¡Lo siento pero la hermana Isabelle no puede recibir visitas! ?baja la vista y a mí se me dilata algo en el pecho

- ¿Por qué?

- Está un poco mala ?susurra tratando de escabullirse para pasar por mi lado.

- ¡Hermana! ?sé que me contengo para no parecer muy brusca- ¡Tengo que verla! soy su amiga.

- No creo que sea buena idea, está durmiendo.

- ¡Es que no me ha entendido! ?me le acerco con gesto grave y la tomo por el brazo- ¡Quiero que me deje pasar por esa puerta!

- ¡No... no es permitido! -asombrada de la presión que estoy ejerciendo en su piel.

- ¡No me interesa! ?la fulmino amenazante- ¡Déjeme pasar!  y si quiere vaya después con el chisme a la madre Superiora, pero tengo que entrar.

       Mira para las otras monjas que están de espaldas conversando ajenas de su situación y luego se vuelve.

- ¡No es correcto! ?musita.

- ¡Dios se lo agradecerá, hermana! ?le digo apenas abre la puerta y desaparezco por el pasillo hacia las habitaciones sin mirar hacia atrás.

    Los toques en la puerta son respondidos por Benita que me mira asombrada de que esté delante de ella a esta hora

- ¿Isabelle? ?solo atino a preguntar y ella se echa a un lado.

      Yace en la cama con los ojos cerrados, el pelo húmedo, la cara desencajada y extremadamente pálida. En sus trémulas manos su escapulario.

- ¿Hermana, qué le pasa? ? pregunto alarmada acercándome a la cama.

- Tiene dolores

- ¿A dónde? ?su semblante me asusta. Deposito mi mano en su frente y arde como el infierno

- ¡Los ovarios!

- ¡Pero tiene fiebre, por Dios! ?me giro hacia la hermana- ¿Por qué no la han llevado al médico?

­- La hermana Isabelle acostumbra a padecer estos dolores todos los meses señorita Alexandra.

- Supongo que todas pasamos por eso ?le digo burlona.

- No. ?se sienta a los pies de la cama- Ella sufre más que nosotras. Es algo que ya sabemos.

- ¡Pero hermana! se ve mal, y tiene fiebre.

- ¿Ha estado delirando también? ?susurra la hermana mirándome preocupada.

- ¿Desde cuándo?

­- Ayer en la noche se puso peor, la Madre está tramitando sus papeles.

- ¿Papeles? ­?empiezo a dar zancadas en el cuarto.

- La cuestión del seguro para poder ingresarla en un hospital.

- ¡Oh Santo Cristo! ?me veo diciendo y echo mano al teléfono para marcar un número.

     Espero junto a la ventana con la vista echada sobre los montones sucios de nieve derretida del jardín.

- ¡Hola Padre, soy yo, sí, claro, necesito que el Dr Márquez me llame inmediatamente. Sí padre, no soy yo, es la hermana Isabelle. ¡Eso es! Bien. Espero.

      Me voy hacia la cama y trato de reanimarla.

- ¡Isabelle!

- Ha tomado muchos calmantes y somníferos ?explica Benita que se ha puesto a rogar en dirección al cuadro del Señor.

- Isabelle, despierta ?la tomo por la barbilla y muevo su rostro tan joven.

- ¡Alex! ?sus ojos se abren con esfuerzo y extiende una mano que saca de las frazadas.

- ¡Bell! ¿qué te pasa, cariño? ?sus ojos verdes opacos son un tormento de desdicha.

- ¡Me duele, me duele mucho! ?sus lágrimas resbalan por sus mejillas.

- ¡Tranquila! todo va a estar bien ?le aprieto su mano y me acerco aún más para besarla en la frente, siento como su cuerpo se convulsiona por temblores.

      El sonido del teléfono interrumpe y sin soltar su diestra, respondo. Es el médico particular de mi familia, colega en tiempos estudiantiles de mi padre y amigo leal de la familia hasta la fecha. No hablo mucho sólo le explico los síntomas de la enferma y para mi consternación me pregunta si los dolores se reflejan en su pierna derecha.

- ¡Isabelle! ¿tu pierna... duele? -sin esperar su respuesta la descubro y yo misma presiono el lugar que el médico me indica, con resultado de un desgarrador grito por parte de Isabelle.

- ¡Bien Doctor! ¡Gracias Doctor! ¿Cuánto tiempo? Sí Doctor ?las palabras de Márquez han desatado un torbellino en mi interior.

      Me volteo y la hermana Benita permanece parada a los pies de la cama.

- ¡Muévase, por favor! ?sé que grito- ¡Avísele a la Madre que me la llevo!

- ¿A dónde?

- ¡A la Clínica de Sant Bernardote!

- ¡Pero es una clínica privada! ?responde

- ¡Es una de las mejores en el país! ?le espeto enojada- Y si es por el seguro, dígale a la Madre que no es necesario. Yo me hago cargo ¿Entendió?

- Sí... pero

- ¡Y que abran la puerta de abajo Benita, la ambulancia estará aquí dentro de cinco minutos!

- ¿Tan grave es? ?musita para que Isabelle no escuche.

- ¡Es apendicitis! y ruégale al Señor que no se le haya reventado por la espera- le mastico de cólera en su rostro.

- ¡Alex! ?la voz suave de Isabelle me reclama desde la cama.

- ¡Bell! no tengas miedo, vamos a ir a que te vea un médico.

- ¿Tú vas conmigo? ?pregunta asustada.

- ¡Claro! ?me siento a su lado en la esquina de la cama- ¿Te parece si te llevo en brazos hasta la puerta, para no perder tiempo a que traigan la camilla hasta aquí?

- ¡No sé! porque... no puedo caminar.

- Ya lo sé ­?le seco las lágrimas con la yema de mis dedos- ¡Te vas a poner bien! ¿ok?

- Sólo quiero no sentir dolor... no puedo...soportarlo.

- Si cariño ?tomo su rostro con mis manos y la beso, repetidamente en las mejillas y en sus labios resecos y ardientes por la fiebre.

- ¡Alex! quise llamarte pero... ?ensaya una sonrisa que es una mueca de tristeza.

- ¡Pssss! ¡Necesitas tu pijama y tus cosas personales!

- La ropa interior en las gavetas de ahí ?me señala y cierra los ojos de dolor.

     Hago un bulto con lo más necesario y lo pongo en una bolsa, el sonido de la ambulancia en el patio llega junto a Benita y a la Madre Superiora que están en la puerta.

- ¡Ya nos vamos, preciosa! ?me sonríe débilmente y deja que la destape y la tome en mis brazos.

- ¡Debería esperar que el médico viniese hasta acá! ?dice la Madre- ¿Además esa Clínica...

- ¡Quítese del medio Madre, que tenemos apuro! ?sólo digo y Benita echa un abrigo por encima del cuerpo que descansa en mi pecho.

- ¡Voy contigo! ?murmura Benita y me sigue los pasos.

     Los dos enfermeros sacan la camilla pero Isabelle se niega a moverse, se adhiere a mi cuerpo y la presión de sus brazos por mi cuello se hace más fuerte.

- ¡Yo la llevo así, chicos! ?les convenzo- ¡Le dolerá más moverla! y no hay nada que pueda ayudarla hasta que lleguemos.

- ¡Alex! -su aliento ardiente en mi cuello y sus lágrimas tibias, me desarman. Me siento con ella en mis brazos y le acaricio la espalda mientras trato de cubrir las piernas con el abrigo. ¡Dios, que no le pase nada!

- ¡Así que tú eres Alex! -­rezonga Benita a mi lado.

- ¿Qué pasa con eso, hermana? ­

- Nada. sólo que ha repetido tu nombre muchas veces en sus delirios.

- ¿Por qué no me han avisado? ?farfullo abarcando todo el calor de su cuerpo.

- Pensé que era su padre, o su hermano.

- ¡Rece hermana! ?dijo aún con enojo- ¡Ella se lo agradecerá! -digo después que noto que Isabelle se ha quedado dormida en mi pecho quejándose calladamente.

                                                          **********    

     A partir que llegamos a la Clínica todo sucede con velocidad de vértigo. El Dr Márquez la reconoce e inmediatamente ordena trasladarla a la sala de operaciones. Hace varias llamadas y apenas habla conmigo que sigo la camilla con unos ojos verdes atormentados por el dolor.

- Señorita Antuñez, debe quedarse acá ?me dice al fin Márquez- Yo me ocupo ahora. Apenas haga efecto la anestesia general, voy a operar.

- ¿Pero Dr? ­?creo que advierte la desesperación en mi pregunta.

- Tengo que abrir para saber ?suspira- ¡No quiero hacer falsas suposiciones!

     Benita está a mi lado y se persigna ahora con regularidad cuando nos sentamos en el salón de paredes blancas, revistas esparcidas y plantas enormes de plástico.

- ¡Dios misericordioso, ayúdala! ?escucho a mi lado.

- ¿Cómo no se dieron cuanta antes de su estado, hermana? -no me cabe en la cabeza tamaña negligencia.

- Otras veces la hermana ha estado mal también ?saca un pañuelito y se seca unos ojos llorosos- Y con dolores en el vientre, en el estómago... en sus días.

     Ya no hay caso reclamar, al menos Benita tiene consuelo en la fe de rezar y pedirle a una fuerza suprema un milagro pero yo... ¿A quién puedo pedir? Me levanto y recorro el pasillo de arriba abajo, lleno dos vasos plásticos de café y en vista que la hermana lo rechaza, me los bebo. ?Aguanta nena, sé fuerte y resiste Isabelle, cariño no me hagas esto.?

      Después de tres horas de espera y de ver como de a poco los asientos del salón de espera son ocupados por varias monjas, entre ellas la Madre superiora, salen al fin, el anestesista y el auxiliar de operación seguidos del Dr. Márquez.

- ¿Cómo está Dr.? ?se adelanta la Madre y las demás se quedan tras sus espaldas, yo entre ellas.

- Hemos hecho todo lo posible ?me mira con sus ojos donde se nota cansancio y preocupación- ¡Su situación es bastante delicada!

- ¿Peligra su vida?

- Esperemos que no. Pero el apéndice  reventó y hemos tenido que hacer una exhaustiva limpieza, pensamos que la infección no ha llegado a la sangre y que podamos rechazar cualquier complicación.

- ¡Bendito sea Dios! ?la Madre está desolada y yo aprieto los dientes de furia.

- ¿Podemos verla?

- Está dormida y debe descansar pero alguien debe quedarse con ella durante la noche.

- Hermana Benita ?se gira la madre hacia ella mientras la atravieso con mi mirada­.

- ¡Me gustaría quedarme yo, Madre! ?pido lo más civilizadamente posible.

- La señorita Alexandra tiene razón ?murmura Benita bajando la vista- Creo la hermana Isabelle estaría feliz de verla a ella cuando despierte.

      La Madre no entiende del todo, arruga su frente y achica sus ojos.

- Señorita Antuñez, pudiera hablar con usted un momento ?dice el Dr Márquez y me señala por el pasillo en dirección a su oficina.

- ¡Ya regreso! ?les digo a todas para que no quede dudas que sería yo la que acompañaría a Isabelle en la noche.

-¡Ya no depende de mí! ?exclama el Dr. Márquez haciéndome pasar a su despacho y señalándome una silla mientras se lava las manos y se quita el delantal verde.

- ¿Tan mal está? ?pregunto cómo no creyendo.

- Depende de la reacción de su cuerpo.

- Es joven ­?afirmo.

- Pero las condiciones de sus órganos después del accidente no son las optimas

- ¿Accidente? ­?me asombro­- ¿Qué quiere decir?

- Supongo que la hermana haya tenido algún accidente anteriormente a esto ?suspira negando- Supuse que lo sabías.

- Nunca hemos hablado de ello.

- Le han practicado una operación, donde han extirpado órganos importantes, reconstruidos nervios, cortado tejidos, en fin... imagino que sea doloroso para ella algunos días.

- Escuché que en el periodo de menstruación sufre de dolores ?digo alelada.

- Lo entiendo... le han practicado una reconstrucción casi total de sus órganos reproductivos y parte de su aparato digestivo.

­- ¡Dios mío! ¿Puede complicarse con esto de la apendicitis?

- Ese es mi temor -­se vuelve a mí- ¡Tiene que tener los máximos cuidados y atenciones!

­- ¡Los tendrá!

- La extirpación de la apéndice y el rechazo de la infección está controlado por ahora -­se sienta frente al escritorio- Es el periodo de recuperación el que va a resultar difícil.

- ¿Qué recomienda?

- Reposo absoluto, alimentación adecuada y alguien que se ocupe a cada momento.

­ - ¿Una enfermera?

- No necesariamente ­?tamborilea sus dedos largos sobre la mesa ­?Es posible que la infección reaparezca en menor grado, pero eso podemos combatirlo.

- ¿Dr, confió en usted y en su equipo? no debe preocuparse por los honorarios, considere el caso como uno de la familia y envíe sus honorarios a donde acostumbra a hacerlo.

­- ¡Bien!

- Sólo quisiera saber todos los cambios de su estado y la posibilidad de contactar con usted en caso de alguna contingencia.

- ¡No lo dudes Alexandra! ¿Y cómo está el viejo gruñón?

- Mi padre está bien, se ha quedado preocupado con lo de la hermana Isabelle.

- Salúdalo de mi parte y llámalo de una vez. Avísale de que por ahora está fuera de peligro.

- ¡Gracias por todo Dr.! ? me incorporo y salgo al pasillo.

    La madre está con Isabelle. Han decidido pasar de una en una para estar con ella un rato antes de marcharse al monasterio. La hermana Benita se me acerca.

- ¡Dios sabía lo que hacía cuando te puso en su camino! ?me susurra bajísimo.

- ¿A qué se refiere hermana? ­?le respondo suspirando.

- Eres una buena amiga ?se voltea con los ojos llorosos- ¡Ella se lo merece!

­- ¿Hermana? ?no sé cómo afrontar el problema- Isabelle pasará por una difícil recuperación. ¡Quiero hacerme cargo de ella!

     Me observa como si estuviera hablando en mandarín.

- Ella nos tiene a nosotras que podemos cuidarla tan bien como nadie.

- Desearía llevarla a mi casa ?digo como si lo tuviera muy claro.

- ¿Pero,  por qué? ?me hace frente subiendo sus cejas con admiración- Es loable tu ofrecimiento pero no es necesario que te preocupes, ya has hecho bastante. Además, ella estará feliz de estar entre los suyos, en el monasterio. Tenemos experiencia en cuidar enfermos.

    Pero no me dejo convencer tan rápido.

- ¡Hágaselo saber a la madre! Quiero cuidar de ella ?repito terca.

- No creo que acepte ?dice segura- ¡Nosotras nos ocuparemos de la hermana Isabelle! Me dedicaré a ello, Alexandra. Te doy mi palabra.

- No la dejaré sola en estas condiciones, hermana Benita ­?respondo airada- ¡No quiero que se repitan los descuidos! ?sé que es una jugada sucia pero no me importa

     Me escudriña con su mirada y no sé lo que ve, pero toma aire profundamente y se apretuja las manos nerviosamente.

- Supongo que la hermana Isabelle tendrá la última palabra.

     Sé que pasará horas antes de que despierte, así que dejo que las monjas se ocupen y recen por ella en su habitación. Salgo un momento y hago algunas llamadas, entre ellas a mi padre. Tengo miedo enfrentarme con mi propia reacción al entrar a verla, por eso no sé si lo hago inconscientemente pero espero que todas se vayan, incluyendo a la hermana Benita que es la última que se retira.

    Se ve tan indefensa y frágil entre las sabanas y los tubos que salen de su brazo. Me acerco y un torrente de ternura me sacude hasta mis cimientos. ¡Cristo! ¿Cuándo fue que empecé a temblar al estar en su cercanía? Llevo mis dedos a su rostro y la acaricio suavemente, su pecho se agita en un suspiro adormecido y la paz de su expresión enternece mi alma. ¿Es ella consciente de lo bella que es? Creo que aquí radica su verdadera hermosura: La completa ignorancia de los atributos que posee. ¿Qué está pasando conmigo?  ¡Soy tan sólo su amiga! ¡Correcto! Y... ¡Dios como anhelo ver sus chispeantes ojos verdes saturados de estrellitas y su sonrisa plena retozando en sus labios!. Un torrente de lágrimas se deslizan por mi mejilla y las limpio impotente. ¡Tú señor de allá arriba, no permitas que le pase nada malo!

     Traigo la única butaca que hay en la habitación y la coloco pegada a su cama. Quiero ser la primera que vea cuando despierte. Y lo hace en la madrugada, con breves quejidos y un dulce pestañear.

­- ¡Hola! ­? digo quedamente observándola.

    Se estremece y abre los ojos, me mira asustada para luego de reconocerme sonreír fugazmente y cerrar de nuevo los ojos.

- ¡Alex! ­-musita suspirando fuerte.

- ¿Cómo te sientes? ?sé que es la pregunta más tonta de todas las que puedo hacer.

- Como si el mismo tren del metro que te pasó por encima lo haya hecho conmigo, con la diferencia que el conductor no se bajó sino que retrocedió y me machucó cinco veces seguidas.

      Sonrío y busco su mano por un costado de las sabanas y cuando la encuentro la aprisiono.

- ¡Exagerada!

- ¿Y tú? -me examina­- ¿Estás bien?

- ¡Hum! sólo me duele los ojos.­

      Enfoca su mirada verde preocupada en mí.

­- ¡De tanto mirarte! ?susurro diciéndole la pura verdad.

­- ¿Y qué has visto? ¿Una monja enferma que inspira lastima?

- No. He visto una joven... hermosa llena de vida, que se va a poner bien.

- ¡Eres tan adulona, Alex! ?sonríe brevemente y entrelaza los dedos con los míos por debajo de la sabana- ¡Gracias por todo!

- ¡Pssss! ?saco mi mano adherida a la de ella y beso los nudillos de sus dedos.

- ¿Me han operado, verdad?

- Te han quitado la apéndice.

- ¡Vaya! -parece contrariada- ¡Eso también!

- Sí, con la inconveniencia de que dio tiempo a que reventara y se desarrollara una infección.

- ¿Voy a ponerme bien? ?indaga insegura mirando hacia el techo.

- ¡Por supuesto!

- Me sigue doliendo aunque de una forma más llevadera.

- Si te portas bien y estas quietita te curaras muy rápido.

      Suspira profundamente.

- ¿Has estado conmigo todo el tiempo?

- Siip ¡Cómo me iba a perder el espectáculo! ?río bromeando- La Madre y las hermanas se han ido a descansar. También han estado aquí.

- No debías haberte quedado, tienes clases mañana y un trabajo a donde ir.

- No me voy a mover de aquí hasta que estés bien ?digo tratando de que lea en mis ojos y parece que los interpreta después que mantengo la mirada en el candor de sus pupilas esmeraldas.

- No quiero ocasionarte molestias, Alex.

- ¿Pensaras que voy a viajar sola a Paquistán? ­?me acerco un poco más y le acomodo varios mechones de pelo rubio que caen por su frente.

- Perderé muchas clases ­?medita

- Yo las tomaré y te las explicaré después. Mañana hablaré con los profes.

- ¿Crees que puedas hacerlo?

- ¡Para eso soy tu amiga! ¿no? además... ? no sé cómo decirlo- ¡Quiero cuidarte!

- ¿Cuidarme?

- Después de la operación necesitas ayuda con todo ?presiono mis dedos con los suyos- ¡Puedo pedir permiso en el trabajo!

- ¡Oh Alex! ?cierra los ojos y hace un mohín de capricho con sus labios- ¡No puedo permitirlo!

- ¿Y eso por qué?

- ¡Dios mío! ?se mueve un poco y súbitamente su semblante se transforma- ¡Sí que duele!

- ¡Llamo a la enfermera! ?casi estoy a punto de correr afuera en el pasillo y empezar a dar voces por ayuda.

- No ?lleva mi mano atada a la suya a su estómago y presiona.

- ¿Es ahí? -­pregunto embobada.

- Sí, pero ahora está mejor ?siento el calor de la piel afiebrada de su vientre y sus dedos anudados a los míos presionando sobre el sitio adolorido.

- ¿Estás segura de que ya te está pasando?

- Me alivia si oprimo un poco.

- Bien ?dejo mi mano a merced de la suya que la mueve tanteando toda la zona.

- ¿No te molesta?

- Me agrada ?le digo sonriendo- Al menos te ayudo en algo.

- ¿Puedo quedármela? ?bosteza y me dan enormes ganas de apretujarla contra mí y abrazarla para mitigar su dolor.

- Después de esto te pasaré factura ?digo pareciendo enojada- Te cobraré por cada hora que utilices mi mano para tu propio bienestar.

- ¡Oh Alex! eres tan... ?sus ojos se cierran- ¡Tan increíble! 

- ¡Eso ya lo sé! ? me encimo sobre ella y le rozo con mi boca sus labios- ¡Duerme cariño! ?musito suavemente suspirando.

- Creo que hasta ?apenas escucho lo que dice- ¡Te estoy empezando a querer!

      Quedo sorprendida, mientras su respiración se hace calmada y suspira armoniosamente sin desatar mi mano que permanece en algún lugar sobre su vientre.

     Han pasado los días y con ellos el progreso de su mejoría. Todavía tiene un poco de fiebre, pero según el Dr. Márquez remitirá a medida que los antibióticos cumplan su función. Me las arreglo para ir a clases y estar unas horas en el trabajo y ya caída la tarde voy directo a la Clínica. No hemos hecho ningún acuerdo pero, las monjas y Benita se turnan para ocuparse de ella durante el día y cuando llego se retiran y me dejan pasar la noche con ella, sentada en la incómoda butaca que he pegado al borde de su cama.

                                                           **********

 

    Hoy he llegado un poco más temprano y no encuentro ninguna monja en el corredor frente a su habitación, apresuro los pasos pensando que por alguna razón está sola y no puedo nada menos que asombrarme de quienes están con ella cuando abro la puerta: ¡Mis padres!

- ¡Hola! ?digo y aprecio la sonrisa franca y divertida desde la cama.

- ¡Hola hija! ?dicen ellos volteándose hacia mí y advierto el gran ramo de rosas rojas y la caja de chocolates sobre la mesita de noche.

- ¡Qué sorpresa! ?digo apaciguando mi nerviosismo acercándome a mi madre para abrazarla y a mi padre que está en su silla de ruedas a la derecha de Isabelle.

- ¡No podíamos dejar de visitar a la hermana! ?explica mi madre- ¡Estábamos preocupados!

      Me acerco a la cama y la mano de Isabelle me recibe cálida como siempre mientras le beso en las mejillas.

- ¿Cómo te sientes hoy? ?reparo que me hace un sitio a su lado y no libera mi mano.

- ¡Más animada! ?su dulzura es contagiante- ¡Tus padres me han hecho feliz con su visita!

      Le había comentado a mi padre la posibilidad de llevar a Isabelle a casa para yo cuidar de ella y supongo que se lo habían tomado muy en serio.

- Hija, yo puedo quedarme con Isabelita esta noche ?dice mi madre y me pregunto a qué hora decidió cambiar de llamarla hermana a Isabelita. Disimulo una sonrisa y respondo

- ¡No te preocupes mama, duermo muy bien en la butaca! ?no sé cómo pero Isabelle pierde su mano acompañada de la mía por debajo de las sábanas y la estaciona en su vientre como ha estado haciendo todos estos días. Me ruborizo y la mirada azul de mi padre solo logra desordenar aún más mis pensamientos.

- ¡Alexandra! el Dr. Márquez ha dicho que mañana pueden darle la salida. ¿Le has dicho a la Superiora?

     Isabelle me mira expectante esperando una aclaración.

- ¡No padre! pero todavía tenemos tiempo para conversar con ella ?trato de girar la conversación por otros derroteros- ¿Cómo está el sinverguenza de mi hermano?

- Trabaja tanto últimamente que apenas le vemos el pelo.

     Isabelle ha desviado el recorrido de su mano ahora y se ha detenido en su pecho, exactamente sobre los latidos de su corazón. Me he tratado de acostumbrar a esos vaivenes de nuestras manos entrelazadas por debajo de las sábanas y siempre me alucina y me asusta cada paraje desconocido. Sus latidos son ligeros y apresurados no como acostumbra cuando está dormida. Creo que está nerviosa. Suavemente muevo mi dedo índice en círculos sobre su piel para tranquilizarla. Es un lenguaje mudo, que no tiene acuerdos pero tampoco fronteras para entendernos. A los pocos segundos sus latidos ceden y se hacen marcados, y más reposados.

- Creo que ya debemos marcharnos ?dice mi padre girando su silla hacia la puerta.

- ¿Quieren que los lleve a casa? ?­digo sabiendo que debo levantarme y deshacer el contacto que tanta armonía me proporciona.

- Hemos venido en el coche, hija ?dice mi madre acercándose a la cama para besar a Isabelle en la frente- ¡Cuídate! Y no la dejes hacer ninguna locura, Alexandra.

- No madre ?digo al fin incorporándome y acercándome a la silla de mi padre.

- ¡Pediré a Dios para que te ayude hija! ?dice mi padre y sonríe abiertamente hacia ella.

- El señor acostumbra escuchar los ruegos de personas como usted ?le devuelve la sonrisa y sus ojos deslumbran a mi padre.

      Cuando estamos en el pasillo, mi madre se adelanta para traer el auto desde el garaje hacia la entrada de la Clínica.

- Sí que me han sorprendido ¿eh?

- ¿Esperabas que no íbamos a venir? ?mi padre levanta una ceja y a veces me admira que hasta tenga sus mismos gestos.

- Pues...

- Sé lo importante que es para ti, hija ?dice llanamente y yo me quedo sin aire para respirar. Mi padre suele ser directo en sus afirmaciones y crudo en sus observaciones. En estos momentos prefiero que no diga más.

- ¿Me pregunto si ya tú lo sabes?

- ¿El qué?

      Me observa y hace un gesto de fastidio.

- Cuando te quieres hacer la desentendida lo haces muy bien, a eso te pareces a tu madre.

     Sonrío por lo bajo y llegamos al recibidor.  Después de unos minutos lo ayudo a subir al coche y me despido de ellos. Cuando regreso al cuarto la eterna sonrisa me acoge apenas entro y dice sin más extendiéndome los brazos.

 - ¡Ven! ¡Quiero abrazarte!

       Debo poner la expresión muy idiota porque ella se burla de mi.

- ¿Tanto miedo te doy? ¿Mi enfermedad no es contagiosa, Alex?

- No es eso ?confusa hasta los huesos, titubeo- ¿Y a que se debe eso?

- ¡Oh Alex! ?se incorpora un poco y se acoge a mis brazos y deja su rostro hundido en mi pecho- ¡Soy tan feliz! Me han tratado como si fuera una hija más.

- ¡Monja sensiblera! ?digo para acallar las volteretas que dan mi corazón por su cercanía, por su contacto y por sus nobles sentimientos.

     Estamos unos deliciosos minutos ceñidas estrechamente. Cuando noto que mis manos están acariciando su espalda y mi pecho no aguanta la presión de sentir su olor y mi piel se está acalorando, la separo.

- ¡No llores! ?le acaricio sus mejillas y me acerco para besar sus ojos.

- ¡Lo siento! ?me mira con sus verdes acuosos- Por un momento pensé que eran mis propios padres.

- ¿No has llamado a los tuyos?

- No ? baja la mirada y yo le subo la barbilla cuando susurra- Es mejor que no se enteren de esto.

- ¿Estás segura? ­? sigo acariciando sus mejillas y mis dedos se escurren hasta sus labios.

- Sí -y me contempla asustada al sentir la caricia. Nuestras miradas se sostienen, se descubren y se pierden entre ellas. Daría mi vida en este instante por besarla, abandonarme con la sensación de sentir sus jadeos en mi boca, y su aliento en mi alma. Pero no lo hago.

- Necesitas beber líquido ?digo entorpecida encontrando una maldita explicación para retirar mis dedos- Tienes los labios  resecos.

- Sí ?musita ella y luego voltea la cabeza- ¿Has visto esto, Alex? ?ríe como una niña- ¡Chocolate!

­­- Me pregunto si podrás comerlos!

- ¡Claro que sí! ?coloca la caja en su pecho- tu padre ha preguntado al Doctor.

      La veo como desata el paquete y la expresión de su rostro cuando degusta con sus ojos extasiados.

- ¡Humm! buenísimos, ¿quieres uno?

- Solo para probar ?me siento en mi silla y sigo observando como sus dedos van sacando uno a uno sin ánimos de nunca acabar.

- ¡Suficiente! ?le regaño- ¡Te van a hacer daño! ?me incorporo y lo último que veo son sus dedos atrapando dos para llevarlos a la boca antes de poder quitarle la caja.

- ¡Enséñame las manos!

- No tengo nada ?miente con la boca llena y escondiendo su brazo debajo de la almohada.

     Me encimo hacia ella y sujeto su mano llevándola hacia adelante.

- ¿Con que no tienes nada? ?sujeta un chocolate apachurrado entre sus dedos.

      Sin pensarlo mucho me abalanzo hacia su mano y muerdo entre sus dedos. Esto le causa risa y a mí un deleite tan profundo que cuando ya no hay más chocolate, sigo simplemente lamiendo sus dedos. No se cuándo noto que su cuerpo se pone tenso y no hace movimiento alguno mientras sigo chupando sus dedos.

- ¡Mala! ?susurra y su respiración parece agitada.

- ¡Ya está! ?digo con la sienes latiéndome a millón, volteándome para ir a buscar una servilleta.

- No hace falta ?se observa la mano y saca su lengua para pasarla haciendo el mismo recorrido que lo hizo la mía anteriormente. 

    Solo el pensamiento del hecho en sí, me ablanda las piernas y me dejo caer desconcertada sobre la silla.

- ¿Puedes traerme agua? por favor.

      Asiento y cuando regreso y espero parada a su lado el murmullo del agua pasando por su garganta me enardece sin poder encontrar un motivo.

- ¡Ya tienes que descansar! la última medicina te tocará dentro de diez minutos ?digo tomando el recipiente vació y llevándolo a la mesa.

- Razón de más para esperar y evitar que me despiertes.

- ¡Muy sentenciosa la niña! ?farfullo entre dientes mientras me desato las botas y las dejo a un lado de la cama.

- ¿Dónde está mi manta? ?indago mirando alrededor.

- Se ha escondido debajo de mis sábanas ?contesta con picardía.

- ¿Eso quiere decir que dormiré sin taparme? ?hago un gesto de disgusto aunque sé que está bromeando.

- He visto que en la madrugada echas medio cuerpo encima de mi cama.

- ¿Quién? ¿yo? ¡Faltaría más! ?me revuelvo incomoda porque tiene razón, no es la primera vez que la cabeza se me descuelga y de cansancio voy recostándome a su cama sin poderlo evitar.

- Así que mejor te doy un lado y nos tapamos con todas las frazadas.

- ¡Es tu cama y tú eres la enferma!

- Nadie se va a dar cuenta Alex, y yo no ocupo tanto espacio.

- No. ?me niego.

- ¿Crees que no no sé que llevas casi una semana sin poder dormir en condiciones normales? ?lo dice muy en serio y casi que quiero dejarme convencer.

- ¿Y quién me garantiza que pueda dormir con una moribunda al lado pensando que al mínimo movimiento pueda hacerle daño?

- De eso me ocupo yo, o sea de que duermas bien, sin molestarme.

      La idea es descabellada pero la perspectiva de que sea ella la que la proponga me desata demonios en el cuerpo. La ventaja de estar en una clínica particular conlleva a que no se duerme en una camilla de hospital sino en una cama lo suficiente ancha para caber las dos.

- ¿Qué dirán las enfermeras?

- Nadie entra después del reparto de la última medicina y lo sabes bien.

- ¡Estoy segura que te incomodare! ?es tan débil el recurso que ya mismo sé que me ha convencido.

- ¡No lo harás!

      Los toques de la puerta es el aviso de la enfermera que hace la última ronda, le toma la temperatura, le trae su medicina con un vaso de jugo, da un último vistazo a las vendas en su herida, le acomoda para que pueda orinar en su cubeta adosada al fondo de la cama y le desea las buenas noches. Por regla general mientras ella está ahí yo me retiro al baño para asearme un poco y ponerme una camiseta amplia para pasar la noche.

- ¿Ya se fue?

- ¡Sí! ¡Y casi no tengo fiebre!

- ¡Pues ya era hora, mujer! ?digo sonriendo- ¿Te alcanzo tu cepillo?

     La otra rutina es que semi incorporada en su cama Isabelle se refresque el rostro y parte de su cuerpo con unas toallitas húmedas, se cambie su bata de dormir y se lave los dientes.

- ¿Necesitas alguna otra cosa? ?pregunto después que termina su ritual.

- Sí, el escapulario y que vengas aquí conmigo.

- ¡Pensé que lo habías olvidado!

- No ?luego me mira cuando estoy al borde de la cama- ¡No pensaras meterte bajo mis colchas con ese jeans puesto! ¿verdad?

- No...no tengo otra cosa.

- ¡Afuera con eso! la tela es tan gruesa que podrías rozarme y sacarme la venda!

- Es lo que te digo, mejor...

- ¡Quítatelos! y no te hagas la remolona.

     Me bajo el cierre y me siento despacio en la cama recapacitando si de verdad debería hacerlo.

- ¿No tendrás verguenza de mí? ¿eh?

- No es eso ?musito y ahogo el suspiro que ya venía en camino de salir de mi pecho.

     Con mis piernas desnudas y mi camiseta ancha me deslizo suavemente bajo las frazadas tratando de no rozarla.

- ¿Hay espacio suficiente? ¿no crees?

- Lo hay ?murmuro con la certeza que peor que peor no voy a cerrar ojo en toda la noche.

- Pero también hace frió ?dice y busca mi mano tropezando con mi estómago- ¡Ponte de costado!

     Realmente no sé qué se propone pero ahora es ella la que tira de mí pegándome a su cuerpo tomando mi brazo y amoldándolo sobre su vientre.

- ¿Ya no te duele? ­?es lo único que se me ocurre preguntar.

- Solo cuando hago algún movimiento brusco, pero estando quietita no.

- ¡Ya!

- ¿Estas cómoda?

- Sí ?pudiera haberle dicho que me encontraba en el cielo, pero no me iba a entender.

- ¡Espera! ?pasa su brazo por debajo de mi cabeza y ahora estoy apoyada en su hombro. Sorprendentemente casi estoy echada sobre ella.

- ¡Quiero que duermas bien, Alex!

- Estoy muy bien así.

- Solo tienes que tratar de no patearme en el vientre donde están las gasas. ¿ok?

- ¡No lo haré! ?el calor de su piel y el aroma de sus cabellos con el aliento tan cercano me tienen al borde del desvanecimiento. Lo único que le pido a Dios, y hasta pienso que quizás exista alguno, es que me acabe de dormir de una puñetera vez.

- ¡Alex! ?susurra- ¡Sabes que te quiero mucho! ¿verdad?

     No sé qué contestar, pero suspiro inevitablemente.

- ¿Quién confía en el cariño de una monja? ?musito para fastidiarla.

- Más te vale confiar porque esta noche cuidaré de ti ¿Correcto? ?siento sus labios en mi frente y el dulce roce sobre mi piel- Dormirás bien y no pasaras frío ?me aprisiona más a su cuerpo y siento las vendas en la parte superior de mi entrepierna.

      Lo dirá bromeando pero el calor que tengo adentro haría encender una termonuclear.

- ¡Bell! ?susurro y espero que se haga un milagro y baje un rayo y me paralice exactamente así entre sus brazos.

- ¡Pssss! a dormir ?bosteza sobre mis cabellos y me concentro en los latidos de su corazón. Los cuento hasta llegar a doscientos, las pulsaciones se hacen más calmadas y yo suspiro hondo aun sin creerme que pasaré toda una noche sintiéndola respirar y adherida a la tibia piel de su cuerpo.

                                                           **********

     Luego es el despertar, no sé cómo pero he pasado una pierna entre las suyas y las compresas protectoras de su herida están debajo de mi vientre, mi brazo abarca su cuerpo pero lo que me asombra es su mano debajo de mi camiseta, rodeando mi cintura. ¿Cómo pudimos ladearnos de esta manera para quedar de frente y tan abrazadas? ¡Por Dios!

     La respiración es un reflejo del estado mental, y eso me da la medida que empiezo a desquiciarme porque a pesar de que respiro no me llega aire a los pulmones. El único temor es que las pulsaciones de mi garganta la despierten y este mágico momento se acabe. Estoy casi sobre ella, sintiendo su cabeza incrustada en mi cuello y sus labios rozando el nacimiento de mis pechos.

      Lo peor de todo es la excitación que ya está creciendo en mi vientre ¡Santo Cielos! ¡Tengo que salir de aquí! ¿Y qué hace su mano ahora? Sus dedos largos y tibios se mueven en mi estómago y no sé si acarician, o si solo juguetean en un movimiento reflejo, pero es que tampoco se detienen ahí, sino que suben dedos finos reptando por debajo de la camiseta hasta tropezar con mis senos y colarse entre ellos y quedar ahí al acecho.

     Estoy plenamente consciente de que dejo de respirar, de que mis pezones se han puesto como rocas y de que un volcán de lava se precipita incontenible hacia mi entrepierna. Ahora paradójicamente puedo escuchar su corazón como pasa de un estado reposado a un sobresalto enorme con precipitadas palpitaciones. Lo puedo sentir porque yo estoy sin respiración hace ya mucho tiempo y compruebo que ella también está despertando, y que su corazón bombea encabritado a punto de salirse por su boca o ¿serán ideas mías? ¡Cristo que estas en los cielos, permítele que siga acariciándome! y ¡Permíteme que no me muera aunque no esté respirado!

     Evidentemente, nadie escucha mis ruegos y ya estoy morada por falta de oxígeno.

- ¡Alex! ­?gime por fin, retirando su mano y sus deditos tan complacientes- ¿Puedes... puedes quitarte de encima de mí?

- Lo siento ?logro decir aspirando aire a borbotones dándome la vuelta completamente hacia el lado contrario- ¿Te hice daño?

- No ?permanece acurrucada en la misma posición.

- Te dije que podía lastimarte ?me tiembla la voz y tengo el cuerpo encendido como una antorcha.

- ¡Estoy bien! ?susurra soñolienta- De hecho nunca he dormido tan bien ¿y tú?

- ¡Bien! ?quiero salir corriendo de la cama, evitar que advierta mi completo desorden.

- ¿Te vas a levantar?

- ¡El baño! necesito ir al baño ?escapo con las piernas al aire y sofocada me siento en la tasa del inodoro cerrando la puerta tras de mí.

    Lucho contra la sensación de excitación que burbujea en todas mis células y cuando después de todo echo mano al cerebro para pensar, es cuando me acomete grandes arqueadas de náuseas. ¡Estoy perdida! y esto ya no lo puedo encubrir. ¡Estoy enamorada de ella como una imbécil! ¡Dios! De una mujer, y por si fuera poco de ¡una monja! a la que deseo como nunca he deseado a nadie en toda mi vida.

    Me incorporo y a duras penas devuelvo el contenido del estómago en el inodoro.

     Debí cortar la relación antes de que fuera tarde, debí ignorarla, debí no ser su amiga, debí... lloro en medio de calambres que recorren mis piernas. ¡Debí no enamorarme! pero y ¿a dónde estaba Robert en todo ese tiempo? Me enjuago la boca. Por el hecho de ser mujer cabía una pequeña posibilidad de solución si ella sintiera lo mismo por mí. Pero eso agregado a ser monja... ¡Es una tragicomedia elevada a la máxima potencia!

    Y ahora ¿qué hago? No puedo fallarle como amiga. Intentar ayudarle hasta que me necesite y luego desaparecer lo más disimuladamente que pueda, de su vida.

    ¡Tengo que llamar a Robert! ¿Desde cuándo no lo veo? Me echo agua helada por el rostro, por los brazos y por el pecho. Lo ideal sería un baño, pero nunca acostumbro a hacerlo aquí. Me miro al espejo, estoy pálida y con expresión patética.

     No sé qué tiempo permanezco encerrada pero me llegan voces y agarrando mis ropas colgadas desde la noche anterior me visto, me peino y tomo aire para enfrentar cualquier cosa.

- ¡Buenos días Srta Antuñez!

      Es la Madre Superiora acompañada de la hermana Benita.

- ¡Buenos días! ?saludo tratando de sonreír.

- Es una suerte que todavía esté aquí, tenemos que hablar.

- ¿Usted dirá? ?no he mirado ni una sola vez para la cama.

- Debo agradecerle por todos los desvelos que le ha ocasionado la hermana Isabelle.

- La hermana es mi compañera de curso y es mi amiga, lo hago con gusto ?le aclaro sin saber a dónde quiere ir a parar.

- En cuanto a los costos de...

- Es un tema resuelto ?digo rápida sabiendo que la mirada de Isabelle esta puesta en mí- El Dr Márquez está al tanto.

- Precisamente él me ha informado pero me pregunto si...

- ¡Madre! está solucionado, y no es necesario pronunciar una palabra más sobre ello.

      Me mira, asiente y baja la vista como si hubiera perdido algo en el borde de su ancho hábito.

- Bien, en cuanto a la solicitud de su señor padre...

     Esto sí que es nuevo para mí, pongo atención y la observo.

- De alojar a la hermana Isabelle en su casa al cuidado de una enfermera y a usted como responsable de ella.

- ¡Correcto! ?afirmo y siento a mis espaldas el suspiro profundo que se escapa de la cama. 

- Como usted comprenderá Srta Antuñes agradecemos todas las muestras de afecto por parte de su familia pero no podemos aceptar. La hermana pertenece a nuestra congregación y es deber ineludible que nos ocupemos de ella.

- Yo también quiero hacerlo ?digo inconmovible.

- ¡Alexandra! ?Isabelle me llama desde la cama y extiende su mano.

     Cuando me acerco me la toma y musita:

- La madre tiene razón, cariño ?murmura apenas para mí y no me atrevo a mirarla a los ojos.

- Después de conversar con la hermana Isabelle ?escucho la voz de la madre dirigida a mí y me volteo­- Podríamos llegar a un acuerdo.

- Y bien ¿usted dirá Madre?

- La llevaremos al Monasterio para que se recupere allí ?hace una pausa- Pero como Isabelle insiste en que sea usted la que se... ocupe de ella en su tiempo disponible.

     ¿Ella quiere tenerme a su lado? ¡Oh Dios!

- Alguna de nosotras le hará compañía de día hasta la hora que usted se libere de sus compromisos diarios.

- ¡Bien! ?me siento muy débil luego de echar el hígado en el baño y todo lo que está aconteciendo.

- En este caso necesitara esto ?saca una llave de un profundo bolsillo de su hábito marón- ¡Así no tendrá que trepar por la ventana a cualquier hora que llegue!

     Miro a Isabelle que se ha puesto como un semáforo en rojo sobre el blancor de las sábanas. ¡Monjas chismosas!

- ¿Qué le parece?

- Acepto madre, imagino que en las mañanas seguiré en el curso, luego estaré algunas horas en el trabajo por lo que sobre las siete de la tarde podré hacerle compañía a la hermana. Habrá días que estaré libre del trabajo y estaré con ella todo el tiempo incluyendo que voy a pasar las noches en su dormitorio.

- Así lo dispondremos ?declara ceremoniosamente- Y Srta Antuñes, se dará cuenta que esto es una excepción, no dejamos entrar a nadie de afuera en nuestros dominios.

- Lo comprendo Madre ?hago una breve inclinación de cabeza- agradezco la confianza y no tema... que sabré comportarme.

- Eso espero.

     De repente me siento asustada y levanto la vista hacia la hermana Benita que sonríe. Coloco la llave en mi cartera y no sé cómo despedirme.

- ¿A qué hora tienen dispuesta llevarla? ?pregunto.

- Podemos llevarla al Monasterio apenas le hagan el último reconocimiento y firmen el acta de salida.

- Bien yo... tengo que hacer algunas cosas.

- ¡Alexandra! -cuando me acerco busca mi mirada y me hace una seña para decirme algo al oído.

- ¿Qué pasa, Alex? ?susurra tiernamente.

- Nada ?le respondo cuando veo que las monjas abren la puerta y se asoman al pasillo.

- ¡Mírame! ?a duras penas le sostengo la mirada, mientras ya me ha tomado mi mano.

- Tus ojos son como un espejo -¡mierda! ¡tanto se me nota!

- ¡Estás preocupada y tratas de ocultarme algo!

- ¡Una monja detective! ? pongo los ojos en blanco para bromear, sintiendo la suave presión de su mano en la mía.

- ¡Te voy a echar de menos! ?dice suspirando.

- Yo también, pero pórtate bien ¿sí? ?trato de escurrirme de su cercanía- ¡Nos vemos en la tarde! ?y sin más me dirijo a la puerta y me despido de la Madre y de Benita.

     Aspiro cuatro o cinco tanques de oxígeno antes de llegar al coche y apoyar la cabeza sobre el timón por largos minutos.

                                                                    **********

      Después de clases y de quedar resuelta la situación de Isabelle en el curso por parte de los profesores que se muestran condescendientes en el envío de material de estudio etc., etc.,  me voy al trabajo. Allí doy una rápida revisión a las tareas pendientes y hago varias llamadas a mis colaboradores para hacerles saber mi flexibilidad de horario y la disponibilidad de estar al teléfono en cualquier caso. Estoy un rato en los ensayos y me ocupo del cambio de cortinas de fondo de la escena junto al responsable artístico.

    También hablo con Robert y quedamos en vernos por un instante alrededor de las 5 de la tarde en mi apartamento. Llamo al Dr. Márquez y me da un reporte final en cuanto el estado de Isabelle que ya la han trasladado al Monasterio.

     Por último, cierro la puerta de la oficina y me conecto a Internet. Es algo que estoy por hacer desde hace tiempo pero que por miedo y reserva no me he atrevido. Suspirando apesadumbrada solo escribo ?Mujer que ama a otra mujer? y oprimo -enter- dominando la respiración.

    Y es un mundo con nuevas facetas, fascinante y demasiado cercano a mi pellejo como para desistir de tanta información. Blogg, paneles de debates, literatura y también algunas escenas que me dejan completamente fuera de combate. ¡Dios! ¿Y esto siempre ha estado ahí? ¿Y no soy yo sola? Me incorporo totalmente anonadada incluso mi cerebro recrea la última foto de dos mujeres desnudas enlazadas por el talle en un abrazo seductor con sus labios escondidos en la garganta de la otra. Y por un momento mi alucinado pensamiento pone rostros a la imagen: Ella y yo ¡Cristo! Es la ilustración más aterradora deslumbrante, y tierna que he visto nunca.

      Apago el ordenador advirtiendo que me siento recondenamente vacía y no sé cómo tengo fuerzas para ir al departamento y esperar a Robert. Pero lo hago y a pesar de que alego cansancio a mi palpable confusión, el zalamero de Robert hace derroche de sus encantos y por varias horas me aferro a sus palabras a sus gestos y al calor de su cuerpo. El simple hecho de que no logro una completa satisfacción queda agazapada en mi inconsciente como algo que posiblemente se repita en lo adelante y a pesar de lo frustrante de ello, no hago nada para solucionarlo.

      Al Monasterio llego más tarde de lo que supongo, no encuentro a nadie en el corredor e imagino están en la oración de las 9 de la noche. Toco suavemente la puerta y es la pelirroja la que me abre

- ¡Hola! ?digo entrando- ¿Cómo está la hermana Isabelle?

- Bien, pero no ha querido comer ?esta chica me sigue mirando atravesado de todas formas.

    Me quito abrigo y zapatos y me acerco a la cama desde donde unos ojos verdes brillosos me reciben. En sus manos estruja el escapulario.

- ¡Hola! ?una mano se adhiere a la mía, y la noto más tibia de como la sentí en la mañana.

- ¡Alex! ?sonríe y sus esmeraldas se achican de alegría.

- ¿Cómo está la enferma? ?me siento a su lado.

- Todavía sigue viva

- ¿Pero no ha cenado?

- No me apetece -cierra los ojos y hunde mi mano debajo de las sábanas.

     La pelirroja que sigue ahí observa recelosa la escena.

- Creo que me retiro a descansar ?al fin dice.

- Hace bien hermana ?le digo- ¿Dónde están las medicinas?

- Gracias hermana Lucila ?exclama Isabelle sin abrir los ojos- ¡Descansa y ve con Dios!

- A las dos de la mañana le corresponde la otra dosis ?me dice señalando encima de la mesita los frascos y tabletas.

- ¡Bien! ¡Buenas noches!

     Cuando se retira y me recuesto al espaldar de la cama advierto la pequeña cama que han colocado en una esquina de la habitación.

- ¿Pensé que dormiría en la butaca? ?observo a Isabelle

- La Madre se empeñó en traerla aunque creo que no es tu talla ?trata de sonreír.

- ¡Eso estaba mirando! ?me volteo y le aliso unos cabellos rubios que brotan desde la almohada- Está diseñada para algunas enanas que conozco.

     Ella sonríe

-¿Tienes sueño? ?indago

- Me siento cansada. ¿Crees que puedes ayudarme a ir al baño? ?pregunta a su vez.

- ¡Por supuesto! ?me incorporo y paso mis brazos por debajo de su cuerpo para llevarla.

- ¡Alex! puedo caminar, ¿cómo crees que he venido esta mañana?

- ¡Pssss! ahora yo estoy acá y pesas menos que un mosquito ?ata sus manos alrededor de mi cuello.

- ¿No me dejaras caer? ¿verdad?

- Depende de lo bien que te portes con tu enfermera ?cubre su cuerpo con una vaporosa bata hasta los tobillos e incluso por encima de la tela percibo el excesivo calor de su cuerpo.

- Pareces que estas con fiebre ?le digo apoyándola con cuidado sobre sus piernas frente a la puerta del baño.

- Imagino que sí, pero ha de ser todo el trajín del día, el esfuerzo con las escaleras.

- Cuando termines ahí tomamos la temperatura ¿ok? ¿Hay algo más en lo que te pueda ayudar?

- Quería tomar un baño pero lo dejaremos para cuando tenga más ánimo ?sonríe levemente.

      Dejo la puerta abierta y la veo dando pequeños pasos hasta el lavamanos. Me volteo y me voy hacia mi maletín para ponerme el pijama. Después leo las instrucciones de todo el medicamento que le han recetado y los distintos horarios que debe tomarlos. Como demora me voy a la pequeña cocina para hacerle un sándwich y una tasa de chocolate y evitar que duerma con el estómago vacío pero un quejido me saca de mis quehaceres.

- ¡Bell!  ?está apoyada en la pared con las manos en el estómago atenazada de dolor y recuperando aire- ¿Por qué no me avisaste?

     La tomo entre mis brazos y en vez de depositarla en la cama me siento en la butaca y la siento sobre mis piernas.

- ¿Eres terca no?

- Tengo que caminar Alex, no voy a estar como un vegetal en la cama.

     La estrecho contra mí sin importarme que pensará de eso y luego le volteo el rostro para descubrir unas lágrimas.

- ¿Duele mucho?

- Apenas me muevo es como si me rasgaran por dentro ?se pasa el dorso de su mano por las mejillas húmedas- Quizás deba tomar un calmante.

- Primero vamos a ver si tienes fiebre ?me es fácil echarme hacia adelante y alargar la mano hasta la mesilla en busca del termómetro, se lo entrego. Mientras lo coloca debajo del brazo me mira.

- ¿Qué has hecho hoy?

- Los bastardos del curso te envían saludos y con los profes no va a ver problemas.

- ¡Qué bueno!

­- Luego estuve trabajando ?quedo en silencio unos segundos- También me vi con Robert.

- ¿Y qué tal?

- Bien ?ni me tomo el esfuerzo de mirarla.

- ¿Ya no estás nerviosa? ­-susurra y no la entiendo.

- Cómo dijiste que después de tres días si no lo ves... ?trata de explicar

      Ahora soy yo la que me río ¿No es una ricura?

- ¡Ese chico me debe odiar! ?sonríe sonrosada y es franca su expresión- Has estado conmigo toda la semana y debe echarte de menos.

- ¡No pasa nada! ?digo suspirando.

- No quiero que arriesgues tener problemas con él, por mi culpa

- No lo hago

      El pitillo del termómetro avisa de que ya está listo, y ella lo lee.

- Ha subido un poco, tengo 39 grados.

- ¡Humm! es mucho, contrólala de nuevo ?estoy por pensar que estoy alargando el momento de tenerla en mi regazo. Cuando coloca el termómetro, me ciñe por la cintura para afianzar el abrazo y apoya su cabeza en mi hombro.

- ¿Alexandra?

- ¿Sí?

- Quizás no pueda viajar a Paquistán ?murmura rozando mi barbilla y siento su aliento en mis mejillas.

- ¿Pero qué dices? ?la miro pareciendo enfadada- ¿Y quién me va acompañar? ¿eh?

- Mi salud no es buena, y no sabemos que condiciones de vida nos esperan.

- Te ayudaré ?prometo sin siquiera pensarlo y de repente recuerdo las palabras del doctor y pregunto.

- ¿Tuviste un accidente? ?no responde inmediatamente

- El Dr Márquez me ha dicho que has sido operada anteriormente.

    Un breve temblor la agita y se pega más a mí.

- Sí, fue hace tiempo ?luego calla y presiento que no debo insistir en recibir más explicaciones.

- ¿De verdad quieres que estemos allá juntas? ?retoma la conversación.

- Había contado con eso ?le digo sin tenerlo ahora muy claro ?¿Y no era que tenía que poner distancia??

­- En irte a recoger todas las tardes a la pequeña iglesia, donde impartas tus enseñanzas religiosas en una maloliente y mísera aldea de por allá.

- ¿Quién te ha dicho que voy como... religiosa? ?musita riendo cansada.

- ¿Y si no es así, de qué otro modo? ?me admiro.

- He presentado mis documentos para ayudar en la construcción.

- ¡Por Dios Bett! ahora si estás delirando ?deposito la palma de mi mano en su frente. Y ella sonríe por lo bajo

- Soy arquitecta, Alex.

- ¿Quééé?

- Tengo el diploma en una esquina del escritorio y he trabajado esporádicamente con proyectos en una empresa noruega que tiene sucursal en Estocolmo.

- ¡Sí que me deja sin palabras, hermana Isabelle!

- El hecho de que sea monja no significa que no tenga una profesión. ¿no?

- Pues vaya que has aprovechado el tiempo, ¡Eres tan joven todavía!

- No tanto como crees ?empuja con su cabeza en mi hombro para buscar una mejor posición de su rostro en mi cuello.

- Ahora entiendo porque la hermana no tiene que estudiar para sacar buenas notas ¡Eres una traidora!

     El pitillo del termómetro se deja de nuevo escuchar.

- No está equivocado, es la misma temperatura ?dice después de ver el resultado.

- Bien ?ya es hora de depositarla en la cama y darle un calmante para bajarle la fiebre, ¡Pero me siento tan estupendamente bien con ella apretujada entre mis brazos!- ¿Te parece si comes algo antes de la tableta?

- No ?dice y me da la sensación de que está adormilada en mi hombro ?¡Solo quiero dormir!

- ¿Encima de mí?

- ¡Oh! -se ladea y me mira- No era mi intención.

      La recuesto entre las almohadas y traigo la taza de chocolate desde la cocina.

- Tienes que beberte esto.

     Me mira con expresión contrariada.

- ¡Y sin protestar! ?le exijo y obedece haciendo muecas.

- Debía orar un rato pero no me siento con fuerzas ?se desmadeja en la cama.

- Estas enferma y delicada Bell, el Señor lo entenderá ?digo acercando una frazada al catre que la Superiora había dispuesto para mi.

- ¡Ni lo sueñes! ?escucho a mis espaldas.

- ¿Qué?

- ¡Ven! ?estira su mano- Aquí hay mucho espacio y necesito tu mano.

      ¡Malo! muy malo. Tenía que evitar dormir con ella a cualquier precio.

- Me recostaré un rato a tu lado, pero no es conveniente que estemos en la misma cama con la fiebre que tienes. ¡Te daría más calor!

- Me siento mejor si estás aquí.

       Me acerco y apago la luz principal dejando solo la de la mesita de noche.

- ¿Quieres que te lea algo hasta que te duermas?

- ¡Sí! ahí, en la gaveta ?indica echándose a un lado para dejarme sitio.

- ¿Es un libro de versos? ?me siento recostándome en el respaldar de la cama.

- Sí

- ¿Y leen versos, las monjas?

     Sonríe y siento como me tironea la mano derecha para llevarla a su estómago y retenerla allí. Una ola de ternura me sacude.

- Estoy descubriendo que hay cientos de cosas que no conozco de usted, hermana.

- Supongo ?susurra.

- ¿Y eso es bueno o malo? ­?me encuentro preguntando.

- Empieza a leer, cotilla ?se ladea suavemente y se pega a mi costado.

- ¿Ahora me dirás con qué mano paso las páginas?

- Tienes dos ¿no?

- ¡Y también fresca! con la mano que tengo libre tengo que sostener el libro.

- Siempre pensé que eras buena encontrando soluciones ?bosteza y deseo tener cuatro manos adicionales, una para acariciarle el cabello que me hace cosquillas en las costillas, otra para palpar los pechos que siento rozando mi pijama, otra para tocar ... ¡Por Dios! ¡No puedo seguir así! Esto es una tortura.

     Me las arreglo para empezar a leer y minutos después su respiración aunque agitada me señala que ha quedado dormida. Sigo leyendo para mi propia satisfacción y chequeo de vez en cuando su frente para verificar si la alta temperatura ha cedido pero no parece ser así.

    No se a que hora soy víctima de un genuino sopor y voy perdiendo la conciencia de todavía estar sentada con un libro entre las rodillas y una mano que aunque es mía alguien dispone a su libre antojo. Pero sí que reacciono con los quejidos y murmullos que escucho salir de mi costado.

- ¿Bell? ­?me giro y su rostro está muy cerca de mi, sus ojos cerrados y sus labios secos murmurando:

- ¡Dios todopoderoso!  Tu palabra señor... ?su voz es apenas audible y los temblores de todo el cuerpo repercutan en las cobijas que se estremecen. Pongo mi mano sobre su frente y arde de calor.

-¡Mierda! ?me incorporo y busco el termómetro- ¡Isabelle, despierta, tenemos que tomar la temperatura!

     No me contesta, y apenas se mueve. La destapo y tomándola por los hombros la medio incorporo, sosteniéndola contra mí para introducir mi mano por entre su bata y llegar hasta su axila.

- ¡Divina Providencia guíame por el buen camino...!

- Isabelle, cariño ?respiro su aliento caldeado- ¡Despierta!

     Pero sigue en una especie de limbo donde el delirio y los temblores de su cuerpo la consumen. La abrazo contra mí para trasmitirle protección y le beso las mejillas una y otra vez como para convencerme que le hará bien, aunque ella ni siquiera me advierte.

- ¡Padre que estas en los cielos! ?sigue rezando fervorosamente- ¡No permitas que desvíe el camino!

     El termómetro marca 41 grados y entonces me aterro literalmente ¿Puede uno tener tanta fiebre? ¿Qué hago? La dejo suavemente sobre la cama sin cubrir su cuerpo,  ¿La medicina? Cuando miro el reloj casi me doy de patadas yo misma, había pasado dos horas y por haberme quedado dormida no había tomado su medicamento. ¿El Dr. Márquez?

    Traigo el celular y marco desesperada mientras acaricio su rostro y acomodo sus cabellos sobre la almohada. Ahora solo tiembla y no la escucho murmurar. Después de largos minutos me contestan y es el Dr que por suerte ha salido de una operación urgente en el hospital y llega a casa a esas horas. Después de una breve descripción de la situación, me insta a doblar la dosis del antibiótico y bajarle la fiebre con los métodos clásicos. No considera oportuno llevarla al hospital hasta esperar al otro día. Recomienda baños de agua fría o frotación de hielo con un paño por todo su cuerpo hasta que el medicamento empiece a actuar.  Agradezco sus consejos y prometo volver a llamar si no veo alguna mejoría con el trascurso de las horas.

      Isabelle se mueve como inquieta sobre las sábanas, mientras yo me acerco y le hago tragar las tabletas con ayuda de un vaso de agua, por un momento entreabre los ojos

- ¡Alex! no...no me hagas daño ?luego se hunde en su mundo de murmuración y de palabras inconexas.

      Quedo extrañada de lo que escucho, ¡Pero es que ni siquiera sabe lo que dice!

- Lo siento Bell, pero tengo que buscar ayuda ¿me esperas, preciosa?

     Sin esperar respuesta salgo al corredor para ir a las habitaciones de la hermana Benita, golpeo la puerta y no escucho respuesta.

-¡Mierda! ?me doy media vuelta maldiciendo la sordera de la mujer y con los pies descalzos echo a correr de vuelta. Está en la misma posición que la deje.

- ¡Bien Isabelle! un baño es lo que toca ahora.

    La tomo en mis brazos y la llevo hasta la ducha. Con cuidado la sostengo con una mano y voy desatando los botones de su bata para desnudarla. ¡Es una sensación muy rara, pero a pesar de lo preocupada que estoy por ella no dejo de observar lo seductor de su ropa interior:

Sostén y bragas negras con un ribete de encaje del mismo color ¿Y no es que las monjas usan una especie de camisón con largos calzones grises? !Error! Su cuerpo lizo y de formas exquisitamente bien delineadas es toda una revelación de la genuina belleza que esta chica hace derroche por dentro y por fuera. A duras penas abro el chorro de agua helada y sosteniéndola con mis brazos me sumerjo con ella. El chillido que lanza me congela la sangre en las venas y me retiro con ella temblando aferrada a mi cuello.

- ¡Ya pasó, cariño! ?llora sobre mi rostro con recias convulsiones- ¡Tenemos que bajar la fiebre!

- ¡No! ¡por favor! no me tortures más.

     La llevo de vuelta a la cama, adherida a mis carnes que ahora reaccionan al empuje de sus pechos húmedos contra los míos y su estómago plano en mi pelvis. Mi pijama mojado de tela fina no me ofrece ninguna protección. ¡Qué estoy haciendo por Dios! Con la toalla seco su espalda y piernas sin separarla de mi pecho, luego se hace un ovillo cuando la deposito en la cama.

- ¡Isabelle! ¿cómo te sientes?

      El castañeo de sus dientes es la respuesta que recibo. Trata de cubrirse con las sabanas y no la dejo.

- No, ya te traigo tu bata ?de vuelta le coloco la prenda apenas sin cerrar los botones haciendo malabares entre la ternura que me provoca su desamparo y el pudor de no mirarla más de lo necesario.

­      Por unos minutos queda tranquila mientras acaricio unos mechones de pelo esparcido por su arrebolado rostro.

- ¡Bell, dime que estas bien ?su piel permanece fresca durante una media hora, en la cual observo que respira fatigosamente.

     Luego todo empieza otra vez y ya no encuentro valor para meterla bajo la ducha. La fiebre se ensaña de nuevo, y aunque ahora es más benevolente, ahí está acechando para volver a subir en cualquier momento. Voy a la cocina y encuentro una vasija que lleno con agua fría y me hago de unos paños y gazas que encuentro en el baño.

- ¡Lo siento tanto Isabelle! ?murmuro cuando me siento a su lado y empiezo a humedecer su frente y su rostro.

- No ?murmura débilmente asustada.

- Tengo que hacerlo ?apenas presto atención que ya comienza a delirar con sus palabras místicas y sus plegarias inexplicables.

- ¡Que la palabra de Dios habite en toda su riqueza en... nuestros corazones!

     Desato su bata y dejo su cuerpo desnudo al descubierto ¡Es hermosa! tragando en seco humedezco el paño y lo paso por el cuello y sus hombros lo enjuago y sigo por sus pechos ¡Dios mío! Su piel se ruboriza al instante y cuando repaso de nuevo, quedo anonadada al percibir como sus pezones rosados y bien formados se erigen y endurecen súbitamente.

     No lo puedo evitar pero mi respiración se aligera y vuelvo el rostro para remojar el paño y seguir con la fricción. ¡Es una imagen tan seductora la vista de sus pechos que aun sin saber que hago vuelvo a pasar el paño por el mismo sitio hasta que advierto como la piel de Isabelle se estremece y siento galopar su corazón a ritmo acelerado.

     La miro y sus ojos permanecen cerrados mientras la expresión de su rostro va tomando un aspecto de sobresalto y de sofoco. Dejo correr el paño por el estómago plano y me recreo en la tersura de su piel. No tiene ni gota de grasa ¿Ayudara los ayunos a conservar el cuerpo tan en forma?

      Vuelvo a humedecer el paño y sigo hasta el final de su vientre, allí donde todavía tiene la herida con varios puntos de la operación. Con suavidad, dejo el paño a un lado y la acaricio con la yema de los dedos. No va a quedar ni rastro cuando la piel absorba el hilo y la herida desaparezca.

     Es cuando escucho como suspira y la observo: Sigue como dormida, completamente hundida en su delirio y ahora con la respiración visiblemente alterada. Retomo el paño y desemboco en su pelvis. ¡Dios! el reflejo de la lámpara da de plano en los risos cortos de su triangulo pélvico. Estoy como embobada y no puedo sacar mis ojos de ahí. Claro que he visto a otras chicas desnudas, y he visto películas sin fijarme demasiado, pero esto...es tan divinamente distinto.

    Bajo la fina capa de vellos dorados se deslumbran dos gruesos labios firmes cubriendo en parte una delicada protuberancia que sé es su clítoris. Se me revuelve las entrañas lo inocente y apetecible que se me antoja la visión de su sexo. Respiro profundamente  remojando el paño y pasándolo despacio, acariciando ya casi olvidándome de cuál es el objetivo de mi cometido.

     Cuando escucho un gemido ahogado de la garganta de Isabelle me asusto y la contemplo asombrada de su reacción. Sus labios entreabiertos y la dilatación de sus fosas nasales buscando aire es la inequívoca señal de su alteración. Su rostro es un bello poema y su expresión es la mismísima imagen de su enardecimiento. ¡Cristo! Isabelle está excitada.

    Sin apenas creérmelo reprimo la respiración y simplemente dejo el paño a un lado para extasiarme en la expresión soñadora de su semblante. Mis dedos ahora rozan suavemente la suave pelambre. Otro quejido brota de su garganta y es el claro preludio de mi perdición. Hundo despacio mis dedos en la maraña de pelos dorados y tanteo en su humedad, maravillada de la suavidad y de cómo sin hacer presión, sus entrepiernas se abren dándome paso a mis vacilantes caricias.

      El tacto de su piel bajo mis dedos es tan excitante y autentico que no reflexiono que es la primera ocasión que toco de esta forma a una mujer y lejos de parecerme asqueroso o impuro lo considero el más sagrado acto de ternura a alguien a quien amo.

     El pecho de Isabelle sube y baja a medida que mis dedos se acomodan sobre su clítoris e inician paulatinos círculos alrededor de la carne palpitante.

     De repente ha dejado de respirar y su vientre se estremece. No se por qué lo hago pero presiento que su sensible cuerpo colapsara de un momento a otro, y estimulo con mi otra mano sus pechos acariciando con la yemas de los dedos los desnudos pezones que por momento se crecen y se tornan duros y oscuros, con la fricción. ¡Estoy tan absorta en la expresión de su rostro y en descubrir sus más recónditas emociones! que apenas advierto la creciente excitación que pulsa dentro de mí.

      Y ya luego todo ocurre como las imágenes de una vieja película a cámara lenta, cuando su cuerpo se tensa, sus caderas empujan hacia arriba, una y otra vez, casi ahogándose y apenas sin gemir, calladamente se derrama en mi mano con violentos espasmos de placer ¡Es la cosa más maravillosa que he experimentado nunca! Su rostro arrebolado y sus líquidos retenidos quien sabe cuánto, se desbordan cual manantial sin fin sobre mis dedos ¡Mi pequeña! ¿Cómo hemos llegado a esto?, ¡Por Dios!  

      Mis temblores y mi excitación son tan marcadas que apenas espero que su cuerpo se calme de sus espasmos para correr a la ventana y sacar la cabeza hacia la noche. ¿Que he hecho? ¡Se supone que tengo que cuidarla, protegerla!. ¡Por Dios! ¡Soy una depravada! ella tan enferma y yo tan miserable que le provoco un orgasmo cuando sé que es algo impensable en sus principios, en su fe y en todo lo que se refiere a su religión.

     Me azoto las lágrimas que mojan mi rostro y regreso a la cama. Tiritando y espantada de mi vileza, limpio con el paño las consecuencias de su excitación y abotonando su bata la cubro con las sábanas para luego salir como alma perseguida por el diablo hacia la habitación de la hermana Benita.

    Esta vez aporreo la puerta sin interrupción hasta que es abierta por una sorprendida hermana que pone los ojos como platos cuando me ve.

- ¡Dios Santo! ¿Qué pasa?

- ¡Isabelle se muere! ?sé que estoy llorando y los temblores ocasionado por el frió del pasillo no son nada comparado con la gélida conmoción que inunda mi alma. 

- ¡Señor misericordioso! ?chilla detrás de mí y corre tras mis pasos sujetando la bata ancha a sus costados.

      Se acerca a la cama de Isabelle y palpa la frente con la palma de la mano, la observa y se sienta a su lado tomándole las manos.

- ¡Está muy mal! ¿verdad? ?sollozo a sus espaldas.

- Señorita Alexandra... ?se voltea tranquilamente hacia mí después de unos minutos- La hermana duerme plácidamente y parece estar bien.

- ¿Y la fiebre? 

- Su rostro está sonrosado pero su temperatura es bastante normal

- ¿Está bromeando? ?me acerco sin creerle y alargo mi mano a su rostro- ¡Bendito sea Dios! ya le ha hecho efecto el antibiótico.

    Las piernas simplemente no me obedecen, con esfuerzo llego hasta la butaca y me dejo caer ocultando el rostro entre mis manos.

- Se ve muy cansada señorita, duerma usted que yo me ocupo de la hermana.

       Benita mueve la otra butaca y se sienta a su lado para con fervor cerrar los ojos e iniciar un susurro apagado de lo que parece estar orando por ella.

                                                                *********

     El amanecer nos sorprende a mi sentada en la misma posición sobre la butaca y a la hermana Benita dormida con la cabeza descolgada hacia el cuadro del Señor. Es Isabelle quien se remueve y abre los ojos mirando alrededor hasta que tropieza con mi mirada.

- ¿Que haces ahí?

- ¡Hola! ?apenas digo sin saber si acercarme.

- ¡Ven! ?me pide sonriendo- ¡No me puedo creer que hayas dormido en la butaca!

      Cuando me acerco la hermana Benita bosteza y fija su mirada en ella.

- ¡Buenos Días, hermana! ¿Cómo te sientes?

- Bien Benita ¿Qué estás haciendo aquí?

- Pues...

- Anoche te pusiste muy mala ?interrumpo comprobando que su temperatura esta normal- Y fui a buscarla.

- Realmente cuando llegué dormías a pata suelta y estabas de maravilla ?termina la hermana haciendo flexiones con el cuello.

luego se incorpora y palpa la frente de Isabelle para sonreír después.

- Ya estoy vieja para dormir sentada ?suspira cansada- ¡Para la próxima traigo mi catre!

- ¡Gracias por velar por mí, hermana! ?dice Isabelle y trata de recostarse al respaldar de la cama.

- El Dr. Márquez viene a visitarte hoy ... se lo he pedido.

- ¿Tuve mucha fiebre anoche?

      Asiento, pero no doy explicaciones.

- Te hemos tenido que duplicar el antibiótico, a las 11 de la mañana tienes que tomarlo.

­- Bien ­?se alisa el cabello.

- ¿Aun te duele la herida? ?pregunta Benita parada a los pies de la cama.

- La herida ya está sana ?digo y me arrepiento al instante cuando Isabelle me mira extrañada, ¡Pero si seré estúpida!

- Creo que me voy si no me necesitan.

- ¡Vaya con Dios hermana! -dice Isabelle y se persigna.

- Avíseme cuando se vaya Srta Alexandra, para venir a acompañar a Isabelle. Enviaré por su desayuno.

- Gracias hermana, yo me iré después de la visita del Doctor ?digo y no se qué hacer cuando Benita cierra la puerta detrás de ella.

- ¡Alex! ? trata de captar mi mirada pero yo la evito- ¿Te he dado una mala nochecita? ¿no?

- La fiebre subió.

-¿Te asustaste? ?sonríe comprensible.

- Estaba aterrada

- ¿Cuánto tenía?

- Más de 41 grados.

- ¡Por Dios! ?se palpa las mejillas y la frente- ¿Y qué hiciste?

- Te di una ducha.

- Ahora entiendo ?mira fijo las sábanas que le cubren las piernas y creo se ruboriza- ¿Es por eso que no tengo... nada debajo?

     Por supuesto que se refería a su ropa interior.

- Te las quite, lo siento.

- ¡Alex! ?me mira seria- ¿Podías dejar de dar vueltas por toda la habitación y sentarte aquí?

      Levanto una ceja y aunque me acomodo en una esquina de la cama creo ella esperaba que lo hiciera junto a ella.

- Sé que estuve muy mal porque no acostumbro a ser testigo de apariciones ?musita para sí misma..

-¿Apariciones?

- El señor vino en mi ayuda anoche.

- ¡Vaya! ?hago un mohín de incredulidad- ¡Estabas delirando!

     Hace un gesto negativo con la cabeza.

­- El Señor me tomó de la mano mientras yo insistía en seguir postrada a sus pies. Luego no sé cómo me encontré entre las nubes y me hizo ver la visión más hermosa que nunca he visto.

- ¿Qué fue? ?le presto toda la atención sabiendo que es importante para ella.

- ¡Un ángel! ?suspira profundo y sonríe.

-¡Oh! Isabelle ?ya estoy por hacerle alguna broma pesada.

- Sentí la dulzura de su mirada en mi interior cuando me miró, y el calor de su cuerpo cuando me abrazó.

      ¿Ángeles que abrazan?¡Interesante! ¿no?

- No puedo explicarte lo que sentí cuando... Simplemente se apoderó de mis sentidos, nunca he experimentado tanta paz, ternura y ... amor.

-¿Amor por un ángel?

- Fue... no sé, no habló, sólo sentí la fuerza interior de su alma que se adueñó de mi esencia y me abandoné a su hechizo divino totalmente rendida. Respiré su resplandor y su magia sobrenatural y caí aletargada en la gloria celestial de su belleza espiritual.

­- ¡Humm! ¿Así que no perdías el tiempo mientras delirabas de fiebre. 

     Sube la vista con sus ojos verdes inocentes y puros arrasados de lágrimas.

- Ya se que no debo molestarte con esto, igual no me vas a creer ?hace un mohín de desconsuelo- Pero me sentí liberada.

 ­- ¿Liberada?

- Olvídalo -extiende su pierna hasta rozar mi muslo- ¿Me ayudas un poco?

- ¡Claro! ¿qué quieres?

- Ir hasta el baño, pienso ducharme antes que llegue el Doctor.

- Bien

     Me incorporo y le tiendo las manos, no me atrevo a tomarla entre mis brazos sabiendo que está desnuda bajo su vaporosa bata. Se apoya en mí y la dejo frente a la puerta.

- No cierres del todo por si necesitas algo.

- Sí mamá ?sonríe y me da un leve pellizco en el cachete. 

    La dejo y ordeno las frazadas y las almohadas en la cama. Siento el agua correr en el baño e imagino que estará lavando sus cabellos con su champú de olor que tanto me desarregla. Abro la puerta cuando escucho unos leves toques y es una de las monjas con la bandeja del desayuno.

- ¡Gracias, hermana! 

     Como el agua todavía sigue corriendo en la ducha, me asomo en la ventana para respirar aire puro, Es un día gris, húmedo y de mucho frío. Los copos de nieve cuelgan de los árboles, como guirnaldas en una feria, Los bancos y los canteros están cubiertos de nieve y da una sensación de pulcritud y de un terreno virgen en medio un bosque encantado.

     ¡Dios! Estoy tan cansada y anímicamente tan abatida. No puedo seguir así y sé que nadie puede ayudarme, soy yo la culpable. ¿Qué voy a hacer de mi vida?  No puedo permitir arrastrarla a ella en mis culpas, y en mis patéticos desvaríos. ¡No quiero hacerle daño a la persona por la que siento esto tan inmenso en mi pecho que me oprime y me agobia de dolor!

    Escucho sus pasos detrás de mí justo cuando dejo escapar mi desdicha en forma de lágrimas.

    ¿Cómo no la he sentido salir del baño? Evito a toda costa voltearme y quedo rígida cuando advierto sus brazos rodeando mi cintura y su barbilla sobre el hueco de mi hombro.

- ¡Me gusta la nieve! ?suspira- ¿A qué es hermoso?

- Lo es ?hago un esfuerzo para que la voz suene apacible- ¡Pero hace frio!

- No cuando estas cubierta ?me abraza desde atrás y ahora sí es nítida la presión de sus pechos en mi espalda y su vientre en mi trasero, su aliento me entibia el cuello y sus manos se anudan en mi vientre

- ¡Humm! ?solo susurro cerrando los ojos desmayadamente absorbiendo desesperadamente su calor.

- ¡Alex! te he dicho lo mucho que aprecio lo que estás haciendo ?sus palabras son tan dulces que me desarman a la vez que me reconfortan.

- No

    No es bueno para nada esta escena para lo que tengo propuesto hacer en los días próximos: ¡Salirme de su vida!

- Estaré eternamente agradecida ¿lo sabes?

     Si solo me girara y la abrazara para perderme en su piel en su aliento, en su alma. ¿Qué sucedería? ¡Cristo, dame fuerzas!

- Siempre desee tener una hermana ¡Creo Alex, que eres esa hermana que nunca he tenido!  

     Eso es. ¡Su hermana! Aprieto los dientes y ya no hay forma de detener las lágrimas rodando quijada abajo. ¡Esto duele demasiado!

- ¿Han traído el desayuno? ?aspira fuerte cerca de mi oído.

­- Siip ?balbuceo.

     Me propina un suave achuchón antes de voltearse y despacio ir hasta la mesita donde está la bandeja. Me vuelvo rápida y voy hacia el baño. ¡Está decidido! Esta será la última vez que me dejo llevar por su conmovedora inocencia y este amor que es tan prohibido.

                                                      *********

 

      Permanezco dos días enteros en casa, acostada con las cortinas cerradas, sin ir al trabajo, ni al curso, sin llamar o responder llamadas. La primera noche escucho música y bebo hasta caer sin conciencia en el sofá de la sala, la segunda me mantengo atontada, sintiéndome morir por el efecto del alcohol y llorando por los turbulentos pesares de mi alma. ¿Qué estará haciendo Isabelle? ¿Estará mejor, ya no tendrá fiebre? ¿Debería irme lejos a cualquier sitio del país para olvidarme de ella?

    Amanece triste y oscuro y ya no puedo contenerme: llamo a la hermana Benita, ahora que tengo su número, aunque tengo el de Isabelle llamarla a ella está fuera de mis planes.

- Hola Hermana, habla Alexandra.

- ¿Srta Alexandra? ¿Está bien? ?parece extrañada

- Sí Benita sí...es que quería saber ¿Cómo esta Isabelle?

- Bien, gracias a Dios... mejorando mucho y..

- ¿Sí?

- Bueno que cómo no ha venido...

- Estoy colmada de trabajo y también he tenido ?¿que se puede decir?­- Un problemilla familiar, lo siento pero... no he podido ir.

- Nosotros nos ocupamos, no te preocupes.

- Sé que debí haber avisado pero...

- No pasa nada... Isabel nos necesita cada vez menos, ya está caminando por todos los pasillos ¿La llamaste?

- No. digo sí, pero es que nadie contesta ?mentiras y más mentiras.

- Raro, últimamente no se separa del teléfono ni para ir al baño.

- Pues estaría dormida cuando la llamé.

- Bueno, la saludare de tu parte.

- Mejor lo hago yo, Benita y gracias por todo.

- ¡Vaya con Dios Srta Alexandra!

     No pienso llamarla, me derrumbaría si escuchara su voz, al menos se que está bien. Y tengo que rehacer mi vida. Llamo a Robert y quedo para la tarde ir a cenar e ir de copas por ahí. ¡Magnifico comienzo! ¿no?

 

    Estoy sentada en un bar de Slussen, esperando la llegada de Robert, y ni reacciono cuando veo a sus amigos los músicos y a la despampanante rubia que les acompaña.

- ¡Hola Amor! ?se acerca y me besa en los labios luego me susurra al oído- No pude deshacerme de los chicos ¿Nos vamos a otro sitio?

- Tranquilo ?sonrío hacia ellos- ¡Divertirme en grupo me encanta!- hasta yo misma me asombro de mis palabras.

- Bien ?hace una seña y se acercan a la mesa- A ellos los conoces pero a Susanna creo que no.

- ¡Es un gusto! ?dice la rubia adelantándose y extendiendo su mano.

- Lo mismo digo ?sus ojos azules enormes, expresivos y cálidos. Su cabello largo y rubio. ¡Más que guapa, guapísima!

- ¡Siéntense y pidan! ?Robert mostrando el buen humor y la disponibilidad de atender a sus amigos y a mi- ¿Cariño, y tú?

- Whisky con soda, y bastante hielo ?digo mientras la rubia se acomoda a mi lado, Su abrigo roza mi brazo y al quitárselo me llega el agradable olor de su perfume.

- ¿Así que tu eres la famosa Alexandra? ?me sorprende su comentario y enarco las cejas.

- La misma, pero lo de famosa...

- ¡Oh sí! ?su sonrisa muestra unos dientes parejos e insuperables blancos, la pintura de sus labios resalta de manera evidente- La  mayoría tenemos que pasar por tu buen criterio si queremos salir del anonimato.

- ¡Ah eso! ?es increíble pero me siento halagada. Sus palabras me dan poder.

- No siempre tengo tan buen criterio.

- Eso lo dudo ?y se me queda mirando a tal punto que tengo que desviar la vista hacia el grupo musical que se apresta a deleitarnos la noche ¿O está coqueteando conmigo o yo estoy traumada con las mujeres? Cálculo de Probabilidades: Estoy traumatizada.

    Pero pasan las horas, los tragos, las risotadas, los bailes y las probabilidades se me hacen difusas cada vez que roza al descuido mi brazo o se inclina al oído para decirme algo que no escucho por el volumen de la música. Robert está a mi lado, me besa de vez en cuando y se divierte con comentarios de sus amigos. Yo bebo y me siento genial.

- ¿Estas segura que no podrías tomarte cinco minutos para escuchar mi música? ?es evidente el contacto de su muslo contra el mío por debajo de la mesa.

- Tengo un elenco formado hasta la próxima temporada ?murmuro dándole vueltas a mi vaso de whisky.

- No te gusta arriesgar ¿no? ?me arrastra a que la mire y eso hago, perderme en sus ojos claros, azules como la mar.

- La verdad es que si no lo hiciera no conservaría mi puesto.

- ¿Y por qué no te atreves a arriesgar conmigo? -sonríe coquetamente.

     Hago un mohín con la boca y uno de los músicos se levanta y le hace señas de llevarla cerca de la plataforma para bailar. Tiene puesto un vestido negro ajustado muy corto y su contonear al alejarse con su cabello rubio cayendo por los hombros al descuido, es alucinante.

Se acaba la canción y empieza otra, pero ellos siguen en la pista moviéndose muy pegados.

- ¿Estás pasándola bien, amor? ? dice Robert a mi lado.

- Sí

- Hacia tiempo que no salíamos a divertirnos ?me besa cariñoso en la comisura de los labios- ¿Quieres bailar?

- No. no quiero quitarle espacio a esos dos.

- ¿A quién? A Susanna y  Anthony.

- ¡Exacto! se notan muy entusiasmados ?afirmo echando mano de mi nuevo trago.

- ¡Por favor! ?ríe escandalosamente y no le veo la maldita gracia.

- ¿He dicho algo malo?

- No. solo que siendo Susanne lesbiana no veo por donde...

     Vierto el contenido del vaso de un solo movimiento, incluso noto que este trago me pega fuerte. Siento su efecto hasta en los calcañares.

- ¿Por qué no me lo dijiste?

- Lo intente esa noche cuando te pusiste celosa de haber estado gravando con ella, pero no me escuchaste.

- ¡Ya! ?miro hacia la plataforma y observo su forma de moverse seductora y sensual.

- Vamos a bailar Robert, antes que me quede dormida aquí sentada ?no tengo ni idea de por qué lo hago.

- Así me gusta, campeona

    Me enlazo a su cuello y me impregno a su cuerpo cuando llegamos a la plataforma. Robert tiene un pecho amplio y fuerte y me acoge con cariño. La pareja de Susanna y Anthony nos sonríe y no dejo de sentir los ojos azules ardiéndome en el escote profundo, que tiene mi vestido en la espalda.

    Estoy en el primer nivel de borrachera, me siento eufórica e invencible, me suelto de los brazos de Robert y bailo sola, olvidándome de todos y de todo. La canción que ahora toca el grupo es movida eso da margen para recrear el ritmo de mi cuerpo a los compases dinámicos de la música. Fantasmagoría de los cuerpos de Anthony, Robert y Susanna, rodeándome, acercándose, tocándome. Y estoy estupenda moviéndome entre ellos. ¿Cómo era posible que me haya sentido tan mal el día anterior?

¿Que era eso de una monja rubia? ¿No es mi vida maravillosa, con mi trabajo, mis amigos, Robert y mi familia?

    Vislumbro la desgarbada figura de Anthony que se me acerca poniendo sus manos en mi cintura, sonrío y extiendo los brazos alrededor de su cuello. A mis espaldas alguien se pega y sigue el movimiento de mis caderas, supongo que es Robert y presiono mis nalgas hacia atrás para hacer más contacto pero no imagino que unas manos femeninas enlacen mi talle y acaricien mi estómago mientras siento el empuje de sus pechos en la desnudez de mi mega escote y el roce cadencioso de su pelvis en mi piel. ¡Susanna!

    ¡Es una sensación electrizante y placentera! Me pego más a ella y siento sus labios en un costado de mi nuca y el aroma de sus cabellos revoloteando mi olfato. Me olvido de Anthony y acaricio las delicadas manos que se mueven sobre mi vientre ¿Cómo será ser tocada por una mujer? La fricción de su cuerpo contra el mío me está acalorando y me dejo llevar a pesar que la excitación ya me avisa de su presencia.

- ¡Mi turno! ?tropiezo con los negros ojos de Robert y su sonrisa abierta mientras caigo en la protección de sus brazos. Hundo mi rostro en su cuello y lo beso, inmediatamente siento su erección empujando contra mi vientre. ¿A dónde se fue Susanna?

    Seguimos pegados hasta que termina la música y regresamos a la mesa.

- ¿Otra vuelta chicos? ?pregunta Anthony refiriéndose a los vasos vacíos.

- Voy a saludar a Paco ?me dice Robert, -Es el cantante del grupo.

    Susanna no pierde tiempo y pega su muslo al mío apenas nos sentamos.

- Bailas muy bien, Alexandra ?susurra encimándose y echándome su aliento en mi rostro.

- Tu no te quedas atrás ?respondo y es increíble sentir el calor de su mano sobre mi rodilla.

- ¿Quieres bailar conmigo? ?pide con malicia en sus ojos.

- Desearía un trago primero ?digo viendo que Anthony se acerca con nuestras bebidas.

- Ya verás como Paco convence a Robert para que le haga compañía un rato ?dice riendo y veo a mi chico, probando una guitarra eléctrica en un costado de la plataforma.

- ¿Fueron del mismo grupo en los comienzos ¿no? ?indago.

- Sí, son buenos amigos

    Siento la mano por debajo de la mesa deslizándose por la parte superior de mi muslo y se me acelera la respiración. ¡Es...es fabuloso!.

- ¿Quieren seguir bailando chicas? ?pregunta Anthony.

- Yo me voy afuera un rato a coger aire ?me veo diciendo no se si de sofocada o del repentino mareo que me acomete.

- Te acompaño

    Susanna va detrás de mí y apenas salgo y me recuesto contra la semioscura pared de la entrada se me planta delante sin dejarme casi aire para respirar.

- ¡Eres tan hermosa, Alexandra!

- Estoy borracha ¿lo sabías? ?expiro tratando de coordinar.

- Una bella borracha.

- ¡Humm! ?la miro y sus ojos se hunden en los míos.

- Es una pena que no nos hayamos conocido antes.

- ¿Tú crees? ?sus manos me acarician las mejillas y no se qué hacer.

- Robert es un chico con mucha suerte ?se adelanta y me roza los labios y aguanto la respiración pensando que los acontecimientos se van desencadenando demasiado rápidos para poder pensar.

    Cuando me doy cuenta su cuerpo cubre el mío y me está besando. Sus labios son suaves y su aliento agradable, su perfume cautivador, y le correspondo. Esta chica sabe besar, se apodera de mi boca y muerde mis labios con una sensualidad que se me afloja hasta los botones del vestido. En estos instantes me pregunto si Isabelle sabría besar, ¡Que estupidez! ¿no?

     Sus manos me acarician los costados y su boca es un pozo de sorpresas, sorbe mi lengua y la frota contra la suya batallando por dominarme. Luego baja hacia mi mandíbula y me besa el cuello. ¡Dios! esta mujer sabe lo que hace. La excitación empieza a formarse y a crecer, quiero más de ella. La aprieto contra mí y bajo mis manos hacia su trasero acariciándola.

- Podemos ser muy buenas amigas, Alexandra ?gime en mi oído y me mordisquea el lóbulo de la oreja .

- Sí ?atino a musitar cuando sus manos ya están acariciando mis pechos y mete una de sus piernas entre las mías. Estoy mojadísima ¡Por Dios!

- ¡Hueles tan bien! ?sus besos siguen dirección abajo, la mandíbula, el cuello, la entrada de mis pechos. Su pelo rubio y sedoso me recuerda algo. Es tan delicioso sentirla escarbando con su boca entre el sostén que me asombro de la rapidez que ha llegado hasta uno de mis pezones y posa sus labios para chupar y dejarme temblando de deseos. ¡Unos ojos verdes!

- ¡Vamos a casa! ?sé que murmuro con voz ronca cuando se apodera del otro pezón y su muslo firme presiona en mi encharcado sexo.

- ¿Puedes manejar?

- ¡Ya se verá! ?me sigue a pasos adelantados y ni siquiera recogemos los abrigos, por suerte el coche está en la acera del frente y no nos morimos de frío. 

- ¡No te vas a arrepentir! ?ronronea sentada a mi lado cuando arranco el auto.

- Eso espero ?vienen a mi mente flash de otro momento, de otra vida o de otro mundo, de reflejarme en unos ojos verdes y una amplia sonrisa.

     Susanna se recuesta a mí por sobre la palanca de cambios y sus manos me acarician los muslos y el estómago.

- ¡Me gustas tanto! ?sus palabras me enervan mientras miro hacia la avenida, mojada, gris y desierta.

- ¡Ya hemos llegado! ?sé que digo después de manejar diez minutos, deteniendo el coche. Me siento muy cansada por el esfuerzo de concentrarme en el tráfico.

- ¿Vives acá? ?mira a través de la ventana y yo sigo su mirada: ?Una gran verja negra metálica?

- ¡Sí, he llegado a casa! ?y me echo a reír en medio de mi ofuscada confusión y embriaguez.

     Susanna no entiende nada, se acerca casi sentándose en mis piernas y me besa profundo.

- ¡Da igual, querida! ?mete la mano por debajo de mi vestido y acaricia delicadamente.

- ¡Susanna!  yo...

- ¡Psss! ?sus caricias en mi cuello me recuerdan un rostro .

- Nunca he hecho esto ?susurro y me dan ganas de llorar.

- Siempre hay una primera vez ?me muerde los labios.

- Estoy muy borracha para subir por una ventana ?le digo con lágrimas en los ojos, señalando hacia el edificio marrón que se delinea en la oscuridad del parque- ¡Además le he prometido no beber así.

- ¡De qué hablas, querida! ?me abraza al notar mis temblores.

- Lo siento pero no puedo ?lloro en su hombro- ¡De verdad que lo siento!

- ¡Cálmate, ¿quieres? ?me dice abrazándome y me recuesto al respaldar del asiento sin sentir el peso de su cuerpo. Luego todo es oscuro y hace frío y me están golpeando la cabeza con dos martillos.

                                                         **********

     El despertar es terrible, Susunna permanece a mi lado con la cabeza recostada a mi hombro y acurrucada contra el asiento, ya va a amanecer, lo primero que mis ojos ven luego que me doy cuenta que he dormido en mi coche es el enorme letrero:  ?Monasterio de Nuestra Señora del Monte Carmelo? pero... ¡Cristo! ¿qué he hecho? ¿Me ha visto alguna monja?

- ¡Susanna! Susanna ?casi grito.

- ¿A qué viene tanto escándalo? ?bosteza y mira hacia adelante, luego a mí- ¡Buenos días! y gracias por la hospitalidad de tu casa.

- ¡Lo siento! no se qué me paso ¿Dónde están los demás?

- ¡Ni idea! salimos juntas si es que no te acuerdas

    Enrojezco de inmediato, Susanna y yo estábamos bien calientes en el bar.

- Estaba muy borracha Susanna así que... si es que pasó algo que...

- No. no paso... pero estuvimos a punto, solo que te quedaste dormida.

-¡Dios mío! ?la miro apenadísima, cierto que es guapa- ¡Se me cae la cara de la verguenza!

- No pasa nada, preciosa ?suspira- pero a mí sí que me hubiera gustado que pasara.

- ¿Supongo que podemos ser amigas? ?me atrevo a sugerir.

- Bien ?mira alrededor- ¡Te agradezco la experiencia de haber dormido delante de un Monasterio! me llevas a casa, ahora.

- Por supuesto, permíteme tan solo una llamada.

    Robert no contesta, pero lo hace Anthony después que Susanna me facilita su número telefónico.

- ¿Dónde están? -pregunto

- Seguimos bebiendo morena ?me contesta con voz rajada- Ya Robert se durmió sentado, ¿Y a donde estás tú?

- En un bar, voy por Robert en un segundo.

     Era lo menos que podía hacer por él luego que me le escapé con una mujer ¿no?

- ¿Lo quieres? ?pregunta Susanna a media voz.

- ¿Que se supone que deba contestarte? ?murmuro deslizándome por las calles con el ritmo de los martillos taladrándome en la cabeza.

- ¡Eres una cajita de sorpresa!

     No me molesto en contestarle y tampoco hablamos hasta que llego a la dirección donde vive.

- Te espero el lunes en los ensayos ?le digo cuando hace intento de besarme en la mejilla, antes de bajarse.

- ¿De veras?

- Dicen los chicos que eres buena, así que confío en ellos.

- ¡Gracias! y... lo de anoche...

- La pasé bien contigo pero ya no me acuerdo.

- ¡Lo mismo aquí! ?sonríe picara- ¡Será nuestro secreto!

- ¡Vale! ?sonrío y le guiño el ojo, después de todo besaba muy bien.  

 

Vacía, esa es la definición de mi persona. Tremendamente vacía. Despido a Robert luego de haber almorzado juntos. La explicación de que me fui a otro bar con Susanna porque él se dedicó a su amigo sirve para los dos. Total, sabemos que dentro de poco, a principio del verano terminara el curso y me marcharía del país ¿Para qué pelear estos últimos meses?

     Es sábado pero no deseo ir al almuerzo con mis padres, sin embargo la idea de pasar tres o cuatro días en la casa de campo de la familia, a las afuera de Västeros, cobra más vida. Necesito pensar. Estar sola. Caminar por la nieve, sentir el arrullo del bosque y encender la chimenea para dormitar frente a los troncos devorados por las llamas. ¿Podría ayudarme eso?

    Con un hondo suspiro llamo a mis padres.

- ¡Felipe Antuñez! ?escucho su voz .

- ¡Hola papa!

- ¡Alexandra, hija qué sorpresa! ¿cómo estás?

- Bien ¿y ustedes?

- Como siempre, hija ¿has notado como la nieve se derrite? Ya se respira aire de primavera, ayer vi los primeros retoños en el jardín...

    Lo dejo hablar, mi padre es así y me encanta que sea así: fuerte, recio, brusco y recto pero sencillo, suave y muy humano.

- Papa que no puedo ir al almuerzo de hoy.

- ¿Y eso por qué?

- Tengo mucho trabajo, estoy agotadísima.

- Algo de eso me dijo Isabelle ?escucho desde el otro lado.

- ¿Isabelle?

- Sí, la he estado llamando, para saber de su salud ángel de Dios, y cuando le pregunté por ti me dijo que tenías mucho trabajo

- Ah bueno sí y... ¿qué más te dijo?

- Pobre chica, tiene una entereza de admirar: Ya quiere ponerse a caminar y salir por ahí, a pesar de que el médico le ha recomendado reposo.

- Es muy terca ?confirmo.

- ¿La fuiste a ver ayer?

- No ?se me escapa el suspiro- Pero sé que está bien y papa...

- Sí, dime...

- La casa de campo... está vacía ahora ¿cierto?

- Tuvimos problemas con la electricidad el verano pasado y no lo hemos arreglado. ¿por qué?

- Estoy pensando ir a pasar unos días por allá. Necesito descansar.

- Tendrás que hacer la comida con fuego y acarrear madera para encender la chimenea.

- No me importaría.

- ¿Vas a ir sola?

- Eso tengo pensado.

- Pues... la vas a pasar bien, el paisaje debe ser magnifico y tenemos suficientes mantas como para que no te congeles por falta de calefacción.

- Sera divertido, papá ?sonrío y creo que lo nota.

- ¿Cuándo vas a ir?

- Esta tarde tengo pensado, luego que arregle algunas cosas en el trabajo?

- Bien

- ¡Saludas a mamá! y que al regreso me llego por casa a saludarlos ¿ok?

- Sí hija, cuídate.

- Un abrazo papá.

- ¡Ah! Alexandra, hija ?permanece varios segundos en silencio- ¡Escapar no es la manera!

     Quedo callada y no se cómo lo hace pero este viejo mío, se las sabe todas.

- ¿Y que tendría que hacer entonces? ?pregunto siguiéndole el juego.

­- Hacerle frente al problema, hija.

- ¡Eres un viejo sabio! por eso te quiero ?digo bromeando.

- Cuídate Alexadra y me sentiría mejor si no te fueras sola.

- ¡Chao papa!

    Que también iba a tener razón. Mi padre, ¿Cómo desdeñar sus palabras si siempre el maldito tiene razón? Pero me quita un peso de encima. ¡Sí por Dios! ¿Y qué estoy esperando?. Las palabras de mi padre se vuelven sagradas en estos momentos. ¡Hacerle frente al problema!

    Estoy bajo la ducha mucho tiempo, pensando, atando cabos, reconsiderando y ya cuando estoy vestida con mi jean y mi chaqueta de cuero, pongo en el maletero algunas cosas necesarias y me voy al supermercado.

    De repente estoy contenta, no debería huir, debería aceptar las cosas como son, igual estoy sufriendo lo indecible por anteponer las asuntos que no salen a mi gusto ¡Bien! Cambio de estrategia. Alexandra, has sido una idiota.

    Es sábado, y las calles están repleta de tráfico, la gente aprovecha para ir a comer afuera, ir al cine, de compras y yo parqueo frente al Monasterio. Bajo las dos bolsas del Super y saco la llave que me permite pasar por esa gruesa puerta marón hasta las habitaciones de las monjas donde vive Isabelle.

     ¡Estoy como un flan de nerviosa! ¡Cristo, ayúdame, después de todo no soy tan pecadora! ruego y me admiro de mis pensamientos. ¿Yo rogando? Pues sí, me detengo frente a su puerta y dejo las bolsas a un costado ¿Debería tocar?, cuando estoy por hacerlo noto que está abierta, empujo lentamente y no veo a nadie. Tomo las bolsas y entrando despacio, cierro la puerta asomándome.

    Allí está ella, arrodillada frente al cuadro del señor, con sus ojos cerrados y sus manos moviendo incesante su escapulario. ¡Es una imagen salida de un cuento de hadas! Su pelo rubio cubriendo una parte de su rostro y su cuerpo envuelto en un chándal deportivo, sus pies descalzos.  Me acerco despacio sin dejar de contemplarla y me detengo en medio de la habitación, pero algo hace que ella vuelva la vista, y de repente abre esos hermosos ojos y se incorpora interrumpiendo sus oraciones. Viene hacia mí en cuestión de una décima de segundos y se echa literalmente a mis brazos.

- ¡Alex! ?esconde su rostro en mi pecho cuando la rodeo con mis brazos y siento que se incrusta en mis carnes con ahínco.

- ¡Hola! ?digo aspirando su olor, perdida entre sus cabellos que me azotan la cara.

- ¡Alex! ?repite como si no creyera que está entre mis brazos, levanta con cuidado sus manos y me toma el rostro luego se empina sobre sus pies y me besa en las mejillas, dos tres veces por cada lado. Yo estoy paralizada de tantas muestras de cariño, le sonrío y a mi vez apreso su rostro y me hundo en sus ojos. ¡Como necesitaba reflejarme en esas brillantes estrellitas esmeraldas!

- ¡Hola cariño! ?susurro sin ganas de separarme de su agarre- le beso la punta de la nariz y ella sonríe, todo su rostro resplandece. Me inclino una vez más y rozo sus labios.

- ¡Ven! ?me agarra de la mano y me lleva hacia la imagen del señor- ¡Quiero que pidas un deseo!

   Me arrastra consigo y estoy arrodillada junto a ella, frente a Jesús Cristo, tenemos las manos entrelazadas y me pregunto en medio de mi desconcierto que podría decirle yo a Él. Miro de reojo e Isabelle que mueve los labios con la vista fija en el Todopoderoso. Suspiro fuerte y alzo la vista mirándole a los ojos al cuadro: ?Lo siento padre, pero la amo más que mi vida y aunque no te guste, no puedo cambiar nada. eso sí, la cuidaré y la protegeré porque lo único que quiero es que esté bien, así que eso te pido: Que ella sea feliz y que siempre esté bien?.

- ¿Terminaste? ?susurra Isabelle haciendo la cruz sobre su pecho.

- Sí

­    Nos ponemos de pie aun con las manos cogidas y me lleva hasta la orilla de la cama para sentarnos.

- ¿Y bien?

- ¿Cómo has estado? ?pregunto de repente- ¡Lo siento tanto Bell, no he podido venir porque...!

    Sus dedos me cubren la boca y se quedan en mis labios impidiéndome hablar.

- Lo importante es que estás aquí ?dice resuelta- Si no has venido tus motivos tendrías y lo entiendo y sí, estoy bien -­arruga un poco el cejo- Aun me duele un poquillo pero casi nada.

- Hable con el Dr. Márquez, vas a sentirte así por un tiempo.

- Estaré completamente repuesta después de dos meses ?musita.

- Debí llamarte ?digo pensando en los cinco días de ausencia. ¿Aún no me explico como he podido vivir todos esos días sin ella.

- ¡Basta Alex! ?sonríe y juega con mis dedos- ¿Qué le has pedido al Señor?

- Ganarme la lotería, un crucero en el caribe, una villa en Södermalm y...

     La siento reír y mover la cabeza.

- ¡Creo que por esas cosas es que te he extrañado tanto!

- ¿Me has extrañado?

- ¡Mucho!

     Se me encoge el corazón de pensar en las barbaridades que he estado haciendo con tal de quitármela de la cabeza.

- Entonces es hora de que te corresponda ?aprisiono su mano- ¡Me dedicaré a ti en cuerpo y alma por espacio de... cuatro días.

- ¿Sí? y... ¿cómo?

- Te haré la cena hoy, repasaremos las clases atrasadas y luego mañana saldremos de viaje.

- ¿De viaje? ?sus ojos son toda una interrogación.

- Se derriten ?respondo sin coherencia- ¡Los helados se derriten!

      Me incorporo halándola por la mano hasta la puerta donde he dejado las bolsas de la compra.

- ¿Y eso qué es?

- La cena y algo más para llenar la refri ?me suelto de ella y voy a la cocina con la preciada carga, ella me sigue.

- Carne, verduras, papas, pasta, aceite, queso, pan, galletas dulces, chocolates, helado, torta de frambuesa, yogur..

- Pero Alex, ¿has hecho la compra del mes? ¡No va a caber todo!

- Razón de más para empezar desde ahora ¿te parece que haga unos sándwich de jamón y queso para picar mientras que vemos los cuadernos?

- ¿Y la cena?

- Después, glotona ?separo un pedazo de carne y verduras- De eso me ocupo yo.

- ¿Sabes cocinar? ­?me abraza por detrás y trago en seco cuando siento su barbilla entre mis omóplatos.

- ¡Te vas a chupar los dedos! ?afirmo y ella ríe separándose de mí y ayudándome a organizar la cocina.

     Luego nos sentamos en las butacas y saco los cuadernos. Por suerte Leonidas tiene las clases al día y por eso mis cuadernos están impecables. Ella no debe enterarse que tampoco yo he asistido a clases ¿verdad? Y estudiamos con ahínco, par de horas donde con disimulo sus pies desnudos han quedado debajo de mi pulóver para calentarlos.

- ¿Y no tienes medias para ponerte? ?reclamo sorprendida y feliz de que me diga que no.

- No seas mala Alex, tendría que levantarme y registrar en los cajones y me da pereza.

- ¿Pereza? ?realmente me siento afortunada que haya estirado sus piernas sobre mis muslos y que sus pies se hundan en mi estómago buscando el calor de mi ropa y mi piel- ¡Lo que una tiene que escuchar!

-Ya sé que me vas a cobrar ?dice sonriendo mordiendo el lápiz por el casquillo- Pero agrégalo a las otras deudas.

- ¡Nunca pensé que las monjas fueran así de desvergonzadas! ­?alego poniendo cara de pocos amigos.

    Por alguna u otra razón me doy cuenta que todo el tiempo hemos estado físicamente en contacto, como una necesidad de reafirmar que nos sentimos bien con la presencia de la otra. Mis motivos ya los conozco y tengo el propósito de mantenerlos bajo control, los de ella los puedo adivinar: la falta de una persona cercana a la que se estima y se necesita en la situación en la que se encuentra. ¡Bien! si es esto lo que recibiré de ella, pues que así sea. Disfrutar de solo su presencia, su sonrisa y su cariño me hace intensamente dichosa.

- ¿Que hay con la cena?

- ¿Ya tienes hambre? ?estoy tratando de coordinar unas ideas para el próximo trabajo escrito en Derecho internacional.

- Te puedo ayudar a cocinar ?dice alejando el cuaderno de su regazo.

- De eso nada ­?me incorporo sujetándole los pies para depositarlo encima de la butaca- ¡Usted se queda quietica ahí y cuando termine lo que está haciendo sigue con mi trabajo escrito.

- ¡Pero que fresca! ?protesta- ¡Ya yo he hecho el mío!

- Nada te costara hacer otro, chica lista ?me quedo parada en medio del cuarto- ¡Tendré que ir al coche a buscar ropa!

- ¿Para qué?

- Para cocinar, no quiero que esta blusa huela a cebollas.

- Tengo polos limpios en esa gaveta ?me señala para el aparador. 

- Que me quedaran a media barriga ?digo pero abro los cajones y saco uno blanco que me parece lo suficiente amplio para cubrir mi estructura, luego sin mucho pensarlo y de espaldas a ella me saco la blusa y me arrepiento en seguida ¿No debería haber ido al baño? pero ya está hecho, me coloco el pulover y girándome tropiezo rauda con sus ojos en mi. ¿Estaba mirándome?

- ¿Que tal? ?digo como si no lo hubiera notado.

- No creo que las ollas se den cuenta que tienes el ombligo afuera

- Graciosa ¿no? ­?me acerco y le doy un suave pellizco en el cachete- ¡No quiero a nadie en la cocina!

- Sí, mamá ?hace un puchero con sus labios y está deliciosa con la cabeza baja. Me vuelvo a los cajones y rebusco de nuevo hasta que encuentro un compartimiento con medias gruesas.

- ¡Estas son de peces de colores! ?digo arrodillándome ante ella- Y hace juego con tu almohada.

- ¿Te estas burlando? ?entreabre la boca y se ruboriza.

- No. ?digo seria poniéndole las medias- Tenía unas bragas muy parecidas cuando tenía siete años.

- ¡No te burles, Alexandra! solo uso esas medias para estar en casa ?al parecer está un poco enojada.

- ¡Hasta dentro de un rato, colegiala! ?me incorporo apoyándome en los brazos de la butaca y de paso como estoy tan cerca, le beso en la frente.

- ¡Te voy a demandar por hostigamiento! ?murmura a mis espaldas.

      Es increíble lo bien que me siento cocinando y me esmero para que salga bien porque quiero sorprenderla y porque me pongo tonta de ver esa mirada de delicia cuando algo le gusta.

- ¡A comer! ?digo entrando a la habitación después de un buen rato y extrañándome de que se haya quedado dormida acurrucada en la butaca.

    ¡Dios! que bella que es, me acerco y me arrodillo para observarla de cerca, un fino hilillo de saliva sale de la comisura de la boca y sus cabellos están humedecidos en la parte de las sienes. ¡No me cansaría de mirarla! No tengo ni que pensarlo, simplemente me echo adelante y la beso en los labios, sintiendo la humedad de su saliva y el temblor de todo mi cuerpo por el efecto que me proporciona ese beso robado.

- ¿Bell? ?le llamo cuando me retiro hacia atrás y abre los ojos asustada.

- ¿Que...qué pasó? ?se limpia la boca y se restriega los ojos.

- Te has quedado dormida.

- ¡Oh, bueno...! -me mira como si hubiera olvidado algo- ¿Y la cena?

- Esperando por nosotras.

      Ahora sonríe ampliamente

- ¿Por qué estas cansada? ¿No has dormido suficiente?

- Me he dedicado a orar mucho todos estos días ?contesta suspirando.

- ¿Por qué? ¿No has cumplido con el presupuesto del mes? ?digo mientras saco los libros de la mesa y pongo cubiertos y servilletas.

- ¡Alex, cualquier día te mando a la...!

- ¡Perdón! ¡Perdón! ?voy hacia ella que se ha puesto seria y la levanto del asiento para abrazarla y luego alzarla por encima de mi cabeza- ¡Me encanta fastidiarte, nena!

- ¡Bájame! ?pide aun con la mirada severa.

- No hasta que me perdones.

- ¡Te perdono! ?masculla.

- ¡Así no! quiero una sonrisa y un beso ?sigo dando vueltas con ella en lo alto.

- Alex, me voy a enojar, bájame.

- ¡Que no! quiero mi sonrisa ?digo mientras la llevo al baño y la deposito en la puerta- Está bien ?digo haciéndome la triste- Tendré que hacer algo para que me perdones...entra y lávate las manos que ya vamos a comer ?le digo y regreso a la cocina para servir los platos.

       Luego comemos y el pollo a la marinera me ha salido de rechupete, así que le vuelvo a servir otra ración porque esta chica tiene estomago de estibador de puerto.

- ¿Así que te gustó?

- Riquísimo, tienes que enseñarme cómo hacerlo ?efectivamente se está chupando los dedos aunque la servilleta está al costado del plato.

- Eso te va a costar ?digo estirándome en la butaca satisfecha.

- ¿Me pregunto si podrías hacer algo gratis?

- Nunca

- Lo suponía ?se levanta del asiento y para mi sobresalto viene y se sienta sobre mis piernas sonriéndome.

- ¿A dónde quieres el beso?

     Claro que me coge de sorpresa, la boca se me seca y no atino a decir nada.

- Estoy esperando ?dice afianzándose a mi espalda para no caerse. Yo atontada le señalo mi mejilla pero siento el contacto húmedo de sus labios por debajo de mi oreja, casi en el nacimiento del cuello y casi me desmayo.

- ¿Contenta?

- No ?niego tercamente- ¿Por qué tienes que perder horas de sueños para orar?

- Lo necesitaba

­- ¿Por qué? ?y es una pregunta simple pero quizás muy tonta.

- Me sentía un poco perdida, el señor me da fuerzas y ánimos para seguir. Necesitaba su protección y su ... su fe, es posible que no lo entiendas.

    La atraigo más a mí.

- Perdóname, nunca te haré una broma referente a ello, soy una tonta.

- ¡Eres un amor de gente, Alex! ?pone su cabeza en mi hombro- ¡No se qué hubiera hecho sin Él y sin ti!

     Quedamos calladas, la alusión de mi persona junto a algo que significa tanto para ella me deja anonadada. ¿Realmente soy importante o significo algo a sus ojos?

- ¡Hola! ?sentimos la voz de la hermana Benita desde la puerta e Isabelle se incorpora mirándome.

- ¡Adelante hermana! ?dice

- ¡Vaya a quien tenemos aquí! ¿Cómo está Srta Alexandra?

- Bien Benita y ¿usted?

- Con achaques de la espalda ?mira los platos vacíos- ¡Humm! por acá han comido.

- Le sirvo un poco, hermana ?me levanto e indico a Isabelle que se siente en mi butaca.

- Esta riquísimo ?corrobora ella obedeciendo.

- No tengo mucha hambre pero si está tan bueno ¿Quién ha cocinado?

- Alexandra ?escucho las voces desde la cocina y sirvo el plato para Benita, a la vez que preparo una porción de helado, con chocolate rayado y fresas en rodajas para Isabelle.

- ¡Aquí tienen!

- ¿Es para mí? ?los ojos esmeraldas se dilatan y no puedo dejar de sonreír al ver su expresión de gozo.

- Sí, tragona, tenga usted hermana.

- ¡Pero es que tiene muy buena pinta! ?la hermana lanza sus zapatos a una esquina y se presta a atacar el plato con muy buen humor.

- ¿Y para ti, Alex?

     Niego con la cabeza y ella me hace una seña con la cucharilla repleta.

- ¡Prueba tan solo un poco! ?pongo los ojos en blanco suspirando y me siento a su lado en el piso de alfombra ?¡Esta bueno! ?admito.

- Pues que no tienes cara de saber cocinar bien, y que Dios me perdone ?exclama Benita- Pero esto está... de maravilla.

- Me está ofendiendo hermana ?digo bromeando- ¿Y de qué tengo cara entonces?

- De artista de cine, ya le dije a Isabelle una vez.

­­- ¿A sí? conque han estado hablando de mí ?alzo las cejas interrogante confrontando a Isabelle­- Pensé que las monjas no eran cotillas.

- ¡Y mucho más que las gentes normales¡ -ríe Benita y no dejo de percibir el rubor de Isabelle.

- ¡Basta Benita, tampoco venga dándonos mala fama ?aduce defendiéndose.

- ¡Bah! Alexandra ya es como de la familia. ¿te acuerdas cuando me dijiste que no la soportabas?

- ¿Eso has dicho de mí? ?Isabelle está roja como un tomate.

- Hermana Benita ... coma y deje de hablar cosas que no debe ?y de repente la cucharilla vuelve a mi boca y no tengo más remedio que abrirla y tragar ? Y tú también ?me dice amenazante.

- Solo bromeaba ?Benita sonríe cuando el plato queda vacío tratando de desviar la conversación- ¿Han estado estudiando? ?observa los libros que están encima de la cama.

- ¡Exacto! ?corrobora Isabelle y noto que ha dispuesto que la cucharilla nos alimente del postre por turno: una vez ella, una vez yo. Así que solo abro la boca e ingiero sin protestar.

­- ¡Gracias chicas! es mala costumbre ir a la cama con el estómago tan lleno pero por un día que se haga... ?se incorpora buscando sus zapatos.

- Ya veo que estas bien Isabelle, ¿No me necesitaras hoy, verdad?

- No hermana, vaya tranquila... Alex se quedara esta noche.

- Entonces quedas en buenas manos, hija ?se voltea ya casi en la puerta- ¡Que Dios las bendiga y no estén acostándose tan tarde!

- ¡Buenas noches hermana! ?decimos

- Debí pedirle el catre ? añado cuando la puerta se cierra.

- No seas ridícula, dormirás en mi cama ?la cucharada directa a la boca no me deja decir nada y pienso que tengo que encontrar la manera de no estropear las cosas. Y dormir con ella es algo que puede requete fastidiar todo.

    He buscado mi maletín al coche y me he puesto mi pijamas, luego saco unas facturas y unos documentos del trabajo.

- ¿A qué hora vienes a dormir? ?me dice Isabelle desde la cama.

- Tengo que revisar esto ?le respondo acomodada en la butaca y pensando que lo mejor es acostumbrar el trasero a la noche larga que me espera en ella.

- Aun no me has dicho nada de ese viaje.

     ¡Mierda! Lo había dado por seguro que ella me acompañaría. Saco las gafas de mi maletín y me las coloco agarrando una de las hojas que tengo que examinar. 

- Sé de un sitio a donde quisiera llevarte ?digo restando importancia- ¿Crees que será posible?

- ¡Mírame! ?escucho y levanto la vista hacia ella.

- ¡Estas preciosa! ?se revuelve en la cama- ¡Te ves muy intelectual con esas gafas!

    Y advierto como me sonrojo de golpe.

- ¡Alex! ¿te has puesto colorada?

- No es cierto ?dejo las gafas a un lado y me siento incomoda y extravagante.

- No te las quite por favor, te ves estupenda con ellas.

- Vamos a ver, monjita traviesa ¿estas burlándote de mí? ?no puedo dejar de acercarme y pararme al lado de la cama con gesto desafiante.

- No. aunque no sabía que eras tan vergonzosa ?se ríe y empiezo a molestarme.

      Creo que se da cuenta de mi enfado porque estira su mano para tomar la mía y sencillamente atraerme hacia ella por lo que inesperadamente caigo sobre su cuerpo echado en la cama.

- ¡Psss! tranquila ?dice cuando percibe que además de darme un susto de muerte hago lo imposible por levantarme ­?Cuéntame de ese viaje y olvidemos esos lindos anteojos ¿ok?

   No sé cómo no se da cuenta que el corazón me late a 300 por segundo y que mis músculos se tensan al contacto, por encima de las sábanas de su cuerpo suave y tibio. Mi rostro está tan cerca al de ella que no se dónde poner los ojos. Su aliento cálido me descoloca y no me puedo creer que estoy sobre ella sintiendo sus pechos chocando contra los míos, su vientre pegado al mío, y sus piernas escondidas bajo las mías.

- Tenemos una casa de campo... ?¿realmente soy yo la que estoy hablando?- En Västeros y... como he trabajado tanto...he pensado ir a descansar... y si tu...quieres

     No me queda más remedio que mirarla a los ojos, tan esplendidos, tan suyos.

- ¡Claro que me gustaría! ?sonríe y levanta su mano para acomodarme unos mechones de pelo por detrás de la oreja. El calor empieza por los dedos de los pies y me recorre para quedarse en mi estómago, y un enjambre de mariposas ya han empezado a aletear en el bajo vientre y aunque sé que tengo que salir corriendo, es demasiado bueno y ni fuerzas tengo para deshacer esta dulce tortura.

- ¿Cuantos días? ?pregunta curiosa.

- No sé, tres o cuatro, además ?tengo que respirar por Dios- No tenemos electricidad así que estaríamos un poco a la ... Robinson Crusoe.

- ¡Me encanta! aprovecharía para meditar.

- Bien, yo descanso y tu meditas.

- ¿Y quién cocina? ­?tengo que reírme a pesar de que su boca que está a diez centímetros de la mía, me está distrayendo horriblemente.

- Siempre pensando en comer ¿no? ?apenas musito.

- Sí ?y siento como sus dos manos apoyadas en los costados de mi cabeza tiran hacia abajo ¡hacia ella! cierro los ojos y me preparo a morir. El mordisco que me propina en la nariz me sorprende y luego me siento empujada por los aires y aterrizo a su lado.

- ¿Me has mordido? ?digo sin creérmelo, llevándome las manos a la piel adolorida.

- ¡Dios! ¡como pesas! ¡Ay! ¡Ay! ?se toca el vientre y su semblante refleja dolor.

- ¿Estas bien? -­pregunto preocupada sabiendo que ahora no está bromeando.

- Ya está pasando ?tiene cerrados los ojos- A veces me olvido de esta herida.

- ¿Todavía te molesta? pero si ya estaba bien ?declaro dudosa- ¡Déjame ver!

- No es nada Alex ?sigue respirando con esfuerzo.

- ¡Quiero ver!

- ¡Uf! que fastidiosa ?con su mano izquierda toma la sabana y se descubre, luego sube la blusa de su pijamas a tal punto que la mitad de un seno asoma impune por debajo de la tela, mientras que el pantalón sigue el mismo camino hacia abajo y sus bragas transparentes me muestran todo lo que debe ocultar. ¿Para qué pedí esto?

- ¿La ves?

     ¿Se refería a la herida? pues no, esa estaba a un costado y todavía las bragas la tapaban, pero si tenía detallada vista de su plano y firme vientre de su pecho hermoso, deseable y el embozo del umbral de su pelvis. ¡Cristo! sí creo que se me está oscureciendo los sentidos y me va a dar un sincope aquí mismo en la cama.

- No

- Dame tu mano ?me dejo guiar a través de su piel y mi mano acompañada se zambulle bajo las bragas y aunque se desvía a un costado, el dedo meñique ha tenido tiempo de rozar al descuido unos sedosos vellos ¡Ten piedad de mí, Padre!

- ¡Toca! notas como los puntos han desaparecido.

- Sí ?balbuceo y tanteo la herida al ella retirar su mano. ¿Cuál es el tiempo normal que debo palpar sin levantar sospechas? ¡Dios! si sigo aquí todo se va a ir al infierno.

- Es de adentro ?susurra ella aún con los ojos semicerrados- Todavía no se acomodan bien las tripas por ahí.

- Fue mi peso el culpable ?retiro ya la mano y me echo hacia atrás con premura.

- De hecho tu peso no me molestó...

     Me enderezo y al parecer el cuerpo me responde porque puedo hasta levantarme y seguir respirando.

- ¿Te traigo algún calmante?

- No ?se cubre y acomoda las frazadas- Ahorita se me quita.

- No te muevas, ¿quieres? y si necesitas algo dímelo ?me siento en la butaca y no puedo ni descifrar los malditos documentos.

- ¡Hasta mañana Alex, y no te preocupes por la luz, puedo dormir así perfectamente!

- Hasta mañana, y ni te imagines que voy a olvidar que me mordiste la nariz.

     Escucho como ríe desde la cama

- ¿No te iras a vengar de una pobre enferma ¿verdad?

- Eso ya se verá.

- ¿Alex?

- Sí

- ¿Te vas a poner las gafas cuando me duerma?

- ¡Pero si serás ...!

- ¡Perdón! ?sigue riendo- ¿Alex?

- Sí

- Estoy muy contenta que me lleves contigo, a la casa de campo, ¡Gracias!.

- No tienes por qué darlas... ya me ocupare de que además de meditar hagas algunas que otras tareas.

- ¡Buenas noches, preciosa! -incluso adivino su sonrisa por debajo de las sabanas.

- Que duermas bien, monja majadera.

      Y hasta que al fin se duerme y yo como de una ladrona se tratara, me tumbo de espaldas en la orilla más alejada de la cama y aun así, no puedo dejar de notar su olor y estar pendiente de su pausada respiración hasta que al fin también el cansancio me vence. Todavía no amanece pero el cuerpo que tengo pegado a mis espaldas me hace sonreír, su mano abraza mi cintura.

      Es la misma sensación de ternura y sosiego que me acompaña cuando estoy cerca de ella. ¿Se podría ser más dichosa?. Espero unos minutos más disfrutando al máximo del momento pero sé que no debo abusar de mi autocontrol y con un suspiro de resignación me levanto despacio para no despertarla y darme una ducha.

                                                               **********

        

-¿A dónde vamos Alex?

      Ya hemos cargado todo el equipaje en el carro después de  Isabelle notificarle a la madre superiora su partida. También se quedarán sin entrenadora de voleibol este domingo, pero eso es lo de menos, digo yo.

- Tengo que pasar por el hotel y dejar unas facturas, además el director tiene que estar informado de mi ausencia.

- ¿Me gustaría conocer el sitio donde trabajas?

- ¿Ah sí? te advierto que tan temprano no hay espectáculo de chicos en pelotas.

- ¡Pesada! ?me saca la lengua y mira a través de la ventana- ¿Te diviertes molestándome? ¿no?

- Es algo de lo cual estoy haciéndome adicta ?digo mirando hacia al frente y girando el timón hacia la derecha.

    Cuando llegamos entro por la recepción y voy directo a mi oficina, sin olvidar enseñarle con premura a Isabelle que mira todo con marcado fascinación, los principales sitios de interés.

- Aquel es uno de los bares, ahora está cerrado, allá el restaurante principal, ese salón inmenso es de conferencia, más allá salones de recreo, esta es la zona VIP, los ensayos los hacemos en el segundo piso, y por este pasillo están las oficinas de los ejecutivos.

- ¡Es un sitio muy grande y lindo! ¿Y conoces todos los locales? ?va detrás de mí, vestida de jeans, polo blanco, casaca de cuero marrón y tenis deportivos. ¡Esta lindísima!

- Pues mira que sí... y esto no es nada, otro día te ensañaré con más calma ?saco la llave de mi cartera y abro la puerta para dejarla entrar.

- Me gustaría ?hace un mohín curioso- Sobre todo eso del bar y la escena de espectáculo ¿Esta es tu oficina?

- Siip ?abro las cortinas y se extiende el panorama de la bahía de Slussen frente a nosotras a través de los cristales.

- ¡Es precioso, Alex! aquí se trabajaría con gusto.

- Apenas me da tiempo de mirar hacia afuera.

- ¡Humm! ¡Esa eres tú! ?ahora está mirando una foto que nos hicimos en el espectáculo de fin de año y yo estoy en vestido de noche junto a todo el elenco de artistas- ¡Dios mío! estas fenomenal... ¡Como siempre te veo en jeans!

- Pues en las noches o en las ocasiones especiales no es así ?me siento y abro las gavetas para sacar algunos sobres y escribir direcciones mientras ella revolotea por todo el espacio encantada de fisgonear todo.

- ¡Hola Alexandra!

     Escucho desde el marco de la puerta y me extraño de que la haya dejado abierta.

- ¡Hola Susanna! ?maldigo interiormente. Me había llamado varias veces y no le contesté ninguna de sus llamadas. 

­      Se acerca con su cuerpo de vedette y su pelo rubio a los cuatro vientos. Isabelle se ha quedado parada junto al estante donde conservamos diferentes trofeos y diplomas acreditativos en el ámbito cultural del hotel.

- ¡Estas perdida!, ya te estábamos extrañando ?lo peor es que se acerca y no puedo evitar que se incline y me bese en la mejilla. Justo era esto lo que temía ¿Es que no había quedado claro para ella que no había sucedido nada entre nosotras?

- Mucho trabajo ¿Cómo te va en los ensayos? ?miro a Isabelle y noto como frunce el entrecejo- Susanna, te presento a mi amiga Isabelle, Isabelle, ella es Susanna

- ¡Hola! ?saluda suavemente Isabelle

- ¡Hola! ¿También eres de la farándula?  porque no te había visto- se voltea y analiza a Isabelle de los pies a la cabeza.

- No Susanna, ella no tiene nada que ver con vosotros, ¿No tendrías que estar ensayando ahora? ?le atajo inmediatamente

- Sí, pero como te vi pasar con apuro, quise venir y saludarte ¿te vas a llegar a vernos?

- No. no puedo, ya nos íbamos.

- ¡Que lastima! no es lo mismo cuando tú no estás ahí, ¿tu sabes? ?me mira lánguidamente y siento deseos de destriparla.

     ¡Tendría que ser tan atrevida! lo peor es que siento las mejillas como me arden, e Isabelle que hace un mohín de desenfado y se concentra en las preseas del estante.

- Te he llamado un sinfín de veces.

- ¿Ah sí? ¿y qué querías? ?la miro con cara de asesina y esto la descoloca un tanto.

- Saber si ... bueno lo del espectáculo, ya está confirmado que yo participe.

- Le dejé dicho a Armando que se ocupara, puedes preguntarle a él ?por más que me concentro en los sobres y no le hago caso, pareciera que tiene pegados los tacones al piso.

- En ese caso ... -mira a Isabelle y yo me alarmo- ¡Mucho gusto, chica!

- El gusto es mío ?responde Isabelle con media sonrisa.

    Luego me mira antes de irse.

- Llámame cuando tengas un tiempito, jefa.

     Resoplo impotente sin contestar y esta vez la puerta se cierra, creo que un poco más fuerte de lo normal.

- ¿Es artista?

- Es una tarada, eso es lo que es ­?refunfuño sin contenerme.

- ¿Por qué estas enojada con ella? ?dice Isabelle y ahora está en la otra esquina donde están los aparatos del fax y la copiadora.

- Esa es la chica que salió con Robert, aquella vez que me emborraché.

- Es raro ¿no?

- ¿El qué?

- Parece que tiene mucha confianza contigo, ¿Son amigas ahora?

- No, ¿cómo se te ocurre? ­

    No dice nada, y de reojo veo como se entretiene con unos afiches de unos artistas que tengo recostados en la pared. Siento toques en la puerta y de pensar que es Susanna que ha regresado se me endurece la mollera.

- ¡Adelante! ?exclamo y ahí está Robert sonriéndome desde la puerta.

     ¡La madre que lo parió! Si parece que todos se han dado cita.

- ¡Hola mi amor!

     La mirada verde  de Isabelle se clava en la puerta y puedo sentir su curiosidad.

- ¡Hola Robert! estaba por llamarte- le saludo.

 - Pues que bien, porque después de esa noche... ­?se fija en Isabelle- ¡Hola! no sabía que tenías visita.

- Es mi amiga Isabelle ?digo y los miro a los dos...

      ?Es abismal la diferencia? y sin embargo cada uno a su manera han sabido estar en mi vida de una u otra forma. Suspiro.

- ¡Hola! ?Isabelle sonríe como sólo puede ella hacerlo y estrecha su mano sospechando de quien se trata. Robert la observa con detenimiento, y me molesta su mirada sobre ella.

- ¡Un gusto! pues... ?explica dirigiéndose a mí- como Susanna me dijo que estabas aquí, no pensé que estarías ocupada.

     Al fin se  me acerca y esta vez el beso es en los labios. ¡No, esto no está sucediendo!

- Salgo de viaje Robert ?empiezo a decir e Isabelle me hace señas hacia afuera.

- Me voy a dar una vuelta por ahí ?sé que lo hace para darme un poco de intimidad con Robert.

- No te vayas lejos, que ya nos vamos ?de repente imagino que puede caer en manos de la víbora de Susanna y empiezo a sudar frío.

- ¿Cuándo lo decidiste?

- ¿El qué? ?debo concentrarme en Robert.

- Lo del viaje

- Hace tiempo, sólo que me había olvidado decirte.

- ¿Y a dónde?

- A donde unos familiares

- ¡Ahhh! pues... ya me avisaras cuando regreses ¿Estás enojada por algo?

- No ?termino de escribir los sobres- Robert, estoy apurada, puedes dejarme esto en la secretaría, son para el departamento de economía, ¿Sabes si Arturo está?

- ¿El director?

- ¿Quién otro, sino? ?me siento fastidiada y no sé porque.

- Está reunido en su oficina.

- Lo que faltaba ?aspiro impotente, ya tenía deseos de salir de ahí, y llevarme a Isabelle.

- Esa, tu amiga... ¿No la he visto en otro sitio?

- No creo ?niego categóricamente.

- Es muy guapa

- ¿Sí?

- Jamás he visto unos ojos verdes tan... ?ríe como un adolescente- ¡Tan verdes!

- Pues ni me he dado cuenta ?murmuro y ya esto es el colmo: También iba a resultar que Robert tiene mis mismos gustos.

- Nada ?me levanto y recojo mi cartera- Luego llamo a Arturo por teléfono.

- ¿Ya te vas?

- ¡Pues sí! ?me acerco y le regalo un beso en la mejilla, mejor las despedidas aquí, que afuera de la oficina- ¡Ya te llamaré, campeón!

- ¡Que la pases bien, Alexandra!

      Cierro con la llave y miro por todo el corredor ¿A dónde está Isabelle? Robert me lanza un beso desde las escaleras eléctricas que suben al segundo piso mientras yo bajo al primero. Isabelle está sentada en el murillo que rodea la cascada de agua en la rampa cercana a la Recepción y no está sola. A su lado está un joven botones, al que he visto en otras ocasiones y están hablando.

- ¿Isabelle?

- ¡Buenos días jefa! ?saluda correctamente el joven cuando me ve.

- ¿Ya terminaste? ?pregunta Isabelle y sonríe maravillosamente hacia el joven.

- Sí, vamos

- Un gusto de conocerte,  Isabelle ?dice el mequetrefe y yo adelanto unos pasos.

- Lo mismo digo, Oscar ?responde ella y se dan la mano.

- Quizás pueda venir a visitarnos en otra ocasión ?insinúa el botones.

- ¡Quizás!

      Por Dios, si sólo llevamos aquí 10 minutos, qué pasaría si la dejo toda una tarde en medio de esta jauría de caimanes.

- ¿Solucionaste todo, Alex? ?dice ella poniéndome atención.

- ¡Pues sí! y ojala que no me hayan puesto papeleta por parquear indebidamente.

      Ella no responde y me sigue hasta que al fin, arranco el coche con dirección a la E4.

- ¿Todo bien? ?pregunto después que la observo por unos segundos.

- Sí ?y trata de sonreír, pero esta chica no me engaña.

- ¿Tienes hambre?

- No

- ¿No te gustó mi centro de trabajo?

- Supongo que es igual a otros, o quizás un poco más...

- ¿Más qué...?

- Divertido ?se echa hacia atrás en el asiento- ¿Alex? te has puesto a analizar las diferencias que existen en el mundo social en que vives tú y en el que vivo yo?

     ¡Vaya! Era eso.

- No. más bien me he puesto a analizar las semejanzas que existen entre esos dos mundos.

- ¿Ah sí? pues a eso llamo yo tener una actitud positiva ante la vida ¿Cuáles son?

- En mi puesto de trabajo cumplo un papel funcional y tu dentro del Convento supongo que también lo hagas, ahora, no quiere decir que seamos las mismas en el plano personal e individual cuando estamos fuera de ese contexto.

     Mira al frente, hacia la carretera, escuchando mis palabras.

- En el plano personal yo podría tener más vinculo anímico, mental, psíquico o emocional contigo que los que pudiera tener con mis propios colegas y eso hace que... tengamos por ejemplo una amistad ¿Correcto?

- ¡Correcto!

- Estamos hablando de toda una gama de conceptos, principios, pensamientos, concepciones etc, etc, y todo ello hace que nuestros mundos se acerquen porque a la larga eso es lo que cuenta en el interior de una persona, no como vivas, ni lo que eres, ni el rol que cumplas en la sociedad.

- ¡Gracias Alex! por un momento pensé que... que podría resultarte aburrida e insulsa... y qué no había ningún punto de afinidad...

-¿ Estás loca, Bett? ?me sorprendo realmente- Crees que si pensara así, quisiera estar contigo en un sitio donde quiero descansar y olvidarme de todo a mi alrededor.

- No lo se ?levanta los hombros- Estas acostumbrada a diferentes cosas, gentes, distintos ambientes en los que yo me muevo, que yo no... sé? si

- Eso no quiere decir que me sienta bien con todo eso que dices.

- ¿No?

- No, monja tontita ?le pellizco el brazo y ella sonríe- ¿Y tú? ¿Cómo caigo yo en tu mundo? ?pregunto con curiosidad.

- Como un meteorito en medio del desierto.

- ¿Tendría que ofenderme? ?rompo en carcajadas.

- No Alex ?sonríe- Me siento muy cómoda contigo, confío en ti, y siento un nexo que... bueno hasta  a veces me olvido que eres una oveja negra del señor.

- ¡Vamos a ver! eso no es del todo cierto... más bien creo que ya estoy destiñéndome.

     Y me encanta cuando escucho esa risotada natural y honesta.

- ¡Soy ahora una oveja gris que con el tiempo quizás llegue a ser blanca! ?digo patética mientras ella se destornilla de la risa.

- ¡Alex! te adoro ?se seca un poco los ojos con una servilleta que saca del bolsillo.

    Y me conmueve sus palabras. Si no estuviera manejando la abrazara y la besara; en la mejilla por supuesto.

- Robert es un chico apuesto ?dice después de unos minutos en silencio.

- ¿Te parece?

- Sí. tiene ojos bonitos y una sonrisa muy agradable.

- ¿Estás diciéndome que te gusta mi chico? ?quiero bromear pero juro que no me hace gracia ninguna que lo encuentre tan apuesto.

- ¡No Alex! ¡No! ?está asustada y me mira con aprensión- ¡Tu sabes que yo no...! ¡Jamás! Por Dios... yo no...

- ¡Tranquila! Ya sé que tú sólo tienes ojos para el señor ?le sonrío irónicamente.

     Asiente apurada y me observa apenada.

- No pensé que te pudiera molestar un comentario de este tipo conociendo que yo...nunca... jamás lo diría con un doble sentido.

- ¿Es que no me puedo creer que no ha habido ningún chico que te haya gustado aunque seas monja? ­-quiero probarla, es enfermizo este deseo de saber.

- Nunca lo ha habido ?susurra lentamente y luego confirma mirando a través del cristal de la ventanilla- ¡Nunca lo habrá!

     Pero su respuesta me deja un amargo sabor en el alma.

- ¡McDonald a la vista! ?digo avistando a un lado de la carretera la enorme M y para sonreírle dejando atrás posibles mal entendidos.

- ¿Vamos a comer?

- ¡Hasta el envoltorio, princesa! ?la miro con cariño y le hago un guiño con el ojo- Y podemos llevar pizzas de reserva para no ponernos a cocinar cuando lleguemos. ¿Qué te parece?

- ¡Muy buena idea! ­?sus ojos lucidos y alborozados son la fuente donde quisiera ahogarme definitivamente.

                                                         ********** 

     La casa de campo es amplia, de dos pisos, con sauna y una enorme cámara de refrigeración en el sótano. Ahora por falta de electricidad usamos lámparas de queroseno y gruesas velas en todas las habitaciones. Nos lleva dos horas organizar las cosas que hemos traído con nosotras, pasar un paño por los muebles y sacar las frazadas y ropas de cama para los cuartos que vamos a utilizar en la parte superior. También encuentro un fogón de combustible antiguo en una de las despensas aunque mi idea es hacer las comidas en las brasas de la parrilla que tenemos ubicadas en una de las terrazas que dan al fondo de la casa. 

    La nieve aun es profunda en esta parte de la región, un manto blanco que cubre los alrededores, solo interrumpida por los gruesos tocones de madera cortada y apilada en el patio. El bosque de abetos está a nuestras espaldas, es increíble que por este territorio mi padre pagó un precio irrisorio en los años 50. Pero el bosque de cuatro hectáreas a la redonda venia en el lote de la casa y ahora pertenece a la familia.

- ¡Todo es tan lindo Alex!

     Parece una chiquilla traviesa, mirando y revolviéndolo todo.

- ¡Deja eso ahí Isabelle! no puedes cargar peso... ya lo hago yo.

- Es que te quiero ayudar ?sube las escaleras y abre ventanas para que el aire gélido entre y reemplace el olor a cerrado.

- ¿Alex? ­-la escucho gritar desde el pasillo de arriba- Ese cuartico que parece un desván, el que da hacia el ala derecha...

- ¿Que pasa con él? ?me paro debajo de las escaleras y la observo.

- Me gustaría hacer mis meditaciones y mis oraciones ahí.

- Bien, podemos pasar tus ropas de camas, si quieres

- No. no. Quiero dormir en el dormitorio al lado del tuyo.

- Como quieras, baja que tenemos un paseo que hacer.

- ¿Vamos al bosque ahora?

- Sí, he preparado un poco de fiambre y llevamos el termo con café.

- ¡Genial! ?mientras desciende las escaleras noto como su rostro cambia y se lleva la mano hacia el vientre.

- ¿Pasa algo? ?indago cuando se detiene a media escalera.

- Espera un poco.

- Te lo dije Bell ?me apresuro y llego a su lado- Has estado sube y baja y te ha hecho mal, haber déjame a mí.

- ¿Que vas a hacer?

- Llevarte ¿qué otra cosa sino? ?la rodeo con una mano por la espalda y la otra por sus piernas y la atraigo hacia mí.

- Peso mucho y nos vamos a caer.

- No si estas quieta y yo te llevo como un paquetico.

- ¿Así que soy un paquete? ¿no? ?me susurra en el oído cuando enlaza los brazos alrededor de mi cuello.

     No sabe ella lo cerca que estaríamos de despeñarnos escalera abajo si sigue haciendo eso. Pero logro apurarme y llegamos a la primera planta .

-¿Duele?

- Un poco ?se lleva las manos al estómago cuando pone los pies en el piso y se acaricia con cuidado. Yo sin saber por qué también llevo mis manos para explorar blandamente su vientre.

- Tus tripitas todavía están un poco resentidas y no puedes esforzarte ?sigo auscultando toda la región cuando ella separa sus manos y me deja hacer.

- ¿Te alivia?

- Mucho ?sigo palpando su piel a través de la ropa y me siento tan a gusto que no reflexiono que mis dedos buscan llegar hasta su herida, allí en lo recóndito de su pelvis y tampoco que estoy acariciándola de una forma que pudiera parecer impropio a ojos de un particular. Pero Isabelle cierra los ojos y se mantiene delante de mí apacible recibiendo el calor y la atención de mis manos.

- No es necesario salir al paseo. Nos quedaremos.

- Quiero ir, Alex ?suspira y pone sus manos sobre las mías- Ya estoy mejor.

- ¿Estas segura?

- Sí... solo que debería abrigarme un poco más y todo está arriba.

- Voy a por ellos, ve poniéndote las botas ¿tienes suficiente con esas medias?

- Eso creo.

     Salimos y ya el resplandor del día está desapareciendo. Es escalofriante la belleza y el aire puro que se respira entre los altísimos abetos. Tenemos que hacer un rodeo buscando un caminillo de piedras que aunque cubierto de nieve aun es transitable. No hablamos, pero le tomo la mano y ella se cuelga de mi brazo y caminamos bajo ese silencio cómplice y aturdidas de tantos detalles perfectos que nos abre la naturaleza ante nuestro paso.

- ¡Nunca me había sentido tan bien, tan en paz conmigo misma ?susurra Isabelle.

- ¡Anjaa! ?sólo murmuro y no soy capaz de expresar que para mí es más que eso: es estar en un paraíso terrenal y virgen, con la persona que se ha hecho la más importante en mi vida: Con ella.

- ¿Ves el claro aquel?

- Sí, ¿no pensaras llegar hasta allí?

- ¿Por qué no?

- Porque hay mucha nieve, Alex... yo seguro me hundiría antes de llegar.

- No te preocupes, te llevaré, nos sentaremos sobre esos tocones y esperaremos que caiga la noche.

- ¿De veras? nunca he estado bajo las estrellas en medio de un bosque.

- Siempre hay una primera vez  ¿Aunque quizás te de miedo?

- No, si estoy contigo.

    Cuando la tomo entre mis brazos para atravesar la hondonada de nieve me siento la más feliz de las mortales.

- ¡Es increíble lo fuerte que eres! ?comenta mientras se pega a mi.

- ¡Lo increíble es lo poco que pesas con lo mucho que comes! ?evito siquiera mirarla por lo tan cerca que siento su aliento.

- Eso no es cierto. En el monasterio ayunamos muy a menudo.

-  Pero tu eres como una hormiguita que cuando puedes comer te atiborras para tener reservas en los periodos de abstinencias.

- ¡Ah Alex! ¡Se te ocurren cada cosas! ?y se pone a jugar con mi pelo mientras recuesta la cabeza en mi hombro.

- ¡Ya está bien aquí! ?la deposito sobre un tronco de madero- ¡Espera a que quite un poco de nieve!

     Y allí nos acomodamos admirando a nuestro alrededor, la quietud de los árboles, la pureza de la nieve, el resplandor de la luna lejana y el valor de las palabras no dichas pero latentes en cada una de nosotras. Regresamos ya con noche cerrada, como conozco el camino como mis propias manos no tenemos problemas en llegar a casa.

- ¿Un chocolate caliente con una porción de pizza? ?pregunto encendiendo la chimenea.

- Lo necesitamos ?Isabelle da pequeños salticos de una pierna a la otra.

- Voy a buscar más leña, tenemos que mantener el fuego toda la noche si no queremos pasar frío.

- ¡Hay muchas mantas!

- Yo se lo que te digo ?salgo afuera y cargo desde la apilada madera cortada del patio hasta el amplio salón principal de la casa. Luego nos sentamos sobre almohadones frente al calor de la lumbre con tasas humeantes de chocolate y dos porciones de pizzas.

- ¿Crees que pudiera estar un rato allá arriba?

- ¿Para hacer tus oraciones?

- Sí, antes de irnos a dormir.

- Me parece bien, yo... estaré aquí, leyendo algo.

     La he dejado en la segunda planta y bajo algunas mantas para acurrucarme junto a la chimenea, el olor a abeto, el crepitar de las llamas y el silencio de las paredes me parecen simplemente cautivadores. No se cuánto tiempo pasa pero me quedo adormilada recostada a los almohadones, luego despierto sobresaltada ¿Dónde está Isabelle?.

    Con pasos cautelosos me asomo al cuartico del desván y allí está, con su escapulario en las manos, su vista dirigida al ventanal y sus labios murmurando interminables plegarias. Entonces se me ocurre algo: Lo que siempre hacia cuando éramos niños Elois y yo, bañarnos en la nieve y sentir como la sangre arde debido a la diferencia del frío exterior con la temperatura del cuerpo. ¡Era una sensación maravillosa! 

    Y ahora que Isabelle esta tan entretenida, no me demoro mucho en desnudarme, agarrar una bata y abrir la puerta de entrada para salir a la inmensidad de la noche.

     La bata y las chinelas las dejo sobre la barandilla de la entrada y corro hacia el primer montículo de nieve, para hundir brazos y manos y restregar la fina nieve por todo mi cuerpo hasta que la piel se pone roja y la respiración se me congela. Los cabellos los tengo atados hacia arriba y lo último que froto es mi rostro antes de voltearme e ir de regreso a la casa. Es aquí cuando la veo: Isabelle completamente desnuda viniendo hacia mí.

- Te estabas divirtiendo sola ¿no?

     Es como una divina aparición: Su piel pálida y rubia enmarcada en la penumbra de la noche, su cuerpo esplendido, vivo y palpitante, sus pechos hermosos, firmes, seductores, su vientre plano que había acariciado tantas veces sin apenas verlo, sus caderas, su triángulo de vellos dorados, delicado, apetecible. Sus piernas fuertes, bien delineadas. ¡Cristo! ¿Y estaba delante de mí?

- No... no pensé que tú ?me observa y sus ojos se detienen en mi vientre y súbitamente el frío me muerde encarnizadamente. No quiero desmayarme, ¡Ahora no!

- ¡Es que estabas ocupada! ?parece que murmuro.

- Me asomé en la ventana y te vi ?dice como si nada y ahora su vista se posa en mis pechos. Mis mejillas arden de rubor y me sofoco.¡Tal parece que yo fuera la monja, y ella la chica sin perjuicios!

- ¡Señor todopoderoso! ¡Que frío! ?se queja tiritando.

- Frótate con la nieve ?digo y trato de cubrir mis partes íntimas con una mano.

     Se inclina ante mí para hundir sus brazos en el mismo montículo helado del que yo estaba sacando nieve. Es un espectáculo indescriptible recrearme en su trasero, creo que el frío me ha estrangulado la respiración para congelarme ahí: desconcertada ante sus vigorosas y bien formadas nalgas. ¡Toda una provocación!

- ¿No nos enfermaremos? ?se incorpora y se restriega el rostro y el pecho.

     Es asombroso como mi cuerpo pasa de un estado de entumecimiento y congelación a una fase de fuego y ardor en menos de tres segundos.

- No te mojes el cabello ?me escucho balbucear, y me froto las manos para evitar llevarlas a otro sitio que está necesitando asistencia inmediata. ¡Tengo que ir a la casa! ¡Huir de ella! sólo que... la verguenza de que me contemple de espaldas en mi marcha, me detiene.

­- ¿Pero que haces? ?me alarmo cuando la bola de nieve me da en pleno rostro.

- ¡Estas como ida! ?se ríe y tiene otra bola amasada en la mano- Eso te despertará.

- ¿Quieres jugar? ¿no? ?se que esto no traerá nada bueno pero me inclino para preparar una bola y cuando voy a dispararla no se a dónde apuntar. Y ese instante de dudas hace que reciba una rociada de nieve por todo el cuerpo.

- ¡Te estás pasando! ?grito pero la sigo mirando sin todavía atreverme a lanzar la bola.

- ¡Venga! gallina ?me desafía y sigue alzando nieve con las dos manos alcanzándome de lleno.

- ¡Pero serás... ¡

- ¡Cobardica! ?y otra lluvia de nieve me sorprende.

- ¡Basta Isabelle! ?no tengo valor de tirar la bola por temor a hacerle daño.

- ¡Estoy ganando y tú no has lanzado nada!  -nieve y más nieve sobre mi rostro a tal punto que me ciega los ojos y empiezo a escupir escarcha por la boca.

- ¡Ahora veras! ?mascullo y arremeto contra ella para tratar de capturar sus brazos y detener la avalancha blanca que se me viene encima. Forcejeamos y la muy ladina se me escapa por debajo y levanta otra oleada helada directo a mis narices.

- ¿Quién te crees que eres? ¿eh? ­?manoteo en la oscuridad de mis ojos para detenerla y tropiezo con su cuerpo, no se qué parte y me aferro a él, pero de nuevo se escabulle agachándose entre mis piernas y justo cuando ya está por evadirse me lanzo sobre su cuerpo sin más. Y rodamos, en la nieve, ella debajo y embadurnándome la cara aun de nieve y yo sin creerlo ¡Por Dios! ¡Encima de ella!

     ¿Qué clase de juego es este, donde el calor de mi vientre va a estallar cuando me percato de mis pechos pegados a los suyos, de mis caderas aplastando las de ellas, de mi sexo rozando lo sagrado de una suave pelambre rubia. Sé que la parálisis que experimento es de la cintura hacia arriba, porque la humedad que emerge entre mis piernas me señala que estoy viva, y que tengo que moverme y salir de aquí pero ¡Ya!   

- ¡Alex! te falta agilidad  ­?y riendo me da una voltereta donde ahora yo soy la de abajo y ella se agita sobre mí, llenándome el rostro de nieve.

-¡Por favor! ?gimo, con sus piernas ahorcajadas sobre mi pelvis cuando el contacto se hace intenso.

- ¿Te rindes?

     ¡Pero es que no se da cuenta que está a punto de provocarme un sincope con esos movimientos de fricción en mi vientre, mientras está ocupada de seguirme cubriendo la cara de nieve!

- ¿Te rindes?

- No ? bramo palmoteando en el aire procurando atrapar sus manos. ¿Está consciente ella de su desnudez y de la mía? Pues parece que no, porque ahora clava su barbilla en mi cuello cuando logro inmovilizarla y se debate cual un insecto atrapado en una tela de araña. Solo que la araña, que soy yo, estoy con pulsaciones entre las piernas, con una excitación de 120 grados en una escala de 100, y con el sexo inundado de humedad.

- ¡Ya basta, Bell! ?la volteo y me levanto antes que se de cuenta- ¡Vamos adentro!

     Le tiendo la mano para que se levante y me palmeo el rostro para limpiarlo de escarcha pegada a la piel.

- ¡Te he ganado! ?ríe feliz

- No he querido hacerte daño, solo eso ?la aferro a mi mano y la halo tras de mí, para salir corriendo y llegar a la casa. ¡Por Dios! Ni la cruda temperatura ha podido calmar este ardor que llevo adentro.

- Ocupa el baño de abajo ?le indico tomando mi bata a la carrera- ¡Yo me voy a secar arriba!

    Secar no es exactamente la palabra, llego como atolondrada a la segunda planta y me tranco con llave en el baño de mi habitación, apoyo una mano sobre las losetas frías de la ducha y escurro dos dedos hacia abajo para acariciar la sensible carne inflamada de mi sexo expuesta a tanta provocación. Solo necesito frotar unas pocas veces y rememorar el cuerpo de ella revolcándose bajo el mío para colapsar con los ojos cerrados en un orgasmo forzoso, apremiante y angustioso que me exime momentáneamente de tantos deseos acumulados.

    Aun temblando abro la ducha y dejo resbalar el agua helada por mi cuerpo. En otra ocasión hubiera gritado de dolor, pero ahora me reconforta y en cierta medida acaba de apagar todo este infierno que llevo bajo la piel. Resoplando me seco y a la luz de la lámpara artificial busco entre mis cosas el pijamas de tela gruesa para cubrirme, peino mis húmedos cabellos y lanzando un suspiro profundo bajo las escaleras para encontrarme con Isabelle.

     Está recostada entre los almohadones y mantas junto a la chimenea, y me mira con los ojos entornados

- ¿Te has duchado?

- Ya que estaba en eso ?digo sin importancia y coloco más madera en la chimenea.

- El agua debe estar helada, ven antes de que te refríes ?me señala a su lado.

- ¿No tienes sueño? ?me acomodo y ella se retira un poco para darme espacio.

- Estoy un poco cansada ?dice y se empeña en ponerme las mantas por encima para abrigarme- ¡Pero se está tan bien aquí!

- Sí ­-aspiro de nuevo el olor de la madera que arde y noto como ella se me pega al costado.

- El baño de nieve afuera me recordó un viaje que hicimos con las hermanas del convento a Finlandia.

- ¿Ah sí? ?me echo hacia atrás y cierro los ojos- ¿Y por qué?

- Se celebraba un coloquio religioso y fuimos invitadas, y ya sabes que allá tienen esa manía de darse baños de sauna, así que en el monasterio que nos acogió tenía su propia sauna en el patio ?se voltea hacia mí- ¿Estas durmiendo?

- Te estoy escuchando ?me siento realmente relajada.

- Pues cuando todas las monjas fuimos a coger un poco de calor, vapor y a sacudirnos la piel con esos gajos de hierbas medicinales...

- ¿Pensé que las monjas eran más recatadas respecto a la desnudez de sus cuerpos.

- ¿Y qué te crees? toditas estábamos en batas de lino hasta los calcañares.

- ¡Ya me lo imagino! ?río por lo bajo y me gano un codazo en una costilla.

- Cuando todas se fueron retirando me quedé yo sola, esperando.

- ¿Esperando qué?

- Salir a la nieve y revolverme en ella como el Señor me trajo al mundo.

- ¡Eres una depravada! ?me carcajeo de lo lindo.

- ¡Fue sensacional! de niña también lo hacía en el patio de mi casa.

      Quedamos en silencio escuchando el chisporroteo de la lumbre y aspirando el aire caldeado del entorno.

- ¿Puedo pedirte algo, Alex?

- ¿Tienes hambre? ?me volteo y me tropiezo con esos divinos ojos verdes suplicantes.

- ¡No por Dios! Es otra cosa.

- ¿Qué cosa? ?me remuevo y ahora ella pega sus piernas a las mías.

- Claro, si es que tu quieres.

- ¿Me vas a decir o no?

- Que allá arriba, en los dormitorios debe hacer mucho frío.

- Ya te lo había advertido.

- ¿Y si nos quedamos aquí?

- ¿Aquí?

- Exactamente así como estamos ?susurra- Tenemos mantas y el calorcito muy cerca.

- No tenemos colchones y ... el espacio...  ­?trato de convencerme que aunque me encanta la idea no puedo dejarme seducir a tamaño prodigio.

- ¡No seas pesada Alex! hemos dormido juntas otras veces y se está tan bien aquí...además no me daría miedo como allá arriba, sola.

- ¿Con que tienes miedo? ¿no?

-  Un poquitín, para que te lo voy a negar.

      Estiro el brazo y no sabía que estuviera tan cerca, así que solo la arrimo un poco más y ella al instante pasa su brazo sobre mi vientre.

- Casi que no ocupo espacio ¿ves?

- Ya lo creo ?digo sonriendo- si ahorita te me subes encima

- ¡Por favor! ¡Alex! ?ruega y me parece estupendo sentirla apretada a mi costado y el agarre de su brazo firme en mi cintura.

- ¡Concedido! ?digo al fin, y nos acomodamos las colchas con un suspiro de complicidad por ambas partes.

- Cuéntame de cuando eras niña ? le pido sabiendo que este instante de felicidad y distensión, lo recordaría por mucho tiempo.

- Como todas, supongo: Llevaba trenzas largas, me faltaban dos dientes y tenía las piernas chuecas.

- ¿Y aun no eras monja? ?cuestiono en torno de burla.

- ¿Cómo se te ocurre? Entré al convento cuando tenía 14 años.

- Eras una niña todavía.

- Bueno sí ?siento como un suave estremecimiento le recorre el cuerpo y pensando que es frío, paso mi brazo por debajo de su cabeza que al final termina recostada en mi hombro.

- ¿Mejor?

- Estoy muy bien, gracias ?respira fuerte- Alex, me gustaría que conocieras mi pueblo y mi gente algún día.

- ¿De veras? a mí también ?digo inmensamente feliz

- Quizás antes de partir a Paquistán, puedas acompañarme algunos días.

- No lo dudes, será un placer.

- Ahora ¿Cuéntame de ti?

- ¿Que quieres saber?

- ¿Cuantos ... Uhhhm... ¿cuantos chicos has tenido?

- ¿De pequeña o de grande?

- ¡Vaya! ?se encoge un poco- ¿Fue una pregunta tonta? ¿no?

- De hecho, no he tenido muchos ­­-hago una pausa- Con el más que he durado es con Robert

      Sería una calamidad hablar de los fracasos amorosos con duración de semanas que habían rodeado toda mi existencia, sabiendo que era yo quien ponía fin a los romances apenas empezados por motivos que no entendía hasta que ... llegó ella y ya lo tenía más claro, pero no podía decirle eso ¿no?

­- ¿Lo quieres mucho? ?había curiosidad en su pregunta.

- Más bien es la persona con la que he podido llegar a un acuerdo en eso de las relaciones... por lo demás...

­- ¿Pero le amas? ¿no?

- No estoy enamorada de él, si a eso te refieres.

     Parece que mi respuesta la deja confusa porque tarda unos minutos en volver a la carga.

- ¿Y si no le quieres, por qué estas con él?

-  No...no lo sé, a mi edad es natural estar acompañada, además es un chico divertido, no exige mucho y ...

- ¿Piensa él lo mismo que tú?

- Nunca le he dado motivos para que piense que es algo más serio de lo que es.

­- ¿Te casarías con él sin amarlo?

- ¿Por qué me parece que estás preguntando mucho?

      Aun sin verla presiento que se tensa debajo de las mantas.

- Disculpa, a veces soy muy curiosa.

­- ¡Anja! ahora el cotilleo se llama curiosidad.

- ¿Me estás diciendo cotilla? ?levanta la cabeza y no se si está bromeando o si está enojada. Pero el cándido brillo de sus ojos me estremecen y aparto la mirada.

- ¡Te he hecho una pregunta!

- Estoy dormida ?respondo cerrando los ojos y percibo su aliento en mi rostro.

- ¿Alex?

- ¡Que sí! que eres muy cotilla ?levanto un tanto las pestañas y la tengo encima, me observa y se acerca aún más ¡Madre mía! ¿qué va a hacer? Siento el suave mordisco en mi nariz y chillo más de nervios que de dolor.

- ¿De nuevo lo has hecho? ?me cubro la nariz con una mano y la miro como calmadamente vuelve a bajar y recostar su cabeza en mi hombro.

- Te lo mereces

- Es la segunda vez que me muerdes ¿lo sabías? y a la tercera...

- ¿Qué vas a hacer? ?ríe con picardía.

- Me comeré tus orejas con kétchup y pimienta.

     Siento como vuelve a reír y busca mi mano a través de mi estómago. Entrelaza los dedos con los míos y me parece la caricia más inverosímil que he sentido alguna vez.

- Bien... sigue preguntando ?digo suspirando.

- ¿Por qué nunca terminaste tu carrera de ingeniería civil? ?cuestiona con seriedad y me toma un poco de sorpresa.

- ¿Cómo sabías eso?

- Tu padre

- Ese viejo chismoso ?chasqueo la lengua- ¡Si deberían estar en el mismo equipo!

- ¡Responde!

- Me faltó motivación para hacerlo.

      Ahora es ella la que suspira profundamente.

- ¿Que tipo de motivación?

- Pues... qué se yo... me gustaba aunque luego me desanime... quizás, no tenía por quien hacerlo... eso es.

- ¿Y para ti misma?

- Me puedo resolver económicamente con otros trabajos.

- ¡Alex! eso se llama inmadurez y ahora mismo estoy muy decepcionada contigo.

      No me lo puedo creer pero se separa de mi y se voltea dándome la espalda. Entonces realmente reconsidero sus palabras.

- ¡Vamos a ver monjita cotilla! ?digo apesadumbrada pasando el brazo por debajo de sus hombros y trayéndola hacia mí a tal punto que la subo sobre mi cuerpo- ¿Que podría hacer para que no te sientas ... ¡decepcionada!

- ¡Pensar en ti misma! ?dice y se ha puesto a hacer círculos con su dedo índice en mi hombro- ¡Y terminar tu carrera!

- Me llevaría unos años.

- ¿Estas apurada?

- No, pero ... lo del viaje a Paquistán.

- ¿A veces tenemos que elegir qué es lo más importante en la vida?

- ¿Y qué crees tú?

­- En tu caso...  tener una profesión.

      Quedo callada mientras ella se baja de mi cuerpo, se acomoda de nuevo en mi hombro y apoya su brazo en mi vientre.

- ¿Te gustaría siempre trabajar en eso que haces ahora?

- No, esa es una razón por la que necesito irme afuera.

- Si quieres cambios en tu vida, empieza por lo más factible y cercano no por lo lejano e incierto.

- ¡Tendría que plantearme cambios radicales si quisiera hacerlo!

- ¿Que te detiene a hacerlo? ¿De nuevo la motivación?

     No le respondo

- ¿Sabes qué, Alex? te voy a ayudar a encontrar esa ... motivación.

­- Dentro de dos meses partiremos, no te dará tiempo.

      Estamos sin hablar por algún tiempo, sintiendo el calor de nuestros cuerpos, escuchando nuestras respiraciones e inmersas en nuestros pensamientos.

- Nunca te he preguntado por este anillo ?digo palpando la sortija gruesa que lleva siempre en su mano derecha- ¿Significa algo o es sólo un ornamento?

- Es... un compromiso.

-¿De qué tipo? ?pregunto asombrada.

- De tipo espiritual. Lo recibí cuando abracé la fe cristiana y me encomendé a seguir los caminos del Señor.

- ¿Cómo si fueras su novia? ?digo en tono irónico.

- ¡Correcto! ?responde con sencillez, palpando mis dedos por debajo de las cobijas- ¿Y tú? Llevas esta alianza de oro que es muy bonita ¿Es un regalo?

- Sí, de mi padre, significa mucho para mí, la recibí cuando él decidió que ya era mayor de edad.

- ¿Cómo así?

- Cuando él creyó que yo podía tomar decisiones propias, y tenía el sentido común de poder elegir en la vida.

- Un gesto muy bonito ?afirma palpando el anillo mientras acaricia mi mano.

- Lo es

- ¿Y el otro aro que llevas?

- La recibí hace poco, me la regaló Robert.

- ¿De compromiso?

- Tengo dudas sobre cuáles fueron sus intenciones, la verdad.

- Sospecho que él te quiere mucho, Alex

- Es posible ?y no me alegra de reconocerlo.

- Tienes suerte que haya tantas personas que te amen ?susurra.

- ¿Tantas? a quienes te refieres.

- Robert, tus padres y... yo por supuesto.

­- ¿Tú también? ?pregunto incrédula

- ¡Claro! tontica. ¿te gustaría que te regale un... anillo?

      Eso sí que me sorprende

- ¿Tendría algún contenido religioso, como la imagen del Señor o de la virgen María? ?cuestiono aun confundida por su pregunta.

- Es posible, pero te lo daría de corazón.

      ¡Qué se responde a eso! siento mis ojos arderme y unas lágrimas a punto de nacer, así que la estrecho más a mí.

- Lo aceptaría y lo llevaría siempre conmigo ?musito.

- Sólo me queda averiguar el día de tu cumpleaños ?murmura con voz adormilada.

- ¿Ya estás durmiendo?

- Quiero hacerlo antes que tú ?me responde con un gran bostezo.

- ¿Y eso por qué?

- Para no escuchar tus ronquidos

- ¡¿Que yo ronco?!

- Y mucho

- ¡Anda mentirosa! ? trato de alejarla de mí para levantarme- ¡Me iré a otro sitio!

- ¡Ni te atrevas! ?ahora se aferra a mí como si le fuera la vida en ello y me abraza.

- ¡No te entiendo! ?dejo la mirada en el techo.

- ¡Gruñona! estaba bromeando, Alex ¿no tienes hambre?

- ¡Por Dios! que son las dos de la mañana.

- Lo digo porque esta costilla de aquí ?es increíble como sus deditos recorren mis costados palpando mi cuerpo con tal desfachatez- Está un poco salida, y necesitaría un poco más de carne que la cubra.

- ¡Déjalo! que me estás haciendo cosquillas ?advierto cuando el cuerpo empieza a desordenarse.

- Mañana te daré de comer como corresponde ?otro bostezo y al fin deja de mover los dedos.

     Levanto la cabeza y compruebo que la chimenea esta con suficiente madera, luego observo su perfil sereno y apacible, su belleza innata y aspiro a pequeños sorbos su olor natural. Duele tenerla en mis brazos y quererla tanto. Sin embargo, soy tan tremendamente feliz de que me considere su amiga. Creo que con nadie he tenido un momento de tanta intimidad que con ella esta noche. Sin nada de sexo, ni ideas pecaminosas, solo estar juntas, la una para la otra.

    Con cuidado deslizo mi mano y me quito el anillo que mi padre me regaló, y buscando en mi vientre tomo su mano izquierda y se lo pongo en uno de sus dedos. ¡Tamaña sorpresa se va a llevar mañana! y con esta idea sonrío y todo el cansancio del día se me vuelca como manto oscuro para llevarme al reino de los sueños.

                                                        **********

 

     Despierto con la sensación de algo muy blando pegado a mí, algo a lo que me aferro con obstinación ¿Isabelle? ¿No le estaré haciendo daño? Abro los ojos de golpe ¿Que hago yo abrazada a una almohada? ¿Y ese olor a café y carne asada? Me incorporo con un saco de interrogantes y la primera respuesta me llega después que me dirijo hacia la cocina y veo la mesa puesta para el desayuno con diferentes fuentes de quesos, huevos hervidos, tortitas de harina, frutas, yogures ¿Y esto que es? Al volverme la veo a través de los cristales de la ventana, junto a la parrilla de la terraza, moviendo algo que esta sobre el fuego. ¡Con que está con hambre, la muy pillina!

     Busco una manta para ponerme por encima y abro la puerta que da hacia afuera.

- ¡Buenos días! ?digo bostezando y me acerco cuando su sonrisa se hace grandota y deja el trinchante sobre el banquillo.

- ¡Buenos días, Alex! ?viene hacia mí, y cuela las manos por debajo de la manta y me abraza.

- Por qué te has levantado tan temprano? ?pregunto maravillada del recibimiento.

- Sólo sigo el mismo horario del convento, ¿Cómo has dormido?

- Bien ?le levanto la barbilla y le doy un beso en la nariz- Desperté abrazada a una almohada.

- ¡Ah! esa te la puse yo para que me dejaras escapar ?pone la cabeza sobre mi pecho- Todavía estas calentica.

- ¿No se supone que soy yo la que deba cuidarte?

- Te dije que te haría comer como es debido, ya sólo falta esto ?dice señalando dos enormes filetes de carnes que se están asando- Anda, ve a lavarte y a peinarte...el café ya está hecho.

    No quiero separarme de su cuerpo pero obedezco dócilmente

- Eso huele bien, cuidado que se queme ?y me voy arriba para adecentarme un poco y cambiarme por ropas más templadas. Hoy tengo pensado llevarla a un aserradero cercano, allí conozco un viejo amigo que nos hará interesante la visita, luego almorzaremos en un restaurante criollo del pueblo, más tarde de compras, porque quería regalarle un conjunto impermeable para el frío, y por ultimo al cine o a de visita a algún sitio histórico del poblado.

     Cuando bajo y entro a la cocina, está parada mirando por la ventana y se vuelve cuando me escucha..

- Ahora estas mejor ?se sienta ante la mesa- Hoy me voy a ocupar de esa maraña de pelo largo tuya.

     Voy hasta la cafetera y sirvo café en las dos tazas.

- ¿Que piensas hacer con mi cabello? ?comento sin entenderla.

- Voy a hacerte esas trencitas finas y extensas ¿Has visto esas chicas que tienen esos peinados tan lindos.

- ¡Te llevaría tres días y no tengo tanta paciencia para que me estén hurgando en la cabeza!

     Me mira enojada y hace un mohín precioso con sus labios.

- Te lo haré cuando estés dormida ?dice y ataca de buenas ganas el filete de carne con una rodaja de pan.

- Ya sé que puedes ser muy terca ?respondo cediendo- En todo caso acepto si puedo hacerte la manicura.

    Se mira las uñas inmediatamente y frunce el ceño.

- ¿Me va a doler?

- Depende de los pellejitos que tengas alrededor de las uñitas ?mastico sonriendo pícaramente- Aunque conociéndote como las devoras, me extrañaría que todavía tengas uñas.

- ¡Muy graciosa! ya... ?traga un bocado y bebe jugo- se me han quitado las ganas de trenzarte el cabello.

- ¡Ah no! de eso nada ?sonrío triunfante- Yo me encargo de tus manitas y tu de mi cabeza ¿ok?

     Permanece callada y sigue comiendo, está preciosa con la cabeza baja y sus cabellos rubios cayendo a los lados de los hombros.

- Esto está muy bueno ?comento y observo que la carne está suave y jugosa - Tengo planes para el día de hoy, quiero que me digas tu parecer.

- Antes de eso ?suspira y levanta la vista- ¿Quiero hacerte una pregunta?

- Todas las que quieras ?ya me he terminado la carne y unto una tortita con mermelada.

- Hoy me he levantado con algo que no tenía ayer. ¿Sabes tú de eso?

      No puedo evitar sobresaltarme. ¡Había descubierto la alianza!

- ¡Mucho mejor para tí ¿no?

- Te estoy hablando en serio, Alex ¿Qué hace tu anillo en mi dedo? ?su mirada es de franca interrogación.

- Te lo regale anoche ?digo y la observo con dudas.

- No puedo aceptar algo que... te regalo tu padre y que ... es tan significativo para tí.

- Sí que puedes ?digo aplacando mis nervios para no parecer muy ansiosa- Hago exactamente lo mismo que hizo él una vez: Te la doy porque creo has llegado a la mayoría de edad.

- ¡Alex! ?sonríe y levanta las cejas- ¡Hace mucho tiempo que soy mayor de edad!

- Pues...no lo había notado ?afirmo muy seria posando la vista en el mantel de cuadros.

- Bien, ya sé que tengo que convencerte de otra forma ¿Que diría tu padre si me la viera?

- Estaría feliz de que haya una persona lo suficiente importante para mí como para yo deshacerme de ella.

     Lo he dicho de carretilla y ya estoy por arrepentirme o de suavizar para no delatar segundas intenciones cuando la tengo frente a mí.

- ¿Eso es cierto?

- ¿El qué? ?me asusta que se incline y me mire así tan cándidamente.

- ¡Que soy importante para ti? 

     No la miro, sino que asiento y estúpidamente siento mis mejillas arder de rubor. 

- ¡Eres tan dulce, dios mío! ?me toma el rostro con sus manos y me besa en la frente, cuando cierro los ojos, posa sus labios en los míos y me besa tan despacio y tan ingenuamente que se me levantan hasta los vellos de la espalda.

- ¿Estas segura que quieres que me lo quede?

- Sí ?afirmo cuando se separa para volver a su silla- Dentro de diez años cuando estés en otro monasterio y veas el anillo, piensa que por acá has dejado a una amiga.

- ¡Me vas hacer llorar! ¿lo sabes?

     Alarga las manos ante ella, luego quita la alianza de su mano izquierda y lo pasa al mismo dedo donde tiene el anillo del Señor.

     No me atrevo a preguntar, pero ahora mi anillo está en su mano derecha, junto al del Todopoderoso ¿Quiere decir esto algo?

- ¡Gracias! Nunca me lo quitaré.

      Cuando voy a decir algo escucho el sonido del teléfono celular de Isabelle y ésta se levanta inmediatamente para tomarlo de la repisa.

- Es el Dr. Márquez ?me aclara antes de salir apurada de la cocina en dirección del corredor.

    

    ¿El Dr. Márquez? ¿Y por qué diablos llama? y ¿Por qué Isabelle quiere hablar sin que yo escuche? Me levanto con precipitación y me acerco a la puerta para abrirla un tanto y escuchar. Sé qué está muy mal pero... oigo la voz de Isabelle cuando explica.

- Sí Dr., unos dolores muy desagradables, sí...bueno he estado caminando, ya lo se, pero Dr., claro yo lo entiendo, no estoy en Estocolmo, ¿reposo?..  ¡Pero Dr! ya... el martes, está bien, seguiré tomando la medicina, claro... ¿Está seguro? Es que no puedo estarme quieta, ya sé, entiendo.... bueno pues claro... reposo. Eso es, no se preocupe. Gracias por llamar.

      Apaga el teléfono suspira profundo y cuando se da vuelta observa que estoy recostada al arco de la puerta.

- ¿Porque no me lo dijiste? ?la regaño suavemente y antes que diga algo voy y la tomo en mis brazos.

- No quería preocuparte ?sé que está llorando y le acaricio los cabellos.

- Nos vamos ahora mismo al hospital ?la sostengo con cuidado y la llevo hacia el sofá del salón.

- No Alex, no es eso... sólo que el Dr. cree que no he descansado lo suficiente.

- Cariño, Yo tengo la culpa ¿verdad?, la caminata de ayer, el juego en la nieve...

- No Alex. lo volvería hacer de nuevo porque lo he disfrutado pero...

- Tienes que hacer reposo ¿Es eso?

- Eso dijo y luego el martes quiere que vaya a una visita rutinaria.

- ¡Iremos! ?le digo y me arrodillo a su lado mientras la abrigo con una manta- ¡Y has hecho el desayuno y has estado al calor de la parrilla, ¿Cómo va a hacer posible? No te dejare mover de aquí. Ahora será reposo... reposo y ¡REPOSO!

- ¡Alex! por favor ­-me extiende la mano- Tampoco seas exagerada ¿eh?

- ¿Dónde es que te duele?

      Se lleva las manos al vientre

- Todo allá adentro.

      Levanto la cobija y también su grueso pullover dejando su estómago al desnudo.

- ¿Dónde exactamente?

- ¡Aquí!

     No se qué me sucede pero me encimo y simplemente la beso donde me señala, encima del ombligo. La piel se le eriza y encoje.

­- Y aquí ? vuelvo a mover mis labios y acaricio también ahí.

- Y aquí ?sigo besando su piel, mientras ella ha cerrado los ojos y ya no necesito que me indique, sino que cubro de delicados besos todo su vientre.

- Se siente muy bien ?dice y su mano sube para acariciar mis cabellos.

    ¡Dios! ¿pero qué estamos haciendo? Estoy agitada y sonrojada pero logro incorporarme y cubrir su cuerpo con la frazada de nuevo.

- ¿No tienes que tomar alguna medicina?

- Un calmante sería buena idea.

- Lo voy a buscar ?me encamino hacia la escalera- ¡No te muevas!

- ¡Que ya te escucho!

     Cuando regreso con un vaso de agua y la tableta está mirando por la ventana recostada al sofá

- ¡Alex! lo siento, te he estropeado tus planes para el día de hoy.

- ¡Pues mira que no! ?le miro sonriendo- Tenía pensado un día de relajamiento en casa: Sentarnos en la terraza envueltas en mantas, disfrutando de la naturaleza y el aire puro, esperar que caiga el atardecer desde las escaleras del zaguán, leer algo en la biblioteca, jugar parchís y otros juegos que tenemos en el salón, comer bien, tomar bastante chocolate caliente y...

­- ¿De veras?

- ¡Claro! la idea era descansar, no andar por ahí como locas.

­       Ríe como una chiquilla y me extiende los brazos.

- ¿Por qué eres tan buena? ?susurra cuando me apretuja entre ellos.

- Puedo ser muy mala, así que no te muevas de ahí que voy a recoger lo del desayuno y preparar la terraza para que estés cómoda.

- ¡Ah! y olvídate que hoy vas a estar orando, de rodillas hasta las tantas.

- ¿Sólo un ratico antes de la cena? ¿ok?

- ¡Vale! ¡Pero voy a contarte los minutos!

     Pasamos el día pendiente una de la otra, disfrutando de la compañía mutua, de los juegos, de la lectura, de los cariñosos abrazos y de los silenciosos arrumacos. En la noche no permito que duerma en el piso frente a la chimenea, sino que le acomodo el sofá para que descanse mejor, pero a las tres de la mañana, la tengo empujando con sus implorantes ojos verdes para agenciarse un sitio a mi costado.

- ¡Por fa! Alex

- ¿Te sientes mal?

- Me sentiría mejor si me haces un huequito en tus colchas.

­- Pero... podría lastimarte.

- Estoy segura que no ?y se cuela bajo mis frazadas para pegarse a mis espaldas y embriagarme con su aroma natural y el calor de su cuerpo.

- ¿Estas bien?

­- No puedo estar mejor ?y siento su respiración pausada en mi nuca y la presión de su brazo sobre mi cintura.

     Al día siguiente por deseos de ella nos dirigimos en coche hacia el poblado, solo para echar una ojeada y comprar unos suvenir, almorzar en el restaurante criollo y pasarnos a rápidas a la iglesia municipal. Regresamos y planificamos pasar la tarde sentadas en el zaguán, hacer la cena a la parrilla en la terraza y al caer la noche: Estudiar Derecho Internacional en vista de una prueba la semana entrante.

    Isabelle ya siente menos dolores con ayuda de los calmantes y el hecho de haber estado sentada la mayoría del tiempo.

    Antes de anochecer nos sorprende una fina llovizna de nieve derretida y mientras ella me observa desde las ventanas del salón me apresto a acarrear madera para alimentar la chimenea y tener de reserva durante la noche. Hace un frío espantoso a pesar de que ya debería estar la primavera a la vuelta de la esquina. Cada vez que entro con los brazos repletos de troncos a la casa, levanta la vista sonríe y luego sigue leyendo el libro de poemas que hemos comprado hoy en el pueblo.

     Ya estoy lo suficiente empapada de esta repentina ventisca y calculo que con dos viajes más tendríamos suficiente, así que vuelvo a erguirme con la pesada carga y aprieto el paso para llegar a las escaleras del zaguán. No sé cómo sucede o que movimiento violento hago, lo único que advierto es que un dolor cortante cual filoso puñal atraviesa mi cuerpo para recaer de plano en las vértebras de la espalda.

     Y quedo varada con los brazos como aspas de molino al aire. Se me ciega la vista de dolor y no puedo moverme ¡Dios mío, mi espalda! Respiro con dificultad y los pies me han echado raíces en el cemento del rellano. Los maderos han caído con estrépito y se desparraman a mi alrededor.

- ¡Alex! ¿que ha pasado? ? Isabelle ha abierto la puerta y sale corriendo hacia mí en plantillas de medias.

 - ¡Naaada! ?atino a decir con lágrimas en los ojos.

- ¡Cariño! ¡No te muevas! ?dice abarcando de una ojeada la escena y mi mano en un costado presionando lo que supongo está roto. 

      Sus manos se adentran por dentro de mi abrigo y palpan la piel del espinazo.

- Es un músculo, se ha tensado por el sobre esfuerzo ?luego me pasa el brazo por encima de ella- Trata de moverte un poco.

     Cuando lo hago, no puedo evitar el grito.

- ¡Despacio, Alex! arrastra los pies de a poco, yo no te puedo cargar amor y tenemos que entrar en casa.     

    ¿Amor? ¿Eso ha dicho? Aprieto los dientes y me apoyo en ella y verdaderamente puedo moverme, deslizándome con su ayuda hasta entrar al salón y quedarme como poste de electricidad parada en medio de todo.

- ¡Espérate un poco ¿sí? ?creo que está asustada.

     Echa leña a la chimenea, remueve el fuego y luego acomoda el sofá quitando todos los almohadones.

- ¡Aquí, Alex!

- Si me acuesto ahí, no voy a poder pararme y ese es tu sitio.

- Sólo es para darte un poco de masaje, luego te darás un baño de agua caliente y quedaras como nueva.

      Con mucho esfuerzo y rabiando de dolor puedo echarme de barriga, después que ella me ayuda a quitarme el abrigo y las botas.

- Pongo el agua a calentar y busco la crema desinflamatoria ¿sí?

- No quiero que subas las escaleras ?digo con los ojos cerrados.

- Tengo todos los medicamentos en mi bolsa aquí abajo, gruñona.

      Se aleja y vuelve al cabo de unos minutos para arrodillarse a mi lado junto al sofá.

- ¡Alex! ¿te duele mucho?

- No

- Linda mentirosa ?me quita unos mechones de pelo que cubren mi rostro y me acaricia las mejillas luego que seca mi rostro de alguna lagrima con su dedo pulgar.

- Voy hacerte un masaje ¿ok? Necesito que te quites ese polo.

- No puedo

- Sube los brazos y yo me encargo ?de alguna manera ha logrado deslizar la prenda por sobre mi cabeza y también desprende mi sostén para seguir el mismo camino y aunque me duele una barbaridad me estremezco cuando noto mis senos libres y desnudos rosando la tela del sofá.

- Voy a tener que bajar un poco más los pantalones ¿ok? ?siento sus manos hurgando por el costado hasta llegar a los botones de los jeans, luego los baja hasta mitad de mis nalgas e incluso no digo nada cuando las bragas también resbalan hacia abajo. ¡Cristo! ¿Qué se supone que va a hacer?

      Se unta las manos con algo que huele fuerte a mentol y sin más las coloca para presionar en el lugar adolorido. El alarido que se me sale, creo la sobrecoge.

- ¡Tranquila cariño! ? pero ahora palpa con cuidado, y frota suavemente mientras mis lágrimas afloran sin control.

- ¡Alex! no llores ?deja las manos perdidas ahora debajo de mis omóplatos- ¡No soporto verte sufrir!

      Se adelanta hasta mi rostro y sus ojos brillan como espejos.

 - ¡No pasa nada! ?digo reflejándome en su mirada y supongo que como tiene las manos embadurnadas de crema utiliza sus labios para besar mis ojos y secar mis lágrimas.

- Si esto y el baño no te hace bien, nos vamos al hospital.

- Me hará bien ?pensando que ni siquiera puedo llegar al auto y manejar.

- Tengo permiso de conducción, no te preocupes ?dice respondiendo a mis pensamientos.

    Luego masajea con una suavidad extrema y parece que mis músculos se aflojan porque ahora junto al dolor observo que la piel está disfrutando, y sus manos reposadas y tibias me están llevando a otra sensación que nada tiene que ver con la primaria aflicción. Me sigo quejando cada vez que frota algunas zonas, pero ya no puedo evitar el placer que se está despertando en todas las células. Lo único que deseo es que no se de cuenta que mis pechos comienzan a temblar y que los pezones se están poniendo duros con cada toque. Sus dedos soban por los hombros, el cuello, bajan toda la columna y siguen insistiendo casi en la desembocadura del trasero

     Otra cosa es la respiración, que no se cómo doblegarla y ¡Dios! tampoco ayuda cuando presiona al final del espinazo hacia abajo y mi sexo roza una y otra vez con el sofá.

- ¡Isabelle! yo creo que ya...

- Otro poco, advierto como tus músculos se están relajando.

     Lo peor es que la excitación sigue creciendo con la fricción de esas manitos delicadas y esos deditos que hurgan y acarician la base del cuello. ¡El calor que tengo es infernal!

- ¡Son tus manos tan suaves! ­?murmuro ya lejos de una mediana cordura.

- Sería preferible tenerlas fuertes y grandes para que el masaje sea más efectivo.

­- No pero sí... -¡Madre mía! un repentino calambre que nace en los dedos de los pies es la señal que algo va a suceder en breve... el estómago se me tensa ¡NO, Ahora no! ¿un prematuro orgasmo, Por Dios?

­-¡El baño! ?vocifero exasperada de la intensa humedad que reboza mis entrepiernas.

- ¡Espera! ?Isabelle se sorprende- ¡Que no hay apuro, mujer!

    Sé que necesito ayuda para incorporarme pero la pregunta me late en las sienes- ¿Cómo hago para no mostrar los pechos al aire al levantarme?

- Puedo hacerlo sola ? murmuro con voz firme.

- No lo creo ?y sin mediar palabras rueda mis piernas hasta que los pies tocan el piso y pasa la mano por la cintura para presionar hacia arriba y sostenerme erguida junto a ella.

    No quiero siquiera mirarla, cualquiera en su lugar podría darse cuenta que mis pezones están hinchados como pomelos, que bajo las lágrimas hay cierto temblor en mi piel y una inexplicable y evidente falta de aire en mi respiración.

- Te acompaño hasta el baño y regreso por el agua caliente ¿ok?

    Durante los dos minutos que nos toma desplazarnos hasta el baño, percibo su mirada en la desnudez de mis pechos y cuando ladeo el rostro para confrontarla enrojece y evita encontrarse con mi mirada. ¿Esta avergonzada? ¿Ha notado mi calenturienta agitación? ¿O simplemente está desconcertada de ver los pechos de otra mujer?

     Cuando regresa con el recipiente de agua herviente para llenar la bañera lo único que he podido hacer es cubrirme la parte superior con una toalla porque los pantalones no los he podido sacar. ¡Una puta mala suerte que tenga que pasar por esto!

- ¡Espérate Alex, que yo te ayudo!

    La impotencia de no poder valerme por mi misma y la constancia de ella arrodillada ante mí bajándome la prenda interior húmeda como resultado de mi incontrolable excitación me hace desear ser tragada por el hueco del inodoro. ¿Cómo podré seguir mirándola a los ojos? Las lágrimas me corren de verguenza, frustración y amargura ¡Ni siquiera puedo ser su amiga! a cada paso del camino le sigo fallando y no es justo ¡Ella no se lo merece!

    En estos precisos momentos me siento tan vulnerable como el libro de poemas que ella está leyendo: Descubierta y legible hasta el mínimo detalle.

    Sus manos en mi cintura y espaldas recorren los tres pasos hasta la bañera y me sostienen hasta que me hundo totalmente en el agua caliente, cierro los ojos y sé que todavía sigue ahí.

- ¡Alex! No llores ?está arrodillada, del otro lado de la tina.

- ¡Lo siento mucho! ?musito.

- Te vas a poner bien ¿correcto?

- ¡Correcto!

- ¿Prométeme que te vas a estar quietita un rato aquí?

      Asiento conforme ¿cómo si pudiera escapar?

- ¡Voy a llamar al doctor!

- No es necesario ?pero no escucha porque se ha marchado a la carrera dejando la puerta entreabierta.

      Estar lejos de ella es insoportable, la echo de menos a cada segundo pero estar con ella es una tortura por el simple hecho de no poderme contener ¡No la merezco como amiga! ¿Ya pensaras que solución le buscas a esto, Alexandra?

- ¿Alex?

      ­¿Pensé en voz alta por Dios? Está parada delante de mí con más agua caliente.

- ¡Muévete un poco para ponerte más agua! y ya que estamos en esto ¿qué te parece un poco de sales olorosas y un poquitín de espuma? ¿eh?

   La dejo hacer y me llena la tina de todo lo que se le ocurre, pero siento el alivio del vapor recalentando mis músculos y una mejoría notable de la espalda.

- ¡Gracias!

- ¿Ya no está llorando mi grandota? ?se acerca y mientras sonrío mirando los dedos de los pies ella se inclina y me acomoda el cabello para que no me lo moje.

- Me está gustando esto de cuidarte ¿sabes?

- ¿Ah sí?

- Siempre creí que eras como una roca inamovible e invulnerable y ahora ... ¡te ves tan tierna!

- Lo dices porque ¿Estoy bajo el poder de... tu tiranía?

- No Alex, lo digo porque nunca te había visto llorar, y... me desarma verte así ?vuelve y se inclina y me besa en la mejilla- ¡Haré lo que sea para que no sufras! ¿lo sabes?

- Yo... siento todo esto.

- ¡Pssss! ya regreso... todavía no logro hablar con el doctor.

 

    Y sus pasos se pierden apurados hacia la cocina. Entonces decido que ya está bien de preocuparla y de hacer de víctima. Con esfuerzo me agarro a los bordes de la bañera y contra todo pronóstico puedo levantarme sin que me duela tanto. Me seco haciendo malabares para no tentar mi buena suerte y me cubro con una bata para salir despacio hacia el pasillo. ¿Y ahora? Es fácil deducir que no quiero quedarme en el salón bajo sus amorosos cuidados, tampoco dormir a su lado. Ya mi cuerpo ha estado demasiado expuesto a estímulos imposibles de satisfacer. Subo de a poco las escaleras con la intención de llegar a mi habitación, y luego de reposos intermedios y de escuchar la voz de Isabelle hablando por teléfono, llego hasta la habitación.

    Me desplomo en la cama de cara a las almohadas, y me cubro como puedo con la sobrecamas y la cobija. Quiero estar sola y necesito pensar.  Pero parece que tantas emociones y agua caliente han relajado demasiado mi cuerpo y me pierdo en nubes blandas de modorra.

- ¡Alexandra Antuñez!

     Esa soy yo. ¿Quién me está llamando? ¿Y por qué ese tono?

- ¿Qué estás haciendo aquí? ?es la voz de Isabelle.

- Quiero estar sola ?digo entre sueños- ¡Vete!

- ¿Ah sí? ­

      Después escucho los pasos menudos por el pasillo para más tarde perderse escaleras abajo. No estoy segura pero creo registrar en mi cerebro algo como: Error-error-error. ¡La echaste de tu lado! ¡Eres una consumada imbécil! Pero que más da. ¡No quiero compañía! y ¡Quiero morir! y no tener que fingir, ni sufrir ni hacer nada de lo que no quiera hacer. De nuevo la bruma me lleva lejos entre cortinas densas de somnolencia.

      Después me siento vapuleada por alguien.

- ¡Puta madre! quiero que me dejen en paz ?se qué vocifero

- ¡Mal hablada! ¡Levanta la cabeza y abre la boca! ?obedezco descubriendo a Isabelle arrodillada a mi lado, y trago alguna tableta y un buche de agua de un recipiente que sostiene en su mano.

- El Dr Marquez autorizó utilizar mis píldoras de desinflamación hasta que lleguemos a Estocolmo y dijo que tienes que presionar la espalda contra algo duro y compacto.

- ¡Isabelle! yo no quise... bueno... ?me despabilo del todo y volteo la cabeza hacia el otro lado para mirarla- Incomodarte con lo que te dije. ¡Lo siento mucho!

- ¡Como si te hubiera hecho caso! ?escucho el sonido de sus zapatillas al caer y algo que manipula en sus manos.

- ¡Ahora quiero que te relajes!

- ¿Que vas a hacer? ?siento como levanta todas las colchas y me hundo dos centímetros en el colchón cuando deja caer su cuerpo sobre el mío.

- Obedecer al Dr... dijo: ¡Presionar contra algo duro!

- ¡Ay! ¡Ay! ?me quejo por el dolor.

       ¡Y aunque duele no me lo puedo creer! ¿Está echada sobre mí? 

- ¡Siempre dices que no peso nada! ?se acomoda y sus pechos picotean sobre mis omóplatos, y su pelvis se aprieta firme sobre mi trasero. Luego es su aliento en mi nuca. ¿Hacen esto las amigas?

      El corazón empieza a dolerme de tanta confusión ¡Madre mía pero que gusto! Todo su cuerpo cubriéndome, su fragancia de violetas con que acostumbra a lavar sus cabellos sofocándome, su corazón marcando sus pasos en mi columna vertebral, la tersura de su vientre presionando hacia abajo, su sexo tan acoplado a mis nalgas ... ¡Cristo! ¿Es un sueño y empezara a moverse contra mí, para follarme, mientras me muerde en la nuca?

- ¿Bell? ?es una llamarada de fuego lo que corre por mis venas.

- ¿Más aliviada?

- De hecho sí ... mucho ?es imposible luchar contra esto, contra ella y contra las reacciones que despierta en mi cuerpo. Me viene a la mente que debajo de la bata no llevo ni siquiera bragas puestas.

      Cuando percibo sus dedos apartando mis cabellos y el roce en mi oreja, dejo de respirar completamente. ¡La parálisis es tan exquisita que me daría lo mismo morir en este instante!

- Alex, te estoy poniendo los audífonos ?siento algo en mi oído que ella se empeña en empujar hacia adentro- ¡Ahora vas a escuchar música!

- ¿Música? ?silabeo sofocada.

- Te va a relajar ?echa a andar su ipod poniendo el otro extremo de los audífonos en su propio oído y deja caer su cabeza a un costado de mi nuca.

- No pienses en nada, sólo escucha ?susurra en mi oído y una suave melodía nos envuelve a las dos.

- Es un grupo religioso de canciones gregorianas ?sigue murmurando con voz soñadora.

     Y es increíble pero me concentro en las tonalidades de la música pausada, rica de tonos definidos y mágicos. Cantan en latín con sonidos muy particulares, que evocan alegría, tristeza, serenidad y una perspectiva de recogimiento a una vida más allá de la realidad.

- ¡Bell! eres un ángel ?musito perdida en el calor de su cuerpo y en la música que me va sosegando y adormeciendo.

- ¡Soy tu ángel, Alex!

      Y no hay más, nuestros cuerpos unidos y tibios bajo las frazadas, una de sus manos entrelazada con la mía y la música llevándonos lejos, más allá de donde nadie nos pueda ver.

                                                            **********

     Llegamos a Estocolmo el martes por la mañana, y vamos directo a la clínica del Dr. Márquez. Después del reconocimiento de Isabelle el galeno dictamina que debe continuar el reposo, nada de hacer esfuerzo físico o caminar demasiado. Sus sueños de ir a la escuela para seguir el curso se volatizan y es un hecho que debe esperar una o dos semanas para incorporarse a los estudios. Por lo demás el proceso de recuperación sigue por buen camino y no hay de que preocuparse.

      Conmigo va mejor, tengo una leve inflamación en la penúltima vertebra y me recomienda unas días de descanso y tabletas anti inflamatorias. Yo por mi parte, solo siento una leve molestia de vez en cuando.

     Almorzamos en un restaurante del centro, cerca de Hötorget y a pesar que no quiero separarme aún de Isabelle me veo obligada a dejarla en el Monasterio, después de que no encuentro motivos para alargar el momento de la despedida.

- ¡Bien! Ya estás en tus dominios ?digo parada en medio de su cuarto cuando le ayudo con su maletín.

- Sí ?responde ella echando una mirada a su alrededor.

- Yo me voy a la mía.

- ¿No te olvidaras de tomar la medicina? ¿verdad? y... no estarás saliendo al trabajo ni al curso.

    Sonrío cuando me dirijo a la puerta.

- ¡Que no! me voy a portar bien, encerrarme entre cuatro paredes, y sólo descansar.

- ¿Cuándo nos vemos? ?la pregunta me sorprende porque me recuerda a Robert.

- Pues... no sé, te parece que... ?casi digo ?en la noche? pero no. ¡No es correcto!

- ¿Mañana o pasado?

- Bien, ¿Me llamarás si estas aburrida?

- ¡Por supuesto! ¿Tú también?

- ¡Claro!

     Me vuelvo y la abrazo antes de irme. Es estupendo solo sentir como su calor corporal y su olor natural desata miles de demonios en mi interior.

- ¡Alex! ¡Gracias! ?susurra ella quedamente.

- ¿Por...?

- Por todo, he disfrutado mucho estos días.

- ¿También la parte de hacer de enfermera? ?seguimos abrazadas junto a la puerta y parece que a ella no le importa.

- Esa fue la mejor parte.

­- ¡Mala! ?susurro en su oído- ¿Te divertías de verme tan frágil e indefensa? ¿eh?

- ¿Cómo puedes pensar eso, cariño? ?se pega más a mí- ¡Me dio oportunidad de mimarte y consentirte un poco!

- ¿Y cuándo fue eso que no me di cuenta?

      Ríe suave sobre mi pecho.

- ¡Nunca cambiaras Alexandra Antuñez! siempre estás de bromas ¿no?

- Es que usted es muy seria y sosa, hermana ?le digo para molestarla y matar las posibilidades de levantarle la barbilla y besarla en los labios.

-¿De veras eso te parece? ?dice en tono preocupado.

- ¡Bingo! ?beso sus cabellos- ¡Conozco la forma de provocarte!

      No responde y suspira en mi pecho y pienso que ya es hora de abrir la puerta.

- ¡Pórtate bien, monjita! ?desato mi abrazo.

- ¡Ve con Dios, Alex!

- A ese te lo dejo aquí para que te pongas de acuerdo con El, de cuantas oraciones te has saltado todos estos días.

     Abro la puerta y le guiño un ojo.

­- ¡Que es una broma! ¿ok?

- ¡No se cómo te soporto! ?se queja moviendo la cabeza de un lado al otro.

- Porque eres mi amiga ?me atrevo a añadir.

- Y porque te quiero, grandota.

     Apabullada por sus palabras, le hago una señal de un beso con los labios y me lanzo por el pasillo, sé que me observa hasta que desaparezco en el recodo cercano y cuando salgo y aspiro el aire del mediodía me da por preguntarme si no hay algún otro motivo por el cual pudiera regresar y estar más con ella. ¡Pero no. no lo hay! Resignada me dirijo al coche y pongo rumbo a mi apartamento.

                                                           **********

      Han pasado dos días, en los cuales, no he salido a ningún sitio, no he llamado a Robert, tampoco a Isabelle y permanezco en el sofá, dormitando, y extrañándola, leyendo y extrañándola, comiendo y extrañándola. ¡Esta mujer me está rompiendo el corazón!

    Aviso a mi padre que ya estoy de vuelta y le miento en cuanto al estado de mi salud, evito una larga comunicación aduciendo que estoy en el trabajo y con muchas cosas que hacer. La tarde se llena de suspiros. Apenas he comido, he tomado yogur y alguna que otra fruta y escucho música, creo que en estos momentos es lo único que me traslada a otra parte y me hace olvidar que estoy aquí, en mi propio apartamento, recostada al sofá, apática a todo lo que me rodea y lamentándome de todo lo que se llama mi vida.

     ¿Por qué no la llamo? es tan fácil levantar el teléfono y solo decir ?Hola? pero ... no. No puedo ser tan evidente, ¡Lo último que necesito es que ella sospeche de cuanto la echo de menos!

    ¿Habrá alguna medicina para olvidarla? o ¿Siquiera para soportar esta soledad? Porque como están las cosas ya Robert no es ninguna alternativa, es algo que tengo que resolver lo antes posible. Hablaría con él, ni siquiera le he dado la oportunidad de ser mi amigo, sólo fue mi esporádico amante. ¡Que ilusa al pensar que él pudiera llenar ese hueco tan vacío de mi existencia!

      Quedo a la escucha de mi teléfono que vibra y da timbrazos sobre la mesa de cristal. El hecho de estirar mi brazo y ver quien me llama me supone un esfuerzo inaudito. ¡Cristo! ¡Pero si es Isabelle! me incorporo de inmediato pasándome la mano por el rostro para salir de la modorra.

- ¡Hola!

- ¿Alex?

- Sí

- ¿Cómo estás?

- Bien ?sonrío imaginándola recostada en su cama, con su pijamas de seda- ¿Y tú?

- Lo mismo ¿qué estás haciendo?

- Ahora mismo... sentada en el sofá y escuchando música.

- ¿Has descansado?

- Sí, incluso creo que demasiado ­?suspiro aburrida.

- ¿Y has comido?

- También

- ¿Y ahora qué hacemos con la pizza de jamón y queso?

­- ¿De que pizza hablas?

- De una pizza calentica y tamaño familiar que tengo aquí.

     Se me alegra el alma, de pensar que me está invitando.

- En lo que llegue hasta allá, se va a enfriar

- No creo. Todo depende del tiempo en que demores en apretar el botón electrónico de la puerta.

- ¿La puerta? ¿Qué puerta? ­? la frente se me llena de pliegues de tanta concentración.

- Una puerta caoba, con una placa donde dice ?No se acepta propagandas? y donde más abajo se puede leer en una placa verde...

- ¡Esa es mi puerta! ?me aterro de solo pensar que pueda estar allá afuera

- Eso parece, porque está tu nombre

     ¡Madre mía! Isabelle ha venido a verme y está ahí esperando. Automáticamente recorro con la vista la sala, un par de medias sobre un sillón , dos tazas vacías de café, libros sobre la alfombra, casetes por toda la mesa, zapatos en una esquina, la toalla con que me había secado después del baño sobre una butaca y yo en bragas y en una camiseta fina sin sostén debajo. ¿Podría ser peor?

- ¡Pues ya te abro, mujer!

      ¡Que nervios! ¿Me he peinado hoy? ¡Ni siquiera me he mirado en el espejo en dos días!

- ¡Hola de nuevo!  -está frente a mí, con una casaca verde como sus ojos, sus cabellos cayendo como cascada sobre sus hombros y el rostro alegre con su sonrisa de seducir multitudes.

- ¡Hola otra vez! ?dice cuando me echa a un lado para entrar y depositar dos cartones de pizza y una bolsa sobre la mesa, para luego volverse a mi cuando cierro la puerta.

- ¡Que sorpresa! ?atino a pronunciar antes que ella abra los brazos y los eche sobre mi cuello.

- No estas ocupada ¿verdad?

- No ?estamos abrazadas, la ciño por la cintura y me pierdo en la fragancia de sus cabellos, La aprieto contra mis carnes para sentirla. ¡Dios! ¿Cómo he podido enamorarme tanto de ella? ¿Qué es lo que tiene que me desarma y me aturde de esta manera?

- Pensé que estabas con Robert ? sus manos se deslizan desde el cuello por toda la espina dorsal y se cuelan por debajo de la camiseta para palpar los músculos dañados.

-¿Qué tal la espalda?

- Mucho mejor ¿y tu pancita? ?ahora es mi turno de meter mis manos por debajo de su camisa y deleitarme con el tacto de su vientre firme.

- ¡Humm! bien ?sus deditos tibios rodando espaldas arriba y abajo echan a volar mi respiración, las palpitaciones de mi corazón tiene que estarlas escuchando el vecino de al lado. ¡Por Dios, que estoy sólo en bragas! Me separo bruscamente para evitar males mayores.

- ¡Me alegro que hayas venido! ?susurro cuando ella de una ojeada examina mi mundo patas arribas.

- ¿Para ayudarte a recoger todo esto o por traerte comida?

- No me he movido mucho de ese sofá ?declaro en forma de explicación recordando el meticuloso orden que tienen en el monasterio. De un zarpazo recojo la toalla y capturo las medias- ¡Lleva las pizzas a la cocina!

    Antes de hacerlo, se deshace de su calzado y su chaqueta, tiene puesto un pantalón negro entallado y una camisa blanca por fuera. ¡Esta preciosa!

- ¡Tu apartamento es bastante grande, Alex!

      Escucho desde la cocina mientras yo en cuatro patas sobre la alfombra, recojo los libros y trato de ordenar todos los casetes. Cuando me parece que hay un poco de orden y acomodo los almohadones, saco dos velas y las enciendo. ¡Me encanta el olor a jazmín!

     Luego me asomo a la cocina cuando ya Isabelle tiene dispuesta la mesa, dividida las pizzas en pedazos y una fuente de ensaladas que ha preparado con lo que encontró en mi refri. Me asombra que se mueva tan bien en mi espacio y que encuentre lo que necesita sin ninguna dificultad. Ahora está de espaldas, terminando de picar unas rodajas de cebollas.

- ¡Es todo un banquete! ?digo poniéndome a su lado .

- Siéntate que ya termino.

- Creo me voy a cambiar

- ¿Por qué? ?se vuelve hacia mí y su mirada me recorre de punta a punta­- ¡Estas muy bien!

- Cómo no pensaba recibir visitas ?digo mirando hacia abajo mis pezones sin ataduras y obviamente marcados por sobre la fina tela.

- ¿Estas segura? Con lo sexy que estas... pensé lo contrario. 

      ¿Dijo sexy? Trago en seco y no sé qué responder. Seca las manos en el paño que cuelga de la pared.

- Te compré jugo de naranja ?se sienta y quedo parada al lado de la mesa- ¡Alex, despierta!

- ¡Que sí! que me gusta cualquier cosa ?me dejo caer en la silla y empezamos a comer.

- ¿Que has hecho en estos días?

- Dormir, leer, comer, escuchar música y ... pensar

- ¿En qué? ?mastica con verdadero deleite, haciendo esos ruiditos sensuales que me descolocan.

- En todo

- ¿Qué es todo?

- ¡Dios! ¡que pesada! en todo, en mí, lo que hago, en mi vida, mis padres, Robert, mi viaje ...

- Al menos no has pensado en mí ?afirma sirviéndose más ensalada- Lo cual quiere decir que estoy encantada de no pertenecer al grupo que te está ocasionando pesares.

    ¡Si ella supiera! Trago con fricción y me aferro a mi vaso de jugo.

- ¿Es Robert?  

- ¿El qué?

- El que te tiene así, dos días pensando y aislada en casa.

- No

- ¿Problemas con la familia?

- Tampoco, además...  ?me seco la boca con la servilleta de papel, que ha colocado al lado del plato­- ¡Todo está bien!

- ¿A mí? ?sonríe y mueve la cabeza de un lado al otro- ¡Ya me lo contaras cuando quieras! 

     Suspiro y me pregunto si lo tengo escrito en la frente. ¿Desde cuándo me ruborizo cuando me siento señalada?

- ¿Y tú? ¿qué has hecho? ?lo mejor en estos casos es darle otro giro a la conversación.

- Fuí a conversar con los profesores del curso.

- ¿Sí? ¿y qué tal?

- Me han permitido hacer las pruebas finales sin necesidad de asistencia a las clases.

- ¿Eso quiere decir que no vas a ir más? ?la observo extrañada, sin agradarme para nada esta inesperada revelación.

- Quiero curarme bien, y tengo otras cosas que me van a tener ocupada.

- ¿Cómo cuáles?  -no entiendo por qué esto ahora.

     Queda en silencio por un rato y yo no la interrumpo. Las dos hemos dado cuenta de la pizza y solo sorbemos de nuestras bebidas.

- No lo entenderías

- Trata de explicármelo ?exijo con terquedad.

- Se trata de un periodo de recogimiento espiritual ante la decisión de abrazar la orden.

     Se levanta y empieza recoger los platos para ponerlos en la lavadora y a mí me da la sensación que me ha hablado en chino.

- Vamos a ver... ?expelo todo el aire que tenía en reserva y la tomo del brazo cuando se acerca de nuevo a la mesa - ¿Que significa eso de abrazar la orden?

      Hace un mohín de gravedad y luego me sonríe tenuemente.

­- El paso definitivo. El eterno compromiso con el Señor hecho realidad.

     Muevo mi silla hacia atrás más de confusión que de deseos de levantarme, luego lo pienso mejor y suavemente la atraigo hacia mí para sentarla sobre mis piernas. Ni siquiera considero en estos momentos que a ella pudiera parecerle chocante este acto de intimidad, de estar sentada sobre una mujer casi desnuda,.

-¿Cómo es eso? yo pensé que tú... ya eras...

- Lo llevo pensando cuatro años ?se hunde en mis ojos y me desconcierta su inocente mirada verde- Y la Madre Superiora  me está presionando.

- Eso quiere decir que ... ¿Pero eres monja? ¿Correcto?

- Si Alex, pero nunca quise un compromiso... ¡de por vida!

- ¿Cuál es la diferencia entonces?

- No mucho, según los principios básicos: obediencia, pobreza personal, castidad y clausura.

    El alma se me cae a los pies.

- ¿Y por qué ahora?

      Baja la mirada y me da por pensar que está observando mis senos a través de la tela trasparente.

- Siempre fui muy consentida por la Madre, y al no aceptar ser miembro del sagrado compromiso me daba las libertades necesarias para estudiar, trabajar, vestir como quería, salir y liberarme de algunas obligaciones que son muy estrictas dentro de la comunidad ¿O es que no te has dado cuenta de eso?

    Niego sin dejar de sostenerla entre mis brazos y sin apartar los ojos de su rostro.

- ¡Pero ya tengo que decidir!

- ¡Oh Dios Mío! ?exclamo y ella se sorprende del gemido salido desde lo recóndito de mi pecho- ¿Eso quiere decir que aún... puedes arrepentirte?

- Sí, pero... ?hace un gesto vago con los hombros- no hay una razón por la cual deba hacerlo. ¿no?

    Cierro los ojos y la estrecho fuerte, las lágrimas se me agolpan como nubarrones en medio de una tarde de abril: prestas a estallar en tormenta. Y me duele profundamente el corazón, un frío helado me agarrota los pulmones ?¡Por mí! ¡Hazlo por mí, te amo como a nadie en este mundo!?. Pero permanezco insólitamente de piedra, ahogada en sus ojos que ahora se muestran solícitos.

- Eso no cambiaría nada lo del viaje.

- ¿Y tú... quieres ese... compromiso?

- Se supone que todos estos años han sido una preparación para alcanzar ese honor, Alex.

- Entonces... ?incluso me tiembla la voz- ¿Ya estas decidida?

- ¡No lo se! ?se aleja de mi apretándose las manos y se para frente a la ventana- No lo sé.

     Con temor me acerco despacio y la abrazo por la cintura para poner la barbilla en su hombro.

- ¡Quiero lo mejor para tí, Bell! pero... me encantaría que encontraras una razón para no... no desearía que ...

- ¿Tu no quieres ¿verdad?

- No ?me separo de ella completamente- ¡Perdona mi egoísmo!

      Y salgo a la carrera para encerrarme en el baño y devolver toda la comida en la tasa del inodoro. ¿Depende mi felicidad de su decisión? No.  En caso que no abrace la orden, supone que podría corresponder a mis sentimientos? No. ¿Sé de sus preferencias sexuales? No. ¿Llegaría ella a enfrentar a la iglesia y a la sociedad por estar conmigo? No. Las arqueadas se suceden unas tras otras, y ya no queda nada en mi estómago.

- ¿Estas bien, Alex?

- Sí ?me volteo hacia la puerta- Ve al salón y elige algún film para ver, ya yo salgo.

- ¡Buena idea! ?los pasos se pierden y me desnudo para meterme en la ducha y solo dejar correr el agua por mi piel. Temblando me pongo una bata por encima, me acomodo el cabello y trato de suavizar la expresión desencajada de mi rostro con una suave crema y algunas pinceladas de pintura.

­- ¿Bell?

    Entro a la sala y me quedo rígida. ¡Esto no está pasando! ¡Que me hunda en el infierno! ¡Ahora sí quiero morir! Los quejidos sensuales, una cama y dos mujeres desnudas en la pantalla. Una está acariciando los senos a la otra y al mismo tiempo su rostro está hundido en sus entrepiernas. Isabelle está inmóvil, tiene los ojos como platos y el rostro encendido.

- No me refería a este tipo de film ?me abalanzo y le quito el control de sus manos para machucar stop.

- Estaba ya puesto ­-balbucea- Sólo apreté start.

- Lo estaba viendo con Robert ?tengo las piernas como gelatinas y en cualquier momento me voy a caer­­- ¡Ni me acordaba de que lo habíamos alquilado!

- ¿Eran dos mujeres?

- Exactamente son tres, el hombre está fuera de cámara- Empiezo a dar vueltas por la sala sin saber que hacer y como ella permanece callada, me hundo en la caja de los cd.

­­­­- ¿Que tipo de película quieres ver?

- Históricas o ... románticas

      ¿Románticas? Lo único que me faltaba.

- Tengo musicales y de comedia, qué tal una de ellas.

- Bueno.

     Me acerco al equipo y expulso el maldito video olvidado, lo separo para desaparecerlo más tarde, coloco el que he elegido y a hurtadillas observo a Isabelle. No me extrañaría que se levante para marcharse ¿Qué pensara de mí? Que soy una sádica retorcida.

- ¡Es una buena película! ?digo señalando la pantalla y me siento en el otro extremo del sofá, muy lejos de ella.

- Sí he visto filmes de ese actor... es gracioso ?escucho y asiento subiendo un poco el volumen con el control remoto.

    Nos quedamos mirando al frente y simulando leer los cientos de nombres de todo el reparto de artistas que desfilan ante nuestros ojos.

- ¿Alex? ­?me vuelvo hacia ella, todavía está levemente sonrosada.

- ¿Sí?

- Para hacer el amor es necesario mirar... esas... ?no encuentra las palabras y yo siento el ambiente espeso y oscuro- ¡Porquerías!

- De hecho no ?lo último que había imaginado era discutir pornografía con una monja, agregándole que esa monja es Isabelle, pero el tema está en el tapete y sólo hay una forma de salir del paso.

- A veces el aburrimiento da por comprar una botella de vino, alquilar una película de este tipo y lo visto puede llegar a ser fuente de inspiración.

     Me observa con inusual atención, creo que incluso estudia la manera suave y firme con que las digo.

- Por otra parte, es una porquería y te doy la razón... todo lo que se haga sin sentimientos es una porquería. Es una escena en un cuarto donde hay más de quince personas filmando, gravando sonidos y dos o tres artistas que se desenvuelven en un papel.

- Parecían muy convincentes ?comenta en voz baja.

- Es una filmación como otra cualquiera y los actores desempeñan un papel ?chasqueo la lengua y me concentro en la pantalla.

- Disculpa por preguntar esas cosas.

- No tienes porqué, pregunta todo lo que quieras ?le sonrío levemente como para terminar la conversación.

- ¿De veras te inspira ese tipo de filmes?

     ¡Hija de su bendita madre!

- Si estoy con par de copas en el cuerpo, me motivan bastante ?manifiesto ya sin saber a dónde va a parar esto.

- ¿Y lo de las mujeres?

     ¡Hija de su maldito padre!

- ¿Qué pasa con ellas, es otro tipo de sexo,  ¿Abras leído sobre la homosexualidad ¿no?

- ¡Claro Alex! tan ingenua no soy. ¿Que piensas de eso? ­?se voltea hacia mí sentándose sobre sus pies en forma de cruz.

- Dos personas adultas que se amen independiente de su sexo ?levanto los hombros como sin dar importancia- ¡No seré yo quien me oponga!

     Afirma sin mirarme y pone atención a la pantalla.

- ¿La iglesia tiene otra opinión sobre eso ¿no? ?es imposible contenerme ahora.

- Sí ... es pecado ?afirma ella convincente.

- Raro ¿no?

- ¿Por qué?

- Porque he leído sobre casos de padres que practican con sus colegas este tipo de cosas, muy por debajo del mantel y...

- Es algo inevitable que acontece en todos los medios ?murmura- No quiere decir que sea aceptado.

     Hago una mueca y creo que ella me ha visto. Ya no sé qué más decir por suavizar la atmósfera tensa que respiro.

- Busca tu peine y siéntate aquí ?dice ella y señala para el piso frente a sus piernas abiertas.

- ¿Qué quieres hacer?

- Trenzarte el cabello ?levanta las cejas- ¿Crees que me he olvidado?

- ¿Ahora?

- ¿Por qué no? Podemos ver la película al mismo tiempo.

     La sensación de sus manos en mi pelo y la ayuda de sus dedos trenzándome el cabello hacen que me distienda con el paso de los minutos. La peli que estamos mirando contribuye a despejar el tenso ambiente y las risas y carcajadas de Isabelle asemejan música celestial en mis oídos ¡La está pasando bien después de todo! y no sé cómo pero me voy recostando hacia atrás y me duermo entre sus piernas con las suaves caricias de sus dedos hurgando y alisándome el pelo.

    Cuando despierto todo es silencio, parpadeo extrañada y la pantalla de la tv está en negro chispeantes con franjas blancas, mi cabeza está encajada en las entrepiernas de Isabelle que al parecer también dormita recostada al sofá. Me incorporo levemente para mirarla y sus ojos se abren de golpe sorprendiéndome.

- Me quede dormida ?digo separándome con apuro y llevo mis manos hacia la cabeza para comprobar si había llevado a cabo su tarea.

- Yo también ?acerca sus dedos y levanta algunos mechones de cabello trenzado- ¡Te quedan muy bien!

- Tendré que confiar en tí hasta que pueda mirarme al espejo ?aseguro observando el reloj que llevo en la muñeca izquierda.

- ¡Es tarde! ?anuncia Isabelle bostezando- ¡Mejor me voy!

- Te puedo llevar hasta el Monasterio.

- ¡No te preocupes! llamo un taxi o... ?dice dudando­­- Si a ti te parece bien... y me puedo quedar, sería mejor.

- Por mi no hay problemas ?respondo aliviada de que sea ella la que lo proponga­- Puedes dormir en mi cama y yo aquí en el sofá.

- ¿No vendrá Robert? ?se incorpora y se estira con los brazos por encima de la cabeza a tal punto que veo su ombligo por debajo de su camiseta.

- ¡Ni siquiera sabe que he regresado!

- ¡Ingrata! ?exclama dándome la espalda- ¿Tienes algo de ropa que me prestes para dormir?

­- Aún conservo el pijamas de cuando estaba en primer año del Instituto ?y salgo de la habitación escuchando como rezonga:

- ¡Muy graciosita la señorita Alexandra!

 

     En el momento que entro a mi habitación abro las ventanas y en un tiempo récord, cambio toda la ropa de cama , incluyendo las frazadas ?No quiero que advierta el olor de cigarrillos de Robert?; recojo las cosas tiradas por el piso, los zapatos y pongo en orden los potes de cremas, perfumes y cosméticos que tengo sobre el tocador. Por último presiono el spray aromatizador que extiende un olor suave y agradable.

- ¿Qué haces? ­?pregunta cuando aparezco en el salón cargando mis frazadas.

- ¡Pruébate el pijamas! ?se lo lanzo a sus manos desde el otro extremo del sofá.

     Es de un tejido lizo y delicado al tacto, celeste con diminutas estrellitas blancas. Había sido un regalo de Elois hacía tiempo cuando había olvidado que yo seguía creciendo después de los 16 años.

- ¡Es muy mono! ¿A dónde está el baño?

      Cuando regresa tiene dobladas hacia arriba las mangas y un dobladillo ocasional en los bajos de los pantalones.

- Te acompaño al cuarto ¿Quieres algo de beber antes de dormir? ?pregunto con ella pisándome los talones por el corredor.

- No. después de todo no me queda tan mal ¿eh? ?comenta señalándose a sí misma.

- Si cortamos 20 cm las mangas , 30 cm las patas, 10 cm por delante de la camisa y otros 5 cm...

- ¡Para! ¡para! ¡Lo entendí! ?hace un mohín de disgusto que se transforma en curiosidad cuando entra a mi habitación.

- ¡Alex! ¡Qué lindo dormitorio! ?yo me quedo junto a la puerta mientras ella lo curiosea todo -¿Y esos cuadros?

- Son míos

- Ya se que son tuyos ¿dónde los compraste?

- Los he pintado yo ?reconozco a pesar que no es idea revelar uno de mis más ocultas pasiones: la pintura.

- ¡Dios Todopoderoso! ?se lleva la mano a la boca como para ocultar su fascinación y se acerca para examinarlos- ¡Trazos perfectos, tonalidades claras, juego de luces! ¡Alex! ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

- Es un secreto

     Mentalmente hago revista del sitio donde además de docenas de bosquejos sin terminar tengo varios retratos de ella de perfil, hechos con apuro desde mi silla, al final del aula, pero están a salvo en el último compartimiento del armario. Ella no se atreverá a registrar ¿o sí?

- ¡Son preciosos!

- No sabía que te gustara la pintura.

- Todo arquitecto tiene el dibujo, las líneas y los trazos en la sangre, Alex ?se vuelve hacia mi­- Pero tu lo tienes en el alma... los acabados son formidables.

- ¡Gracias!

- Podríamos abrir una galería para que los expongas ¿Qué te parece?

- No me interesa, me da placer colgarlos en mi casa.

- ¡Egoísta! ¡Privar a las gentes de esta maravilla! ¿Tienes más?

- Otro día ¿sí? Tienes que descansar.

- ¡Mala! -­al fin se deja caer sobre el blando colchón y se arrebuja entre las frazadas.

     Yo no me atrevo siquiera a acercarme en busca de mi beso de despedida.

- ¡Hasta mañana, Bell! ?hago intento de cerrar la puerta.

- ¡Que duermas bien, Alex! pero no cierres la puerta, por favor.

- Si necesitas algo ya sabes a donde estoy ?digo volteándome hacia el pasillo para regresar al salón. Dormir en el sofá no me supone ningún problema pero sabiendo de la cercanía de Isabelle, tumbada en mi propia cama me hace adivinar una noche muy larga.

    Y efectivamente, el cuerpo no se acaba de amoldar para el descanso y mientras examino el techo y las amplias cortinas que cubren las ventanas, los minutos corren con la lentitud de siglos.

- ¿Alex?

     Me ladeo inmediatamente y la veo en la penumbra del corredor envuelta en una sábana.

- ¿Pasa algo?

- Sí, escucho ruidos... parece alguien ladra en la ventana.

- ¡Es el perro del vecino!

­- ¡Y todo está oscuro!

­- Siendo más de la una de la mañana, es natural.

- Y algún animal está caminando por el pasillo.

- Es el reloj de pared que tengo colgado frente a mi habitación.

- ¡Alex! ¡Puedes venir a la cama! -¿Está gritando o ha perdido el control?

     Me quedo en silencio ¿qué ha sido eso? ¿Está nerviosa, tiene miedo y no puede dormir?

- ¡Te juro que no te tocaré! y... ¡Ni siquiera me acercaré a tu sitio!

      ¡Mira por donde!  Ella cree que soy yo la que no quiere dormir a su lado. Quizás a consecuencia del condenado film imagina que yo pueda rechazarla por incomodidad o por otros obvios motivos ¡Interesante! ¿no?

     Me levanto sin apenas mirarla y paso por su lado como si tal cosa para ver su reacción.

- ¡Por favor, Alex! ?murmura volviéndose y es cuando la tomo por las piernas y la alzo por encima de mi cabeza.

- ¿Pero, qué haces?

- Llevarte a la cama ?mascullo con voz grave apretando su cuerpo contra mi pecho mientras siento sus piernas patalear como niña chica. Entro al cuarto y cuando voy a depositarla sobre el colchón, enreda los brazos alrededor de mi cuello y no sé de qué manera caemos las dos a la larga, yo encima de ella, por supuesto.

     Sentir su cuerpo tibio moviéndose bajo el mío es una de las sensaciones más placenteras que he experimentado jamás y se que me estoy haciendo adicta perdida, cada vez que esto sucede. Ella me contempla asombrada y nuestros alientos se mezclan.

- ¡No quiero que me toques! ¿ok? ?recalco buceando en su mirada verde que me transporta más allá de la demencia.

- ¡No lo ... haré! ?tartamudea y asiente asustada.

- ¡Y pondremos una almohada entre las dos! por si acaso ¿Correcto?

­- ¡Lo que tu digas! ?creo que en cualquier momento se echará a llorar sin dejar de mirarme.    

        Me acerco un poco más aspirando su aliento y en lugar de besarla en los labios como el cuerpo me pide a gritos, le doy un mordisco en la nariz con toda la calma y la suavidad que me es posible y más tarde me separo de golpe riendo a carcajadas a su lado.

- ¡Alex! estás loca ¡Y me has mordido! ? su tez está roja como un tomate- ¿Que tal si yo hago lo mismo?

- ¡Ni te atrevas! porque entonces estaremos mordiéndonos una a la otra hasta que amanezca ?advierto halando las colchas y acomodando mi almohada.

- No sé cuándo me hablas en serio o en broma ?deja escapar un hondo suspiro.

- ¡Venga monja miedosa! ­?la tomo del brazo y la acerco a mi costado y debe ser un código secreto, pero ella sabe precisamente como enrollarse con piernas y manos para abrazarme de tal manera que no tengo más que sonreír por la ola de ternura y bienestar que me sacude.

                                                        **********                                     

      Los días se suceden sin interrupción, sólo que ahora son más largos y la nieve ha desaparecido del todo. De los arboles empiezan a brotar retoños verdes y el pasto pugna en cubrir de tallos tiernos la húmeda tierra.

     Estamos en la recta final del curso, en algunas materias no tenemos que hacer examen porque la nota final será la apreciación del profesor y el resultado de la recopilación de trabajos durante todo el periplo de estudio.

      Hace dos semanas que no veo a Isabelle y estoy destruida. Las clases sin ella pierden todo el encanto de un objetivo final. He ido al monasterio en tres ocasiones y en ningunas de ellas he podido verla. La hermana Benita es clara en darme explicaciones: Isabelle está en un retiro espiritual del cual nadie debe interrumpirla. Incluso ha viajado a Uppsala en un aislamiento a canto y cal en una abadía de esa comunidad. Su teléfono permanece en silencio.  Me siento traicionada ¿Es que no le interesa hacer los exámenes? ¿Cómo voy a aprobar sin su ayuda? 

     Con Robert es más difícil de lo que supongo. No entiende el por qué le devuelvo el anillo, tampoco se explica por qué sus atenciones y preocupaciones me fastidian y aún peor que sus caricias o un acercamiento físico sea rechazado completamente de mi parte.

- Estas con otro, ¿verdad?

- No se trata de eso ?le digo cuando me sigue hasta el aparcamiento a la salida del trabajo.

- ¡Explícame, entonces!

- Sabíamos que esto iba a llegar, Robert...incluso, te lo advertí que cuando me fuera de viaje se rompía esto... ¡No tenemos ningún compromiso!

- Lo sé, pero aún no te has ido, Alexandra

­- ¡Que más da! ­-abro la puerta del coche- ¡Quiero estar sola! y no quiero que insistas.

- ¿Que va a pasar con los días a Göterborg?

- ¿Qué días?

- El festival juvenil de la canción escandinava, tenemos una carpa alquilada para los dos.

- No me acordaba ?suspiro confundida.

- Se que te hacía mucha ilusión, podríamos ir de todas formas.

­- No me parece buena idea.

- Como tu amigo, Alexandra ?me toma por el brazo- ¡No te voy a exigir nada!

- Lo sé

- Los chicos del grupo también tienen su carpa... sería como tu despedida ¿eh?

      Muevo la cabeza  y me siento frente al timón.

- No lo creo.

- Piénsalo ?sonríe- ¡Soy un buen perdedor! y te prometo que te vas a divertir.

- ¡Ya veremos! ­-sonrío afirmando y cuando giro para salir del garaje me digo que Robert, no es un mal chico, cualquier mujer estaría feliz con él y de alguna forma me molesto conmigo misma que no pueda ser yo. Pero mejor dejarlo ir, y que pueda disfrutar del amor que yo no puedo ofrecerle.

                                                             **********

     Esta noche tenemos una cena de gala en el trabajo. Se cumple un aniversario más de la fundación de la cadena hotelera y por lo mismo acostumbra a venir el dueño y su alto ejecutivo desde Noruega. Toda la directiva del hotel haríamos un brindis después de escuchar los logros relevantes del año y más tarde nos sentaríamos a la mesa a disfrutar de una espléndida cena. ¡Maldita la gracia que me hace tener que asistir! No estoy de humor, y tendría que hacer un esfuerzo por mostrar mi lado agradable, social y competente de los cuales se supone deba hacer derroche.

      La cena está en todo su apogeo, como siempre, la ganancia anual de la cadena ha rebasado los pronósticos. ¡Bien por todos! Me voy a la terraza con una copa de champaña en la mano y observo a la lejanía el alucinador espectáculo que se despliega desde las alturas del piso 18 donde estamos celebrando. La imagen de Isabelle se ha convertido en una obsesión, me acompaña a todos lados, la veo entre las gentes, en las sombras de la noche, sentada junto a mí en el sofá de mi casa, en cada página de cualquier libro que abro, en mis sueños, en  mis despertares...! Dios, por qué me torturas de esta manera!

- Señorita Alexandra ?la voz de un joven camarero me interrumpe­- ¡La buscan en recepción!

- ¿Quién?

- No dijeron ¿si quiero puedo preguntar?

- ¡Déjalo! ?bebo de la copa- ¡Iré yo misma!

    Ha de ser un proveedor o alguien que tiene que ver con el nuevo espectáculo. Suspiro, pronto terminará la cena y me iré a casa. Me siento agobiada. Desciendo a través de los ascensores de cristal hasta el lobby. Hay bastante gente y el bar del primer piso está atiborrado, se escucha la música y el repiqueteo de copas de algunos entusiastas. Cuando me acerco no veo a nadie conocido así que pregunto a la recepcionista quien me señala hacia la cascada de agua, en la rampa.

   Y allí está de espalda, con un vestido azul oscuro de tirantes, tacones medianos y su pelo dorado sobre los hombros.

­- ¡Hola!

- ¡Hola, Alex! ­?se voltea y sus ojos verdes me impactan.

      No se qué hacer, después de tantos días, su hermosura es como salida de un cuento de hadas. Su sonrisa sin embargo aunque franca me parece triste, se queda estática observándome sin hacer intenciones de saludarme. La gente pasa a nuestro lado y entre las conversaciones perdidas y el murmullo del agua al caer en las piedras, apenas la escucho.

- ¡Estas muy ... ?siento su mirada recorriéndome a todo lo largo de mi estructura- ¡Elegante!

     Llevo un vestido negro ceñido y bastante descotado.

- ¡Gracias!, tengo una cena... ya sabes...

- ¿Estas ocupada?

- Sí, bueno no... ya me iba a marchar pero... ¿y este milagro?

- Tengo que hablar contigo, te llamé por teléfono y fui a tu casa ...

 

     ¿De qué quería conversar después de dos semanas de silencio?

- ¡Ah pues! si me esperas ?después me arrepiento ¿cómo la voy a dejar sola en medio de tanta gente?- Mejor dicho...tengo que despedirme de algunos en la cena ¿vienes conmigo?

- ¿Yo? ¿a la cena? te puedo esperar aquí.

- No ?la tomo suavemente de la mano y la apremio a caminar a mi lado en dirección a los ascensores

- ¿Estas segura? ¡No estoy con ropas adecuadas!

- ¡Estas preciosa! ?susurro cuando entramos en el ascensor junto a un grupo que sube con nosotras. Debido al espacio, Isabelle se pega a mi costado y me llega la fragancia de sus cabellos.

- ¡Mentirosa! ?dice con la vista en el letrero lumínico indicador de los pisos que pasamos.

      El ascensor se detiene en el quinto piso y el grupo sale en dirección al salón de juegos.

- ¿Te he echado de menos y tú? ?pregunta cuando las puertas se cierran.

- ¿Debería?

- ¡No! por supuesto ?las mejillas se le han coloreado levemente.

- ¿Por qué no me has saludado? ?digo volviéndome hacia ella sonriendo.

- No quería estrujarte el vestido,

    La tomo de los hombros y la miro. Al instante siento sus manos en mi cintura y nos abrazamos.

- El vestido, ¿no? ?le subo la barbilla y rozo mi nariz con la de ella - ¿Cómo has estado?

- Bien, ¿Estas enojada conmigo? ¿verdad?

     Asiento mientras llevo mis dedos a sus mejillas para acariciarla.

- Estaba preocupada.

- ¡Oh! Alex ?pone la cabeza en mi pecho y siento el calor de su piel a través de mi enorme escote.

      El ascensor se detiene y nos separamos, la tomo de la mano y entro al local sin interesarme que nuestros dedos estén entrelazados. Me acerco a la mesa donde estaba sentada y después de presentar a Isabelle, explico que tengo que retirarme, busco con la vista al director y me despido de él también. Isabelle está deslumbrada y sonríe cálidamente a todos.

- ¿A dónde quieres que vayamos? ?le pregunto al fin cuando salimos del salón- ¿A mi oficina?

- Escuché música abajo ¿Es un bar donde la gente baila?

- Sí, ¿quieres ir?

- Nunca he estado en uno.

- Bien ?digo y me sigo preguntando sobre qué quiere hablar conmigo en un sitio con tanto bullicio. 

     El de la puerta me hace un leve saludo y nos dirigimos hacia el fondo del local.

- ¿Quieres beber algo que no sea coca-cola?

     Se ríe con el rostro expectante abarcando todo alrededor. La música ha cesado y el grupo que toca se toma unos minutos antes de su próxima canción.

- Una limonada.

      Voy al bar y como ya he tomado varias copas de champagne y una que otra de vino, me hago servir una cerveza y para Isabelle una cidra sin alcohol.

- ¡Esta muy buena! ?juguetea con la copa entre sus manos- ¿Tocan bien esos?

- Es el grupo tradicional de viernes en la noche.

      Como por arte de magia los chicos atacan sus instrumentos y algunas parejas se levantan a bailar. Los ojos de Isabelle brillan en la penumbra, sonríe y se olvida de mí. Luego dice algo y no la escucho

- ¿Qué? ?con el sonido tan alto, es imposible entenderla.

- Hace mucho que ... ?como ladeo la cabeza para oír, acerca la silla más a mí y nuestros rostros quedan muy cerca- ¡Que hace mucho no veía ver bailar!

- ¡Ah! bailar ¿y te gusta?

- ¡Por supuesto! ?responde pero no se separa y recarga su cuerpo en mi brazo.

- ¿Cuándo fue la última vez que bailaste? ?me ladeo y mis labios rozan su mejilla.

- Con Lucila, en el Convento ­?su mano toma la mía por encima de la mesa- Cuando celebramos el cumpleaños de Benita.

- Hubiera pagado por ver eso ?murmuro de mal talante.

- ¿Y tú? ?enfoca sus ojos en mi rostro y aunque el local está a oscuras, me llega las entrañables vibraciones.

- ¿Yo qué?

- ¿Si bailas?

- Pues claro, como todo el mundo.

- Algún día tendrás que enseñarme ?luego acaricia mis dedos y se detiene en uno- ¿Por qué no está?

    Sé que se refiere al anillo de Robert, con tantas veces que hemos tenido las manos cogidas, debe haber notado su falta.

- Lo he devuelto

- ¿Que significa eso?

- Nada ?su aliento es fresco y el roce de su pelo en mi hombro cada vez que se vuelve para hablarme, me tiene alucinando.

- ¡Que terrible casualidad!

­- ¿Por qué?

­­- Tendrás que cargar con otro, lo siento.

- ¿De qué hablas?

      Introduce su mano en la pequeña cartera que lleva en bandoleras a un costado de su cuerpo y saca un pequeño paquete.

- ¿Te parece si te lo pongo yo? ­?abre la cajita y saca un aro de oro, con una perla azul en miniatura, me toma las manos y ubicando el dedo donde estaba el anillo de Robert lo coloca.

- Del color de tus ojos ?sonríe y me contempla- ¿Te queda bien?

     Me observo la mano como una idiota y la emoción me rebasa.

- ¿Lo has comprado para mí? ?digo con lágrimas pugnando para empañarme la vista.

- Te advertí que lo haría.

- ¡Es tan hermoso! ?me doy vueltas al dedo y la joya delicada y fina era lo menos que me esperaba recibir de ella. Por un segundo imagino que pudiera significar más de lo que a simple vista puede parecer.

- ¡Lo llevaré siempre!

- ¿No me lo devolverás? ¿verdad?

- Nunca ?me giro completamente hacia ella y la abrazo- ¡Gracias!

    La estrecho entre mis brazos un tiempo más de lo permitido para ser un simple abrazo.

- ¡Que bueno que te gustó! nunca he comprado una joya a nadie y...

- Es precioso, tienes muy buen gusto, es ... es exactamente como tú.

      Quedamos en silencio al romper la música de nuevo. Estamos muy cerca aunque he tenido que zafarme de sus brazos.

 - ¡No viajaré a Paquistán! ?dice al fin después de haber estado unos minutos mirando a la pista y perdida en sus pensamientos.

   ¡Mierda! ¡Era eso! Se me queda el cerebro en blanco. Un cúmulo de ideas desgranan en mi mente: No se irá conmigo, se ha arrepentido del viaje. ¡No la veré más!

- ¿No dices nada? ?busca mi mirada y me zambullo en ella.

- ¿Vamos a bailar? ?digo en voz baja.

- ¿Tú y yo? ¿Ahí? ?mira a la pista y luego a mí.

- Nadie se preocupara de mirar.

- Es que no sé ...

- Yo te guío, solo tienes que dejarte llevar.

     La música es lenta, hay algunas parejas abrazadas y me levanto para darle la mano y arrastrarla a la esquina más alejada.

- Aquí nadie nos ve si es que equivocas el paso.

       Sonríe y me enlaza por el cuello. Es tan natural que la tome de la cintura y la pegue a mi que ni nos damos cuenta cuando el roce de nuestros cuerpos se hace tan marcado. Tengo el alma hecha añicos y el corazón agujereado. ¡Irme sin ella!

- ¡Alex! no me has hecho ningún comentario ?sube la vista y su respiración me cosquillea en la mandíbula.

- ¿Sobre qué? ?la sensualidad de su vientre moviéndose contra el mío, hace que deslice una mano desde su cintura por toda su espalda hasta llegar a su nuca y quedarse allí insegura de si iniciar una posible caricia o no.

- Del viaje.

     No quiero pensar en ello, me niego a la inminente verdad.

- ¿Te gustan los ositos de peluche?

- Pues ... ?se hunde en mi mirada y no entiende.

- Ahora que te tengo en mis brazos, tu cuerpo me recuerda a un peluche que tenía cuando niña.

- ¿Verdad? ?se queda rígida cuando siente la caricia de mis dedos en su nuca, por debajo de sus cabellos.

- ¡Un cuerpo blando, cálido y agradable de tocar! ?el cosquilleo de mi estómago es el reflejo de que mi piel está acalorándose.

- ¿Jugabas con él? ?musita Isabelle a la altura de mi barbilla.

- Lo acariciaba y lo estrujaba contra mí.

- ¡Ah!

       Junto mi mejilla a la suya y mis labios acarician su oído. Para no saber bailar su cuerpo se acopla al mío de forma increíble, y nos movemos a la par, siguiendo el ritmo de los pausados ritmos de la música.

- Te regalaré uno y procurare que sea un osito blanco, quizás hasta pueda conseguir uno que sea rubio, chato y de ojos verdes ?susurro.

     Se que es una estupidez sin pies ni cabeza pero no quiero hablar del viaje y del por qué se ha arrepentido cuando faltaba tan poco para hacerlo realidad.

    Se ríe y sus labios me rozan en el cuello, luego se quedan allí junto a su respiración agitada. La música cesa y aunque sé que debo separarme no lo hago. Ella tampoco. Pero estamos en la penumbra y nadie nos presta atención.

- Estas enojada conmigo ¿verdad? ?sus labios se mueven contra la piel de mi garganta y seguro percibe el eco de las palpitaciones de mi corazón.

     Cierro los ojos, y desgrano besos suaves en el entorno de su oído y en su mejilla. La música reanuda y estrecho más el cerco de mis brazos.

- No, enojada no es la palabra ?susurro y la presión de sus senos contra los míos es algo que nunca voy a olvidar.

- ¡Lo siento tanto! ?sus labios rozan ahora mi mandíbula y siento tirones en mi vientre. Es la primera vez que me pregunto qué pasaría si pierdo el control. ¡Me siento groseramente mojada!

- ¿Por quién lo sientes?

- Alex, no tengo otra solución... hubiera querido...

    Deja las palabras en el aire cuando mis labios bajan recorriendo toda su mejilla y se detienen sobre los suyos. Suspira y se queda quieta mientras saboreo sus labios con reposados besos suaves, apenas rosando y humedeciendo desde las comisuras y todos los bordes. Me preocupa que ahora su pecho se levanta bruscamente como buscando aire, los latidos de su corazón parecen caballos a galope y entreabre la boca no sé si a propósito o de inmensa sorpresa. ¿Dónde está mi control? Abarco su labio inferior y lo retengo entre los míos. ¡Estoy en un estado de ensueño! me aferro a ese contacto y succiono flojamente sin esperarme que Isabelle introduzca sus dedos entre mis cabellos y me atraiga hacia sí. ¡La estoy besando! ¡Y ella... lo desea. Cierro los ojos y me abandono para seguir chupando con ternura hasta que me doy cuenta que no está respirando. Me separo unos milímetros y son los labios de ella que vienen en mi busca y cuando se ajuntan abarco su boca toda y creo voy a morir.

- ¡Alex! ?sus ojos brillan a través de la penumbra cuando me separo para tomar aire- ¿Podemos irnos?

       Estoy confundida y excitada, no quiero separarme de su cuerpo, ni de sus dulces labios.

- ¿Ya... quieres irte? ?es espantoso dominarme aun con ella pegada a mi pecho.

- Estoy cansada ?se separa suavemente- ¡Puedo coger un taxi de regreso!

- ¡Te llevaré al monasterio! ?resoplo y no sé cómo escucha mi voz ronca.

      Salimos a la iluminada rampa cogidas de la mano, sé que las mejillas de Isabelle están sonrosadas y no quiero imaginarme la cara de imbécil que debo tener. En silencio bajamos las gradas de la recepción y salimos al garaje para sentarnos en el coche.

- ¿No te veré más? ?atino a balbucir cuando giro el timón en dirección a la avenida.

- Aun no culmino el periodo de recogimiento ?suspira sin mirarme

- Entiendo ?asiento con dolor- ¿Has avisado a la escuela?

- Pensaba hacerlo mañana por teléfono, quizás... ?se voltea hacia la ventanilla.

- ¿Sí?

- Tuvieras la amabilidad de coger mis libros de textos para que los devuelvas.

- Por supuesto ?duele en algún lugar tan hondo que me ahogo de rabia por no poder soportarlo.

     Y no hablamos más, cuando llegamos vamos directamente a su cuarto y nos deshacemos de chaquetas, y zapatos en el pequeño recibidor antes de pasar al interior.

- Los he ordenado todos ?dice mostrándome un bulto de libros en perfecta simetría sobre la mesita.

­- Bien

     Se sienta en la cama y me observa cuando me quedo parada en medio de la habitación sin saber que hacer.

- ¡De veras que lo siento, Alex!

- ¿Estas segura de tu... decisión? ?es un amago de poder entender.

- ¡Ven! ?me estira la mano y me acerco para sentarme a su lado- Lo he pensado mucho, y no tengo otra solución­.

- ¿Qué es lo que ha hecho arrepentirte?

 - ¿La verdad? nunca debí siquiera pensar en marcharme ?suspira consternada.

     Eso me toma por sorpresa.

-  No hay diferencia donde estés, ¡Dios es el mismo en todas partes!

- ¡Lo es! pero no es a eso a lo que me refiero.

- ¿Es por lo de hacerte miembro de la orden?

    Queda cabizbaja con mis manos entre las suyas

- Supongo que ya lo has decidido ¿no? ?insisto en saber pero no responde.

     Estamos hombro con hombro, cogidas de las manos y no se qué tiempo transcurre mientras ella está perdida en sus pensamientos y yo estoy divagando sobre nubes de desconcierto.

- ¡Te voy a extrañar tanto! ?por fin musito exhalando un suspiro profundo.

- ¡Por Dios Alex! ?murmura y es como si despertara, se gira hacia mi y sube su mano para acariciarme la mejilla.

     No tengo más remedio que enfrentar su mirada y me aflige ver esos ojos dulces sombreados por el abatimiento.

- ¿No piensas que a mí me pasa igual? ?pregunta tiernamente.

- No lo sé ?sostengo

- Eres una tonta ¿sabes? ?se inclina y roza con ternura mis labios.

- Si tú lo dices ?estamos tan cerca y necesito abrazarla, pero lo que hago es inclinarme a mi vez y devolverle el beso de la misma forma.

    Me contempla y sus dedos acarician mi barbilla. Luego posa sus ojos en mi boca y esta vez se acerca para dejar sus labios encima de los míos. Me desordeno en cuestión de segundos, y entreabro mi boca. Ella no se retira, así que llenándome de valor profundizo la caricia y bebo de sus labios sedienta de su néctar.

- ¿No sabes besar? ?pregunto susurrando sobre sus temblorosa boca.

- No... de ... esta manera ? y me percato que su respiración se ha echado a volar.

- Es muy fácil  ?aseguro y vuelvo a humedecerle la boca con mi lengua para recorrer todo el espacio y mordisquear su labio inferior. Ha cerrado los ojos y levemente advierto como se aferra al beso y abre la boca paulatinamente sin oponer resistencia. Ya estoy adentro, y me asombro de cómo he podido ser capaz de empujar la lengua y saborear cautelosamente todo su interior mientras mis manos suben acariciando sus brazos hasta llegar a los desnudos hombros sujetos por los tirantes del vestido.

      Su piel es tan suave al tacto y sus labios tan delicados e inexpertos que cuando procura aprisionar los míos, me deja un rastro de saliva que sorbo con verdadero deleite. Ahora es su lengua la que sale al encuentro de la mía, insegura y tímida, mientras los latidos de su corazón los siento en mi pecho como un tren a toda marcha, pero no me amilano, la recibo con calma y la envuelvo con delicadeza para succionar firme.

    Jamás pensé que esto sucediera, Isabelle temerosa y a la vez sedienta en la explosión de mis oscuros desafueros. Nuestras lenguas, se tocan, se reconocen y se acarician. El beso se profundiza y siento sus manos perdidas en mis muslos mientras que las mías tantean sus hombros, su cuello y se cuelan por debajo de sus cabellos.

- ¡Alex! no... deberíamos...

- ¡Psssss! ?susurro después que hemos tomado una pequeña dosis de aire y seguimos besándonos, ahora ya poniendo más vehemencia cuando los labios de Isabelle toman la iniciativa de chupar los míos y enredarse con mi lengua en una contienda de exacerbar los sentidos que haría palidecer hasta al mismísimo Santo Padre.

- No podemos... seguir esto...!Alex! ?pero sus labios siguen ahí, trémulos bajo los míos y su lengua empuja arrebatándome el mínimo vestigio de sensatez.

- Lo sé ?digo y mis labios se despegan para desviarse y seguir con las caricias mandíbula abajo, y llegar hasta su cuello. Las alocadas palpitaciones de su garganta me enajenan y recorro con delirio toda su piel, sorbiendo su calor, besando con esmero, chupando con lentitud.

- ¡Tan suave! ?ronroneo.

- ¡Alex! ?gime con desmayo mientras sus manos suben a mi vientre.

      La voy tumbando de a poco sobre la cama sin despegar mis labios de su garganta, mis manos van a los tirantes de su vestido y los bajan con movimientos reposados.

- ¡Viaja conmigo a Paquistán!

- No puedo ?niega en medio de temblores apoyando la cabeza en la almohada.

 

      Me acomodo sobre ella sin dejar de besarle el cuello, mis manos descienden por su cintura y anclan a los lados de sus muslos. Mi cuerpo es un volcán en erupción, estoy perdida en la tibieza de su piel, en la fragancia de su cuerpo y los desajustados gemidos apagados que nacen de su garganta. Prosigo bajando en un reguero de besos hasta sus pechos, ya los tirantes no son impedimentos de llegar hasta ellos, olfateo su sostén y me hundo en ellos empujando con el mentón, mis dedos se cuelan por debajo de su vestido y lo suben para sentir la piel de su vientre.

- No podemos, Alex ?escucho cuando sus dedos se introducen entre mis cabellos.

- ¡Por favor! ­?pido gimiendo cuando el sostén se corre y ante mi vista aparecen los turgentes pechos coronados de unos rosados pezones.

     Estoy poseída por un ser maligno que no me deja pensar, mi cuerpo me pide a gritos que la posea, sin saber cómo ni con qué, con esta contenida pasión que me consume, aunque en el fondo de mi alma una vocecilla me advierte que se trata de Isabelle: La persona que amo sobre todas las cosas y a la que debo tratar con tacto, amor y delicadeza. ¡Nunca he tocado a nadie con el amor que la estoy tocando a ella!

- ¡Eres tan bella! ?balbuceo cuando mis labios rozan sus pezones.

    Y algo está mal, terriblemente mal.

- ¡No, Alex! ?musita ella desfallecida.

     Encajo mi muslo en su entrepierna y sus bragas están saturadas, la humedad traspasa mi piel y quedo fuera de control: degusto sus pezones empapándolos con saliva antes de succionar con ternura. Me hundo en ellos, en acariciarlos con la lengua. Mi ceñido vestido me impide ponerme a horcajadas sobre su pierna, pero muevo mis caderas y se que el roce de mi pierna en su coño mojado, hace que ahora su búsqueda de aire en los pulmones se haga imposible.

- ¡Alex!

     No la escucho, sus palabras no significan nada cuando su cuerpo tiembla hasta sus cimientos como resultado de mis besos. Tampoco la miro, sólo sé que su cuerpo recibe con desesperación mis caricias y mientras empuja tímidamente su sexo buscando el roce de mi pierna el deseo crece imparable en ambas, la acaricio por cada pedazo de piel a la que tengo acceso y pongo el alma en la yema de mis dedos. Succiono con delirio sus pezones.

- ¿Es que voy a morir? ?gime ingenuamente con los ojos cerrados ahogándose de exaltación, y presiento que está muy cerca de llegar al límite cuando su estómago se tensa y unas sacudidas la sacuden violentamente.

- ¡No cariño, no vas a morir!

     Me subo a su rostro y me pego a su boca para beber sus quejidos incontrolados de placer cuando su cuerpo se deshace en temblores y alcanza su liberación. Quiero decirle que la amo, que es todo para mí, pero no me da tiempo porque me quejo ronco cuando sucumbo a el orgasmo más asombroso que jamás he tenido: Sin apenas tocarme ¡por Dios! y como una colegiala gimo en su boca y la aferro amoldándome a su convulsionado cuerpo. 

     Cuando levanto la cabeza para mirarla tiene los ojos arrasados de lágrimas.

- ¿Bell, cariño?

     Evita mi mirada y se separa de mí, se echa literalmente fuera de la cama con el vestido aún desordenado y se arroja de rodillas ante el cuadro del Señor. Quedo de una sola pieza y se me empieza a aclarar el pensamiento.

- ¡Lo siento Bell! ?digo en alta voz y la sigo hasta el suelo- ¡No se qué me paso!

      No responde, ni siquiera se vuelve, tiene sus ojos prendidos en el cuadro, y sus labios murmuran plegarias mientras sus lágrimas corren abundantes por sus mejillas.

- ¡Perdóname! ¡Por favor! ?repito arrodillándome a su lado.

       Su rostro es una máscara impenetrable, sólo las lágrimas y palabras repetitivas dichas con fervor a su señor son la respuesta.

- ¡Isabelle, escúchame! ?la abarco con mis brazos- ¡Yo... yo te...-¿Es alguna idea decirle que la quiero?- ¡Perdóname, por favor!

     No se mueve, me ignora completamente y me duele en lo más profundo. Bajo los brazos y no sé qué hacer.

- ¡Nunca fue mi intención ofenderte o... dañarte! ?susurro compungida- ¡Y lo siento! ¡Lo siento mucho

- ¡Vete, Alexandra! ?declara, volviéndose hacia mí sin expresión en el rostro. Sus ojos son un valle oscuro de perplejidad.

     Suspiro fuerte y bajo la cabeza, ya sé que no tendré su perdón jamás. Me incorporo y la dejo en el piso. Estoy completamente desorientada: ¿Hemos hecho algo tan horrible que no tiene el perdón de Dios? ¿Ella... ella no lo deseaba?

     Antes de salir de la habitación me vuelvo para mirarla por última vez: Sigue postrada ante su Señor, implorando y rogando una absolución que maldita sea la gracia, no lograba comprender de qué le serviría.

                                                            **********

      Visito el Convento por cinco días consecutivos sin ningún resultado, no encuentro a Isabelle. La llamo por teléfono y envío sms con el propósito de verla y poder hablarle. La línea invisible entre nosotras fue cruzada a expensas de mis exigencias y aunque se que todo se ha ido al diablo y que jamás confiará en mí, deseo decirle lo que siento por ella. Se que no servirá de nada, pero me urge que entienda la razón de por qué sucedió lo que nunca debería haber pasado.

   La hermana Benita me asegura que está en Uppsala y que el periodo de retiro es muy rígido por cuanto había que esperar su regreso. ¡Estoy abatida y desesperada! Maquinalmente voy al trabajo, cumplo mis compromisos sociales con apatía y hasta me he presentado a los exámenes en el curso sabiendo que es el único camino que me queda para olvidarme de todo y seguir adelante con mi vida. ¿Que más da? Poner mucha distancia entre ella y yo es lo único apropiado en este caso.

    Por eso me resulta extraño la llamada de la hermana Benita cuando estoy en el trabajo esa tarde, quiere verme y hablar conmigo, ¿será que ¿Isabelle ha regresado? sin pensarlo mucho me dirijo al Monasterio en cuestión de minutos. Allí me espera la hermana, sentada en uno de los bancos del jardín. No se me escapa que parece un poco agitada.

- ¡Señorita Alexandra! ¡que gusto! ?me toma de las manos efusivamente y hace que me siente a su lado.

- ¿Cómo está hermana?

- Bien hija, bien

- ¿Y Isabelle? ­?pregunto sin poderme aguantar.

- No lo sé ?me mira y hay un dejo de desánimo en sus ojillos cansados- ¡Pero hay gato encerrado!

- ¿De qué habla hermana? ?se me acelera el pulso sin motivos aparentes.

- Bien, yo pensé que la hermana Isabelle estaba en el retiro espiritual en el convento de...

- Sí hermana, en Uppsala.

- ¡Claro! ahí estuvo unas dos semanas anteriormente, pero ahora no se qué pensar...

- ¿A qué se refiere?

     Niega con la cabeza y murmura algo que no logro escuchar

- ¿Te habló ella de irse a otro sitio?

- No hermana... ella me dijo algo de una decisión ...de abrazar la orden y que tenía que dar una respuesta a la Superiora.

- ¡Bien! -­queda cabizbaja y yo me desespero- ¡Entonces lo ha hecho aunque no entiendo...

- ¡Por favor hermana! ¿qué me quiere decir?

- Que ayer se llevaron todas las pertenencias de Isabelle, su cuarto está completamente vacío.

    Siento como si un mazo gigante me golpeara el pecho y me dejaran sin oxígeno.

- ¿Y dónde está?

- No lo sé, trate de hablar con la Madre Superiora pero no me recibió

    ¡Isabelle ya no está! ¡La he perdido para siempre sin poderle decir que la quiero!

- Eso significa sólo una cosa ?explica Benita- ¡Ha abrazado la orden y ha pedido traslado a otro Monasterio!

    Bajo la cabeza y el pecho me duele, no imagino que el corazón pudiera doler al punto de sentir como un punzón afilado se hunde una y otra vez, rompiendo tejidos, destrozando nervios, revolviendo el dolor que estoy a punto de echar por la boca.

- ¡Pero tu tienes que saber algo? ?me acusa Benita confrontando mi mirada

- ¡No hermana!

- ¿Por qué no se quedó aquí, con nosotras?

- No, no lo sé ?evito sus ojos acusadores y no siento nada, tengo el alma hueca.

- Llegué a tomarle cariño a esa niña ?la hermana hace pliegues con sus dedos en su ancho vestido- ¡Tan inocente, desamparada y perdida!

- ¿Sí?

- Luego te conoció ?me observa- O sea... tu amistad le hizo bien, sonreía a menudo y se le veía casi feliz- se queda en silencio por un rato.

- ¿Estás seguro que no sabes nada o algo que haya pasado? ?pregunta de nuevo.

- ¡Hermana! ?suspiro derrotada- ¡Hubo un mal entendido entre Isabelle y yo!

     Me escudriña con atención

- ¿Que pasó?

- Preferiría no dar detalles pero, es necesario que hable con ella.

- ¡Humm! ?rezonga y frunce el ceño- Estaba segura que de pasarle algo a ella, tú serías la primera en saberlo.

     No respondo y me pregunto que idea tiene la hermana de la amistad entre Isabelle y yo.

- Trataré de sacarle a la Madre a que Monasterio se ha trasladado.

- Déjeme eso de mi cuenta ?me incorporo decidida- ¡Iré a hablar con ella ahora!

- No Alexandra, no conseguirás nada... jamás la madre te dará esa información­ ?me retiene poniendo suavemente su mano en mi brazo-  Pero yo soy religiosa y tengo mis mañas.

      Si Isabelle se ha marchado a otro sitio, es porque no quiere verme y lo más probable es que le haya dicho a la Superiora que no me lo dijera en caso de que yo preguntara.

- Tiene razón hermana, pero te agradecería que me hicieras saber lo que averigues.

- Por supuesto, yo también quiero a esa chiquilla.

- ¡Hermana! ?parece que he puesto mucho énfasis en mi palabra porque levanta las cejas - ¡Para mí es muy importante!

- ¡Bien! -asiente y se incorpora- ¡Ya tendrás noticias mías!

- ¡Eso espero! muchas gracias hermana Benita.

      Hemos terminado los exámenes en el curso, pero no tengo el ánimo de ir el día de la clausura donde van a dar los resultados. Llamo a la secretaria y digo que estoy enferma y que me envíen mis documentos a casa. ¡No soporto estar reunida con los demás cuando ella no está!

     Me veo con Robert en una ocasión fuera del trabajo y le acepto un café, hablamos como amigos e insiste en el viaje a Göterborg. Falta muy poco y ya con el verano a las puertas  quizás no es mala idea acompañar al grupo y ser una más de los tantos miles que acudirían al evento y relajarse al aire libre con música y alcohol. Para mí ahora la palabra sexo no tiene  ninguna especial atracción.

- Por favor Alexandra, si quieres tendremos las carpas separadas.

- No es eso lo que me preocupa ?sonrío cansada- Se que eres un caballero, ¿Quiénes van a ir?

- Te lo dije, los chicos de mi grupo y Susanna con su chica.

- ¡Vaya! ?me sorprendo de lo ida que he estado últimamente- ¿Tiene chica?

- Está de novia con una que trabaja de dj en la discoteca del Gran Hotel.

­- ¿Y ustedes, irán en las motos?

- Anthony llevara el auto con todos los bártulos y nosotros en las motos siguiéndolo.

- ¿Cuándo te tendría que decir si voy?

- Cuando quieras Alexandra, pero piénsalo seriamente.

     Mi padre es la persona que más he evitado en todo este tiempo. Acostumbro a llamarlo y saludarlo rápidamente sosteniendo una conversación superficial y de temas muy generales. Mi madre está enojada por mi falta de los sábados al almuerzo ahora que Elois ha decidido pasar más tiempo en Malmö con su nueva conquista amorosa. Incluso el bribón está manejando la posibilidad de establecerse allá y eso tiene a madre con los nervios a flor de piel. Mi viaje al extranjero tampoco está lejano y sigue siendo tema de silencios enojosos cada vez que levanto el auricular del teléfono y hablo con ellos.

    La hermana Benita después de unos días me confirma lo del traslado de Isabelle a otro Monasterio pero su destino no ha podido averiguarlo por la obstinada terquedad de la Madre Superiora en no decir nada. Quedamos en que me avisaría en caso de cualquier noticias de parte de Isabelle. El dolor de no verla, de haberla perdido de mi vida esta agazapado y creciendo como ramas de helecho cubriendo y ahogando mi corazón. Pero no hay nada que pueda hacer. Todavía no se cómo puedo levantarme en las mañanas y respirar y vivir sin verla, sin escuchar su voz y sin mirarme en sus fascinantes ojos verdes. Decido terminar con mis entrenamientos de voleibol en el Convento, y también lo hago con el grupo de jóvenes que he apoyado por espacio de casi un año.

     Mis días después del trabajo son para ir a casa, escuchar música, o sentarme delante del computador para buscar por Internet datos y noticias de cuantos monasterios estén enclavados en el territorio sueco.

 

      Hoy me lo tomo libre, me levanto tarde y cuando me siento en el sofá con una taza de café  y el abultado paquete de cartas y propagandas que echan por el buzón de mi puerta encuentro el sobre de los resultados del curso de preparación para el viaje a Paquistán. ¡Aprobado! Una carta de felicitación y una fecha concreta de salida del país. Un documento con las pautas a seguir en cuanto a pasaportes, fotos requeridas, teléfonos de contactos, etc, etc. ¡Ni siquiera me da alegría! Es solo algo que tengo que hacer y ni siquiera ya me acuerdo el por qué lo desee tanto.

    Entre otros sobres de pagos y facturas me llama la atención un sobre blanco expedido desde la Universidad de Estocolmo.  Cuando lo abro y lo leo no entiendo el por qué mis documentos han sido aceptados y una fecha de comienzo de curso para finales de agosto en vistas de proseguir el cuarto año de Ingeniería civil ¿Pero qué es esto?. Lo releo varias veces y no hay equivocación: Estoy aceptada a continuar mis estudios universitarios.

     ¡Yo no presenté la solicitud! ¡Ni siquiera tengo idea de los documentos que había que enviar! pero... ¡Mi padre!. Como un bólido agarro al teléfono y marco el número conocido.

- ¡Antuñez! ¡Buenos días!

- ¡Buenos días papa!

- ¡Alexandra hija, que agradable sorpresa, ¿cómo estás?

- Muy bien... encantada, diría yo ?recalco con ironía

- ¿Ah sí? pues me alegra hija

- ¡Papá! he recibido una carta de la Universidad

- ¿Sí? y ? ¿qué pasa con eso?

- Algo así como que me llaman a proseguir mis estudios de Ingeniería.

- ¿Cierto?

- Como te lo digo.. lo que no entiendo es ¿Cómo pudiste hacer eso sin mi permiso?

      Silencio total del otro lado.

- ¿Papá?

- Sí

- ¿Que me dices?

- No fui yo

- ¿Ah no? ¡Entonces fue papa Noel quien mando mi solicitud, con todos mis datos personales, currículo vitae, notas anteriores etc., etc.!

- Fue Isabelle

       Me quedo pasmada, tratando de coordinar las ideas.

- ¿Isabelle? y ¿cuándo...cómo?

- Vino a casa y yo le proporcione algunos datos pero ?tose en la lejanía- Fue ella la que hizo todos los tramites.

- ¿Cuando fue que la viste?

- Hará un mes más o menos

- Es imposible papa, ella ya estaba en Uppsala en un retiro espiritual.

- Sí me hablo de ello.

- Entonces, tú sabias esto y no me dijiste nada.

- ¿Por qué tendría que haberlo hecho?

- ¡Por qué eres mi padre! ?sin proponérmelo estoy gritando

- ¡Cálmate Alexandra que no es para tanto!

- Sabes muy bien que salgo de viaje... que esto es... ¡Absurdo!

- Isabelle no lo piensa así  ¿Ya has hablado con ella?

- No padre ?suspiro y me controlo- Isabelle ha pedido traslado y no se a dónde... está.

- ¿Se ha marchado?

- Así es

- ¿Y cómo lo permitiste, o sea? de veras que no sabes dónde?

- No

- ¡Alexandra hija!  Entonces? ¿No viaja contigo a Paquistán?

- No papa, y no creo que la vuelva a ver más.

     Silencio total y profundo de parte de mi padre.

- ¿Vienes a casa a conversar sobre ello? ?susurra al fin

- No se si debiera, yo... así ha sucedido.

- Hija, quiero verte ¿sí?

- ¡Bien Papa! tratare de ir cuando tenga tiempo.

- ¿Desde cuándo...hace que no la ves?

- Hace más de tres semanas que no se nada de ella.

- ¡Por Dios hija! y recién lo dices.

- No pasa nada ?las lágrimas pugnan en salir- ¡Nos vemos Papa, tengo que irme al trabajo!

- ¿Prométeme que vas a venir?­

- Sí papá, Un abrazo.

     Sigo sentada en el sofá, con una sensación inmensa de incertidumbre ¿Por qué lo hizo? ¿Quiere ella que me quede y termine mis estudios? ¿Por qué no me dijo nada?

                                                         **********

    Al fin me comunico con Robert en las vísperas de la salida a Göterborg, coordino para que pase a buscarme en la mañana siguiente bien temprano y hago mi equipaje. El sol ya está en todos los sitios, aún es débil pero la sensación de que el verano se va abriendo por todos los rincones, es gratificante.

    No tengo nada que perder. Siempre quise ir a ese festival y ahora apenas a un mes de la salida oficial a Paquistán donde estaría por tiempo indefinido, no se me ocurre un lugar más idóneo para ahogar mis tristezas.

     Es el teléfono que suena repetidamente cuando estoy duchándome y ya estoy por salir del baño y putear a Robert que de seguro me viene con alguna recomendación antes de la salida.

      Pero no, es la hermana Benita y apenas sin secarme con el cuerpo envuelto en una toalla le devuelvo la llamada.

- ¿Alejandra?

- Sí hermana, soy yo

- ¡A Dios Gracias, hija!

- ¿Pasa algo hermana? ¿has sabido de Isabelle?

- Sí y... no te lo vas a creer.

- La escucho.

- Ya sabes que he tratado por todos los medios de averiguar algo de ella ¿no? y que me extrañaba la actitud de la Madre, hermética y escurridiza por lo que me dio por pensar que ocultaba algo.

    Toma aire y yo aprieto el auricular fuerte entre mis dedos.

- Sí Benita y ¿que más?

- Me puse en contacto con la hermana Anastasia, bueno es la que se ocupa de los documentos del monasterio y de mantener todos los papeles en orden.

- La entiendo hermana.

- Me ofrecí a ayudarla cuando me dijo que debía hacer un registro actualizado de los miembros activos de nuestra comunidad.

- ¿Y bien?

- Montañas de papeles viejos que tratamos de llevar al ordenador para clasificar y poner en orden ¡Dos días invertimos en la dichosa tareíta.

- La sigo, hermana

- Total que en un descuido me hice con el expediente de Isabelle.

- ¡Por fin! ?respiro aliviada- ¿Ya sabe en qué Monasterio está?

- ¡No!

- ¿Esta bromeando Benita? ?me estaba sacando de mis casillas y la maldita toalla que se me resbala hasta los pies.

- ¡Es que no está en ningún Monasterio! ?el chillido del otro lado me deja con la mano a medio camino de levantar la toalla.

- ¿Pero qué dices?

- ¡Es increíble y todavía no lo entiendo! ?su comentario es con voz apagada y triste.

- Hermana ¿Es que me va a decir o no?

- ¡Isabelle se retiró de la Orden!

- ¿Y... qué... que quiere... decir eso?

- Isabelle se dio baja total de la Orden de las Carmelita. Ya no está en el servicio divino bajo los designios del Señor.

     Mi cuerpo ahora es el que se viene al piso, despacio me dejo caer para sentarme desnuda en medio del salón de mi departamento.

- ¡Pero ella es monja!

- Ya no Alexandra, o es que no... ¿No entiendes? ¡Ha renegado de la Orden!

- ¡Dios mío! ?trago sin tener saliva en la garganta- ¿Y... a donde está ahora?

- A saber dónde... creo que provenía de un pueblo chico al sur de Skåne

- Un pueblito en la comuna de Ystad ?susurro acordándome de nuestras conversaciones sobre su familia.

      Isabelle ¡Mi pequeña! ¿que ha pasado contigo? ya no eres la hija del Señor, ya no tienes ataduras con la Orden, ni con la Iglesia, ni con ¡Dios! y mis lágrimas se deslizan suaves, y no se si de alegría, de esperanzas o de estupor al imaginarla sola enfrentando este mundo del otro lado al que había elegido y del cual sabía tan poco. Pero ¿Por qué? ¿Cuándo lo decidió?

- ¿Señorita Alexandra?

- Te escucho Benita ?me sobrepongo.

- Pensé que tenías que saberlo ¡ah! si la Madre se entera que te he ido con el chisme.

- Descuide hermana, lo guardaré como el favor más grande que me ha hecho alguien.

- Lo suponía, ¡ah! y ¿Cuándo vas a viajar?

- Dentro de unas horas salgo.

- ¡Mucha suerte hija! ?me dice- ¡Ya tengo que volver a mis deberes!

- ¡Hermana, nunca podré pagarle esto!

- ¡Oh sí! ya verás que sí, el todopoderoso está en todos los sitios.

- ¡No para mí, hermana! pero en fin...

- ¡Ve con Dios Alexandra! ?repite incansable.

- ¡Gracias hermana!

      Todavía siento el pic-pic de la línea cuando ella corta la comunicación y permanezco sentada con la vista perdida en la pared del frente y aun con restos de jabón en el cuerpo. ¡Isabelle!

                                                              **********

      La carretera es amplia y somos 8 rugientes motores por la autopista de la E4, detrás del volvo de Anthony, donde está el equipaje del grupo, comida, bebida y los enseres necesarios para acampar al aire libre en el gran emplazamiento del campo deportivo donde se desarrollaría el festival. Claro que para llegar a Göterborg tendríamos que hacer muchas paradas en el camino, y tardaríamos par de días a un ritmo relajado.

     Desde que salimos de Estocolmo solo pienso en lo que me dijo Benita ¿Cómo sabía ella que iba a viajar, si no le dije nunca? hasta que caigo... ¡Dios mío! Cuando ella me preguntó no se refería a mi viaje a Goterborg sino... mi viaje hacia Skåne, hacia Isabelle.

     Y aunque lo tenía ya en mente no dejo de llamarme estúpida por no haber adivinado las intenciones de la hermana a la primera! ¡Mi buena Benita!

     ¡Bien chicos, al sur! En algún momento yo tendría que seguir sola, desviarme a la izquierda y proseguir hasta un pequeño poblado llamado Sandskogen, donde vive la familia de Isabelle. ¡Lo del cambio de itinerario iba a caerle como una patada en las pelotas a Robert! pero... era la única forma ¿verdad?

      Después estaba lo otro: ¿Que pasa si no quiere verme? ¿Y si no está en casa? ¿Y si a pesar de todo me odia? ¿Y cómo le iba a decir que la amaba...? ¡Mierda!

- ¡Lo siento Robert! ?estoy al patear la palanca de arranque de la moto, con la mochila acomodada en el asiento trasero mientras él permanece con las manos caídas a los lados del cuerpo.

- ¡No te entiendo Alexandra!

- ¡Que me voy!

- ¿A dónde?

- A hacer la visita más importante e inesperada de todas las que he hecho en mi vida

- ¡Estás loca! ¿Detrás de quien vas? ¿Lo conozco?

- ¡Olvídalo, Robert! ?le hago un guiño- ¡No me vas a creer de todas formas!

­- ¡A veces te odio Alexandra! ?se aleja hacia atrás para darme paso libre.

- Tendrías toda la razón ?le envío un beso con la palma de las manos- ¡Ya nos vemos, campeón! ¡Créeme que es una urgencia!

- ¡Como todas las tuyas! ?se vuelve enfadado- ¡Vete al diablo!

- ¡Lo siento Robert!

     ¿Tendría que pasarme la vida regando disculpas a manos llenas? Pero la carretera es mía, el ancho camino que me lleva hacia ella. Al pasar las horas, apenas me detengo en comer, y lo único que hago es una llamada telefónica: A mi padre

- Ubícame la dirección de la familia Isaguirre en el pueblo de Sandskogen

- ¿Y dónde está eso?

- En Ynsta, padre... allá donde Suecia perdió el nombre.

- ¡Acabáramos por Dios! ¿Crees que Isabelle esté ahí?

      A padre no había que explicarle las cosas ?se las olía toditas.

- ¡Llámame en cinco minutos, viejo cotilla!

      Y efectivamente, después de vueltas y preguntas y desvíos sin fin, entro al pueblo que en sí no es tan chico y tiene su hospital, y su inmenso Åhlen, su iglesia, su cine y sus restaurantes. El  polvo del camino ahora me pesa en la piel, y la sequedad de la garganta se acrecienta ¿Dios, qué iba a hacer cuando la viera delante de mí?

     Despacio voy ubicándome para encontrar la calle, y desde donde estoy avisto la casa blanca, al lado de lo que parece ser un taller de mecánica. Hay un jardín y una verja, la casa es de dos pisos y a mí se me quiere salir el corazón fuera del pecho. Detengo la moto y la dejo en un pequeño parqueo en la esquina, me voy acercando con las piernas hechas flanes de calabaza. Respiro profundo y abarco toda la manzana de una ojeada.

     ¿Que es aquel parque que veo entre los árboles frutales de las casas vecinas? Me detengo, hay niños jugando básquet en media de una cancha, hay bancos de maderas a la sombra y alguien, alguien que me parece muy familiar.

    ¡Cristo! Si es ella, sentada mirando a los chicos jugar. Empiezo a sudar vigorosamente y ahora sí que me va a dar algo. Está con un par de jeans, un pulóver azul y zapatillas deportivas, y su cabello... ¡se ha cortado el pelo! ¡Está preciosa! y aunque todavía no me ha visto la contemplo mientras ensayo mentalmente todo lo que podría decirle.

     Me acerco despacio, pero creo que el ruido de los latidos de mi corazón deben ser como piedras cayendo en la baldosa porque se gira para mirarme y no puede disimular la sorpresa que mi presencia le provoca. Sus ojos me calan intensos y estoy por pensar que tampoco respira y el vértigo y los sudores que resbalan por mi espalda son de padre y señor mío.

- ¡Hola! ?musito a tres pasos de ella sin saber si debo sentarme o solo quedarme ahí parada.

- ¿Alex? ?no se levanta ni hace ningún gesto.

- ¿Cómo estás? ?digo cosquilleándome las lágrimas y con un deseo intenso de abrazarla.

- ¡Bien! ­?baja la cabeza y extiende una mano la que tomo inmediatamente.

- ¿Has venido? No ... no te esperaba

- Suelo ser así de imprevista ?sonrío y me siento a su lado tomando una bocanada de aire, aunque conservando la distancia.

      No responde y su corto pelo dorado me tiene fascinada, por extraño que parezca ahora parece más madura, más mujer, se me hace difícil desviar los ojos de su rostro tan hermoso. 

Sigo la línea de su mirada y veo a los chicos que juegan, entre ellos hay un rubio que sobresale por la altura a los otros y que nos lanza miradas furtivas desde donde está.

- ¿A qué has venido? ?la pregunta me sacude por lo dura que suenan en mis oídos.

- Tengo que hablar contigo ?suspiro buscando fuerzas- Creo hay cosas no aclaradas.

- ¿Y bien?

    ¿Era mi Isabelle la que hablaba?

- Primero... -¡Dios que difícil me lo hacía!- Tengo que saber si me perdonaste.

- ¿Lo dices por... aquella noche?

- Sí

- No hay nada que perdonar ?dice bajísimo.

- Sí lo hay  y... yo...fui la culpable de que...

     No dice nada. ¡Diablos! De repente unos ojillos verdes y un cuerpo delgado y larguirucho está delante de mis narices.

- ¿Quién es ella? ?pregunta la vocecita a Isabelle señalándome con el dedo.

- Es Alexandra, mi mejor amiga ?luego se vuelve a mí- ¡Él es Daniel!

- ¡Hola Daniel! ?le doy la mano al niño y le sonrío- ¿Jugando básquet? ¿no?

- ¡Anjá!

- Debieras probar con el voleibol, ¡es más divertido! ?percibo que Isabelle medio que sonríe.

- No lo sé -dice el chiquillo pasándose la mano por su cara para secarse el sudor.

- ¡Cariño sigue jugando! Alex y yo estaremos un rato conversando ?dice y el chico se retira corriendo de nuevo hacia el grupo en medio de la cancha.

- Tiene tus mismos ojos, no puedes negar que es tu hermano.

- No es mi hermano, Alex ?se vuelve hacia mí en un susurro- ¡Es mi hijo!

      Hubieran podido reventar miles de cohetes artificiales en mi oído que igual no hubiera reaccionado. Creo que me clavetean al banco y me vapulean y exprimen el cerebro en este instante.

- ¿Tu hijo?

- Fruto de una violación a los 13 años ?susurra sin mirarme.

- ¡Dios mío! ?gimo a mi pesar, sin saber si el zumbido de los oídos se debe a los imaginarios fuegos artificiales o a mi incapacidad de escuchar.

­- ¿Cómo...cómo fue eso? ­?me asombro que pueda preguntar con un hilo de voz.

- Regresaba de la escuela un poco tarde ese día y había feria en el pueblo ?sigue ella en voz baja- A unas cuadras de aquí quedaba una cantina conocida por los escándalos, problemas con los policías y bueno, pasé por allí para cortar camino.

     La observo y tiene su vista fija más allá de los árboles del parque, el timbre de su voz es pausado y no denota emoción alguna.

- Todos estaban borrachos, escuché las risas y las palabrotas cuando alguien sorpresivamente me asió de los brazos, me arrastró a pesar de mis esfuerzos de escapar y me tiró al fondo del patio aledaño.

- ¡Cristo! ¡Si eras una niña! ?susurro con las lágrimas atenazándome la garganta.

- ¡Lo era!

- ¿Nadie escuchó?

     Mueve la cabeza negando y toma una bocanada de aire.

- ¿Se supo quién fue el cabrón? ?mascullo con cólera.

- ¡Los cabrones! porque fueron tres.

     El llanto me deja perpleja, sólo sé que me brota un rugido ronco del pecho y mi cuerpo se convulsiona con un dolor inimaginable: dolor e impotencia

- Me dejaron tirada y sangrando bajo unas lonetas con las que me cubrieron. Había perdido el conocimiento y luego de muchas horas me encontraron. Alguien de la limpieza del local escuchó mis gemidos.

- ¿Cómo alguien puede hacer eso? ? sentí la tibieza de sus brazos sobre mis hombros y ni eso calmó mi abatimiento.

     ¡Isabelle! ¡Mi pequeña! cuanto sufrimiento atesoraba su alma ¡Dios!

- Un día me preguntaste si había tenido un accidente.

    Asentí ahogando los sollozos.

- Estuve en el hospital más de un año, los primeros meses no creían que me salvaría, luego se añadió lo del embarazo.

- ¿Dónde están los hijos de puta ahora? ­?nunca había sentido deseos de matar a un ser vivo pero de haber tenido delante a esos canallas no hubiera dudado un segundo, en destrozarlos a punta de patadas.

- No lo sé, pero cumplieron condena y deben ahora estar libres ?suspira y su mano me acaricia la mejilla y limpia mis lágrimas- ¡Nunca quise saber, mi padre se ocupó de todo eso.

     Tenía una pregunta que me ardía en el caos de todo lo escuchado.

- ¿Es por eso que entraste en la Orden?

- Conocí a la madre Superiora en el hospital ?traga saliva y al descuido me toma una de mis manos- Yo no quería vivir ?suspira profundamente- Después de eso trate de suicidarme en tres ocasiones.

- ¡Por Dios, Bell!

     No me puedo contener y alargando mis brazos la tomo por la cintura para sentarla sobre mis piernas y abrazarla a mi pecho. ¡Me importaba un pepino que pensara lo que fuera!

- ¡Ya pasó, Alex! ?se acurruca contra mí y la siento tan indefensa y vulnerable que se me hace añicos las entrañas.

- Ella fue la que me señaló el camino del señor. ¡Fue mi salvación!

- ¿Y tu hijo?

- Lo odiaba ?se hunde en mis ojos y su franqueza me desarma- Mis padres se ocuparon de él. Nunca pude ser una madre, porque cada vez que lo miraba me recordaba... ?se echa a llorar.

- ¡Lo siento tanto, cariño!

- ¡Ha sido un calvario! sólo la paciencia y la fe en Dios ha podido ayudarme durante estos años.

- ¡­Hubiera deseado tanto haber estado ahí para ti! ?murmuro en su oído y ella asiente en un mudo asentimiento

      Creo que estamos abrazadas así reconfortándonos una a la otra, largos minutos.

- ¡Alex! ?al fin musita separándose de mi pecho- No quise hacerte llorar ?se levanta suavemente y se acoteja el cabello con innata elegancia para de nuevo ocupar el sitio a mi lado.

- ¿Por qué nunca me has contado todo esto?

     No sabe que contestar o no quiere, luego resopla moviendo la cabeza

- ¡No valía la pena! ya es parte de un pasado.

- Soy tu amiga ­-protesto y luego doy marcha atrás y murmuro tácitamente- Al menos pensé que lo era.

- ¡Lo eres! ?afirma y luego me mira intensamente- ¿Creo que tenías algo que decirme?

- Sí, claro ­?pero estoy tan confundida que no atino sino a balbucear­- Sí, yo... he estado pensando... entonces...  si ... ?no puedo, se me hace un nudo en la garganta­. Sencillamente no puedo.

      Abro la boca como un pez fuera del agua y la miro pensando quizás que ella podría leerme los pensamientos.

- Bien, me lo dirás en otro momento ?exhala un poco de aire como para relajarse.

    Nos quedamos en silencio y seguimos con la vista el juego de los chicos que ahora están bajo la canasta discutiendo una jugada.

- ¿Por qué dejaste la Orden? ?digo cuando recobro la voz.

    Creo que no se lo esperaba, quizás pensaba que yo aún no lo sabía.

- Porque ya no era el Señor el que ocupaba mis pensamientos.

- ¡Mammm! ?el chico de ojos verdes viene acercándose.

- ¿Cariño, ¿ya terminaron?

     Los otros niños se dispersan en diferentes direcciones y Daniel está frente a nosotras mirándonos.

- ¿Te duele algo? ?pregunta a su madre, que aún tiene los ojos enrojecidos.

- ¡Que va! ?se levanta y lo toma de la mano- ¿A que tienes hambre?

- Sí ?el niño me mira al ver que permanezco sentada.

    ¡Se parecen tanto! Los observo y todavía me parece mentira que mi Isabelle sea madre de un niño tan hermoso.

- ¿Isabelle? ?salgo de mi mutismo presintiendo que pronto desaparecerían de mi vista- ¿Cuándo podemos vernos?

- ¿Que quieres decir? ?se gira hacia mí sin comprender.

- Voy a quedarme en el hotel, vi que había uno en...

     Sus ojos verdes se agrandan y me reflejo en el esmeralda intenso.

- ¡Tú vienes con nosotros! ?declara sin lugar a dudas

- No quiero ser una incomodidad y cómo no he avisado...

- ¡Alex! ?su sonrisa es de por sí el mejor regalo de todos los Dioses juntos.

- ¡Dijiste que se llamaba Sandra! ?apunta el rubio con un dedo hacia mí.

- ¡Su nombre es Alexandra, Dany! ?le acoteja el cabello rubio- ¡Vamos a casa! ?me dice a mí.

- ¿Y el helado? ? su hijo la jalonea por el brazo

- Tendrá que ser en otra ocasión, amor, ya es tarde, ahorita regresa la abuela del trabajo y no hemos hecho la cena.

- ¡Pero tú dijiste...!

     Me incorporo y me ajusto la mochila a la espalda.

- Vi un sitio adonde podrían vender helados, claro si quieres ir conmigo.

    Ojitos verdes observándome a mí y luego a Isabelle.

- Creo que le ponen una crema de chocolates con maní por encima ?comento de pasada recogiendo la pelota del suelo.

- ¿Mam puedo ir con... ella? con Sandra?

- ¡Es Alexandra! ­?aclara Isabelle haciendo un mohín cansado.

- ¡Déjalo! Lo de cambiar los nombres viene de familia, -me vuelvo hacia el chico- ¿Qué dices Daniel?, Y si quieres llevamos a tu mamá... en la moto no tardaremos más de tres minutos

- ¿En la moto? ?dice el pequeño poniendo toda su atención en mí y tiene unos ojos dignos de su madre.

- No empecemos Alex ­?refunfuña ella y luego pregunta- ¿A dónde está?

- En la esquina, pero te advierto que el helado más grande va a ser el de Daniel.

     El chico me mira y sonríe, con naturalidad le extiendo la mano y ruego al divino señor que no me rechace.

- ¿Puedo pedir el de tres bolas? ?se aferra a mi mano y queda entre las dos cuando echamos a caminar atravesando el parque para salir a la esquina

- ¡Les advierto que no tenemos mucho tiempo! ?rezonga Isabelle mirando a hurtadillas hacia la casa- ¡Alex, si quieres dejamos tu mochila, primero!

- ¿Y hacer esperar a Daniel que se muere de ganas por un helado? ¡Que tal cosa!

    Nunca se me han dado los niños, o nunca he hecho intento en realidad pero parece que no lo hago mal porque la manito me aprieta con calidez e Isabelle sonríe evitando mi mirada.

     Me coloco al niño delante de mí y lo encajo en mis piernas y sosteniéndolo con una mano me cercioro que esté seguro. Isabelle se acomoda en mi espalda y de nuevo el roce de sus pechos y sus muslos en mi trasero me hace vibrar hasta los calcañares.

- ¡Alex! tendrás cuidado ?susurra en mi oído.

- Tranquila, no es la misma diversión que una monja dé con las nalgas en la calle, a que un niño salga rodando por la avenida.

    Cuando estamos de regreso después de haber disfrutado de ver dos pares de rostros sofocados por el gusto de saciarse de cremas y variedad de helados me asalta una duda: ¿Que iba a decirles a los padres? ¿Les caeré bien? ¿Se darán cuenta de lo que siento por su hija? ¿Qué pensaran de mí?

- Isabelle, Necesito ir a comprar ?estoy parada frente a la verja de la casa blanca sin bajarme- ¡Una pieza para la moto!

- Entra, saludas y luego te vas, ya mis padres deben estar en casa.

- ¿Puedo ir contigo, Sandra? ?pide el niño reacio a salir del cerco de mis brazos y encantado por seguir subido a la moto.

    Isabelle lo mira y luego a mí.

- No demoraremos mucho ?pido apoyando la mano en la cabeza de rizos rubios 

- ¡Ustedes dos! ?hace un mohín de fastidio- Dame tu mochila para llevarla adentro.

- ¡Gracias Mam!

- ¡Te portaras bien Dany! ?se vuelve a la puerta.

     Quiero decirle que no se preocupe que su hijo estará bien conmigo, que primero tendría que estar muerta antes que le pase algo.

- ¿Bell? ... no te preocu...  ?se gira y sus ojos raudos tropiezan con los míos

- Lo sé, Alex ?luego sonríe y me siento la mar de bien.

     Tengo la idea de comprar unos regalos, y con la ayuda de Dany creo que puedo hacerlo.

- Haber colega, al abuelo ¿qué crees que le gustaría?

    Estamos en Ålenh, uno de los más grandes almacenes comerciales de Suecia y el niño colgado de mi mano me lleva a la sección de herramientas. De allí salimos con un juego de llaves maestras de esas que se utilizan para arreglar motores de auto y la explicación de que el padre de Isabelle es el dueño del taller de mecánica que está al lado de la casa es suficiente para la elección. Para la madre compramos un finísimo chal y un ramo de rosas, para Isabell nos vamos a la joyería y encontramos una cadena de oro con un diminuto corazón, el cual se abre con un mecanismo en dos tapas con la idea de llevar en su interior una foto. También encuentro ese oso blanco del que le hable una vez, no es rubio vc  pero tiene los ojos verdes turbios, es mullido y tiene un lazo rojo en el cuello. Para Daniel, compro todo lo que se le ocurre: un carro de policías, un juego de ajedrez, una consola, una mochila para hacer campismo y por último y por mis recomendaciones: una bola para jugar voleibol

- Bueno, Dany ¿Ya estamos listos? ¿no? ?estamos en la salida de la tienda y sé que está cansado, nos hemos tardado más del tiempo prometido.

- Y tengo hambre ?suspira ciñéndome de la mano

- ¡Hum! eres un hijo digno de tu mamí ?no me explico con la atiborrada de helado que se ha dado pueda caberle algo más en el estómago- ¿Te parece un McDonald? ?inmediatamente sus ojos se abren y me inunda con su inocencia.

- ¿Tú crees? hoy no es sábado ?se queda pensativo.

- Hagamos lo siguiente, hoy va a ser sábado para ti y para mí, y nadie más tiene que enterarse ¿ok?

- ¿Tampoco Mam?

- Esa menos que menos ?le miro con seriedad- ¡Será nuestro secreto!

- ¡Vale! ?sonríe y se relame- ¿Puedo pedir el juguete de las figuras de las Tortugas Ninjas.

- Sí, y junto a las mías, serán más tortugas.

- ¡Pero tu eres grande! no te van a dar.

- ¡Ya lo creo que sí! ¿Qué tal si a mí también me gusta jugar con esas tortugas ¿eh?

       Cuando estamos comiendo el niño se sobresalta de improviso.

- Nos olvidamos un regalo

- ¿Ah sí? ¿el de quién?

- El de Erik

- ¿Vive en tu casa?

- No, pero mañana es su cumpleaños.

- ¿Y quién es? ¿amigo tuyo?

- No, es el novio de Mam

     De más está decir que la hamburguesa me sabe de repente a cartón mojado.

- ¿Tu Mam tiene novio?

- Bueno no... pero un día a lo mejor.

- ¿Lo dijo ella?

- El abuelo me lo dijo. Mañana vamos a ir a la fiesta.

      Con el hígado revuelto y la boca reseca espero pacientemente que termine de comer.

     Llegamos a casa cuando todos van a sentarse a la mesa a cenar. De una mano de Dany y con la otra llenas de bolsas hacemos la entrada y estoy literalmente cagada de los nervios.

- ¡Hola!

­­- ¡Alex! ¿Y a donde se han metido? ? Isabelle viene hacia nosotros, abraza al niño y le da un beso en la mejilla.

- Daniel se ha empeñado en comprar algunos regalos.

    El niño se adelanta y así como hemos quedado, toma las bolsas para hacer el reparto. Yo me quedo parada sin saber que hacer mientras su madre, que es la copia de Isabelle cuando tenga 50 años, pero con el cabello pintado de caoba, se dirige a mí.

- ¡Un gusto en conocerte, Alexandra! ?me da un beso y cuando busco con la mirada a Isabelle para saber por qué ella no me ha presentado, la veo toda colorada a mi lado.

- El gusto es mío Señora, disculpe que nos hayamos entretenido tanto.

     La mano extendida del padre de Isabelle me sorprende cuando me vuelvo.

- ¡Bienvenida a casa! ?es un agarre firme y agradable- ¡Ya nos han hablado de tí!

- Gracias, Señor es un placer conocerlos ? es alto, musculoso para su edad y de pelo castaño.

      ¿Por qué Isabelle no dice nada, por Dios?

- ¡Adelante hija! ?la madre me toma del brazo y yo le ofrezco el ramo de rosas que es lo único que conservo en las manos- ¡Sería bueno ponerlas en agua!

- ¡Pero que preciosas! gracias ?me lleva hacia la mesa.

     De reojo veo como el niño le extiende el chal y ella le agradece dándole un beso, el padre lo mismo y hace un comentario agradable referente a la necesidad de ese tipo de herramientas. Isabelle queda muda con la cadena entre sus manos, no me mira, luego cuando saca del estuche el osito, de nuevo la acomete una ola de rubor que para ocultarlo hunde la cara en los cabellos de su hijo.

­- ¡Gracias, amor!

     Sentada en la mesa, veo como Dany saca sus paquetes y se sienta en el suelo para abrirlos. Mientras Isabelle y su madre han desaparecido a la cocina para traer las fuentes de la cena, el padre me sirve una copa de vino.

- Isabelle está contenta de que estés aquí.

    Sonrío y no se qué decir

- ¡Una suerte que al fin haya regresado a casa! ?dice bajísimo y lo miro.

- ¡Nos dijo que tú le habías ayudado a tomar esa decisión.

       Trago el vino apurada y debo poner una cara de idiota como para ganarse un Oscar.

- Ella sabe lo que hace, y tendrá sus razones.

- ¡Su hijo! ?afirma con la mirada seria- ahora quiere dedicarse a él.

- ¡Me parece muy bien! ?susurro de la misma manera que él lo ha estado haciendo

- ¡De todas formas, gracias por el apoyo que le has dado!

      Asiento y estoy confundida ¿Qué le ha dicho Isabelle? ¡Por Dios si ni se por qué ha dejado la orden!

- ¡A comer! ?dice la madre y deposita una enorme fuente en el centro de la mesa.

- ¡A sentarse, jovencito! ?dice el padre llamando la atención al niño que juega en el piso.

- ¡No tengo hambre!

- ¿Cómo es eso? ? Isabelle llega con otra fuente, la deposita en la mesa y se agacha junto a su hijo- ¿No será que quieres jugar! ¿eh? Ya tendrás tiempo después, ahora ven aquí.

    De mala gana el niño obedece y se sienta a su lado para mirarme, disimuladamente levanto una ceja y sonrío y él sonríe y asiente.

- ¿Dany? ?le sirve la sopa y observa a su hijo- ¿Y esas manchas de tomate en la camisa?

      Bueno ahora sí qué estoy metida en un lío.

- ¡No es tomate! ?repele el niño rápidamente.

- ¿Ah no? ¿Y que es?

- ¡Es kétchup!

      ¡La madre que lo parió!. Isabelle me mira y al ver que pongo los ojos en blanco y miro al techo hace un mohín con los labios.

- ¿Y a donde te has manchado así de... kétchup?

- Tropecé con un señor cuando? ?el niño baja la vista después de mirarme.

-  Bien, ¿Crees que puedas tomarte un poco de sopa?

       La madre extiende las fuentes y estoy como Dany, sin apetito alguno, primero los nervios y luego la hamburguesa que he comido, así que doy vueltas a la cena y aparento comer.

- ¿Ya le han arreglado la habitación a Alexandra? ?pregunta el padre en medio de diversos comentarios

- Dormirá en mi cuarto, papa ?aclara Isabelle- Yo me pasaré al cuarto de Dany.

- ¿Y la moto? ?pregunta Dany que sólo ha tomado tres cucharadas de sopa.

- Esa dormirá en el taller ?sonríe Isabelle- ¿Podemos entrarla papa?

- ¡Por supuesto! ¿les ayudo?

- No es necesario, ya iremos después.

- Y bueno, cuenta de ese viaje a Paquistán,  Alexandra ?indaga la madre ya en los postres- ¿Cuándo es que te vas?

- No voy a viajar, señora ?la cucharilla de Isabelle rebota en el plato y sin levantar la vista la atrapa y se vuelve a su hijo. ¡Y yo me sorprendo de la decisión que he tomado en apenas un minuto.

- ¡Vaya parece que fuera epidemia! ?sonríe el padre y sirve más vino.

- ¡Impedimentos de última hora! ?aclaro también sonriendo para no ser descortés.

- ¡Sandra, cuando jugamos con las tortugas Ninjas! ?se escucha la voz del pequeño con deseos de irse de la mesa.

- ¡A lavarse los dientes! ?ordena Isabelle en tono suave y se levanta.

       ¡Al fin hemos terminado la cena! ¡Por Dios! ¿Que se supone que se hace ahora?

 - ¿Alex? ¿Guardamos la moto? -parece adivinarme los pensamientos

      Me levanto con la certeza que es la primera vez que me dirige la palabra y que me mira durante todo el trascurso de la velada. Agradezco cordialmente la cena y la sigo afuera. Apenas respiramos el aire de la noche ella suspira.

- ¿Pasa algo Isabelle?

- No ?dice agitada y entrecruza los brazos sobre su pecho, por la brisa que corre en el exterior, en otra oportunidad la hubiera acercado a mí para darle calor, pero ahora no me atrevo. 

- No quiero molestar, si es que... te ocasiono ...

- ¡No Alex! ¡Por Dios! creo que...-vuelve a suspirar- Estoy un poco nerviosa ­?admite y yo me sorprendo.

­- ¡Pensé que sólo era yo!

- ¿Tú estás nerviosa?

- ¿Y cómo no lo voy a estar? ¡Diablos! ¡Si son tus padres! ?casi chillo y ella se detiene.

- ¿Y por qué? ?indaga con un tono divertido

- ¡Porque quiero caerles bien, ser amable y...

    Su mano suavemente se acerca y me toma la mía

- ¡Pues has pasado la prueba! ?la observo y quiero a mi vez averiguar acerca de lo distante que ha estado conmigo durante la cena pero no lo hago.

- ¿Y tú? ¿por qué los nervios? ?pregunto entonces.

- ¡Por lo mismo!

- ¡Vaya! ?y no la entiendo del todo.

- ¡Gracias por los regalos! ?me apretuja la mano- ¡El osito es tal como me lo describiste!

- No encontré rubios.

    Se echa a reír y luego se pone seria.

- ¿Que hiciste con Dany? Estaba tan contento con sus regalos y lo del  McDonald, ¿Te lo pidió él?

- No

- Estas pervirtiendo a mi hijo ¿Lo sabes?

- Me gusta hacerlo ?llegamos hasta la moto y la desengancho para poder deslizarla.

- ¿Alex? te he dicho que estoy feliz de que hayas venido.

- No, más bien he pensado que quieres que me vaya.

     Se planta delante de mí y sus ojos relucen con chispas esmeraldas.

- ¡Quiero que te quedes! Alex, ¡Por favor! ¿sí? ?nos quedamos mirándonos y es tan bella que no soporto la luminosidad de su mirada y aparto la vista para posarla en el caminito de grava por el que andamos.

- ¡Bien!

      Se voltea señalando el camino e introducimos la moto en el amplio local que es el taller donde trabaja su padre.

­­- ¿Donde trabaja tu mamá?

­- En el hospital, es auxiliar odontóloga.

      Después nos quedamos paradas en la verja de la casa mirando hacia la calle.

- Es tranquilo aquí ?contemplo a la noche y a los árboles que rodean el jardín.

- Sí, y en la madrugada se respira el olor de la planta de jazmín que tenemos en la terraza de atrás.

     Todavía no me relajo del todo. Se que está a mi lado pero una serie de circunstancias y un saco de preguntas pesan lo suficiente como para no saber exactamente a qué atenerme.

- ¿Por qué no viajas a Paquistán? ?dice ella de improviso- ¿Habrás aprobado los exámenes? ¿no?

- Todos

- ¿Entonces? ?habla en voz baja como si no estuviéramos solas.

- Alguien se empeñó en enviar mi solicitud a la Universidad y ... voy a terminar mi carrera.

- ¡Oh Alex! ?la siento pegada a mi pecho y sus brazos ahora están enlazándome el cuello. Es tan repentino todo, que me quedo varios segundos rígida antes de levantar los brazos y corresponder al abrazo.

    Cierro los ojos y nos quedamos así abrazadas. Me parece un sueño después de tanto tiempo hundirme en el aroma de su champú y el calor de su cuerpo.

- ¿Por qué no me lo habías dicho?

- No ha habido oportunidad, supongo.

- ¡Lo contento que ha de estar tu papa! ?su cabeza sigue acomodada en mi pecho y no hago nada para que la quite.

- De echo le tiré una gritada cuando recibí la carta con la respuesta.

- ¿Eso hiciste? ?levanta la cabeza para mirarme- ¡Eres muy mala!

- No tanto como otras que ni siquiera contestan el teléfono.

      Queda callada y la presión del abrazo se hace más fuerte.

- ¿Alex? ?suspira después de unos minutos y me da la impresión que absorbe el olor del escote de mi camiseta- Dame tiempo ¿sí?

      Voy a responderle pero me detengo ¿Tiempo para qué?.

- ¡Bien! ?murmuro y es ella la que deshace el abrazo.

- Estarás cansada, querrás tomar una ducha y acostarte a descansar.

      Entramos a la casa e Isabelle sube conmigo a la segunda planta para enseñarme su cuarto y me señala que dormirá en la habitación de al lado, con Dany, Las dos habitaciones comparten un baño y veo un recibidor con un aparato de TV y estantes de libros que se vislumbran al final del pasillo.

- ¿Vas a estar bien? ?me pregunta en la puerta de la habitación.

- Sí, y gracias por todo

- Dispón de todo lo que necesites como si fuera tuyo. ¡Ven para que te despidas de Dany! Me toma de la mano y el niño en pijamas está jugando en la cama con el carro de policía recién comprado.

- ¡Sandra! ¡ven! ¡Sandra! aquí tengo las tortugas ?saca de debajo de las almohadas varias figuras verdes horripilantes.

- ¡Tendrás que enseñarme! ?me acomodo a su lado sin saber cómo se juega con un niño de seis años a las tortugas Ninjas.

- ¡Tú eres esta y yo esta!

- ¡Correcto!

- Como la mía tiene un sable más grande puedo hacerte mucho daño.

- Pero como la mía no es manca ?hago arrumacos con la figura- También puede defenderse.

     Isabelle nos observa, y se le hace arrugas en la frente mientras su pensamiento parece estar en algún otro sitio, cuando siente mi mirada sonríe tenuemente y exclama.

- ¡Cinco minutos con esas tortugas! ?luego busca algo de ropa en una gaveta del armario y se va al baño a cambiarse.

                                                                  **********

    La luz entra por los ventanales a pesar de que las cortinas están cerradas. Sé que está amaneciendo y que estoy entre dormida y despierta. También que algo blando está encajándose en mis costillas y que tengo hormigas caminando por mi rostro. ¡Santo Cielo! ¡Odio las hormigas!. Abro los ojos con pánico.

- ¡Tranquila! soy yo.

     Sus ojos verdes están encima de mí y el enjambre de hormigas es el roce de sus dedos por mi piel.

- ¡Isabelle! ¿qué haces aquí?

    Está echada en la cama, recostada a mi costado y sigue acariciándome las mejillas con las yemas de sus dedos.

- Es mi cuarto ¿no? ?sonríe y el corazón me empieza a brincar-  Tenía que venir a por ropa. ¿Has dormido bien?

- Sí, estaba cansada ¿y tú?

- ¿Yo? pues... hubiera preferido dormir aquí, contigo ?dice simple y llanamente.

    Suspiro profundo y mi expresión es de confusión.

- Ya no es lo mismo. Tienes un hijo con quien dormir y estamos en casa de tus padres... ya no estás sola.

- ¡Extraño cómo roncas! ?ahora se entretiene en enroscar mis cabellos desperdigados por los hombros con el dedo.

- ¡No ronco! mentirosa ?pero sonrío mirando hacia el techo.

­- ¿Alex? ?se echa hacia atrás y pone la cabeza a mi lado en la almohada- ¿Qué tienes pensado hacer hoy?

- No sé, ¿tienes alguna proposición?

- Sí

- ¿Va contra mi moral?

    Me gano un pellizco y se ríe para luego voltearse y pasar un brazo por encima de mi estómago.

- Tenemos una cena de cumpleaños en la tarde y quiero que vengas.

- ¿A dónde Erik?

- ¿Te ha dicho mi madre?

- Dany me dijo, también escuché que es tu novio.

- ¡Dios mío! ?pero se ruboriza y no me gusta ni un pelo.

- ¡Te has puesto colorada, Isabelle.

- ¿Yo?

- ¿Algo que deba saber y que no me has contado.

- No se te engaña fácil ¿no?

- ¿Es tu novio?

- ¡No por Dios! ?chasquea la lengua y retira el brazo para pasarlo por debajo de su cabeza- Es un primo lejano, nos conocemos desde chicos.

- ¿Y...?

- No sé porque la gente imagina cosas, siempre venía a visitarme cuando me daba mis escapadas del Monasterio, ahora que estoy... que he regresado definitivamente,  pues... me ha invitado a salir y ...

- ¿Sí?

- No se cansa de decirme que Dany necesita un padre. ¿ya sabes?

    Resoplo impotente y ella se da cuenta.

- ¿Estas celosa?

     Ardo de cólera, ahora resulta que está coqueteando con el primo lejano.

- ¡Qué estupidez!

- ¿El qué?

- Que Dany necesita un padre... no lo ha tenido hasta ahora y es un primor de niño.

- ¡Lo sé! pero no me cambies... quiero que vayas con nosotros!

- ¡No soy chaperona! ?le espeto molesta.

- ¡Pero Alex, si no es nada mío! ?se encima un poco más- Además van a estar todos mis tíos, primos y quiero que te conozcan.

- ¡Le dices que tu amiga de Estocolmo se quedó en casa porque sufre de una terrible jaqueca!

- ¡Vamos, no seas pesada!  

      Ahora trepa sobre mi cuerpo y tomándome de las dos manos las sube a la altura de mi cabeza. Esta tan cerca de mi que su aliento me confunde. Volteo la cabeza y el cuerpo debajo de las sábanas se me abochorna.

- ¡Por favor!

- ¡No!

- ¡No te vas a quedar sola en casa! ¡Testadura!

- He visto que van a poner una peli en el centro y quiero verla.

- ¿Alex? ven conmigo ¿sí? ?vuelve a pedir.

- No tengo ropas adecuadas ?explico sin mirarla sintiendo todo su peso en mis carnes.

- Eso lo arreglo yo.

­- ¡Me voy a sentir incómoda! ¡No conozco a nadie!

- ¡Alex! ¡Mírame!

      A regañadientes levanto la vista.

- ¡Te voy a morder la nariz sino me dices que sí!

- ¿No me digas?

    Sin esperárselo la volteo y quedo encima de ella sin soltarnos las manos que aún conservo por encima de su cabeza

- ¿Y ahora qué?

     Se echa hacia adelante y se prende de mi hombro propinándome una mordida que me pone la libido a millón, para no quedarme atrás hago lo mismo y clavo mis dientes encima de su clavícula derecha. Se retuerce debajo de mí gimiendo y me propina otra en la base del cuello que me hace perder la cabeza momentáneamente.

- ¿Isabelle? ?me quejo y la sacudida que siento en las entrepiernas me exaspera.

- ¡Dime que sí! ?siento los dientes y sus labios chupando en el mismo sitio.

- ¿Bell? ?cierro los ojos y me quedo quieta sólo sintiendo como su boca juguetea con mi piel y se aferra a otro pedazo de carne y muerde despacio pero esta vez succiona tan fuerte que no puedo evitar gemir y dejar de respirar.

    ¡Por Dios! ¿Qué está haciendo? ¿Está tratando de volverme loca?

- Sí ?murmuro y creo que es la respuesta de mi cuerpo para que prodiga haciendo lo que está haciendo.

      La puerta del cuarto está abierta y Dany o su madre pueden asomarse en cualquier momento.

- ¡Así me gusta! ? me empuja para salir de debajo de mi cuerpo y se incorpora- ¡Me voy con Daniel a comprar un regalo! Cuando termines de dormir baja para que desayunes, ¡Ya yo vuelvo!

     Y se va, cerrando la puerta de golpe. ¿Qué había sido eso?

Quedo con el cerebro en blanco, respirando sofocada y caliente como el infierno, entre las sabanas.

     Al no tener nada que hacer después de desayunar y lavar lo utilizado me asomo al taller del padre y como me recibe con la mejor disposición, empiezo a ayudarlo en el cambio de unos espejos retrovisores de un auto, luego el cambio de unas ruedas, más tarde un carburador y es conversador y dicharachero así que me esmero con las artes que un día me enseñó mi padre referente a motores y logro sorprenderlo con mis conocimientos al respecto.

     Estamos enfrascados en desatascar un motor de un viejo volvo cuando Isabelle y Dany asoman por la puerta

- ¿Alex? ¿Qué estás haciendo? ?a estas alturas mi jeans y mi camiseta blanca están cubiertos de grasa y mugre.

- ¡No me la entretengas, Isa! ?vocifera el padre con medio cuerpo hundido en el capó del auto- ¡Que estamos por dar con el fallo!

- Sandra ¿eres mecánica? ?preguntan ojitos verdes a mi lado mientras reviso el nivel de aceite.

- ¡De las mejores, Dany! ?vuelve a decir el padre que después de esto se empeña en que lo llame por su nombre: Jorgan

     Isabelle hace una mueca con los labios y me observa admirada

- ¿Mecánica también?

- Tu padre exagera ?hago un gesto sin importancia e Isabelle se acerca

- ¡Haber esa cara!

     Levanto la vista hacia ella que se mete el dedo pulgar en la boca para humedecerlo y luego me quita unas manchas en la mejilla y en la frente. Cierro los ojos mientras siento la saliva mojándome la piel. Me da verguenza que lo haga delante de su padre y de su hijo pero no hago nada por detenerla.

- ¡Déjela ir después de esto, padre que tiene que probarse el vestido de la fiesta!

- ¿El vestido? ?arrugo la frente y ella me señala la bolsa que trae consigo sonriendo con picardía.

- ¿Te quedas Dany?

    El maldito traste del volvo nos ha tomado hasta después del mediodía. Cuando al fin vamos a la casa Isabelle está sirviendo el almuerzo a Dany.

- ¡Por Dios, Alex! ¿cómo te has puesto de grasa? ¿Y usted padre, cómo le ha permitido?

- Le dije que se pusiera el chaleco...

- No padre, ¿Cómo le ha permitido que se meta debajo de esos carros?.

- Porque es la única forma de arreglarnos ¿no?

- ¡Déjalo Isabelle! fui yo la que quise ?sonrío conciliadora

      Mueve la cabeza enojada, y coge una botella del botiquín del cuarto de baño del primer piso.

- ¡Vamos! ?señala la escalera- ¡No pensaras que el jabón te quite esa mugrera! y usted padre ni se imagine que va a almorzar con esa pinta. ¡Al baño!

     Después del almuerzo he prometido ir a jugar voleibol con Dany para entrenar la nueva pelota pero Isabelle me detiene.

- ¡Dany! quédate un rato con el abuelo, Alex tiene que probarse el vestido.

     Así que regreso al cuarto con ella siguiéndome los talones. Mientras registro en la mochila ella extiende el vestido sobre la cama: Es azul oscuro, corto y demasiado entallado. ¡Se ve elegante!

- ¡No voy a caber ahí! ?digo achicando los ojos.

- ¡Claro que sí! ¿Cómo si yo no supiera? y esto... ?me señala un juego de ropa interior blanca. Es de seda y encaje, las bragas es una diminuta pieza para tapar lo de delante mientras que por detrás solo es un cordón que ya de puesto sólo cumple la misión de meterse en la división de las nalgas.

- ¡Muy sugerente! ¿eh? ¿y la talla del sostén?

- Pues... -mira descaradamente mis pechos a través de la camiseta y luego a la prenda que tiene en las manos- Creo que esta vez me he quedado corta.

- ¡No pasa nada! ?sonrío sin importancia- Igual no las uso cuando llevo vestido.

- ¿Que no te pones sostén?

- ¿Y qué tiene?

- Pues se te notaran, supongo.

- ¡Oh sí! ¡Y mucho! ?paso a su lado para ir al baño, sonriendo de su cara de desconcierto.

- ¡Eres una ramera, Alex! ?dice a mi espalda enfadada- Y subo dentro de 10 minutos para verte puesto el vestido.

- ¡Sí mi general! 

      Cuando regresa después de cinco minutos, estoy peinándome enfundada en el vestido que a pesar de mis predicciones me sienta como un guante.

­­­- !Por Dios! ¡estas...preciosa! ?exclama a mis espaldas y me vuelvo para pasar por el escrutinio de sus ojos a través de mis piernas, mi vientre y mi busto. Se acerca lentamente y extiende las manos para acotejarme el borde superior del vestido que me cubre los pechos. Luego desliza las manos con curiosidad para cerciorarse si realmente tengo sostén, y palpa para mi sorpresa con lentitud los bordes de mis senos y deja las palmas de las manos sobre ellos.

- Apenas se nota que no tienes ?no saca la vista de mis pechos.

- Si sigues con las manitas ahí, ya verás cómo sí se va a notar.

- ¡Oh! ?separa las manos violentamente y aunque se vuelve puedo adivinar que esta roja como una farola.

- ¿Estaba bromeando? ¿vale? entonces, ¿me queda bien?

- ¡Sí, claro.

- Bueno ya puedo quitarme esto, Dany me está esperando.

- ¿El cabello? cómo lo llevaras ?de nuevo se acerca.

­- Me lo recogeré hacia arriba  y trataré de hacerme algo así ?levanto el cabello y lo subo en forma de moño.

- ¡Santo Dios! ?se me queda mirando con ojos como aros.

- ¿Que pasa? ¿Tan mal me queda?

- No vas a poder ?niega y me señala el espejo mientras se ruboriza.

     Entonces entiendo a lo que se refiere cuando me paro frente a la luna de cristal.

- ¡Mierda! ?digo pasando los dedos por el enrojecimiento de la piel- ¡La mordida de un vampiro!- me vuelvo a ella y pongo cara de calamidad.

- ¿He sido yo? ¿verdad? ?pregunta cómo no dando crédito del resultado de lo que fue un juego en la mañana.

- ¡Pues ya me dirás! si ayer no lo tenía.

- ¡Es que tienes la piel muy sensible, Alex! ?sé que esta avergonzada y que trata de no mirarme a los ojos.

- Y tú tienes los dientes muy saludables.

- Podemos ocultarlo con crema y polvos ¿sí?

- ¡Que remedio! ?suspiro pareciendo incomoda, aunque me regocija tener la marca de sus dientes en mi cuello.

- ¡Deja ver! ?se encima y pasa con cuidado sus dedos por la piel irritada- ¡Puedo curarlo! ?susurra y se echa hacia adelante y siento sus labios en mi garganta por segunda vez en el mismo día.

- ¿Qué haces? ?cierro los ojos y ni sé para qué pregunto. Es lo más fascinante que pueda pasarme.

- Mis besos son milagrosos ?dice sin levantar los labios y yo apoyo las manos sobre el aparador y echó la cabeza hacia atrás para darle todo el espacio que quiera. Tiene que saber que la respiración se me ha escapado asustada y que tampoco ayuda el roce de su camiseta en mi pecho.

- ¡Es agradable! ?gimo alelada.

- ¿Te gusta? ?arrulla y estoy segura que sus labios se han pasado al otro lado donde no hay señales de marca alguna.

- ¡Mucho!

    Y me está volviendo loca con sus caricias y sus besos húmedos. Sencillamente me abandono a lo que quiera hacer conmigo cuando percibo sus manos ceñirme la cintura y presionar contra ella.

- ¿Crees que sea suficiente? ?ha tenido que tomar aire para preguntar en un susurro.

- ¡Quiero más! ?exijo con el cuerpo como un guiñapo de temblores y sin  poder modular la voz ronca.

      Y ahora abre los labios y mordisquea dulce y blandamente.

- ¡Bell! ?susurro y ya se ha echado andar el mecanismo de fuegos artificiales en mis extrañas.

     Parece que mis entrecortados gemidos despierta demonios en los latidos de su corazón porque los bandazos retumban hasta en mis oídos. También su lengua húmeda empuja y recorre con insistencia dentro de mi oído.

-¡Por Dios mujer! ?desgrano entre sus cabellos.

     Los pasos de Dany subiendo las escaleras corriendo, nos saca de la especie de locura en que ambas estamos envueltas.

- ¡Vaya! el remedio puede ser más terrible que la enfermedad ?suspira atropelladamente separándose y se apresura para llegar a la puerta.

- ¡Te esperamos abajo, Alex! ?dice con la voz convulsa sin volverse.

                                                               **********    

     Ya estamos en casa del primo Erik, que como para no dejar dudas, abre las puertas a su regia villa de 600 metros a la redonda. Con él viven sus padres y un tío ya mayor de edad. Su familia se dedica a la abogacía aunque él es diputado de no sé qué partido y dirige el sector financiero de una sucursal de la SAAB enclavada en Ystad.

    Isabelle ha evitado hablarme en toda la tarde, apenas me mira y está pendiente de su hijo y de que no manche el costoso traje de pantalón chaleco y chaqueta en que lo han embutido. El pobrecillo me mira con cara de mártir cuando estamos esperando en el salón de casa, y yo lo aferro de la mano.

- ¡Estamos en el mismo equipo, colega! ?le susurro, e Isabelle me asesina con la mirada.

- ¡Llevo a las tres mujeres más estupendas de todo el pueblo! ?exclama el padre cuando al fin aparece bien ataviado en su saco gris. Luego con disimulo se vuelve a mí y me susurra.

- ¡Sí que estas preciosa Alexandra! nunca lo habría creído después que te he visto metida debajo de un carro.

- ¡Padre! quiere dejarse de adulaciones ?interrumpe Isabelle en su vestido ajustado y su peinado informal y extremadamente seductor- ¡Nunca vamos a llegar!

- ¡Todavía es temprano hija! ?suaviza la madre abriendo la comitiva hacia el coche.

    Como el niño está aferrado a mi mano, subo primero en el asiento de atrás para que quede en medio de Isabelle y yo, pero como tampoco quiero que el chiquillo se sienta tan tenso, le saco la lengua apenas se acomoda para entretenerlo.

- ¡Mam!

- ¡Qué pasa ahora! ?pregunta Isabelle evidentemente inquieta.

- ¡Sandra me está sacando la lengua!

    Escucho la risa de la madre desde la parte delantera e Isabelle me mira como si fuera una mosca en bikini.

- ¡Traidor! ?le susurro a Dany y ahora me saca la lengua él a mí.

- ¡Ustedes dos! ?regaña Isabelle- ¿Pueden estarse tranquilos?

      La observo con una ceja levantada: Entiendo en gran parte su agitación: Se presentaría frente a toda la familia después de 6 años de ausencia. Siendo hermana de las Carmelitas, jamás se dejó ver en tales acontecimientos, primos que vería por vez primera, tíos que había olvidado, su forma de comportarse, su vestuario estaría en la mira de todos, a esto se le añadía que el dueño de casa la estaba cortejando y todo ello era una mezcla de preocupación para mi inocente y tímida amiga.

    Cuando llegamos procuro retenerla a mi lado y la miro

- ¿Bell? ?susurro para que los demás no escuchen- ¡Todo va a estar bien! ¿Correcto?

     Suspira y me mira a fondo, asintiendo.

- ¡Eres la más bella entre todas y vas a causar una impresión que hará historia! ¿sí?

- ¡Gracias Alex! ?y sonríe más animada.

      Luego entramos y el tumulto de gente desde luego que no me lo esperaba. La familia es numerosa. Vamos pasando de grupo en grupo por el ancho salón de la casa, abierto a una más enorme terraza e Isabelle me presenta como ?La amiga de Estocolmo?, cada vez que saluda y abraza a los más íntimos. Por ultimo llegamos hasta donde el anfitrión y la verdad aunque duele, es la verdad: Erik, el primo lejano es una bella persona en el trato, acomedido, amable y de una presencia más que agradable.

   Después de observarlos parte de la noche no me queda más que comprobar de que en caso de estar juntos, harían una pareja excepcional.

    Primero son los cócteles, luego el saludo del anfitrión y más tarde pasamos a las largas mesas acomodadas para la cena. Dany se ha perdido de vista con los demás pequeñajos a las habitaciones de arriba y lo envidio: Al menos él la está pasando bien. Bebo algunas copas para ponerme a tono pero ni eso logra que me sienta relajada. Isabelle viene y va y yo estoy sentada con su madre en una de las mesas escuchando la historia del árbol genealógico de todo el familión.

    En algunas ocasiones me levanto para tomar aire a la terraza acompañada de algunos primos o primas y por raro que parezca Isabelle no me pierde ni pies ni pisada, cada vez que me vuelvo siento sus ojos, los que rápidamente desvía para posarlos en otro sitio de la estancia al verse sorprendida.

    Finalmente llega el baile y es escalofriante cuando la veo del brazo de Erik. Me propongo firmemente no mirar y rechazo la invitación de algún primo para salir al centro del baile. Los padres de Isabelle deciden agregarse a las parejas y cuando quedo sola decido que definitivamente sería mejor que me marchara.

    Una indefinible tristeza me va minando todos los sentidos: ¿Tenía derecho a entrometerme en sus planes de rehacer su vida, con un hijo, una familia y un hombre que parecía lo más adecuado para ella? ¿Que podía ofrecerle yo? además ¿Me amaba? ¿Podía ella intentar seguir adelante al lado de una mujer? Cuando estoy por levantarme una de las chicas, imagino que también pariente, se sienta a mi lado.

- ¡Hola! ¿y no bailas?

- Estoy cansada

    Es morena, tiene cuerpo atlético y tiene los ojos verdosos que tanto se repite en la familia. Me parece bastante atractiva.

- ¿Eres la amiga de Isa? ¿no? ¿La amiga de Estocolmo?

- Así es y ¿tú eres?

- Prima de ella ?mira hacia la pista- ¡Hacia mucho tiempo que no la veía.

      Afirmo y ella llena dos copas con una de las botellas de vino que están  sobre la mesa.

- ¿Y que haces por acá?

      Curiosa la chica ¿no? pero es simpática y ya cuando empezamos a conversar me entero que es atleta: natación su deporte y está de vacaciones después de una gira a los países del este. Su equipo entrena a menudo en Estocolmo pero tiene su sede en Skåne. Tomamos algunas copas mientras me olvido de las parejas de danzantes.

- ¿Me acompañas a fumar? ?pregunta.

- Sí claro, y hasta te acepto uno si me invitas ?la secundo sonriendo y nos alejamos hacia la terraza, de reojo vislumbro a Isabelle aun en los brazos de Erik y ya no sé si me permito sentir cólera.

­- ¡Es como una rosa al abrirse?

- ¿Quién?

- ¡Isabelle! ¿la habrás conocido cuando era monja? ¿no?

- Sí

- Pues eso, ahora se ve tan hermosa, segura de sí misma.

- ¡Anjá!

     Esto sólo logra revolver el martirio y la observo a través del gentío. Ahora ríe en medio de unos chicos un poco más jóvenes. El vestido le realzaba su cuerpo escultural, su turgente busto su plano vientre y su modelado y pujante trasero. ¡Es recondenadamente bella! eso sin contar su rostro angelical y esos ojazos que me tienen perdida. 

- Voy a saludar a una amiga y te acompaño de nuevo en la mesa ¿de acuerdo?

- Bien ?apenas me tomo asiento y levanto la vista tengo a Isabelle frente a mí

- ¿Te diviertes?

- Sí

- Te he visto con Pia

- Se acercó a por unas copas y se quedó a conversar ?no la miro- ¡Es simpática!

- ¿Eso te parece? ?se sienta a mi lado y sé que me observa.

- Por supuesto ¿por qué?

- Siempre pensé que era presumida y pretenciosa ?comenta con desdén.

- A veces una se equivoca ¿y qué tal a ti? ¿cómo te va?

- Pues... nunca he bailado tanto en una noche.

- Y eso que dijiste que no sabías bailar ?me arrepiento de hacerle acordar, realmente no viene a cuentas.

- Mi pareja tiene la gran tarea de guiarme y no quejarse cuando le aplasto los dedos de los pies.

     Sonrío levemente y veo cuando su prima se acerca.

- ¡Mira lo que traigo aquí, preciosa! ?me dice alzando una botella de champagne en su mano, mientras Isabelle frunce la frente y se le queda mirando- ¡Hola Isa! ?saluda cuando la ve a mi lado.

- ¡Hola prima!

- ¡Nada mal! ?tomo la botella y trato de descorcharla.

- ¡Alex! ?su mirada me dice algo así como: ?No bebas tanto, por Dios? pero yo no quiero leer códigos de ningún tipo, así que alcanzo tres copas y vierto el líquido ambarino.

- ¡Salud por conocernos! ?exclama Pia y vaya que a Isabelle no le hace maldita la gracia, si es que interpreto correctamente la ceja levantada y el tono perplejo de sus esmeraldas.

 - ¡Salud!    

        Erik está camino de interrumpirnos, parece que tiene radares para detectar dónde está Isabelle y al fin se acerca.

- ¿No me digas que ya estas cansada de bailar? ?le extiende una mano a Isabelle y la sonrisa con que esta lo recibe me voltea las tripas. Acabo el contenido de la copa cuando el caballero muy galante pide permiso para llevarse a Isabelle y nosotras todas risueñas decimos que sí.

- ¡Suerte que tienen algunas! ?murmura Pia cuando ya se abren camino a la pista.

- ¿Por qué? ?intento que parezca la pregunta más ingenua de todas las preguntas.

- Erik siempre estuvo volado por la Isabellita ?comenta jocosamente- ¿Quién sabe si hasta hay matrimonio a la vista? No me extrañaría nada.

    Y ya no puedo dejar pasar una gota más de alcohol garganta abajo, respiro fuerte y suavemente digo.

- Voy al baño un ratico ¿me esperas?

      A toda velocidad ubico donde están los padres de Isabelle y con cuidado de que ella está de espaldas a nosotros les explico que me retiro por el horrible dolor de cabeza que tengo. La madre preocupada me pasa sus llaves y me recomienda un calmante en el botiquín. Les aclaro que no es necesario que le digan a Isabelle.  

      Siento deseos de caminar y perderme en la noche pero como desconozco el camino, tomo un taxi que me deja en casa en poco tiempo. Presentía que la noche iba a terminar así, pero no sé por qué me siento tan dolida, estúpida y vacía.

     Recorro la casa cual fantasma y al final salgo a la terraza que queda al fondo del patio. Me recuesto a la balaustrada de madera sin animarme a bajar los escalones y recorrer el espacio tapiado con inmensas plantas de enredadera. Allí está la planta de jazmín, con todas sus pequeñas flores envenenando el aire con su aroma peculiar. ¡Me encanta ese olor! 

     Y bien, ¿Se podía ser más idiota en la vida? Por primera vez quiero que las cosas salgan bien, por primera vez en mi puta exitencia encuentro algo por lo que se merece vivir y por primera vez trato de hacer realidad mis sueños, pero no puede ser. ¡Desgraciadamente no puede ser! Es inevitable que llore sin incluso mover un músculo de mi rostro, la tentación de llamar a mi padre me rompe el alma. Pero es suficiente conmigo, para estar preocupándolo a él. ¿Qué hago en un recondenado pueblo perdido en el culo del mundo, parada en una terraza llorándole a la noche?

    Pasa mucho tiempo, al menos a mí me lo parece y ni siquiera siento la puerta cuando se abre y unos cálidos brazos me sujetan por detrás.

- ¡Hasta que te encuentro!

- ¡Isabelle!

- ¿Que tal la película? ?clava el mentón en mi espalda

- ¡Bien!

- ¿Me dejas sentarme junto a ti y ver la pantalla oscura de la noche?

- No tiene gracia ?digo volteándome- ¿Qué haces aquí? ¿Dónde están los demás?

- En la fiesta

- ¿Has venido sola? ?se empeña en no moverse y mantiene el cuerpo apretado al mío.

- Sí, siempre se puede decir que no quería perderme la misa de las nueve ¿no?

    La miro extrañada y sus ojos no me engañan.

- ¿Has estado bebiendo bastante? ¿sí?

- Para no hacerlo nunca, creo que... rompí el récord.

- Pues... debes ir a descansar.

- ¡Alex! que no estoy borracha ?hace una mueca con los labios- ¡Pía te estaba buscando!

- Me dolía la cabeza.

- ¿Por eso te fuiste?

- Imagino que sí

- Alexandra Antuñez el día que me mientas, hazlo con estilo ¿Correcto?

    No se a dónde quiere ir a parar y me preocupa que sus manos jugueteen por mi espalda y su cuerpo se recargue al mío.

- Desee bailar contigo esta noche.

- ¿Estas de coñas? ?es lo primero que se me sale.

- Me incomoda cuando dices eso, lo sabes bien ?está muy seria y con sus tacones altos sus ojos quedan justo a nivel con los míos.

- ¿Te hubieras imaginado que te sacara a bailar y lo hubiéramos hecho como lo hicimos aquella noche en el bar? ?dice contemplándome.

    ¡Oh Cristo! ¿A qué viene esto ahora?

- ¡Humm! ¿Me pregunto qué hubiera pasado? ¿Crees que a mi familia le hubiera gustado?

- No lo sé ?respiro estruendosamente- Y creo que ya debes ir a descansar.

- Cuando decido hablarte de cosas importantes... ¡Me mandas a dormir! ?sube el tono de voz.

- No, si de hecho ...te puedo escuchar ?asiento y percibo con inquietud como su mano sube a través de mi hombro, llega a mi cuello para acariciar suavemente por debajo de la nuca.

- Me gustaría terminar eso que habíamos empezado ...

- ¿El qué? ?pregunto con un dejo de.

- Dijiste que te gustaba ­?sus labios se acercan y se hunden en el escote del vestido.

- ¡Isabelle!  no creo que ... ahora mismo sea...

     Me besa el cuello y desliza una pierna entre las mías a pesar de su vestido corto para colocarme justo en contacto directo a mi pelvis, luego sin más miramientos empuja hacia adelante y me arrincona contra la baranda de madera. La inesperada sensación de que pronto voy a desmayarme es evidente.

- Isabelle ¿por qué haces esto?

      Suspira en mi boca y se apodera de mis labios que sorpresivamente quedan bajo sus dominios.

- ¡Tengo que aprender, Alex! recuerdas cuando me mostraste como se besaba.

     Esto es increíble y antes que el cerebro empiece a trasmitir la información mi cuerpo se le adelanta y respondo al beso con el mismo ardor que ella pone en besarme. Nuestras respiraciones se dislocan y saboreo con pasión contenida su lengua que juguetea implacable contra la mía. Nos besamos como poseídas, chupando aqui, mordiendo acá, profundizando las caricias, y respirando apenas. Sus caderas comienzan a empujar contra mí y sus manos en la espalda bajan acompasadamente el cierre del vestido

- ¡Isabelle! ?gimo en sus labios sin saber exactamente hasta dónde quiere llegar.

- ¿Puedo besar mejor ahora?

- Cómo si lo hubieras... hecho toda la vida ?me alarmo cuando su mano pequeña se introduce entre mis pechos ahora libres de la prisión del vestido y carentes del sostén.

- Necesito verlos ?masculla con los ojos verdes turbios tanteando mis pezones por debajo del tejido.

- ¡Espera, por favor!

- ¡Hermosos! ¡Divinos!- exclama cuando baja los tirantes del vestido y sin más se abalanza sobre ellos, con la boca abierta.

- ¡Dios mío! ?atino a gemir cuando atrapa con sus labios el pezón derecho y succiona con una serie de ruidos que provoca la suficiente humedad para que mis bragas comiencen a mojarse.

 - ¡Bell por favor! ?y no me explico si lo hago para pedirle que se retire o porque quiero que intensifique aun más la caricia.

Y esto último es lo que hace exactamente: incrementar el movimiento de su lengua sobre los dos pezones y chupar duro.

     ¡Pero que han hecho de la inocente monja que una vez conocí? ¿Dónde aprendió a? a subyugarme de esta manera? Incluso a dar placer a otra mujer como lo hace ahora? Fueron mis enseñanzas mal habidas las que han provocado este alud de lujuria?

- ¡Puede llegar alguien! ?se me ocurre en medio de toda mi confusión.

    Pero Isabelle está perdida en su deseo voraz, ahora mordisquea mis pezones y el dolor unido al placer es insostenible. Siento ahora mi sexo prácticamente goteando en mis bragas.

      La inconfundible alarma de que esto no está bien sigue atormentándome, se que ella está ebria y aunque me sorprendo de verla tan excitada y me tiene al borde de sucumbir a sus deseos, debo detener esto.

- ¡Contrólate Bell! ¡Por favor!

       Su mano baja rauda por el costado y levanta el vestido que cede con el brusco tirón.

-¿Sabes lo que me haces a mi, Alex?

- ¡Isabelle! Cariño, espera.

- He soñado con esto miles de veces ?su mano palpa mi sexo por encima de las bragas y busca con desesperación colarse hasta la piel desnuda.

     Realmente sus hormonas están alteradas y en proceso de amotinamiento. Su boca me atosiga, lamiendo encarnizadamente mis pechos. Me hace daño cuando intenta meter sus dedos con brusquedad dentro de mi tanga.

     ¡Esta no es mi Isabelle! Y algo definitivamente se desbarata en mi interior.

- ¡Tienes que controlarte! ?la separo con esfuerzo y me mira sin entender.

- ¿Que pasa? ¿no te gusta?

- ¡No puede ser así, por favor, escúchame!

- ¿Quieres decir que sólo sucede... cuando tú lo deseas? ?está pálida y temblando frente a mí. Se me ocurre que nunca la he visto tan vulnerable.

- ¡No es eso, por Dios!

     Retrocede unos pasos desencajada y respirando con ahínco.

- ¿Me pides control? ¿Eso pides? ?abre la boca y sus lágrimas ahora brotan de la nada- ¡Llevo controlándome siglos!

- ¡Isabelle no sabes lo que dices, ni lo que haces!

- ¿Que crees que hago cada vez que me tocas? ¿Cuándo me besas? Me abrazas, cuando tu piel roza la mía? ¿Qué crees que hice cuando en la nieve estuviste desnuda encima de mí? ¡Qué mierda crees que hice! ¡¡¡CONTROLARME!!! ?su voz convulsa me aterra.

        Toma aire a raudales y su brazo se levanta acusador.

- ¡Y tampoco pongas esa cara de estúpida, Alex! sabes de lo que hablo y...me odio por esto, por esa maldita palabra que no soporto y que me persigue día y noche.

- ¿De que hablas, Isabelle?

- ¡De ser una vulgar lesbiana!

- ¿Por qué dices eso? ?me asombra que haya llegado a la definición tan concreta de lo que a mí me había llevado días encerrada a solas y largos meses de turbios pensamientos.

- ¡Por que no lo soporto! ¿Entiendes?¡Jamás, lo admitiré!

       Se gira para entrar a la estampida por la puerta semiabierta.

- ¡Estoy hasta la coronilla! -grita con rabia dando un portazo- ¡Estoy harta de controlarme!

-¡ Espera! ¡Isabelle!

       Corro tras ella y todavía sus palabras buscan un orificio o ranura para calar en mi cerebro. ¿Esta tan ebria como supongo? ¿Qué es eso de que se ha estado controlándose? ¿Está imaginando que yo la rechazo? ¿Odia el amor entre dos mujeres?  Subo a zancadas las escaleras y logro alcanzarla por el brazo antes que entre a su cuarto.

- ¡Cálmate! ¿sí?

- ¡Vete a la mierda Alexandra Antuñez! ?se deshace con cólera de mi mano y el portazo retumba en todas las paredes.

- ¡Isabelle!   

     Quedo con las manos abiertas apoyadas sobre su puerta.

- ¡Perdóname, cariño! ?musito afligida.

     La escucho como llora inconsolable echada sobre la cama en el dormitorio que ha cerrado a cal y canto.

- ¡Isabelle! ¡Ábreme! Tenemos que hablar!

      No responde a pesar de que golpeo irritada, tampoco lo hace cuando le ruego con buenas formas y menos que menos, cuando abrumada le prometo villas y castillas. No sé qué hacer para consolarla y estar a su lado, me siento culpable de lo sucedido y hago guardia frente a la puerta por si se decide a salir.  Pero es el bullicio en el hall en la planta baja lo que me saca de mis reflexiones.

    Bajo a la carrera con la excusa de beber agua y detengo a Dany para enseñarle un libro que apresuradamente tomo del saloncito. Hago señas a la madre de Isabelle y llevándomela a la cocina le propongo que vaya al dormitorio de Isabelle y vea su estado antes de que el niño vaya junto a ella. Sólo le explico que se ha pasado de copas y que está un poco alterada.

      Al rato regresa, y me hace señas de que todo está bien, Isabelle duerme como un lirón después de ayudarla a desvestirse y airear el tufo etílico de la habitación. Acompaña al niño con la promesa de no molestar a su madre, que se siente indispuesta y lo arropa y espera a que se duerma.

      Cuando baja a la cocina aún mantengo la taza de café en mis manos.

- ¿Qué pasó, exactamente? ?pregunta con amabilidad su madre.

- No está acostumbrada a beber ?musito lejana- Y son muchas cosas nuevas para ella.

- ¡Ha estado nerviosa todo este tiempo! -suspira sin entender.

- Ciertas normas y conductas no se pueden borrar de un plumazo. Necesita pensar y decidir lo que va a ser de su vida a partir de ahora.

- ¿La vas a ayudar?  -interroga a su vez la señora mirándome fijamente.

    Me sobrecoge la pregunta

- No sé si soy la persona adecuada.

- A mí me lo parece ?se lleva las manos a los ojos y los restriega por cansancio- ¡No ha hecho otra cosa que hablar de ti!

- Rompió todo contacto conmigo en Estocolmo ?reconozco impotente.

- ¡Está tan confundida! y es tan... terca. ?confirma entonces.

      Quedamos en silencio hasta que con un suspiro largo se pone de pie y bosteza

- ¡Ve a dormir Alexandra! ¡Mañana estoy libre y hablaré con ella!

- ¡Buenas noches! ?me retiro a mi cuarto y por más que camino de arriba a abajo tratando de pensar y revisar todas las gavetas del closet de Isabelle, incluido libros y escritos diseminados en su escritorio no logro entender el comportamiento de mi amiga, antaño tan dulce y sosegado ni tampoco dar con la explicación de lo sucedido.

 

      Me despierto con el sol bien centrado en mi ventana, aún llevo el vestido de la cena y estoy semisentada en la cama. Lo primero que tropieza mis ojos es con un enorme papel blanco a mi costado, debajo de mi mano. La escritura es redonda y bien definida.

?Ha sido terrible lo de anoche, jamás lo repetiré. Tenemos que hablar.  Isabelle?

      Lo leo un par de veces y no sé qué conclusiones sacar, ¿estará arrepentida, ¿Qué parte de la historia no se repetirá?  pero quiere que hablemos y eso es muy beneficioso para ambas.

     Me ducho y pongo ropa limpia para bajar a la cocina. Sin poderlo evitar llevo el corazón en la parte superior del gaznate.

- ¡Buenos días!

- ¡Hola Sandra! ?me saluda Dany frente a un plato de cereales- ¡Hoy nos vamos de campismo!

­­- ¡Buenos días Alexandra! ¿pudiste dormir algo? ?sonríe la señora extendiéndome una taza de café reciñen hecho.

- Creo que sí.

    No veo a Isabelle y presto oídos al exterior para localizar si está en el patio o en el pasillo.

- ¿Qué es eso de la excursión, colega? ?pregunto a Dany revolcándole los cabellos cuando me paro detrás de él.

- ¡Vamos con Mam! ¡En tu moto!

- Siéntate para que desayunes, Alexandra, Isabelle ha tenido que ir al centro a dejar unos documentos, pero no demora ?explica su mamá.

- ¿A dónde es la excursión?

- ¡Al valle!, es precioso, una cascada enorme y desde el mirador se ve todo el pueblo ?afirma la madre.

- ¡Humm! me gustaría hacer unos bosquejos entonces?pero me faltan materiales ?observo a Dany- ¿Quieres acompañarme cuándo termines?

- ¿A dónde?

- A comprar pinturas y un lienzo.

- ¿Vamos en la moto?

- ¡Pues claro! ¿Cree que pueda ir y regresar antes que vuelva Isabelle? ?indago con la señora.

- ¡Seguro que sí!

- ¡Y me llevo al chico! ?apenas termino de decirlo ya Dany está con su gorra puesta, esperándome al lado de la mesa.

     No me lleva mucho tiempo comprar el material en una librería aledaña al McDonald, pero he tenido que parquear unas cuadras más abajo, por la falta de espacios libres. Voy de la mano de Dany y respiro el aire fresco de la mañana. Isabelle quiere hablar conmigo en un ambiente distendido y ha escogido salir a las afueras del pueblo, ¡Me parece genial!

- ¿Aquella no es Mam? -exclama Dany alborozado y señala hacia una de las cafeterías de al frente.

    La vista de ella sentada junto a Erik sonriéndose y mirándose muy ufanos, es cruel. Detengo los pasos como si alguien se hubiera empeñado en sembrarme en medio de la acera. ¿Qué significa esto?

      Le dice a la madre que va a dejar unos documentos y viene a reunirse con su ...¿novio? Ni todo el oxígeno del mundo es suficiente para echar a andar mis pulmones. ¿Está jugando conmigo? ¡Pero si que digo! ni siquiera eso, porque entre nosotras ¿Qué es lo que hay? Tiene derecho a tener novio, amante y hasta marido ¿no?

- Sandra ¿Vamos a verla? ?pide el niño tirándome de la mano.

- No. tu mami está ocupada ?mascullo y al fin puedo moverme para dar media vuelta y evitar pasar tan cerca.

- ¿Está ocupada tomando café?

- Está hablando con Erik ?me rechinan los dientes- Y no es bonito interrumpir las conversaciones.

- ¿Y el paseo?

     No le respondo al chico, los idiotas esperando en casa para salir de excursión y ella... ella con Erik. ¿A que no se podía ser más imbécil?

-¡Sujétate bien! ¿Vale? ?solo digo al chico cuando lo llevo de regreso a su casa.

                                                              **********

    Estoy ciega de ira y de frustración, lo curioso es que no es en contra de Isabelle. ¡Es contra mía! ¿Pensaba que ella pudiera sentir lo mismo que yo? Pero parece no ser el caso. ¿Y entonces esa escena de anoche de que tenía que controlarse? Seria porque después de restregarse bailando con Erik, su cuerpo necesitaba un alivio y que mejor que tomarla con su amiga, la idiota que hasta la había enseñado a besar. ¡Patético! ¿Y eso de las lesbianas? ?Lo odia, jamás lo admitiría?. Todo está claro ahora ¿no?     

    Quiere hablar conmigo para decirme simplemente que piensa rehacer su vida con Erik y que lo que ha hecho anoche fue un desliz propio de la embriaguez. En el mejor de los casos hasta me pide disculpas? ¡Para cagarse de la risa! ¿no?  

     Llego a la casa y antes de bajar al niño, hablo con él

- Dany, en agosto ya vas a empezar las clases ¿si? ¿Podías decirle a tu mami que te matricule en alguna escuela que entrenen voleibol?

- ¿Es bueno eso? ?pregunta el niño cuando lo tomo en los brazos y lo llevo cargado hasta la puerta de la casa.

- ¡Oh sí! además eres un chico listo que puede llegar a jugar muy bien.

- ¿Por qué?

    Iba a decirle que porque tenía la estatura y constitución del hijo de puta de su padre y la tozudez y carisma de su bendita madre, pero no se lo digo.

- ¡Has jugado conmigo y yo sé de eso!

     Apenas llego subo las escaleras y dejo a Dany entretenido en su cuarto con un puzle, luego me voy al de Isabelle recojo mis pocas pertenencias en un santiamén y bajo con la mochila a la cocina.

- Se me ha presentado un imprevisto ?digo a la madre cuando se vuelve hacia mí.

- ¿Ya están aquí?

- Sí, Dany está en su cuarto y yo tengo que irme.

- ¿A dónde? ?mira con sorpresa la mochila

- A Estocolmo, me han llamado del trabajo ?suspiro con fuerza- ¡Es urgente!

- Pero así...tan de repente ?se seca las manos en un paño que cuelga de la pared- ¡Tendrás que esperar a que regrese Isabelle!

- No puedo, de verdad que lo siento ?le sonrío- ¡Le agradezco toda su hospitalidad, me he sentido como en casa!

- ¡Oh no! Espera ?se acerca cuando ve que me vuelvo para salir- ¿Y que le digo yo a Isabelle?

- No se preocupe, la llamaré.

     Estoy mintiendo pero ella no lo sabe y me acompaña hasta la puerta

- Debe estar al llegar, con lo contenta que estaba de que le hayan dado el trabajo.

- ¿Trabajo?

- Sí, en la mañana le llegó una carta. ¡Se lo dieron! ¡Va a poder trabajar como arquitecta!

- ¡Pues que bien! ¿no? 

     No me he despedido del padre que tan sólo está a unos pasos y tampoco de Dany,  pero tiene que ser así. No soportaría una conversación con Isabelle, además quiero evitarle la explicación de toda esa historia que me tiene preparada. Ahora incluso ha conseguido hasta trabajo para comenzar su nueva vida. ¿Qué más podía desear?

     Abrazo a la madre y me acomodo en la moto

- ¡Alexandra! esto... ¡Dios, si parece que estas huyendo! ¿Estás segura que todo está bien?

- Lo está ?río para que se convenza y me deje marchar de una vez.

- ¿Llamaras a Isabelle? ¿sí?

- ¡Por supuesto y gracias por todo!

      Salgo por callecitas pequeñas, buscando la entrada a la autopista. ¡Y cierto... huyo como animal apaleado, con el rabo entre las patas! A la salida del pueblo, diviso el sitio donde queda el mirador, el sitio donde Isabelle pensaba llevarnos de excursión y enfilo hacia allí sin poder dominar el impulso. No es probable que me la encuentre, en todo caso podría venir más tarde acompañada del niño y de Erik. Pero disponía de tiempo de hacer mi bosquejo, al cual titularía: ?¡El sitio donde dejo enterrada mi alma!? tierno y trágico. Total que después de estar sentada sobre una roca con el exuberante paisaje de anfitrión, logro llenar una hoja de trazos sombríos y húmedos a consecuencias del torrente de lágrimas que inevitablemente confirman el hipotético título de la obra.

     Al filo de la tarde estoy extenuada, sólo he parado para tomar un café en un grifo de la carretera y por mucho que lo desee todavía faltan muchos kilómetros por recorrer, así que me desvío en busca de un motel para pasar la noche. Igual no tengo apuro en llegar a Estocolmo.

     Las paredes blancas y la cama bien equipada del motel ni me sorprenden, hasta dispongo de televisor y de un pequeño baño, pero me echo de bruces en la cama sin apenas desvestirme después de ver en la pantalla de mi teléfono celular cinco llamadas perdidas de Isabelle.

    Y logro descansar entre pesadillas de unos brazos tibios, unos ojos verdes y unos labios que me queman la piel.

     A Estocolmo llego hacia el mediodía, añorando un baño caliente, una botella de vino y mi caja repleta de CD de música. También mi sofá por supuesto. Pero cuando estoy guardando la moto suena el teléfono y esta vez sí respondo cuando veo que es mi padre.

- ¿Alexandra? ¿A dónde estás hija? 

- ¡Hola Papá! ¿Qué tal?

- Mal hija ¿Estás ya de vuelta?

- Guardando la moto en estos momentos.

­- ¡Pues ni lo hagas hija, porque tienes que venir!

- ¿Que ha pasado?

- Aquí te explico ?está alterado y me asusto.

- ¿Tú y mama están bien?

- Sí, sí pero esto es ...

- Dame tiempo para tomar un baño ¿sí?

- Alexandra Antuñez ¿te he molestado alguna vez con algún apuro?

- No

- ¡Esta vez tienes 10 minutos para llegar!

- ¿Tienes algún abogado o contribuyente en casa?

­- ¡Ahora tienes 9 minutos! ­? y corta la comunicación.

    ¿Problemas serios con la inmobiliaria otra vez?. Resoplo impotente ¡Adiós mi botella de vino! De hecho llego exactamente después de 8 minutos y me parece raro que no haya ningún auto detenido ante la verja. Abro con mis llaves y como mi madre no está a la vista sigo directo a la biblioteca.

- Papá ya estoy aquí ?saludo viendo la figura encorvada en su silla de ruedas dándome la espalda.

- ¡Pues ya era hora! ?cuando se gira no puedo creer lo que veo.

- ¡Sandra! ¡Ven para que veas lo que pintó el abuelo Fe ?grita Dany sentado entre las piernas de mi padre.

     La mirada de mi papá es suficiente explicita, está preocupado y no sabe que hacer. Yo de súbito estoy aterrada.

- ¡Hola colega! ?musito débilmente acercándome- ¡Sí que es un buen dibujo! ?añado.

- ¡No sé de qué va esto! -rumorea mi padre clavándome los ojos- ¡Pero trata de que no se vayan!

- ¿A dónde está ella? ­?indago como si me hubieran vapuleado en una pelea de borrachos.

- En tu habitación

- ¿Y qué...qué hace aquí?

- ¡Pues tú me dirás! ?pone los ojos en blanco- ¡No ha querido subir su maleta! dice que se va apenas hable contigo.

- ¿Cuando llegaron?

- ¡Anoche!

- ¡Dios mío! ?me rasco la cabeza, tendría que haber viajado en avión ¿no?

- ¿Qué...que más dijo?

- No voy a resolver tus problemas Alexandra Antuñez, pero ?y ahora sí me mira como para hincarme en el sitio- ¡No voy a dejar que se quede en un hotel, sola con un hijo y sin conocer a nadie en Estocolmo.

      Afirmo y recién me doy cuenta lo asustada que estoy.

- ¡Por lo demás tienes un aspecto...  ?me mira reprochando mi ropa ajada y llena de polvo, eso por no decir lo desaliñado de mi rostro y mis cabellos desordenados.

- Te pedí bañarme y no quisiste...

- Lo primero es lo primero ?ataja y luego pone atención al niño.

- ¿Papá?

- ¿Todavía estás aquí? ?se vuelve incómodo.

- Es que no se... yo... estoy...

- ¡Alexandra! ¡Ni que tuvieras 14 años! ¡Por Dios!

     Lentamente subo las escaleras, siempre me parecieron largas con infinidad de escalones pero esta vez llego al rellano sin apenas darme cuenta y empujo la puerta de mi cuarto que está entornada.

- ¡Alex! ?está junto a la ventana e imagino que me ha visto llegar.

- ¡Hola! ?digo y me quedo parada en la entrada.

    Creo que hace intenciones de venir a mí pero se detiene en medio de la habitación cuando contempla mi semblante.

- No te esperaba ?digo sin tono­- ¿A qué has venido?

     Siento su mirada intensa e incluso las rayas que se le forman en la frente.

- ¡Eres muy dura conmigo, Alex? ?susurra con esa voz dulce que me desgarra el alma.

- Fue la misma pregunta que hiciste cuando te fui a ver ?respondo lentamente.

     Toma aire y su rostro se sonroja, A pesar de unas pequeñas ojeras y el cabello revuelto, ¡Está más linda que nunca!

- Con la diferencia que tú nunca me dijiste el por qué y yo sí lo voy a hacer.

     Tiene razón, y se marca un punto. Ahora se pasa las manos por el rostro y luego las ajunta para frotarlas nerviosamente.

- Sé que jamás me perdonaras lo que hice la otra noche ?baja la vista- ¡Estaba completamente loca, fuera de control!

- ¡También mentiste!

- No, eso no... ?niega resuelta.

- No entiendo ?adelanto unos pasos para mirarla de cerca pero rehúsa un enfrentamiento de nuestros ojos.

- Quizás lo que te diga ahora será suficiente para que nuestra amistad se dañe, Alex

     Suspiro estruendosamente. ¡Tendría que venir desde tan lejos para frotarme en la cara su jodida historia con Erik?

­- Tú dirás ...

- Sé que has tenidos relaciones informales con muchos chicos y que has estado bastante tiempo con Robert ¿correcto?

- Así es

- ¿Qué pasa con él, ahora? ?me pregunta en tono anhelante.

- Terminamos hace ya más de un mes .

- ¿Definitivamente? ?y tropiezo con su mirada exigente.

- ¡Claro que sí! pero qué tiene que ver... ?mascullo ladeando la cabeza.

- Mucho, Alex ?súbitamente se pone blanca como la pared- No... no sé cómo preguntarte pero  ¿Podrías pensar en tener otra nueva relación?

- ¿Una relación? ?pregunto dudosa- ¿Amorosa?

- ¡Desde luego! ¡Válgame Dios, qué otra sí no!

    Me extraña su temblor y que aún tenga los ojos en todas partes menos en mí. Levanto los hombros abatida y suspiro negando con la cabeza sin responder.

- En lo que a mí respecta, nunca he tenido una relación de ese tipo, pero eso lo sabes ¿no? ?susurra quedamente levantando la mirada que ahora es brillante.

- ¡Anjá! ?afirmo

     ¿Qué está tratando de decir? ¿No querrá proponerme ser la madrina de bodas cuando se case con Erik? ¿no?

 - ¿Te molestaría si yo... si tú... o sea... si yo quisiera tener una relación contigo?

    Entonces la sacudida es grande, ¿He entendido bien? el corazón inicia volteretas y no me quiero dejar engañar.

- ¿Seguimos hablando de relación... amorosa? ?titubeo y ahora soy yo la que estoy lívida.

- ¡Oh que difícil eres! ? toma aire y casi con lágrimas en los ojos susurra- ¡Sí Alex! una relación basada en el cariño, en el amor, en la amistad, y todo eso que sienten las parejas.

- ¿Conmigo? ?me acerco aún más.

- ¡Contigo!

- ¿Estas segura? ?no me atrevo a tocarla- Yo... o sea... pensé que tú odiabas esto de que las mujeres...

- ¡Todavía el tema me es un poco raro Alex, pero si lo que siento por ti, es eso?, tendré que asimilarlo.

- ¿Y qué pasa con Erik?

- Nunca estuve interesada? te lo dije.

- ¡Pero te vi con él! ?exclamo dolida.

- Me ayudó con la documentación adecuada que tengo que presentar en mi nuevo trabajo, aquí. Estuve haciendo mi primera practica en la comuna de Ystad, y quería que apareciera en el currículo laboral.

- ¡Yo pensé que... ?luego caigo en los detalles- ¿El trabajo es aquí, en Estocolmo? ?indago atontada.

- ¡Por supuesto!

    No me da tiempo de rebobinar todos los acontecimientos en un orden correcto y la neblina de mi cerebro es cada vez más espesa.

- ¡Alex! ?se hunde en mis ojos con ansiedad- Si no puede ser lo entendería, dudo incluso que lo consideres posible ... pero quiero que sepas que... ¡Dios Mío! ?se vuelve a la ventana y me da la espalda- ¡Estoy tan enamorada de ti! 

    Sé que está haciendo lo imposible para no llorar, pero yo sí dejo correr mis lágrimas y aunque quiero abrazarla y apretarla junto a mí, me quedo inmóvil.

      Los pasos que avanzan por la escalera me sacan del estupor y murmuro:

- Le diré a mi madre que te vas a quedar. Voy a subir la maleta a mi cuarto.

     Y huyo como de la peste?

-¡Alexadra! ?el vozarrón de mi padre me detiene en la puerta de la calle- ¿A dónde crees que vas?

- ¡Ella me quiere! ?grito sin mirar atrás y salgo a la brisa de la mañana.

- ¡Hombre!  ¡Eso ya es algo! ?el hombre sonríe al niño que está a su lado- ¡Vamos a buscar a la abuela para que nos de algo de comer!

Y murmura para sí ?Apuesto que mi hija se ha orinado en los pantalones del susto?.

                                                        *********

 

Lo más hermoso que me podía suceder ha ocurrido, ella me ama y yo estoy feliz, aturdida, desorientada, y tengo montones de dudas. Lo primero que hago cuando se me aplaca los latidos del corazón es irme a mi apartamento y darme una ducha. ¡Hay que estar completamente tarada para sólo escapar sin dar una explicación y sin incluso darle una respuesta a Alex!

Me demoro el tiempo justo de comprar una caja de chocolate y un ramo de rosas rojas para ella y un pulóver del equipo nacional de voleibol para Danny. Cuando regreso todos están en el comedor  almorzando, así que considero que es hora de mostrar un poco de sensatez. Y en eso me ayudan mis padres que apenas comentan cuando le entrego las rosas y la beso en la mejilla. Alex enrojece hasta la raíz de los cabellos.

     Me comporto lo más civilizadamente posible hasta después que Danny se queda dormido en la sala y yo le ayudo a llevarlo hasta mi dormitorio, donde madre ha dispuesto que ellos van a dormir.

-Tenemos que hablar ?le digo y tomándola de la mano nos vamos a la terraza. Está tan asustada como yo.

-Esta mañana salí corriendo y mereces una respuesta ?musito cuando ella no sabe si mirarme a mí o la incipiente luna que se levanta por el lado oeste- pero antes tengo que cerciorarme si lo que dijiste es? completamente verdad.

     Ella asiente y sonríe tristemente.    

- Han habido chicos que han intentado acercarse a mí a pesar de que era monja Alex, he tenido contactos con mucha gentes aunque no lo creas, y nunca pensé en el amor ni en el sexo porque estaba convencida que no era algo para mí ?balbucea haciendo un esfuerzo- Cuando te conocí... todo fue cambiando, sentí cosas inexplicables que ignoré confiada en mi condición de religiosa y de que tú eras una chica heterosexual con un novio. Era feliz cuando te veía, adoraba tu sonrisa, me gustaba tu forma de ser, extrañaba tu mirada, sólo pensaba en ti y no... no sabía que podía ser eso hasta que fue Benita la que me hizo ver.

- ¿Benita?

- Después de la  operación de apendicitis, cuando estuviste alejada unos días, me preguntó si estaba enamorada de ti ?mueve la cabeza resignada- cuando le respondí que no, sonrió y me advirtió que si quería que nadie se diera cuenta, lo único que tenía que hacer era no mirarte, porque si lo hacía, mis ojos no podían desmentir lo que sentía mi alma.

 - ¿Era eso lo que hacías cuando llegué a tu casa? ¿Evitar mirarme?

- Sí. Pensaba que era muy prematuro para explicarles a mis padres.

- ¿Cuando fue que...?

- Creo empecé a quererte ese mismo instante cuando rechazaste mi ayuda en el pasillo de la escuela y me miraste desde el suelo. ¡Nunca vi unos ojos tan bellos, con tanta necesidad de ser amados!

- ¡Estaba enfadada Isabelle!

- Lo supuse ?se pasa la mano por el rostro- ¡Me has hecho vivir tantos momentos lindos! Alex. Ha sido fácil enamorarse de ti.

     La observo sabiendo que habla con toda sinceridad y me admiro de su valor.

- Esa noche cuando... me tocaste con tanta delicadeza y ternura! Fue suficiente para derribar todos los muros en los que trataba de esconderme. ¡El amor del señor no fue lo suficiente fuerte como para opacar lo que sentía por ti! ¡Ya estaba perdida por ti!

- ¿Por qué te fuiste sin decirme nada? ?suspiro consternada.

- ¿Cómo no iba a hacerlo, si nunca dejaste de estar con Robert? además... ¡Viajabas a Paquistán!. ¿No lo recuerdas?

- ¿Y no pensabas decírmelo nunca?

- Sí. ?se recuesta en el alfeizar y se gira para mirar a la lejanía- No quería ser una carga, pensé primero rehacer mi vida, buscar un trabajo, sacar a mi hijo adelante y esperar tu regreso, pero ya vez como todo se ha precipitado.

- ¡A sido culpa mía! ­?al fin me recuesto contra la balaustrada de madera suspirando y lo hago para una vez más ordenar mis pensamientos- Mi vida cambió cuando una noche acompañe a una monja hasta la puerta de su Monasterio y la besé en los labios , ¡Eso sí que fue mi perdición!

    Aun sin verla sé que está sonriendo, adelanta unos pasos y está parada detrás de mí pero sin tocarme.

- Traté cientos de veces evitar tu compañía, me encerré en casa para meditar, hasta que llegué a la conclusión de lo inevitable ?suspiro impotente-  Incluso pensé que Robert me ayudaría a sortear ese nuevo dilema en que me encontraba. ¡Pero no! ¡Y cuando esa noche pensé que te perdía definitivamente...! ?se me quiebra la voz.

    Siento la palma de su mano en mi hombro.

- Quise amarte esa noche porque eras lo único que ha valido la pena en mi vida, Bell?demostrarte mi amor que no podía expresar con palabras.

- Me alegro que lo hayas hecho Alex.

      Quedamos en silencio, creo que las dos teníamos necesidad de sondear todas las dudas y aclararlas pero estaba visto que nos llevaría tiempo.

- Buscaré un apartamento para alquilar y el lunes comenzaré a trabajar ?lo ha dicho todo de carretilla como si lo tuviera aprendido de memoria- Aunque me temo que aún no has respondido a mi pregunta.

- ¿Habías preguntado algo? ?apoyo mi mano sobre la de ella.

- ¡Alexandra Antuñez, no empecemos ¿vale?

      Suspiro y ladeo la cabeza,  Dios que tenía que escucharlo de nuevo.

- ¿Y bien? ¿cuál es la pregunta?

- ¿Puedo tener... alguna esperanza contigo? ?susurra a mis espaldas.

      Me giro y extiendo mi mano para atraerla hacia mí y apretujarla en mi regazo.

- ¿Que quieres saber? Creo todo está dicho ?subo mis dedos y le acaricio la mejilla.

- ¿Eso quiere decir que sí?

- Podemos intentarlo ?pego mis ojos en sus húmedos labios.

- ¡Alex! -me mira seria- Cuando digo de empezar una relación, dejo por hecho, que tenemos que ir despacio.

- ¿Para conocernos mejor?

- No es eso lo que me quita el sueño. Te conozco bien  y sé que sabrás comportarte ? soy yo- me toma las manos y las acaricia- ¡No estoy segura si puedo entregarme a ti, como tu quisieras, Alex!

- ¿A qué te refieres? ?le giro el rostro hacia mí.

- ¡Es difícil! tu sabes que yo...yo te deseo ¿sí? no hay un día que no sueñe pensando en lo que podría ... hacer para satisfacerte, para darte... todo?¿entiendes?

- ¡Ajá! ­?sonrío benevolente y se me sacuden las tripas de pura ansiedad .

- Pero cuando imagino que tú quieras hacer lo mismo conmigo...

- ¿Tienes miedo?

- Sí ?sus ojos son un pozo de angustia.

- ¡Lo podemos arreglar, cariño! ¡No te forzare a hacer nada de lo que no estés preparada ¿está bien?

- ¿Lo harías?

- Me basta que estés a mi lado, que me quieras y ... vamos viendo ¿ok?

- ¡Te amo tanto! ?me acerca el rostro con sus dos manos y me roza con sus labios- ¡Quiero besarte!

- ¿Estas segura? ¿No romperá esto con lo de ir despacio?

- Tengo el derecho de hacerlo cuantas veces quiera, porque ahora eres... ¿mi chica? ¿no?

- ¡No suena tan mal! ?sonrío y subo mi mano para ponerla detrás de su nuca.

     Nos besamos, con ternura y despacio, regodeándonos en descubrir nuevas emociones que antes por la inseguridad y confusión no habíamos apreciado del todo. Cuando nos separamos estamos tan agitadas que sonreímos embobadas sin saber si seguir por ese camino.

- ¡No quiero que te vayas de aquí! ?suspiro en su cuello, enardecida por el aroma de su piel.

- Tengo que levantarme con mis propios pies, cariño.

- Lo harás, pero ahora ¡mi padre me mataría! ?sigo besándola suave y tiernamente­- ¡Tenemos que pensar en Dany! en su seguridad, en que no le falte nada.

- ¿Que propones?

- Te quedaras aquí, hasta que consigamos algo más grande para los tres. Yo iba a vender mi apartamento de todas formas antes de viajar.

- ¿Nos? Te refiere a ¿tú y yo?

- ¡Claro! y Dany por supuesto?o ¿crees que tengamos que esperar un tiempo?

- ¡Alex, por ahora no podemos dormir juntas! ?pone cara de niña buena y la adoro.

- Cuando éramos amigas dormíamos juntas y ahora que somos...novias ?se ríe de la cara que pongo por lo extraño de la palabra en mi boca- ¿Vamos a dormir separadas?

- Es que Dany tiene que acostumbrarse a vernos como pareja, luego está tu familia y...

- ¡Entendido! ?suspiro sofocada del efecto de sus dedos en mi espalda cuando su boca se pierde por debajo de mi cabello y me besa en la nuca.

- ¡Por ahora mantendré el apartamento!

- Pero quiero estar contigo todo el tiempo que tengamos libre.

- Me parece bien  -susurro mordisqueando el lóbulo de su oreja mientras que el calor de sus pechos y su abdomen sobre mis carnes me están distrayendo enormemente.

-¿Alex?

- Sí, cariño.

- ¿Desearía mejor horario del que le habías impuesto a Robert? ¿Puede ser?

     Me echo a reír encantada.

- Tu eres completamente diferente a Robert!

- ¿Por qué?

- Sencillamente porque te amo y contigo formaría un hogar y una familia.

-¡Oh!

- Si hasta ya vamos adelantada con lo de los hijos  ¿no??bromeo.

- He notado que Dany se te pega mucho a ti ?sonríe soñadora- ¡Ojala encuentre una buena escuela para él!

- A ese chico me lo dejas a mi ¿vale? que lo primero es lo primero.

- ¿Ah sí? ¿Qué es lo primero? o ¿Es que ya tienes planes?

- Por supuesto ?mis manos están deseosas de meterse por debajo de su blusa pero me detengo y la beso en el cuello, y mordisqueo el lóbulo de la oreja, mientras ella cierra los ojos extasiada y me acaricia la espalda.

- Mañana lo vamos a matricular en la escuela de deportes, ahí le enseñaran a jugar voleibol, como Dios manda, además, conozco al director, es colega del equipo nacional.

- ¡Me gusta! ?ronronea y no sé si es lo de Dany o si es porque su piel arde bajo mis caricias.

- ¿Y qué hay de tu nuevo trabajo?

- Es una empresa seria, pagan bien y será la primera vez que me preocupe de mi economía. Pero es necesario para poder encaminar a mi hijo en la vida.

- ¿Y no has pensado que yo también estoy en el paquete?

- Tengo planes para mi paquete

- ¿A sí? ?es extraordinario lo bien que se siente acariciarla y tenerla entre mis brazos

- Mi paquete tiene que estudiar ?me besa la nariz- Y la apoyaré económicamente hasta que termine.

- ¡Ah no, rubia terca...estudiaré y trabajaré... ustedes dos van a ser... ¡mi vida entera!- susurro apenas

       No tengo palabras, la felicidad es tan cojonuda que ahora mismo se me atragantan las palabras.

- ¿Bell? ?digo con la voz cuarteada- He olvidado decirte algo.

- ¿Sí, cariño?

- ¡Es muy importante! ?trago saliva y me doy valor.

- ¿Sí?

- Nunca, pero nunca, he sentido así por nadie ... ¡Te amo tanto!... ?las mejillas me arden, pero que diablos si es la verdad-  y eso... era lo que quería decirte cuando estuve allá en tu casa.

- ¡Habladora la chica! ¡Hasta que por fin!

- ¿Te burlas?

- Me haces feliz, Alex ?sube mi rostro hacia ella- ¡Mírame! ¡Eso es! eres una divinidad de mujer, y tus sentimientos coinciden con los míos, ¿no es genial? aunque no me explico?

- ¿Qué?

- ¿Por qué te fijaste en mí?

    Quiero hacerla rabiar un poco así que la beso profundo unos instantes hasta que no tenemos más aire para respirar y musito.

- ¡Tienes el culo mejor formado de todo el país! eso es sin contar las...

- ¡Alex! ?me cubre la boca con la mano- ¡No seas vulgar!...te castigaré por eso.

     Dejo resbalar mi muslo entre sus piernas y hago presión en su centro.

- ¿Sabes que te deseo con locura? ?mis manos inexorablemente bajan recorriendo su espalda con suavidad y se plantan en sus nalgas para estrujarlas levemente por encima de su falda. Se pone colorada al instante y se hunde en mis ojos.

- No más que yo -apoya sus labios sobre los míos y nos volvemos a besar.   

    Todavía tiene esa forma inocente y temblorosa de los principiantes pero ya luego puesto en ello resulta pasional y se entrega sin reservas.

- ¿Alex? mejor lo dejamos así ¿no? ?está acalorada y no puede ocultar el centelleo de deseos en las estrellitas verdes.

- Por mí no lo hagas ?mascullo sin querer que se despegue de mí, buscando algún consuelo en el contacto de nuestras caderas.

- Tenemos que ir adentro, creo te espera una conversación con tus padres.

- ¿Es necesario ahora? Quiero estar aquí contigo, exactamente así como estamos.

- Cariño, tienes que hacerles saber que no quiero abusar de su hospitalidad y que apenas encuentre a donde vivir, me iré.

- Hablaremos con ellos las dos ¿te parece?

- ¿Le diremos todo ¿verdad?

- Sí... espero que no se lo tomen a la tremenda

     Su semblante se tensa y frunce los labios mirándome asustada

- ¡Imagínate que me rechacen y que no les guste... no es lo mismo ser tu amiga que... tu amante!

- ¡No seas tonta! ¡Claro que le gustas!  además ¿Crees que te van a dejar ir así tan fácil? No sé qué has hecho pero a mi madre le caes bien y mi padre te adora y peor ahora que tiene a Dany con él. Anhelaban un nieto ¿sabes?

- Desde que ha llegado le ha llamado abuelo Fe ?sonríe feliz y luego me da una pequeña mordida en el cuello.

- Ya me dí cuenta el pillo como se gana a la gente... se me está pareciendo a alguien, oye ... ¿Podrías quedarte esta noche?

- ¿Estas tratando de seducirme?

- Hago lo que puedo ?pongo cara de circunstancia cuando sigue lamiendo mi cuello.

- No grandota, tenemos que respetar tu casa, ya es hora de ir adentro.

- ¿Y me vas a dejar así?

- ¿Así como? ­?sus picaros ojos me estudian y sin aviso baja la cabeza y sus labios rozan un pezón sobre el tejido de mi camiseta.

- ¡Dios mío! ?gimo cuando la persistencia de su boca humedece la tela y la succión hace que un calor infernal descienda entre mis piernas.

-¡Vamos! ? dice cuando se separa de mi cuerpo en llamas.

- Bien, pero ve pensando cómo vas a pedir mi mano ante ellos.

- ¡Oh Santo Cielos! ?se persigna con un gesto impulsivo y su palidez es genuinamente atractiva. 

- ¡Linda! ?de nuevo la atraigo sobre mí y la abrazo con ternura, y su corazón latiendo encima del mío es lo más estupendo que me ha pasado en mucho tiempo- Puedes decir que tienes alguna dote, tierras o ganado por ejemplo... eso los convencerá.

- ¡Déjate de bromas pesadas! pero te quiero tanto, que no me importaría ofrecer hasta dinero por ti ¿Cuánto crees que vales?

- ¡Humm! Depende de lo que valores, todavía no te he mostrado algunas habilidades que suelen ser muy apreciadas. 

- ¡Oh Alex! vas a lograr que me sonroje ?me empuja hacia la puerta y está monísima con esa falda tan ceñida.

      La conversación con mis padres no puede ir mejor, mi madre sorprendida primero por lo de tener una hija del otro bando, es sustituida al instante por la emoción y alegría de saber que es Isabelle quien me hace marcar las horas del reloj. Sin ningún preámbulo se abraza a ella y dice sencillamente que a partir de ahora tiene dos hijas. Mi padre sólo sonríe y levantando la ceja me espeta con su tono más claro

- ¡Espero que la hagas feliz, Alexandra! Sé que la quieres desde siempre, así que no te costará mucho esfuerzo. ¿Entendido?

                                                           **********

     Y ya hemos matriculado a Danny que comienza el 16 de agosto en su nueva escuela, especializada en deportes.  Presento mi baja en el hotel y acepto a entrenar a grupos de estudiantes en mis tiempos libres según el horario de la Universidad. Eso sí todas las tardes estoy libre para dedicarle tiempo a Isabelle y al niño.

     Ella ya ha comenzado en su trabajo y me encargo de llevarla y traerla hasta que pueda comprarse un auto. Sigo durmiendo en mi apartamento por recomendaciones de Isabelle aunque los besos de cada noche cuando nos despedimos, me dejan medio desvanecida y ansiosa de verla lo más rápido posible al día siguiente.

     Mi padre no quiere oír hablar de que se vaya a un apartamento y se encarga del niño cuando no estamos nosotras, el bandido de Dany se ha ganado su cariño en apenas unas semanas.

     Nosotras seguimos mirando casas que nos convengan para comodidad de los tres en cuanto a la distancia de escuela-universidad y la empresa de Isabelle. Pero claro, lleva su tiempo. Los fines de semana me quedo con ellos todo el día y duermo en la habitación de Elois que está a dos pasos de la mía y que ahora la ocupan ellos.

     La vida es un paseo de rosas, soy feliz de tenerlos a mi lado y con ese pensamiento me acuesto esta noche, luego de despedirme de Isabelle en la terraza. No sé cómo pudimos separarnos una de la otra, por esa razón entendible ya los besos se nos están quedando cortos y mi cuerpo necesita con urgencia un abrupto desahogo. Pero la voz de Isabelle tiene la virtud de detener mi insensatez y llamarme al buen orden así que toda descompuesta logro llegar hasta mi cama luego de un refrescante baño.

                                                                        **********

     Las últimas dos semanas no me abandonan los sueños eróticos, el hecho de no tener algo que se anhela en demasía tiene sus efectos y aunque comprendo las razones de Isabelle a veces me pregunto si lo hace con alguna intención oculta, porque oportunidades hemos tenido a millares, casi siempre pasamos por mi apartamento cuando voy a recogerla del trabajo. ¡Y por Dios que lo he intentado! pero no. Por otro lado me recrimino por ser tan egoísta, así con lo que tenemos, me considero tan en la gloria que no comprometería mi relación por la mezquindad de querer más de lo que ella me ofrece.

    Ahora tenemos largas conversaciones de diversos temas, alternamos bastante con el niño, lo llevamos al cine, a exposiciones, a parques y con gran suerte se me pega como chicle cuando hago deporte, salgo en la moto o me lo llevo a los entrenamientos. ¡Ese pedacito de rubio me está robando el alma!

     Pero los malditos sueños son inevitables, tengo las sensaciones disparadas, y la sensualidad a flor de piel. Es por ello que ni me preocupo cuando echada de espaldas en la cama y en ese estado de duermevela siento como sus labios descienden desde mis parpados cerrados, haciendo vaivenes desde mis mejillas hasta llegar a mi boca y allí humedecerla una y otra vez con besos suaves, e inofensivos que me aflojan el cuerpo y me hacen suspirar. Luego el recorrido se extiende hasta mi barbilla y desembocan en mi garganta para transitar por todo mi cuello acariciando, tanteando por debajo de mis cabellos, rozando el lóbulo de mi oreja y llenándome de su cálido aliento y es tan nítida la sensación de su labios, que me empieza a faltar aire.

      ¿Cómo es posible que distinga como si fuera real, hasta la sosegada trayectoria de su exquisita boca temblorosa en mi pecho? Y su mano que se desliza con tardanza de siglos, desabrochando uno a uno los botones de mi bata. Es de locura sentir tan cierto, el aroma de su cabello, el aire que respira y el tacto de sus labios regando besos por los hombros y el pecho, pero lo es más, cuando la humedad de mis pezones me advierte que ella saborea con su lengua y se deleita en sorber de a poquito, con flojedad, y haciendo ruiditos de gusto.

- ¡Dios mío! ?gimo desfallecida.

- ¿Te gusta? ?el ronroneo es acompañado de una succión profunda y dulce.

- ¡Isabelle! ?abro los ojos fuera de sí, al escuchar su voz.

     Y su mirada de estrellitas verdes relucen en la semipenunbra del cuarto. Está apretujada a mi lado bajo la frazada y ha levantado la cabeza interrumpiendo sus caricias sobre mis pechos desnudos. ¡No es un sueño! ¡Santo Cielos!

- ¿Qué haces aquí? ?susurro turbada de la sorpresa mirando la puerta cerrada.

- Me olvidé de decirte algo ?dice y sin moverse de donde está, toma una de mis manos besa el dorso y la envuelve entre sus dedos.

- ¿Dany está dormido? ?sigo preguntando hasta hacerme la idea que ella ha desabotonado mi bata y que estoy desnuda prácticamente debajo de ella.

- Los niños acostumbran a dormir temprano ?ahora baja la cabeza y posa sus labios de nuevo sobre uno de mis pezones- ¡He encontrado una casa en las afueras, quiero que vayas conmigo mañana!

- Hecho ?contengo la respiración cuando aprisiona entre sus dientes uno de mis pezones y juguetea con el. El cataclismo lo siento entre las piernas, y ya sé que no estoy fantaseando. Subo la mano que tengo libre y le acaricio los cabellos mientras ella se olvida de mí y se ocupa del otro pezón humedeciéndolo con la lengua y pegándose a él para succionar.

- Eso que estás haciendo... es muy agradable ?musito boicoteándome el estómago.

- ¡Mmmm! ¡me encantan tus pechos, Alex! -propina caricias y lametones a mis pezones que ya están duros como rocas y no sé cómo reaccionar para no asustarla y no deje de hacer lo que la mantiene tan entretenida.

- ¡Y tu olor! ?respira para llenarse de mi piel- ¡Lo adoro!

     Suavemente voy bajando los brazos para tomarla con cuidado y subirla hasta mi altura. Su cuerpo cubierto con pijamas queda sobre mi piel desnuda y su boca ahora late sobre la mía. La beso despacio, con el corazón estallándome dentro del pecho y degustando sus labios con infinita ternura.

- ¡Te quiero tanto, Alex! ?gime y siento el temblor de su cuerpo en mi vientre, mientras su lengua empuja y se apodera de las profundidades de mi boca.

    Las palpitaciones de mi sexo se convierten en dolorosas pulsaciones imposibles de dominar. Mis dedos recorren su espalda por sobre su ropa mientras profundizamos los besos y respiramos entrecortadamente. Me siento tan mojada que estoy segura que ahorita se traslucirá a través de mis bragas.

- ¿Alex? ?se separa levemente y me toma el rostro con las palmas de las manos por cada costado, está agitada y no lo disimula- ¡Quiero hacerte el amor! ?pide en un susurro febril.

     Además de volcárseme el corazón y acabárseme el aire, los temblores que me acometen en todos los músculos son de padre y señor mío.

- Sí, mi cielo ?susurro con voz que pienso no es mía.

- ¡Lo deseo tanto, tanto! ?sus labios ahora se esconden en mi cuello y besan sin rumbo fijo, mientras desliza su cuerpo a un lado y deja correr su mano por mis pechos y mi vientre.

- ¡Bell! ?suspiro cuando las caricias de sus dedos finos y largos abarcan mi enardecida piel, haciendo círculos mágicos desde mis pechos pasando por mi estómago y deteniéndose en el borde de las bragas.

- ¿Las quitamos? ¿verdad? ?susurra ahora mordisqueando mi hombro.

- ¡Afuera! ?y le ayudo por un costado en deshacerme de la prenda húmeda.

- No sé si lo haré bien ?me mira con dudas antes de prenderse con los labios abiertos y querer abarcar toda la carne de mi pecho.

- Sí que lo haces ?gimo cuando sus dedos inician una excursión entre los vellos de mi pelvis y la succión de sus labios me transportan a las puertas del paraíso.

- ¡Reque...te bien! ?afirmo con el corazón echándose a correr y el vapuleo de mis extrañas avisándome que esta vez, a pesar de mis esfuerzos, mi liberación va a ser más rápido de lo que desearía.

- ¡Oh Cristo! ?sus dedos bajan por todo el borde de los labios inferiores de mi sexo y abro las piernas para darle espacio pero aún no están interesados en hundirse en mi humedad, sino que acarician todos los contornos, presionando, rozando y haciendo que mis caderas empujen hacia arriba buscando el contacto que se me niega.

- ¡Desesperada! ?ahora la boca de Isabelle me arrulla al oído, y en un movimiento sincronizado sus dedos se sumergen en la laguna de mi centro mientras la lengua lo hace en mi oído.

- ¡Mmmm! ?se relame cuando sus dedos se mojan con mi esencia.

    El quejido que emito me sorprende, pero la cadena de ellos que se suceden cuando siento la forma de que sus dedos frotan en círculos alrededor de mi clítoris, son ineludibles. Me muerde la oreja mientras sus dedos ahora frotan verticalmente cambiando de dirección y mi cerebro está como una lámina en blanco. Es un placer tan insólito que no sé cómo no estallo en miles de pedazos en este mismo instante.

­- ¡Mi amor! ?susurra ella succionando en la piel ardiente de mi cuello con firmeza, sin dejar de hundir sus dedos y masajear cada rincón de mi coño.

- ¡Bell! ¡Por favor! ?ruego después de unos largos segundos con las caderas enloquecidas buscando sentirla en mis profundidades.

- ¿Dime que quieres? ?y creo que está dándome largas para prolongar el goce.

- ¡Adentro! ?gruño avergonzada de mi impudor.

- ¿Así? ?sus dedos largos bajan con lentitud y con una calma de mil demonios me penetran de a poco hasta el fondo, y allí se mueven rascando y llenándome hasta la saciedad.

- ¡Así! ?sé que chillo sin control y bajo las caderas para de nuevo ensartarme en esos dedos firmes y que me esperan para saciar mi apetito. 

     Sus labios se mueven raudos por cada retazo de la piel de mi garganta y se que me está marcando por la presión de sus succiones mientras que el ritmo de sus dedos se acoplan perfectamente a las exigencias de mis caderas. Toda yo me entrego a ella, y ella me toma con toda la ternura y pasión que me trasmite su boca, sus manos y su cuerpo adherido al mio.

- ¡Bell! ?presagio mi culminación como un volcán en plena erupción y me someto al vértigo conmocionado de todo mi ser, al ser expulsada a los cielos y desbaratarme en todas direcciones.

- ¡Te amo, Alex! ?sus labios cubren mi boca después que exhalo un gruñido desde el fondo de mi alma.

    Siento sus brazos alrededor de mi cuello y su cabeza en mi regazo, mi cuerpo está bañado en sudor y los temblores aún me cosquillean los dedos de los pies.

- ¡Dios mío! que increíble ?musito cuando ya puedo respirar.

     Nos quedamos unos minutos sin decir palabras, aún centradas en las emociones y recuperando el aliento.

- ¿Alex? ?escucho junto a mi barbilla- ¿Estás bien?

- Sí, cariño ?sonrió encantada- ¡Nada mal para ser tu primera vez! ¿no?

- ¿Estás segura? ?me acaricia con el dedo índice el hombro- ¡He buscado por  Internet!

- ¿Te has puesto a ver cómo...?

- Sí, y te aseguro que hay muchas más formas ?dice inocente.

- ¡Ya lo creo! ?río y la beso en los cabellos.

- ¿Por qué no me habías dicho que eras tan escandalosa? ?pregunta bajísimo.

- ¿Pero qué dices? ?me cubro de rubor.

- Nunca he disfrutado tanto como al escucharte, Alex ?se acerca y me besa en el mentón- Lo tendré en cuenta la próxima vez.

- ¿Me vas a tapar la boca?

- Me encerraré contigo en el sótano.

- ¡Lo siento! nadie me había dicho eso antes ?digo un poco cortada.

- ¿Puedo achacármelo como un mérito?

- ¡Humm! digamos que sí, también que como me has tenido... a pan y agua.

- ¡Pobrecilla! no habrá que perder tiempo entonces, digo yo.

- ¡Lo mismo digo! ?me volteó suavemente y empiezo a besarla.

- ¿Podría hacerte esto todos los días? ?interroga bajo mis labios- ¡Me ha gustado mucho!

- ¿Todos? ¿todos?

- ¡Ajá! ?responde blandamente suspirando cuando mi boca acaricia su mandíbula y se pierden en su cuello.

- ¡Eres tan hermosa, Isabelle! ?mis manos se mueven hacia sus pechos- ¡No me puedo creer que todavía estés en pijamas! ¿Te lo quitas?

    No responde y me mira abriendo un poco los ojos. Con suavidad meto las manos por debajo de su camisón y halo para arriba para sacarlo por encima de su cabeza. Instintivamente se cubre los pechos con las palmas de las manos. ¡Me vuelve loca su olor!

- Desearía acariciarlos, mi amor ?vuelvo a sus labios y la beso mordisqueando el borde de su boca. Poco a poco va cediendo y sube las manos para sostenerme el rostro y responder a mis caricias. Por el movimiento de su vientre y la respiración irregular sé que está excitada así que sin esperar más, ruedo mis dedos por su piel para apoderarme de sus firmes y turgentes pechos, palpar sus contornos y masajear sus erectos pezones.

     Su cuerpo se contrae y siento la tirantez de sus manos sobre mis hombros.

- ¿Estás bien? ?pregunto

- Sííí ?casi no le escucho- ¡Es... muy agra..dable!

- Me alegro que te guste ?tiene los ojos puestos en mi cuando voy regando besos por sus hombros y me detengo fascinada cuando llego a sus senos. Son redondos, erguidos, y con la suficiente contextura como para considerarlos de insuperablemente bellos. Su pezón es de un tono rosado claro y su culminación es una pequeña protuberancia que ahora tiesa y henchida es de una tonalidad subida. ¡De buenas ganas me los hubiera comido a mordidas y chupado hasta la saciedad!

- ¿Cómo he tenido estas hermosuras tan de cerca y no las había saboreado?

- ¡Puedes hacerlo ahora! ?expele el aire cuando yo paso la lengua, lamiendo la carne temblorosa.

- ¡Esto sí que quiero hacer todos los días! ?afirmo con la lívido en aceleración y pegando mi vientre a su pierna.

­­- ¡Dios todopoderoso! ­?cierra los ojos y gime lánguida cuando anclo mis labios en cada uno de sus pezones para succionar a mi antojo. Su cuerpo se afloja y el corazón salta aturdido bajo la piel, su respiración se ha hecho tan acelerada que temo que sus pulmones no puedan aguantar ese ritmo todo el camino.

- ¿Sabes que te amo, Bell?

     Asiente y se remoja los labios luego que introduce sus dedos por mi pelo y me acaricia.

- Quiero... quiero ?y me pongo a tartamudear sobre su vientre cuando ruedo mis labios por toda la región- ¡Quiero hacerte mía!

- ¡Alex!

     Beso su estómago plano con ternura, rozando la piel tibia y suave, alargo mis dedos sintiendo como el hilillo de finísimos bellos dorados preámbulo de su pelvis, se levantan en un estremecimiento repentino.

- ¡Ya está bien, Alex! ?susurra con temor.

- ¿Qué pasa mi amor? ?me sorprende que diga eso cuando precisamente mis dedos se iban a colar por debajo del elástico de sus bragas.

- ¡No puedo!

     Levanto la cabeza y la miro, mis dedos se detienen inmediatamente. De sus ojos nacen lagrimas que ahora resbalan por su mejilla.

- ¡Bell, cariño! ?subo hasta ella y le tomo su rostro- ¡Tranquila mi amor!

    Cierra los ojos y su respiración mezclada con sollozos sacuden su cuerpo.

- ¡Pensé que podía, Alex! ?se abraza a mí con angustia.

- ¡No, no entiendo! ?susurro pegando mi mejilla a la suya.

- ¡Me da miedo!

- ¡Te quiero Isabelle, nunca te haría daño!

     Solloza quedamente y hunde su cara en mi cuello.

­- Lo se, pero... cuando siento que... me vas a tocar... ?los escalofríos le recorren todo el cuerpo.

- ¡Pssss! cálmate, cielo... todo está bien ?la abarco toda y la echo sobre mí, acaricio sus cabellos mientras su cabeza descansa en mi pecho.

- ¡Quizás nunca pueda, Alex!

- No pienses en eso ahora ?suspiro.

- Quiero entregarme a ti, sentir eso tan lindo de aquella noche... pero...

     No podía negar que estaba confundida sabía que disfrutaba con mis caricias y sabía que en dos ocasiones había alcanzado el clímax producto de ellas.

­- ¿Esa noche...cómo fue que... pudiste? ?pregunto cauta para entender.

- Estaba desesperada, pensé que te perdía para siempre y ... tus besos, tus mimos bastaron para llegar a satisfacerme, pero no hubo necesidad de que me tocaras ... ahí.

   Así que ese era el problema, sonreí comprensiva. No era un problema físico, más bien era mental. Necesitaba tiempo para asimilar de que yo no la iba a dañar y de ver en mí alguien en quien podía confiar plenamente.

- ¡Lo arreglaremos! necesitas tiempo Isabelle, sólo tienes que quererme y ...

- No te puedo exigir más paciencia cuando en realidad no se si llegará el día en que...

       ¿Debería decirle? ¿Cómo reaccionaría?

- ¡Bell! yo no he sido muy honesta contigo.

- ¿Pero qué dices? esto... es culpa mía. ?sube a mis labios y me besa ligeramente.

- Amor, yo hice algo que es... ¡un asco! ?le acaricio las mejillas con los dedos­- Por eso sé que sí vas a poder.

­- ¿Alex?

- Cuando estabas enferma y te estaba bañando para bajarte la fiebre ?respiro fuerte y pierdo mis ojos en sus grandes esmeraldas- Inconscientemente te acaricié, tu te excitaste y yo...

- ¿Tú qué?

- Te provoqué un orgasmo tocándote... ahí.

- ¿En mi sexo?

- Sí, no me pude contener y tú... parecías que lo deseabas ?me mira incrédula.

- ¿Me penetraste?

- No, por Dios, no me hubiera atrevido. ¡Sólo tú puedes decidir eso! ?digo sofocada de verguenza.

- ¿Así que me hiciste el amor, sin mi consentimiento?

- Sí, soy una ...

    Sus dedos cubren mis labios.

- Por eso sentí una liberación tan real. ¡Tú fuiste aquel ángel!

- ¡Tu cuerpo respondió tan bien a mis cuidados, cariño! ?le digo con amor profundo.

      Quedamos en silencio sintiendo nuestros corazones latir al unísono, nuestras respiraciones mezclándose y nuestra piel absorbiendo con avidez el calor de la otra.

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    La casa es preciosa, está un poco retirada del centro, pero no en las afueras. Es una clásica villa al estilo sueco, con su amplio terreno alrededor, sus tres pisos, sus escaleras de madera y su chimenea de ladrillos rojos. Dispone además de 3 dormitorios amplios en la segunda planta.

     Isabelle logra convencer al propietario de alquilarla por 6 meses y al cabo de este tiempo si nos convenía haríamos los traspasos de compra y venta. Luego me explica que es para darse un respiro y tener el suficiente dinero para pagar el 10% que le exige el banco para hacer el préstamo de la compra total. Ni que decir que me enojo con ella. Quiero comprarla con el dinero de la venta de mi apartamento y ella no me lo permite. Pero también tenemos que comprar muebles y lo necesario para poderla habitar.

     La primera sorpresa nos la da nuestro padre, cuando desaparece con Dany y mi madre una mañana hacia el IKEA. Resultado: Una cama, un escritorio, dos butacas, un televisor en miniatura, cortinas, alfombra y todos lo necesario para equipar la habitación del niño con sus propios gustos. Isabelle se deshace en lágrimas esa tarde, junto a todos los cartones que se apilan en la sala de estar de mis padres y emocionada los abraza con devoción.

     Tendríamos que esperar unas semanas para ir pasando las cosas, así que con disimulo voy comprando lo que se me ocurre, sin que Isabelle se entere y agregando a la hilera de cartones. Cortinas, cacharros de cocinas, alfombras, juegos de cubiertos etc. Siempre me repite que debía tener la fuerza de voluntad de levantarse ella sola y que contaría conmigo económicamente cuando terminara mi carrera y estuviéramos completamente seguras que las dos deseábamos vivir juntas. Por mi parte eso ya está decidido pero su insistencia en ir probando despacio a veces me exaspera.

    Por la parte amorosa, no tenía quejas, era tan dulce, suave y dedicada a mí que se me saltaban las lágrimas, ya ahora no nos limitábamos solamente a yacer juntas los fines de semanas en las noches en casa de mis padres, sino que, casi a diario nos fugábamos a mi apartamento y la fogosidad de Isabelle en hacerme el amor y darme placer me tenía al margen de un patatús.

     Podía subirse al auto cuando la recogía en su trabajo y empezar con sus caricias por debajo de mi falda, lamerme los pechos mientras manejaba, y recostarme a la puerta de entrada del departamento apenas la cerraba, para literalmente follarme aprisionada entre ella y la pared con la ayuda de sus maravillosos dedos y su boca, arrebatada de una lujuria que me tenía maravillada. ¡Daba vivas por esa sexualidad reprimida por tantos años y que ahora afloraba de forma marcada!

      Luego calmadamente nos dejábamos caer en el sofá y me amaba de nuevo con una delicadeza y una ternura que me hacía estallar en pedazos e ir al paraíso en asiento de primera.  En más de una ocasión notaba que mientras me escuchaba gemir y gritar de gozo su rostro arrobado y feliz experimentaba cambios desde curiosidad, excitación, placer hasta éxtasis fulminante. En cuanto a ella solo se dejaba tocar desde la cintura hacia arriba y aunque la presionaba de diversas formas a la hora de llegar al desenlace se retiraba deshecha de temblores. ¡Más que nunca la deseaba! el no poder hacerla mía estaba calando de a poco en mi autoestima, por muy idiota que fuera la idea.

      También empiezan mis clases, y como estamos en verano le cedo mi auto a Isabelle y yo utilizo la moto para moverme, pero entre el trajín de la Universidad, de traer y llevar a Dany a su escuela, el entrenamiento de mis grupos de voleibol y las intensas secciones de sexo que Isabelle me prodiga a diario, voy a la cama rendida de cansancio y henchida de felicidad.

      La tarde de ayer Isabelle se retrasa en el trabajo y llega bastante tarde a casa, por ello apenas podemos vernos unos minutos en la terraza antes de marchar a mi apartamento, suficientes claro está, para besarnos profundamente, tocarnos hasta llegar el estado pasional en que yo una vez más sucumbo a mis deseos de acorralarla contra una esquina, bajar mis manos a sus nalgas y clavarla entre mis piernas para frotarme contra su sexo. Y todo esta tan de maravilla con sus ahogados gemidos en mis oídos que hasta olvido los tantos y tantos rechazos que siempre me impone. Pero esta vez tampoco es mejor, ya casi cuando estoy a punto y ella se me está entregando aparece lo de siempre.

- ¡No puedo Alex, no puedo! 

     Ni decir que nos abrazamos como siempre y a mí se me va muriendo algo por dentro. Pero la amo y sé que ella también y eso es suficiente hasta hoy en que por cosas del destino siento ganas de pasar por su trabajo antes de marchar a una reunión imprevista con los profesores que me apoyarían mi tesis al final del semestre. Sé que terminare tarde y por eso la espero a la salida y aunque no aparece me reconforta la idea de sorprenderla y el de recibir un beso de despedida hasta el día siguiente.

      Pero no aparece, y subo hasta las escaleras para preguntar en información y efectivamente la Srta arquitecta Isabelle Isaguirre ha terminado temprano hoy. La llamo a su celular y su voz pide que está ocupada que deje un mensaje, igual llamo a casa y mi padre dice que no ha llegado ¿Y bien? ¿Dónde está? y ¿por qué no me dijo? Como voy adelantada de tiempo, me fijo en una cafetería en la esquina, así que hacia allí me dirijo para tomar algo refrescante antes de seguir a la Universidad. Y me siento mirando a través de los cristales el movimiento de la calle, el paso de las gentes y la acera del frente.

    Es exactamente por allí por donde viene Isabelle, caminando hacia el edificio donde trabaja, con un andar calmado y con una chica de pelo rojo corto y de su misma estatura. ¿Quién es? ¿Una compañera de trabajo? ¿Qué hacían afuera en horario laboral?. Automáticamente me pongo de pie siguiéndolas con la vista, se detienen y conversan mientras yo atisbo desde la puerta. Luego la pelirroja le toma una mano e Isabelle abiertamente le abraza para despedirse, por ultimo sonríen y la pelirroja sigue caminando calle abajo, mientras Isabelle se dirige al garaje de la empresa para después de dos minutos pasar en mi coche, frente a la cafetería y desaparecer en la próxima esquina. ¿Qué fue eso?

     De nuevo vuelvo a la mesa con el jugo de naranja que aún sostengo en la mano. No quiero pensar, no quiero sacar conclusiones pero tampoco puedo evitar que me empiece a doler el estómago. ¿Una amiga?

     Ya es noche cerrada cuando salgo de la reunión en la Universidad y pongo dirección a la casa de mis padres. Hoy más que nunca quiero verla, y me molesta que no tenga ninguna llamada perdida en mi celular.

     Mi madre e Isabelle están viendo televisor en la sala. Ya mi padre se ha ido a dormir y lo mismo Dany.

- ¡Hola Alexandra! ?saluda mi madre- ¿Ya has comido, hija?

- ¡Hola! 

     Me acerco y la beso en las mejillas, Isabelle extiende una mano para que me siente a su lado y su sonrisa es genial.

- ¡Hola cariño! ?dice y la beso de pasada en los labios­- Pensé que no vendrías esta noche- añade mirándome- ¿Que tal la reunión?

- Bien, pero voy a tener mucho trabajo en este período.

     Se acurruca a mi costado cuando paso el brazo por encima de sus hombros.

- Chicas, yo me voy a dormir ?mi madre se levanta- ¿Te quedas hoy Alexandra?

- No lo creo madre ?miro al televisor- ¿No está buena la película?

- ¡Humm! la estaba viendo por hacer compañía a Isabelita pero ahora ya me voy a descansar.

- ¡Buenas noches, mama!

       Cuando quedamos solas Isabelle, levanta su mano y vuelve el rostro hacia ella para besarme.

- ¡No seas malita y quédate! ¿eh? ?sus ojos son putamente preciosos.

- ¿No me has llamado?

- Sabía que estabas en esa reunión y no quería molestarte.

- ¿Qué tal el trabajo? ?pregunto

- Bien... aunque cada día es más y más ?dice.

- ¿Están con el proyecto de la torre eléctrica, todavía?

- Lo hemos terminado, ahora estamos recogiendo datos para un nuevo centro comercial en Liljiholmen.

- Pero igual lo hacen en equipo.

- Esta vez, solo trabajo con Anna.

- ¿La pelirroja? -­se me escapa a modo de aplacar mis dudas.

- Anna es rubia, ¿de dónde sacaste eso? ?sus deditos empiezan a colarse por los botones de mi blusa.

- Creo me hablaste una vez de una pelirroja de tu equipo.

- Nunca hemos tenido pelirrojas en el equipo, incluso ?me apretuja levemente los pezones mientras me besa en el mentón- No hay ninguna pelirroja en toda la oficina.

- ¡Vaya! ?exclamo ahora más perdida. ¿Debía preguntarle? ¿No tenía derecho a tener sus propias amistades? ¿Quién era esa pelirroja con la que salió y abrazó en su despedida?

- ¿Estas suspirando, mi amor?

- No, sólo estoy cansada ?digo sonriendo.

- ¡Ven! yo sé lo que necesitas ?se levanta del sofá y me arrastra consigo para llevarme escaleras arriba al cuarto de Elois, cuando abre me empuja hacia adentro, después de susurrarme al oído.

- ¡Espérame en pelotas, voy a darle una vuelta a Dany!

      Cuando se marcha, me acerco a la ventana y no sé qué me pasa pero estoy intranquila, ¿No sería mejor preguntarle y salir de dudas? ¿Qué tipo de amistad tiene con ella, sino es de trabajo? ¿Qué significa para ella?. Respiro hondo y apoyo las manos en el alfeizar de la ventana pensativa.

- ¿Cariño? ¿Qué haces aún ahí?

      Isabelle regresa y cuando cierra la puerta me pasa los brazos por la cintura y se pega a mis espaldas.

- ¿Pasa algo Alex? ?me levanta el cabello para pasarlo a un lado del cuello y me mordisquea la nuca seductoramente.

- No.  y... ¿a ti?

- ¡Humm! ?sus dedos bajan al cierre de mi pantalón y lo abre, luego lo baja hasta las rodillas y se pega a mis nalgas para frotar su sexo cubierto con su finísima pijamas de seda. ¡Sabe exactamente como seducirme! Sus labios siguen pegados en mi nuca y bajan a los lados mordisqueando mis hombros

- ¿Isabelle? ¿Tú me quieres? ?musito con las piernas bulléndome y perdida en sus caricias.

- ¡Con todo el alma! ?responde con su voz agitada y le creo.

- ¡Vuélvete mi amor! ?gruñe después de frotarse unos minutos más con sus palmas de la mano acariciándome los pezones por debajo de la blusa. Al instante le obedezco quedando frente a ella.

      Sonríe y las chispitas verdes se iluminan de deseos cuando va pasando su dedo índice desde la garganta por todo el pecho y en línea recta por el vientre hasta quedar enganchado en la parte superior de mis bragas.

- ¡Me encanta esta tanga roja!

- ¡Lo sé! ?Musito cuando desaparece de mi vista y se pone de rodillas- ¿Qué haces?

- ¡Hum! No te preocupes, estaré un rato aquí abajo.

     Veo su cabeza de cabellos cortos a la altura de mi cintura y después siento sus labios desgranando pequeños besos por toda mi pelvis.

- ¡Dios mío! ?expelo aire y apoyo ahora las dos manos en el marco de la ventana empujando hacia adelante, mis bragas descienden suavemente y la boca de Isabelle se hace cargo. Advierto su lengua empujando y reconociendo entre mis pliegues, más tarde esos ruiditos de gusto que hace cuando saborea algo que le gusta y la presión de sus manos en mis nalgas.

-¡Bell! ?gimo y los latigazos en mi vientre son ya azotes- ¡Sube mi amor!

- ¡Hum, no, no quiero...humm.

     La forma en que me devora el sexo me enloquece, ya sé cómo utiliza esa boca en cada sitio en que la pone, pero logra siempre sorprenderme como la primera vez y por Dios que necesito tocar su piel, frotarme contra ella y culminar esto que ya viene en camino con ella apretada a mis carnes. Cuando me agacho para levantarla, protesta.

- ¡Déjame Alex!

- Te necesito aquí, amor ?le espeto sacando su camisón de un tirón para prenderme de sus pezones cuando de nuevo la tengo parada frente a mí. Lamo y chupo hasta escuchar sus gemidos y como autómata bajo el pantalón de su pijamas y la pego a mí, justo en el sitio que la necesito. Creo la sorprendo y ya estoy tan a punto de alcanzar el climax, que la quiero sentir ¡Dios, sólo sentirla! y aunque me froto contra ella como poseída necesito más. ¡Mucho más!

- ¡Te quiero tanto!

- ¡Alex, no!

     ¡Son las bragas! eso es, ¡Abajo con ellas!, de un manotazo las quito de mi camino y a manos llenas abarco sus nalgas y las prenso contra mí, para sentir la suave pelambre de su pelvis contra la mía. Y empujo con lujuria.

- ¡No, por favor! ? y el empellón me saca del trance.

     Se ha separado y tiembla convulsa con su sexo descubierto frente a mí. Yo respiro trescientas bocanadas de aire por minuto y me duele el alma. Tengo la vista aún en su vientre y no sé qué hacer.

- ¿Alex? ?creo que hace esfuerzo por hablar- ¡Perdóname!

    Sin mirarla y con un estremecimiento general, subo mis pantalones en cámara lenta. Trago aunque tengo la garganta seca y todo se me pone oscuro.

- ¡Soy yo la que no puede! ?murmuro desolada sin saber si estoy hablando conmigo o le estoy diciendo a ella- ¡No soy yo la que puede motivarte!

- ¿Qué... qué estás diciendo? ?musita tomándome del brazo cuando me separo de la ventana.

- ¡Déjame! Ya está visto que para mí está prohibido, quizás... ?entonces lanzo lo último que pensaba escucharme a mí misma decir- ¡Quizás la pelirroja que abrazaste hoy, pueda!

      Y me voy a zancadas, sin ver los tramos de la escaleras hasta llegar al hall y a la calle. Ni siquiera he vuelto la vista atrás. Estoy confundida, frustrada, y con el alma hundida en un pantano.

    ¡La amo tanto! pero si no puedo darle lo que es obvio que necesita, de qué vale. Veo las calles y semáforos temblando a través de mis lágrimas cuando enrumbo en la moto hacia mi departamento. ¿Estará conmigo por amistad y agradecimiento? ¿No será suficiente la atracción sexual que siente por mí? ¿A conocido a alguien con la que sí puede satisfacerse?

     Llego directamente a la cocina y saco una botella de vino, la traigo a la sala y me siento en el sofá con la copa llena. ¿Y si me he precipitado en evaluar toda la situación? Porqué esta vez la he perdido, ¿verdad? Siento los timbrazos de la puerta. ¿Quién puta madre está tocando a estas horas? ¿El pringado vecino que se le ha escapado el perro de nuevo?

 

     Me levanto y me deshago de las lágrimas restregando la parte inferior de mi blusa por el rostro.

    Ahí está ella, Isabelle, en la puerta abierta. Me mira y aunque sus ojos están rojos tiene la expresión serena, pasa a mi lado y se detiene junto al sofá, luego sin volverse, se desabotona la blusa y la deja caer al piso, lentamente se abre los pantalones y se deshace de ellos, por último, engancha los pulgares a los dos lados de las bragas y éstas descienden para unirse al bulto de ropa que está a sus pies. Yo permanezco clavada en el sitio aún con la puerta abierta.

    Reacciono cuando se vuelve hacia mí, hermosa, frágil y pura en su desnudez, con la mirada resuelta.

- ¡Aquí estoy! ¡Haz lo que quieras de mí, pero no me dejes!

    Doy un portazo y corro hacia ella para abrazarla, para protegerla en su desamparo. Echo mano de la manta que siempre tengo sobre una de las butacas y la cubro, lloro convulsa apretando su rostro en mi pecho.

- ¡Perdón! Isabelle ?me ahogo de tristeza y verguenza- ¡No es esto lo que yo quiero!

­- ¡Yo te amo Alex! haría cualquier cosa por ti.

     La tomo en mis brazos y la siento sobre mí, ciñendo su cuerpo tembloroso bajo la manta. Escucho sus sollozos y me duele hacerla sufrir.

- ¡Mi amor! ?la beso con pasión en los labios húmedos.

- La pelirroja es Sara ?dice mirándome entre lágrimas- Supongo que me viste con ella.

     Afirmo y ella suspira profundamente.

- Es mi psicóloga, tuve una cita hoy .

     La miro extrañada

- ¡Alex, estoy enferma... tengo un problema y necesito ayuda profesional!

­- ¿Por qué no me has dicho nada? ?susurro confundida acariciando su cara.

- Porque mi problema lo sufres tú amor, y no quería agobiarte ?se acurruca más en mi regazo- ¡Desde que llegué a Estocolmo estoy tratándome con ella, dice que he hecho muchos adelantos!

- ¿Y qué dice ella ...

- Es un trauma que todavía estoy pagando por esos cabrones ?llora quedamente y la abrazo besándola repetidamente con el alma hecha añicos.

- ¡Deseo entregarme a ti, que me ames sin inhibiciones pero mi cerebro se aferra a una sensación de horror cada vez que... siento... el mínimo contacto en mis genitales!

- ¡Oh Dios! ¡Y yo...! ¡Te he estado atormentado!

- Te amo, Alex, pero no depende de mí ¿compréndelo?

- ¡He sido tan desconsiderada, Isabelle! ¡Haría lo que fuera por ayudarte, mi amor!

- Sara quiere hablar contigo ?me ruega con sus ojos verdes pletóricos de candor.

- ¡Hecho! ¿Puedo llamarla ahora?

- Mañana estaría bien ?sonríe tristemente- ¡Ahora es muy tarde, cielos!

- ¡Soy tan imbécil! ?estoy arrepentida y ella lo ve en mis ojos- ¡Te llevaré a casa y te prometo no...

- ¡Quiero quedarme contigo, aquí ?respira en mi cuello ávida- ¡En tus brazos!

- ¿Sabes cuánto... Bell....Cuanto significas para mí? ?tiemblo sólo de pensar que algún día pueda perderla- ¿En mi vida?

- ¡No más de lo que tú eres para mí! Alex, ¡Lo eres todo, ¿lo sabes?

     Dormimos abrazadas en el mueble, ella con su cuerpo aún desnudo sobre mi pecho. Pero la ternura y el amor que siento es tan inmenso que me limito a estrecharla contra mi corazón, acariciar sus cabellos y velar su sueño. Me basta respirar su aire, el cosquilleo de sus suspiros en mis mejillas y percibir el aroma la tibieza de su piel para comprender que soy la mujer más feliz del universo.

    Al día siguiente me encuentro con Sara la psicóloga, en una cafetería en el centro de la ciudad. Mi primera impresión es que pertenece a un grupo de profesionales que cuando habla en terminología de su materia, no hay Dios quien los entienda. Por lo demás no es tan atractiva como parecía en la distancia y usa lentes cosa que la cataloga, a mi parecer, como una ?chica del montón?. Isabelle no se hubiera fijado en una mujer así ¿cierto?.

     Ya después puesto en ello, me resulta bastante simpática e interesada en lo que hace. Después de preguntas y amplias respuestas por mi parte, llegamos a la siguiente conclusión: Isabelle me ama y la única forma de que pueda abrirse a mí, es dejar que ella misma lo desee, no podría exigirle porque inconscientemente lo tomaría como una imposición.

    Podría motivarla pero permitiendo que ella sintiera que era el timonel de nuestra relación, la que podía determinar cuándo y cómo, y siempre definiendo su propio ritmo. Esto era primordial. Y una de las condiciones para lograrlo es mi aparente negación a que me diera placer sexual. Imponer reglas de igualdad: algo así como dar y tomar de lo contrario, nada. No sucumbir a sus antojos de disponer de mi cuerpo hasta que hubiera una igualdad de toma y entrega.

    Besos, abrazos y caricias superficiales eran aceptadas siempre y cuando la practicáramos ambas de común acuerdo y hasta a mi me pareció la idea clara; Privarle de sus arrebatos sexuales no exponiéndome como conejilla de india.

    En ningún momento debía darse cuenta que era parte del tratamiento sino que debía de forma escalada ser menos cariñosas hasta llegar al nivel de que pensara que yo había perdido totalmente el interés por el sexo. Algo controversial por lo que ella sabía lo mucho que yo disfrutaba de su explosivo ímpetu pero... no tenía otra alternativa para ayudarla y rogué porque la psicóloga tuviera razón.

     A su modo de ver Isabelle era como un volcán de lavas en ebullición que tarde o temprano con mi apoyo, estallaría por el cauce correcto.

    Agradecí a Sara y me puse a la tarea.

    Lo primero fue evitar las visitas a mi apartamento cuando estamos solas, luego en las despedidas de la terraza en casa de mis padres, limitar el contacto solo a besos cálidos que no me pusieran en situación de trance y fuera a echar todo por la borda.

 Lo más difícil siguen siendo los fines de semana cuando duermo bajo el mismo techo que ella y se me escurre bajo mis colchas con toda esa lujuria que ha reservado durante la semana.

    La primera noche aduzco un terrible dolor de cabeza de forma que terminamos durmiendo enlazadas como dos angelitos y la solícita  preocupación de ella. La segunda no puedo decirle lo mismo así que la pregunta no tarda en llegar luego de los primeros arrumacos y ansiados besos:

- ¿Alex? ¿Ya no me quieres? ?se me derrite la sangre sólo de escucharla.

- Te amo más que a mi propia vida ?susurro acariciándole los cabellos.

- Es que... apenas me tocas y... ?inicia un sensual roce de sus labios por mi cuello y estoy consciente que eso es una señal roja de peligro inmediato- ¡Cómo si no me desearas!

- Sí lo hago ?suspiro suavemente- pero no es que sea tan importante, para estar complacida ?me maldigo internamente después de todo.

- ¿No quieres?

­ -¿El qué?

-¿Hacer el amor conmigo? ?no puede evitar su extrañeza.

- ¡Por supuesto!, pero como te he dicho...-tomo aire, toneladas de aire- No es la razón principal por la que estoy contigo ?y de hecho hay algo de cierto en ello.

- Antes ?descubre mi bata con sus deditos largos y juguetones- Te gustaba que amara tu cuerpo! ?siento la corriente de aire fría en mis pechos desnudos y calenturientos.

- Estoy bien así, Isabelle y retomo tu idea en cuanto a que... ¡Esperar no es tan malo!

- ¿Esperar a qué, Alex? ?pregunta cómo si no recordara sus palabras.

­- A que nos complementemos más, a que tengamos una idea conjunta de todo lo que va a ser el futuro, no sé... esperar a que vivamos juntas.

- ¡Pero Alex! ?presiento sus pucheros en esos labios tan tiernos y dulces.

- ¡Sera pronto, amor! además el sexo es una cosa y el amor que siento por ti ? suavemente me cierro el pecho, ajustando mi bata y suavemente me giro dándole la espalda con mi mano entrelazada en la suya que paso sobre mi vientre- ¡Es algo mucho más grande!

- ¡Cariño! yo necesito... tocarte ?susurra pegándose a mis espaldas y su pierna se sube sobre mis caderas. Siento la calidez de su sexo sobre mis nalgas.

- Lo estás haciendo, Bell ?respondo con el corazón a medio millón y no puedo evitar empujar el trasero levemente hacia atrás.

- ¡Dios, Alex! ?musita en mi oído- ¡Me estoy acalorando! ¿No puedo recibir... unos besos de compensación?

   Me demoro lo suficiente en responderle pero al fin me vuelvo hacia ella para quedar frente a frente y a la altura de sus ojos saturados de ilusión.

- ¡Me encanta besarte! ?le digo en un susurro y le tomo el rostro entre mis manos para luego humedecer sus labios con mi lengua y posarme en ellos y presionar con ternura.

- A mí... ?se sofoca al instante- también me gusta mucho ?abre la boca para recibirme después que se cansa de mordisquear mi labio inferior.

   Hago esfuerzo para no excitarme pero eso es tan imposible, como subir a los montes Everest en zancos. Los besos se hacen profundos, pasionales y sé que tengo que parar pero no encuentro palabras, además estamos siendo activas las dos, así que no ha de ser tan malo para su curación ¿no?

- ¡Besas tan rico! ?jadea para tomar aire y de nuevo nos hundimos en el empuje de nuestras lenguas recorriéndose, acariciándose y entremezclándose entre ellas. A mi se me ha erizado los vellos de la espalda y el palpitar de mi vientre no augura sanas intenciones. Mantenemos los ojos cerrados perdidas en las sensaciones, y el vértigo que estremece nuestros cuerpos. Yo soy incapaz de mover ni un solo dedo y me desconcierta cuando Isabelle se aprieta hacia mí con el empuje de sus senos contra los míos, haciendo tenues movimiento de rotación con sus pezones.

- ¿Alex?

- ¡Humm! ?abro los ojos a regañadientes.

- ¿Podemos acariciarnos un poco más... ?me toma la mano que aun mantengo contra su mejilla y la deposita en sus duros pezones.

- No se si será buena idea -dejo de besarla y la observo- ¿Lo deseas? ? pregunto retardando el momento.

- Sííí... ?se desprende de su camisón pasándolo por encima de su cabeza y vuelve a depositar mis manos en sus pechos, en vista de que yo no reacciono.

Presiono suavemente y ella detiene la respiración, mientras como al descuido deslizo mis labios por su cuello y la beso pausadamente mientras percibo que su piel se agita ansiosa. Sus manos buscan afanosas bajo mi camiseta deportiva y tantean con inquietud.

- ¡Es tan...agradable! ?suspira e intensifica las caricias con sus deditos en mis pezones, aprisionándolos y masajeándolos.

- ¡Anjá! ?mis manos se llenan de la carne temblorosa de sus pechos y estoy perdida en el olor de su cuello.

      Pega sus piernas a las mías y siento hasta el roce de su pelvis. Pero sigo fiel a mis caricias en su torso y a no bajar mis manos ni un centímetro. Mi boca en cambio hace un giro vertical y ahora se deleita succionando flojo la base del cuello camino a la entrada de sus pechos. Isabelle respira con la boca abierta y baja sus manos a mi vientre, cosa que me hace detener mi avance y ponerme en guardia

- ¿Alex? ­?musita en mi oído y empuja su cuerpo hacia arriba. Colocando para mi delicia un pecho frente a mi boca. Aun sin pensarlo lo tomo y lo saboreo, creo que gimo porque ahora sus manos se olvidan de mi vientre y están acariciando mi cabeza y presionando contra sí. Cambio de un pecho hacia el otro lamiendo y mordisqueando la carne firme, sin premura.

- ¡Me encantan! ?se que digo haciendo un caminillo de saliva entre uno y otro pezón advirtiendo como el cuerpo de Isabelle se tensa y su pecho se alza arqueando la espalda.

      ¿Es ahora cuanto tengo que parar? incorporo mi cabeza y la miro.

- ¡Alex!

    Justo es el momento cuando ella acostumbra a decir que no, que no puede. ¡Dios! no debí, secundar sus intenciones, tendría que evitar esto, ahorrarle la decepción de lo que vendría.

     Pero quedo sobrecogida, hundida en sus ojos llenos de pasión cuando empuja su sexo contra mi vientre y se queda ahí anhelante como no entendiendo la reacción de su cuerpo. Me agacho una vez más sin moverme un ápice, ni deslizar mis manos hacia abajo e intensifico mis caricias y lametones sobre esos montículos tersos y anhelantes. Las caderas de Isabelle están tan ceñidas a mi muslo que hasta percibo el pulso de su sexo sobre mi piel,

- ¡Te amo tanto, Bell! ?rumoreo completamente hechizada de cómo su pelvis sube buscando contacto con mi pierna y como sus gemidos hasta ahora callados se abren como si salieran desde muy hondo de su agitado vientre.

- ¿Alex? ?se ahoga de tanto aire y empuja su sexo contra mi paralizado muslo, suavemente primero y más firme y rítmico después. Yo decido permanecer sin hacer un movimiento.

     El placer que siento de verla tan excitada y frotándose contra mí, me enajena y recorro su cuello con mis labios y llego hasta su boca para apoderarme de ella y besarla con pasión. Isabelle delira bajo la presión de mi lengua mientras sus brazos me aferran y el empuje de su sexo mojado contra mi muslo se hace profundo y constante.

- ¿Alex? ¡Alex! ?grita en mi boca ya sin control antes de convulsionarse en una increíble sacudida.

- ¡Te amo, mi amor! ?y es recién cuando presiono mi muslo contra ella para que tenga la estimulación necesaria en su alivio de liberarse, sintiendo sus gemidos lánguidos que me paralizan el corazón de gozo a medida que van aumentando.

     Está entre mis brazos, bañada en sudor, y sorprendida de lo recién experimentado.

- ¿Alex?

- ¡Pssss! tranquila, ¿todo está bien?

- Sí ?aún me mantiene aferrada a su cuerpo y la humedad de su entrepierna, me chorrea en la piel.

    Quedamos unos instantes en silencio, solo esperando que las respiraciones se acomoden a su ritmo de nuevo.

- ¡Dios! ¡Cada vez es como si muriera! -sonríe avergonzada junto a mi mejilla.

- ¿Tan mal te fue?

- No,  fue...  ¡Genial! ?sube encima de mi cuerpo y me busca en mis ojos- He estado un poco impulsiva ¿no?

- Disfruté de tus impulsos ?subo mis dedos a sus labios y los acaricio.

- Pero tú no querías llegar tan lejos ?me besa los dedos- ¿Me perdonas?, apenas te he tocado y tendrás...

- Estoy bien, cariño ?sonrío y espero que no note las sacudidas de mi sexo .

- ¡Estaba tan necesitada de ti! ?muerde mi mentón levemente- Esto no puede ser tan malo ¿verdad?

- ¿A qué te refieres?

- ¡A desearte a toda hora! ?las mejillas se le colorean- Sueño contigo cada noche, cuando estoy en el trabajo deseo verte, cada minuto del día anhelo tus besos, tus caricias... creo me estas volviendo loca.

    Río suavemente, ¿No es esto una prueba de lo mucho que me ama?

- ¿Qué sueñas?

     Se queda pensativa y hace un mohín con la boca.

- ¿Te vas a burlar de mí?

- No ¿por qué habría de hacerlo, cariño?

- Bien... sueño que yo y tú estamos, desnudas bajo la ducha.

- ¡Humm!

- Y que nos acariciamos por cada rincón de nuestros cuerpos, cada retazo de piel y... ?se hunde en mis ojos y esa mirada hace estragos en la humedad de mi sexo cuando presiona su pelvis contra la mía ­-¡Terminamos revolcadas en el piso amándonos hasta quedar sin aliento!

    Me está matando, con sus palabras, con su tacto, con su aliento y su calor. Está provocando esa parte salvaje que llevamos por dentro y aprieto los dientes con el pensamiento de voltearla, subírmele encima y, arrancarle el pijamas a mordidas para comérmela hasta el último pedacito.

- ¡Haremos tu sueño realidad! ?le beso suave en sus labios, y tomándola con delicadeza la bajo de mi cuerpo y la abrazo flojamente, colocándome a su costado. ¡Era suficiente para ella por hoy! y había que ajustarse a los planes por el bien del tratamiento. Sara la psicóloga debía estar orgullosa de mí.

- ¡Vamos a descansar mi amor, te despertaré antes que amanezca para que Dany no note tu ausencia en la cama!

- ¡Te quiero tanto, Alex! ?se me queda mirando aún pensativa.

- ¡Lo sé! ?bostezo y la beso en el hombro.

- ¡Alex!  yo ..., ¿Podría dormir contigo, completamente desnuda?.

- ¿Tienes calor? ?susurro espantada con la idea.

- No,  pero... quiero... sentir tu piel.

     O sea dormir desnuda abrazada a ella ¡Maldita la jodida psicóloga!

- Está bien, por mí no hay problemas ?trago en seco.

- No vamos a hacer nada Alex, vuélvete a tu sitio y yo sólo te abrazaré ¿Está bien?

     La obedezco y pienso que quizás Isabelle quiere demostrarse a si misma que puede exponerse ante mí tal cual es, o acostumbrar su piel al tacto de la mía. ¡Pero que sacrificio el mío, por Dios!

      Se acerca lentamente y luego se pega sin más. Acostumbro a dormir en bragas y en una camiseta deportiva pero cuando siento su brazo en mi estómago que me atrae hacia ella originando el roce de sus pechos en mis espaldas y la humedad del vello púbico de su sexo en mis nalgas, me deshago.

    Creo que simplemente tanta carga emocional es insoportable y mi centro se inunda violentamente de mis líquidos y aunque aprieto mis caderas contra el colchón para no delatarme, la respiración desbocada es algo que no puedo fingir.

- ¿Alex? ¿Estás bien?

- Sí cariño...es agradable ... -Disimulo un bostezo- me gusta sentirte así, tan de cerca.

- Sí lo sabía, es muy bueno ?se incrusta más en mis carnes indefensas- ¿Tú también podrías... claro, si es que quieres... quitarte la ropa.

- Quizás otro día ?suspiro derrotada- estoy tan cansada que ya me duermo.

     Y recién cuando escucho su respiración pausada y rítmica hormigueándome en la nuca es que puedo relajar la rigidez de mis músculos. ¡Es tan exquisito y dulce tenerla así!  

                                                        ***********

- Alex, cariño ¿A qué hora estarás libre hoy? ?me llama al celular cuando voy de camino a recoger a Dany a la escuela y llevarlo al entrenamiento de uno de mis grupos.

- ¡Hola, Bell! terminaremos como a las 6 y media. Dany estará conmigo.

- Ya se, amor,  oye... hoy salgo un poco temprano y quiero irme a... bueno es solo por un rato.

­- ¿Algún problema? ¿Necesitas que te acompañe? ?pregunto porque no se a que se refiere.

- ¡Humm! voy a la iglesia a escuchar misa.

     Después de algún tiempo, sin mencionar nada respecto a la religión, ni a la Orden, ni al Todopoderoso, me extraño de sus deseos.

- ¡Bien! ¿Vas con alguien del Monasterio?

- No. es un compromiso, además, siento ganas de meditar y agradecerle al Señor.

- Tú sabrás, amor, ¿Pero estas bien?

- ¡Que sí Alex! y luego hablamos ¿sí? cuídamelo a mi pedacito.

- Ese pedacito de rubio me trae desquiciada, cielos y si me vuelve a pedir McDonald con esos ojitos verdes que me matan... lo llevo.

- ¡No Alex! lo estás malcriando mucho, y luego no come la cena.

     Me río por lo bajo.

- ¡Esta bien mamá!

    Por mucho que intente no malcriarlo, me da tanto gusto hacerlo y parece que mis sentimientos para con él no caen en saco roto porque el chico además de pegárseme como chicle cuando estamos en casa, comienza a mostrarme un cariño abierto que me enternece. Ahora cuando nos sentamos a ver la tele en la sala de mis padres, viene y se me sienta encima como si no hubiera más sitios libres. Ya se hace rutina que se quede dormido en mis brazos con la sonrisa de mi padre de oreja a oreja.

- ¡Quien lo hubiera creído, Alexandra! ?bromea por lo bajo.

     Isabelle sonríe complacida y sé que no siente celos, al contrario sus ojos brillan para contener las lágrimas que por alguna razón purgan por asomar para luego susurrarme al oído.

- ¡Eres la madre más maravillosa del mundo! -y luego se recuesta a mi otro costado con su mano por encima de su hijo y de mi vientre.

                                                                **********

- ¿Dany, te sientes listo para jugar?

     Estamos en el terreno de voleibol del IP de Zinkensdam y el grupo de alumnos que entreno son chicos de 11 a 12 años. Había traído a Dany otras veces pero lo ponía a practicar solo, o lo dejaba sentado en los banquillos para que mirara los entrenamientos.

- ¿Yo, a jugar con ellos? ?la carita rubicunda se asusta.

- ¿Y qué tiene colega? ya usted juega tan bueno como esos grandulones.

- ¿Tú crees Sam? ­-ya no me dice Sandra, hace mucho tiempo que lo ha dejado en simplemente Sam.

- No, yo creo aquí entre nosotros ?bajo la voz y le digo en la oreja- ¡Que juegas un tantito mejor que ellos!

    Esos ojitos verdes inocentes se abren de felicidad.

- ¡Correcto! ?dice y no hay duda de que es hijo auténtico de mi Isabelle.

    Lo observo cuando se integra al grupo, tiene la mitad de edad de todos ellos pero su estatura no hace diferencia a los otros a pesar de sus pocos años. Y sí que sabe pasar balones y responder a los ataques del contrario y su entusiasmo es contagioso a la hora de respaldar a los suyos. A los 10 minutos se hace del balón a medio campo y milagrosamente, alza su cabecita de risos amarillos y de un solo empujón palmea el balón y la coloca en un hueco del área contraria, para marcar punto. ¡Dios! casi me pongo a llorar cuando me busca con la mirada y me hace un guiño luego de una abierta sonrisa. Le respondo con un asentimiento y otro guiño y ahora sus compañeros no desconfían de sus aptitudes y le pasan el balón más a menudo para el remate.

     Los equipos están bastante empatados en puntuación, mientras yo analizo el juego de cada uno de ellos en particular para saber con lo que posteriormente tengo que trabajar y mejorar. Eso sí, miro el reloj y me digo que en cinco minutos paraba el juego para que quedaran empatados y evitar posibles revanchas no amistosas.

     De repente veo a Dany con el balón frente a la red, mira a su alrededor, calculando, posa los ojos en su contrincante que tiene al frente que le saca 3 pies en estatura y  raudo me mira. Aguanto la respiración y niego enérgica para hacerle entender que jamás lo lograría. Pero mi rubio es terco, hace una cuclilla y levanta sus bracitos por encima de su cabeza para lanzar el balón. ¡No lo logra! El contrincante tapa el remate fácilmente y la pelota pica a sus espaldas, Casi salgo a la carrera para abrazarlo cuando sus ojos llenos de dolor y decepción colisionan con los míos. Soplo el silbato para dar por terminado el juego y luego de alabarlos por el esfuerzo los dejo marchar para dar por terminada la sesión.

- ¿Sam? ­? Dany no se mueve de su sitio al fondo del terreno y voy hasta él.

- ¡Lo has hecho de lujo, colega! ?le digo animándolo y revolviendo sus cabellos.

- ¡Sam, enséñame a rematar el balón desde aquí! ?dice grave y extiende sus brazos para apoderarse de la pelota que aún tengo en las manos.

- ¡Dany, eso no es importante! ?le contesto- ¡Has jugado muy bien!

- ¡Quiero aprender! ?resopla ofuscado.

- ¡Pero es mucha distancia, colega!, no necesitas hacerlo.

- Sí que lo necesito ?me observa con sus cejas ceñidas.

- ¿Y por qué?

- Porque igual me vas a poner a jugar con otros grandulones donde no voy a poder llegar rematando porque soy más bqjo que ellos... entonces desde aquí...

     Sonrío, ¡Ese es mi chico y que razón llevaba! estaba entre mis planes el de inmiscuirlo en lo adelante en que fuera activo en cada practica que tuviera con los grupos y él ya había previsto sus desventajas.

- ¿Sabes qué? tienes razón, así que en guardia.

      Espero que el último del grupo desaparezca y me pongo a mostrarle primeramente la posición del cuerpo, el giro del tronco, el movimiento de la muñeca y el empuje del balón a ras de la red para ir a meterse en el área contraria. Y ya llevamos media hora en eso, y Dany está con las mejillas coloradas por el esfuerzo y yo estoy sudada de ir y regresar con cada escapada de la pelota.    

      Es imposible que sienta su olor desde tan lejos pero es la sensación de esa mirada dulce envolviéndonos, le extiendo el balón a Dany y agachándome, le susurro.

- Dany, cariño no vayas a mirar pero justo detrás de nosotros está tu mami observandonos ¿qué te parece si agarras este balón cuando yo lo lance y lo metes lindamente en mi terreno sin darme tiempo de devolvértelo !

     Su sonrisa y la picardía de sus ojitos verdes recompensan hasta que falle el tiro, pero decidido aprueba con un movimiento y parado frente a mi espera inclinado con las manos a los costados. Y es hermoso cuando en una inclinación perfecta, levanta el brazo, gira su muñeca y concentra toda su fuerza en la mano que empuja el balón a velocidad de muerte para meterlo en mi área y chocar con mi pierna sin darme tiempo de retornarlo.

- ¡Oh Dios! ?caigo sentada en el piso y esa cosa rubia viene a la carrera y se lanza a mis brazos.

- ¡Así, Sam! ¡Así tiene que ser! ¿Mi Mam lo vio?

- ¡Pues tu lo dirás, colega! ?lo levanto y abre las piernas para ceñirse a mi cintura mientras nos volteamos para observar a Isabelle que ahora se acerca.

- ¡Ya veo cómo se divierten!

- ¿Viste Mam? ?se desprende de mis brazos cuando me incorporo y palmoteo mi trasero lleno de polvo.

     Isabelle lo abraza y lo besa en la mejilla agachándose a su misma altura

- ¡Eso ha estado fenomenal!

- Sí, y hoy he jugado con muchachos grandes ?exclama orgulloso­- ¡Pregúntale a Sam!

    Cuando me acerco Isabelle me extiende la mano y me atrae hacia ella para besarme flojamente en los labios. Estas muestras de cariño lo hacemos delante del niño cada vez más a menudo y al parecer lo encuentra natural porque no ha preguntado ni una vez, lo mismo cuando nos ve cogida de las manos.

- ¿Que has hecho con mi tesoro, hoy? ¿eh?

- Tu tesoro va a ser el mejor jugador de voleibol de Suecia cuando tenga 19 años ?digo y Dany afirma con la mejor de sus sonrisas.

- ¿Será hora de irnos? ?pregunta Isabelle recorriéndome con la vista los apretados pantalones de lycra y mi camiseta sudada.

- Apenas Dany se cambie ?declaro buscando la pelota mientras que el niño desaparece hacia los vestidores.

- ¿Sabes que estas muy seductora así? ?dice Isabelle a mis espaldas cuando dejo el balón a buen recaudo en uno de los closet del combinado.

- ¿A sí? ?levanto una ceja dudosa- ¡Si necesito un baño urgente!

- No me lo parece ?se acerca y aunque sé que no hay nadie echo una mirada a los alrededores cuando me toma el mentón y me besa en los labios, luego pasa la lengua por mi cien cuando ve las tintineantes gotas de sudor en mi piel.

- Te voy a prohibir ese pantalón en los entrenamientos ?su mano me asalta una nalga y la estruja apretándome contra ella- ¡No quiero que los estudiantes tengan sueños eróticos con su entrenadora?

- ¿Los tienes tú? ?susurro en sus frescos labios que saben a gloria.

­- Casi todas las noches ?ahora se encarga de pasarme la lengua por el cuello y regar algunos besos .

- ¡Eras una chica muy impetuosa! ¿Cómo no me di cuenta antes?

-  Porque mi conducta la podía manejar en cambio los sueños libidinosos? esos no se pueden impedir.

- ¡Rubia caliente! ?me separo de ella­- ¿Cómo te fue en la Iglesia?

     Hace una honda inspiración y su rostro cambia de matiz.

- Fue triste, la misa fue por un compañero de trabajo.

- ¿Lo conocías? ¿y de que murió? ?le paso el brazo por la cintura y vamos caminando hasta los vestidores para recoger a Dany.

- Trabajaba en el departamento de dibujo, habíamos hablado varias veces -de nuevo suspira- Era homosexual.

-¿Era joven?

- Sí y murió de sida

- ¡Vaya! que mala suerte.

- Lo contagió su pareja ocasional cuando tenía 20 años... cuando hablamos me dijo que tú y yo no corríamos tanto riesgo.

- ¿Le hablaste de mí? ?me asombro.

- Desde luego Alex, en mi trabajo la mayoría sabe.

- ¿De que tú y yo...?

- ¿Y que te crees? ¿eh? ?hace un mohín de contrariedad- Bueno realmente fue una buena salida cuando se me acercaron unos cuantos ligones ... bueno ya sabes.

- ¡Vamos a ver! ?no me había puesto a pensar que en la universidad mis compañeros aún no sabían de la existencia de Isabelle y me atormenta mi descuido  y egoísmo- ¿Estaban coqueteando contigo?

- ¡Exacto! pero bastó que le dijera que tenía pareja y además una trigueña de quitar el susto que no la cambiaba por nadie, para que me dejaran tranquila.

     Sus palabras me alagan demasiado en comparación con mi oculta mezquindad y antes de que me pregunte lo inevitable, la tomo por los hombros.

- Cariño ya sabes que todo esto es nuevo para las dos, que te parece si buscamos algún grupo, o alternamos algunos lugares donde... bueno donde haya gente gay.

- También lo estuve pensando ?afirma- Parece que hay sitios muy agradables.

- ¡Hecho mi amor! ?la abrazo y supongo que le humedezco el traje bien cortado y elegante que lleva puesto- ¡Dejármelo a mí, este sábado salimos a descubrir un poco ese mundo! ¿ok?

 

    Estoy parada frente a la puerta de arco gris que me trae tantos recuerdos. El coche está parqueado a unos metros aun con las llave en el arranque. Pero ya veo la figura regordeta que viene a la carrera a encontrarse conmigo.

- ¡Por Dios hermana! ¡Tanto se demora!

- ¡Perdóname Alexandra! como tu llamada me cogió de sorpresa ?me envuelve en un abrazo- ¡Tuve que resolver unos asuntillos primero! y como la Superiora está con un humor...

- ¿Pero si tendrá tiempo para tomarse ese prometido café conmigo ¿no?

- Pues, no faltaba más ?me observa cuando echo andar hacia el auto- ¡Pues hija! que estas bellísima, ¿Ya se acabaron los malos tiempos para ti?

- Algo hay de eso, hermana Benita ?le abro la puerta del coche para que se acomode adelante.

- ¡Todo un detalle, Alexandra! ¿Y se puede saber que buenas noticias tienes para esta vieja?

- ¡Ah no, hermana! si le digo ahora, ¿de qué vamos hablar después?

­­- !Ah! me quieres tener en ascuas pues bien... así sea. ¿Qué es de tu vida, sigues trabajando donde mismo?

- Estoy estudiando en la Universidad, hermana.

- ¡Eso está bien! ¿y el voleibol?

     Me incorporo a la avenida principal y enfilo hacia la salida de Danderid, a casa de mis padres.

- Ahora mismo tengo unos grupos de jóvenes y un amor de chico que va a traer a Suecia muchas victorias.

- ¡Vaya! o sea, que si sigues en eso.

- Sí, es difícil dejarlo ?escarbo en mi cartera y saco mi celular con mi mano izquierda.

­- Pues será el deporte que te mantiene así tan de maravilla, y esos ojos así de resplandecientes

- Humm! Digamos que no sólo es el deporte.

     Apresuradamente envío un mensaje al teléfono de Isabelle cuando estamos en el semáforo esperando el cambio de luz que dice así: ?¿Ya está la cena, amor? ¡Mira que te llevo una sorpresa!?

- ¡Luz verde Alexandra! ?me avisa Benita mirando extrañada a mí y al teléfono.

- Tengo que reservar mesa, hermana ¿Imagínese que haya mucha gente?

- ¿Y a qué clase de cafetería me quieres llevar?

- Una muy tradicional, le aseguro que le gustará.

     Sonrío y no dejo de mirar por el rabillo del ojo a la hermana como achica sus ojos a través de la ventanilla del auto percatándose que nos alejamos del centro.

- Es en esta cuadra. ? le aviso.

    La hermana se baja y mira hacia la casa cuando entro al garaje en la parte delantera. De nuevo saco el teléfono y marco el número de Isabelle.

- ¡Amor, ya estamos aquí! ?digo.

    La hermana me mira rauda y hace un ceño de incomodidad.

- ¿Alexandra? No es ninguna cafetería ¿verdad?

- Le advertí que era muy tradicional ? la empujo suavemente hacia la puerta y esta vez prefiero no utilizar mis llaves.

- Incluso siento ganas de que nos reciban como debe ser ?me planto frente a la puerta y trato de cubrir el cuerpo de Benita y apoyo el dedo en el timbre para que a  los 10 segundos se abra como por arte de magia.

- ¡Alex, cariño! ?saluda Isabelle para rodearme con sus brazos y pegarse a mis labios como acostumbra a hacer siempre que no hay nadie delante.

- ¡Dios mío todopoderoso! ?chilla la hermana Benita a mis espaldas e Isabelle queda de una pieza en su asombro.

- Te dije que traía una sorpresa ?me ladeo hacia la hermana que se le ha desencajado el rostro de sorpresa y felicidad.

- ¡Hermana Benita! ?es Isabelle que grita ahora y se abalanza a la mujer que aún está en la semipenumbra del hall y se abrazan.

- ¡Hermana Isabelle! ?gimotea Benita con los recios brazos sobre el cuerpo de Isabelle que tampoco se contiene y empieza a llorar. Están así varios minutos.

- ¡Hermanas! ?digo al fin sonriendo- ¿Podrían entrar las dos?

- ¡Oh bendito Señor! escuchaste mis plegarías ?se sacude varias lágrimas de sus cachetes- ¡Tenía tantas ganas de saber de ti!

- ¡Hermana! ?Isabelle aún le rodea la cintura- ¡Pensé miles de veces en llamarte pero como prometí a la superiora, no volver al monasterio...

- ¡Esa infame! ?reposta ceñuda- ¡Pero a ver! ?se para en medio de la sala y le da una vuelta completa a Isabelle para mirarla mejor- ¡Estas muy bien! 

- ¡Gracias Benita! tu amable como siempre.  

- Y esos ojos tuyos estallan de felicidad ?luego se vuelve hacia mí- ¡Hasta que la encontraste! ¿no?

    Hago un gesto vago y sonrío tenuemente, realmente no sé si Isabelle tiene en proyecto contarle lo nuestro o si prefiere que todo se quede así.

- ¡Ven, cariño! ?me extiende Isabelle su mano- ¡Tuviste razón, Benita... siempre la tuviste, hermana mañosa ?entrelaza sus dedos con los míos­- ¡Estaba enamorada de ella hasta la médula y creo siempre lo estaré!  

- ¡Oh Isabelle! ?hace un gesto de cansancio- Era tan evidente, mi niña. Acuérdate que esta vieja pasó por todo eso cuando joven. ¿Y que dice la señorita Alexandra al respecto?, además de tenerme despistada toda la tarde de hoy.

- ¿Qué tengo que decir, hermana? ­?levanto las cejas en completa ignorancia.

- ¡Abrase visto la bandida! ?se ríe la monja- ¡Cómo si me ibas a engañar esa noche en la ambulancia camino a la clínica con Isabelle en tus brazos! ¡Por Dios si parecía que la que ibas muriéndote eras tú!

    Río y a pesar de evitarlo me sonrojo.

- ¿Eso es verdad, Alex? ?pregunta Isabelle maravillada.

- ¡Bah! ya sabes lo cotillera que suelen ser las monjas ?respondo besándole el dorso de su mano.

- Nunca vi a nadie que expresara sus sentimientos tan claros y puros como tú aquella noche, Alexandra. ¡Y me alegro tanto de eso! ?ríe abiertamente a las dos- ¡Es una lástima que no pueda ir con la noticia al Monasterio!

    Inevitablemente se me encrespa la piel y observo la reacción de Isabelle.

- ¡Lo sé Benita! esto... ?suspira resignada- No es algo que pueda ir contando a las demás hermanas, aunque para serle sincera... no me importaría.

     Benita asiente y de nuevo se acerca para pasarle su mano regordeta por los cabellos.

- Se trata de tu felicidad y yo sabía que no tenías madera de ser monja toda una vida Isabelle ?luego se ríe- ¿Siete años pensándolo y ni aun así te decidiste! ¿eh?

- ¡Esperaba por ella, hermana! -me señala-¡Y se demoró tanto!

- O sea que ahora es mi culpa ?bromeo moviendo la cabeza­- Mejor voy a buscar unas cervezas para refrescarnos antes de la cena. No se muevan de acá, yo me ocupo de servir la mesa.

    El traqueteo de la silla de ruedas de mi padre con Dany empujándola se acerca desde el pasillo.

- ¡Buenas tardes! ?saluda con voz cálida y no se sorprende al vernos. Dany da la vuelta y se recuesta a su costado, apoyándose en sus rígidas piernas .

- ¡Hola papá! hoy tenemos a la hermana Benita que nos acompaña en la cena ?digo haciendo un gesto hacia ella.

- ¡Un gusto hermana! ¡Bienvenida! ?responde mi padre haciendo una inclinación con la cabeza.

- ¡El gusto es mio señor! ?Benita hace una pequeña reverencia- ¡No sabe que gusto me da volver a ver a Isabelle y Alexandra.

- ¡Dany! saluda a la hermana ?empuja mi padre levemente al niño que nos mira a todos y queda fija su vista en el vestido marón y la cofia negra que tantas veces habrá visto de chico asociado a la imagen de su madre. Isabelle abre la boca para decir algo, pero es la voz de mi padre que se adelanta como siempre.

- ¡Mi nieto es un poco tímido, hermana, pero es un tesoro de niño! ?y sonríe animando al chico para que se acerque a la visitante.

     Yo me quedo admirada de lo natural que parece lo que afirma.

- ¡Hermana Benita ?dice al fin Isabelle- ¡Dany es mi hijo! ven cariño y saluda a mi mejor amiga en el convento.

    Ni que decir que Benita pone los ojos como aros y traga en seco pero como tiene una capacidad de reacción admirable, se sobrepone y sonriendo se adelanta para besar las mejillas de Dany que se ruboriza al instante.

- ¡Eres precioso, mi ángel! ?se voltea hacia Isabelle- ¡Es igualito a ti!

     Pasado las presentaciones me apresuro en que ellas queden solas, imagino que tendrán mucho que contarse así que digo vehemente.

- Bueno ustedes chicos, vengan a ayudarme en el comedor para poner la mesa.

    Cuando los dejo pasar delante de mí, escucho a Isabelle en un susurro antes de sentarse en el sofá con la hermana.

- ¡Es una larga historia!

- Pues más te vale hija, porque el niño está un poco grande para tres meses en los que no te he visto ¿verdad?

     Sonrío ante el desparpajo de la hermana y me vuelvo.

- Ya les traigo cervezas, chicas.

     La cena ha estado muy bien, mi madre trabaja hasta bien entrada la noche y no logra llegar a tiempo para estar con nosotros. Mi padre correcto y amable como siempre ayuda a crear el perfecto ambiente para que la hermana se relaje y repita su porción varías veces entre suspiros de gusto y satisfacción, Isabelle no se queda atrás con el apetito. En estas circunstancias me pregunto si lo de comer bien y en porciones de carretero es una tradición de las monjas o es una característica fortuita de estas dos.

    Dany se apretuja a mi lado cediendo su sitio a la hermana y sólo observa curioso a la visitante. Algo me dice que no quiere volver al tiempo que su madre era también como una visita para él, le tomo su manito por debajo de la mesa y le sonrío para inspirarle confianza y apoya su cuerpo a mi costado y su cabeza en mi brazo.

- Quiero que vayas a cuidar del abuelo después de la cena para que esas dos monjitas puedan estar un rato a solas ¿bien? ?le susurro y le doy un beso en la frente. Los ojos de Isabelle me miran a través de la mesa con dulzura.

- ¡Chicas! el café y el postre se los llevo a la sala ?me incorporo- ¡Nosotros nos ocupamos de organizar esto por acá.

- ¡Faltara más! ?se opone la hermana y hace intentos de seguirme a la cocina.

- ¡Es una orden, hermana! ¡Y para ti también Isabelle! que ya sé la de cotilleos que aún les falta por comentar.

- ¡Ave María purísima! ?susurra Benita, notando como mi padre sonríe.

- ¡Fuera las dos! ­-exijo con las cejas levantadas.

- ¡Bien! ¡Bien! ?se retiran y mi padre sigue sonriendo.

- Isabelita cada día cocina mejor. ¿no?

- No sea adulón, Antuñes y vaya al saloncito de la tv que ya le llevo también el café.

     Luego que termino de recoger, servir el café y lavar todos los cacharros voy y echo una ojeada por la sala, y allí están las dos, cuchicheando y con expresión reflexiva. Las dejo y me voy un rato con Dany, veo sus tareas de la escuela y lo infundo en su pijamas y envío a lavarse los dientes. Luego me echo con él en la cama y sacamos las tortugas de debajo de la almohadas para jugar.

    Isabelle nos sorprende desde la puerta cuando sólo me quedan dos engendros vivos y Dany brincotea sobre mi cabeza con una manada de ellos vivitos y coleando.

- ¿Que hacen mis ricuras?

- ¡Mam le estoy ganando a Sam!

- ¡Rubio tramposo! ?digo haciéndome la enojada y lo agarro de los pies para lanzarme a hacerle cosquilla.

­    Desde un costado Isabelle aprovecha mi posición de espaldas y sin esperármelo cuela sus dedos por debajo de mi blusa y atosiga mis costillas haciéndome doblarme de la risa.

- ¡Sujétela Mam! ¡Sujétela!

      Ahora tengo a Dany sobre mi estómago con sus manitos rascando a mis costados e Isabelle sujetándome de los brazos.

- ¡Me rindo! ¡Me rindo! ?grito desquiciada de dedos por toda mi estructura.

     Los dos detienen su tortura y Dany me mira sonriendo.

- ¡Traidor! ­?le digo sofocada.

      Isabelle se encima sobre mi, acomoda mis cabellos y sin esperármelo deposita un beso en mis labios

- ¡Tienes que irte, Alex! Benita ya quiere regresar al monasterio.

- ¡Bien! ?me incorporo- ¡Hasta mañana Dany! ¡Un abrazo campeón! ?sus manos se aferran a mi cuello y me besa.

- Coge el libro de cuentos y espérame cariño, voy a despedir a Alex ­?dice Isabelle, cubriéndolo con la sabana mientras yo me adelanto hasta la puerta y casi estoy por salir cuando lo escucho.

- ¿Mam? ¿Sam es tu chica?

      Atravieso el umbral de la puerta y me quedo en acecho del otro lado, con el corazón disolviéndoseme a pasos agigantados.

- Si lo es, Dany ?hace una pausa- ¡Y la quiero mucho!

- Yo también la quiero ?responde el niño- ¡Y es muy... pero que muy bonita ¿no?

- ¡Anja! ¿y desde cuando te fijas en eso?

- Se parece a Mikaela

- ¿Mikaela? ¿quién es esa?

- Una niña de mi grupo en la escuela.

- ¡Pues mira por donde! ?la voz se acerca a mí- No te duermas que ya vengo para que me cuentes de esa niña.

     Cuando cierra la puerta y se asoma al pasillo me ve de espaldas a la pared y mirando al techo.

- ¿Y bien?

- ¡Hasta que preguntó!

      Se acerca y toma mi rostro con sus manos.

- Tengo la novia más linda e increíble del mundo ¡Hasta mi hijo se da cuenta!

- ¿Tú crees que ahora que lo sabe, me tratará de otra forma? ?indago preocupada.

- ¡Te querrá más, tonta!  -esconde sus labios en mi oído- ¿Por qué no me has besado hoy?

- ¡Mis besos tienen precio! -la miro altanera- ¡Y son muy caros!

- Puedo fiarte uno ?desliza su húmeda boca y me mordisquea en la comisura de los labios- O dos... o tres ?se adhiere a mi cuerpo y me besa con esa calma y candor que me entumece los huesos. ¡Me pierdo en su aliento y las caricias de su boca! y pienso que ella es la única que ha logrado que las rodillas se me ablanden con el mínimo roce de su piel.

- ¡Benita está esperando! ?dice con resignación y me toma de la mano para ir hasta la sala- ¿Alex? por qué todo lo bueno que me pasa, siempre tiene que ver contigo?

      Me sorprende el tono de voz dulce que tiene la pregunta y trato de restarle importancia,

- ¡Por la misma razón que no hay nada bueno en mi vida si no estás tú!

     Sonríe y me aferra la mano con cariño.

- ¿A qué hora tienes pausa para el almuerzo mañana?

­- A las once y cuarenta.

- Te invito a almorzar ?ofrece seductora- ¡Un restaurante italiano donde hacen los espaguetis con salsa de albahaca mejores de todo Estocolmo.

­- ¡Humm! ¿Sirven de postres: rubias de ojos verdes, desnudas? ?bromeo y la propia idea me aviva el recuerdo de los furtivos besos de hace un momento.

- Nunca se sabe ?se chupa los labios y estoy prácticamente babeando.

- ¡Perfecto! ¿Me recoges?

- ¡Te espero en la entrada de la Universidad!

     Antes de despedirse de la hermana le dice que la llamará para invitarla a almorzar dentro de dos semanas pero que será en la nueva casa. La abraza y sale afuera para despedirnos. Cuando me besa apresurada, se encarga de morderme el labio antes que Benita se vuelva para vernos.

­- ¡Hasta mañana cielo! ?murmura por lo bajo- Siempre me dejas... ?silabea roncamente- ¡Acalorada!

     Le abrazo sin importarme que Benita ya está abriendo la puerta del coche y puede que se gire y nos vea, la ajusto fuerte contra mí y coloco mi boca en su cuello para simplemente morder flojo y succionar de a poquito con todas las hormonas descompuestas. El gemido de Isabelle no hace esperar.

- ¡Amor! Benita está esperando ?murmura sin despegarse de mí.

- ¡Voy a soñar contigo! ?suspiro y me separo viendo las estrellitas verdes estremecidas de deseo.

- ¡Te amo Alex! ¡Ha sido una linda sorpresa la de hoy! ¡Gracias!

                                                                 **********

      En la tarde suspendo el entrenamiento de uno de los grupos por una evidente razón, ?Reunión de padres en la escuela de Dany?. Recibimos la carta de citación hace una semana y cuando Isabelle me pregunta si iría, no lo dudo un instante: ¡Por supuesto! Y aquí estamos, en el gran salón de recibimiento de la escuela, después de casi no encontrar sitio para parquear en el reducido garaje al aire libre, esperando al igual que los otros padres, que se reúnen de parejas o en pequeños grupos. Nuestros niños recién se han incorporado al primer grado y no nos conocemos.

- ¿Estas segura que es en el aula C:7? -pregunta Isabelle, con esa falda apretada y hermosa que se ha puesto.

- ¡Eso decía el papel!

- ¿Y por qué todo el mundo se queda aquí abajo, si las aulas están en el segundo piso?

- ¿Quieres que pregunte? ?me brindo inmediatamente.

­- No Alex, hagamos lo que hacen los otros, todavía faltan unos minutos.

    Y como si nos hubieran escuchado aparece un profesor que saluda y nos invita a subir las escaleras para comenzar la reunión.

- ¡Es una linda escuela! ?susurra Isabelle admirando los amplios pasillos y las paredes decoradas con cuadros de jóvenes atletas.

- ¡Mejores están las instalaciones deportivas! ?le explico porque como soy la que traigo y recojo a Dany, ella no ha visto nada del exterior.

      Cuando entramos al local todo un repertorio de profesores nos están esperando. Se ponen de pie mientras que nosotros nos acomodados lo mejor que podemos en las sillas ubicadas frente a ellos. Reconozco al instante a Håkan, el director de la escuela y amigo en los tiempos que ambos éramos deportistas activos. Sonríe cuando me divisa y hace una inclinación de cabeza. Le respondo con el mismo gesto.

- ¡Buenas tardes y Bienvenidos! ?es el que toma la palabra cuando se cierra la puerta y todos se miran analizando al que tiene al lado.

    Explica que por motivos de organización y un mejor trabajo han decidido reunir a los padres de cada grupo por separado para poder hablar específicamente de la línea y planificación de estudios de los chicos. Con disimulo, hago cuentas rápidas y suponiendo que la asistencia sea total con los cuarenta y picos de padres que estamos presentes, imagino que haya al menos 22 alumnos que conforman el grupo.

- ...por lo que sería bueno para mí y el profesorado que cada padre se presente para irnos conociendo.

­-¿Qué dijo? ­?murmuro rosando el brazo de Isabelle que está a mi lado.

- ¡Que hay que presentarse!

- ¡Hola me llamo Elsa Benstrom y soy la madre de Viktoria! ?dice la primera mujer de la hilera poniéndose de pie y sonriendo a todos.

- ¡Hola me llamo Stefan, y soy el padre de Viktoria! ? ambos se sientan y ahora es la pareja que tienen al lado quienes dicen sus nombres y el de su hijo.

   ¡Oh Dios! esto va a estar interesante! me digo y miro a Isabelle de soslayo quien no se pierde ni una palabra, tanto de los padres, como de los diferentes profesores que asienten y sonríen cada vez que alguien se pone de pie.

    Hasta que nos llega el turno, el rostro de Isabelle ha empezado a ponerse rojo ya cuando el padre de la punta de nuestra hilera se ha incorporado. Sin embargo, se ladea y me sonríe con ánimo.

- ¡Hola! Me llamo Isabelle Isaguirre y soy la mama de Daniel, o mejor dicho de Dany como todos le llamamos ? ruborizada pero sonriente, afirma con un gesto cálido.

     ¡Mierda y ahora me toca a mí! ¿Y quién soy yo? No padre, no madre, ¿Amiga? ¿Novia de la madre?

- ¡Hola! me llamo Alexandra ?paseo la vista a mi alrededor­- ¡Y soy la compañera de Isabelle!

     La misma expresión de sonrisa por parte de todos, las paredes no se caen y el techo todavía sigue en su sitio. Ya estoy por sentarme cuando la voz del director se escucha.

- ¡Tendríamos que hacer un comentario aquí- expone Håkan y yo palidezco. Realmente es la primera vez que hago publica mi relación con Isabelle delante de tanta gente y su intervención me pone los pelos de punta. ¡Claro, que él no sabía este nuevo aspecto de mi vida! y hasta se estará preguntado que pasó con todos aquellos chicos con los que me conoció en mi buenos tiempos!

- ¡Como profesorado nos sentimos muy orgullosos de que entre los padres tengamos una atleta reconocida en el ámbito internacional y que ha cosechado muchos éxitos en el equipo nacional de Suecia en la disciplina de voleibol. Gracias a ¡Alexandra Antuñez! Quien fue capitán del equipo en el 2005, la medalla de oro le correspondió a Suecia, realmente Alexandra, es un honor que confíen la enseñanza de Daniel a nuestra escuela.

     ¡El muy bastardo! me ha hecho sacar los colores a la cara, y mucho peor cuando uno de los padres aplaude y los demás le secundan en cuestión de segundos. Hago una leve inclinación de cabeza y musito un gracias a derechas y a izquierda sintiendo temblores hasta en la médula ósea.

      Cuando al fin me dejo caer en la silla todavía confundida, la voz de Isabelle y su mano sobre mi brazo me hacen reaccionar.

- ¡Estoy tan orgullosa de ti, Alex! ?y su sonrisa y el chispeo de sus ojos es el mejor cumplido que he recibido en años- Aunque quizás lo debía haber sabido antes.

 

 

- ¿Cómo te fue, cariño?

­- ¡Perfecto, Alex! ya firmé el contrato y el banco aceptó el préstamo. Así que es sólo cuestión de papeleo.

- ¡Qué bien! fue una mala suerte tener ese trabajo de clases hoy ?digo rascándome la cabeza y mirando para la puerta del aula de donde me puedo escapar unos minutos.

- ¡Tranquila mi reina! confía en mí ?escucho incluso su sonrisa a través de la distancia.

- ¡Debería haber ido contigo! ?reclamo.

- No Alex...tráeme el máximo de puntos en ese trabajo y déjame lo otro ¿sí?

- ¡Que sí!

- ¡Te tengo otra sorpresa!

- ¡A ver si adivino! ¿Han rebajado el precio de la casa?

- No Alex, no bajaron ni una corona.

­- ¿Entonces?

- ¡Nos podemos pasar este mismo fin de semana!

- ¡Oh Dios! ya...¿Te dieron las llaves?

- Si, ¿Que te parece?

- ¡Un sueño! quiere decir que dentro de tres días... entrenamos casa.

- Estaba pensando pasar las cosas el sábado para acomodar y arreglar... luego el domingo....!Nos pasamos! ­?exclama con un gritillo de nervios Isabelle.

- ¡Oh Santo Cielo! y... ¿Todavía entro en tus planes? Digo si... ¿ya decidiste si yo ...?

- De eso mismo quería hablarte.

     Me volteo hacia el pasillo al ver pasar dos alumnos por detrás de mí. ¡La decisión más importante de mi vida! ¿Quería Isabelle que ya viviéramos juntas? ¿Tendría que pasar otro período de adaptación y noviazgo a distancia?

- Pues... tú dirás ?digo como si un puño me apretara la garganta.

- ¡Quiero pasar a recogerte porque necesitamos comprar algo y necesito tu opinión?

- ¡Por supuesto! ¿Qué vamos a comprar?

- Una cama

- ¿Una cama? ?el pensamiento se me echa a volar.

- Sí, una cama grande y cómoda ?siento la risilla de Isabelle- y donde quepan dos personas.

- Pues sí... claro ... para dormir ?trago saliva- ¿Y quiénes dormirían...

- Una antigua monja con una hermosa trigueña de ojos azules.

- ¡Oh Dios! entonces... ya tú crees que... sea el momento ?me empiezan a sudar las manos.

- ¡Sí Alex, quiero vivir contigo, despertarme contigo y acostarme contigo cada día de esta vida o ¿Es que tienes algo en contra? ?ahora es ella la que parece dudar.

- ¡No, mi amor! Llevo esperando esto desde siempre y aunque quiero que tengas el espacio que necesites... ?suspiro con profundidad­- ¡Dar este paso es lo más lindo que me pueda pasar! ¡Tú eres la única razón de mi vida, Bett! ?cuanto deseo estar frente a ella y perderme en su mirada- Tú y Dany.

- ¿Crees que no lo sé, cariño?

-¡Soy tan feliz de tenerte ! ?se me licuan los ojos sin poderlo evitar. 

- Soy yo la afortunada Alex... ¡Y no sabes cuánto, cielos!

      Parece que del otro lado la voz tiembla y se hace el silencio.

- ¿Bett?

- ¡Ve a por ese máximo de puntos, Alex! -dice al fin- ¡Nos vemos en un rato!

                                                                **********

 

    Regresamos a casa de mis padres después que hemos salido con Isabelle y Dany a cenar, en un restaurante japonés en Gamla Stan. Mi plan era dejar a Dany con mis padres y seguir con Isabelle a tomar unas copas en uno de los tantos bares del Centro, más bien tenía pensado llevarla al ?Patricia? que sabía por comentarios que era un bar gay tranquilo, bastante acogedor y quedaba en la orilla de la bahía desde donde se veía las luces de la ciudad antigua de Stockholm, con el palacio donde vivía el rey al fondo y los grises edificaciones del parlamento a un costado.

- ¡Hola hermanita!

- ¡Elois! ¿Que sorpresa? ?salgo del cuarto donde Isabelle está preparando al niño para acostarlo, con el teléfono pegado a la oreja.

- ¡Ya papá me ha contado! hasta que al fin lo lograste ¿no?

- ¿El qué?

- No te hagas la ingenua que sabes bien de lo que hablo... ¡de Isabelle!

- ¡Ah! ?realmente nunca había hablado del tema con Elois, siempre me había conocido saliendo con chicos y no sabía en qué medida sería su aceptación.

- Pues... nada... ¡la quiero!

- Eso ya lo sabía ?se ríe desenvuelto- ¿Por qué crees que no le tiré los tejos esa tarde que la llevaste a cenar ¿eh?

- ¿Te hubieras atrevido? ¡Mira que era una monja!

- Pero no fue suficiente motivos para ti.

- ¡Es distinto! yo esperé a que no tuviera nada que ver con la religión.

- ¡Pero que dices hermanita! si en la cena te la comías con los ojos y ella... ni que decir... como dos tortolitas.

- ¡Basta bribón! ¿Cómo está tu romance por Malmö?

- Pues parece que esta vez me atraparon.  

- ¡Ya era hora! ¡Por Dios! ¿Cuándo la conoceremos?

- Para el verano, está en un curso y no puede pedir vacaciones, yo soy el que llego mañana Estocolmo.

- ¡Pues hombre! ¡Que oportuno! ?me carcajeo al imaginármelo cargando cajas en nuestro traspaso.

- ¡También lo sé! ?bufa resignado- ¡Casita nueva! ¿eh?

- Pues sí, ¿A qué hora llegas?

- Para el desayuno ya estoy con ustedes.

- ¡Bienvenido hermano! ?sonriendo entro al cuarto que ocupa Isabelle, y ella le está leyendo un libro a Dany.

- ¡Un beso campeón! ?me acerco y le rozo las mejillas con mis labios- ¡Voy abajo a ver tv! ?le digo a Isabelle guiñándole un ojo.

     Están poniendo el festival de la canción europea y casi me había olvidado que Suecia participaba con un grupo muy bueno al que quería ver. Mi padre se ha retirado a dormir y mi madre dormita impasible en una de las butacas.

- ¡Mamá ve a acostarte!

- ¿No quieres que te acompañe?

- Ahora que lo dices, no hay mejor compañía que tus ronquidos.

- ¡Bah! no exageres ?se remueve en el asiento- ¿Esta Isabelita contenta?

- ¡Lo está! ?sonrío y agarro el control del volumen para subirlo un poco.

- ¡Casa nueva con chica noble y hermosa! ?murmura mi madre y me sonrojo como una quinceañera- ¡Todo va a salir bien Alexandra! ¡Esa chica te quiere bien!

­- ¡Gracias!

- Me voy a acostar, ya la escucho bajar ?se incorpora- ¡Que se diviertan!

- Ya Dany está dormido ?se sienta Isabelle a mi lado y me besa en el hombro- ¿Que está mirando mi reina?

- El festival, pero si quieres ya nos vamos.

    Se estira como una gatica ronroneando de gusto y suelta los zapatos

­- Estaba pensando que mejor nos quedamos, si salimos vamos a estar cansadas para mañana y prefiero estar aquí a solas contigo.

­- ¿Segura? ?la recuesto a mi pecho y la abrazo.

- Sí

     Terminamos de ver el festival, y luego subimos a nuestras respectivas habitaciones para cambiarnos. Cuando me cuelo debajo de mis colchas a esperar a Isabelle estoy tan intranquila como si fuera la primera vez. Ya hace más de dos semanas que estoy evitando lo ya inevitable, y aunque considero que ahora ella tiene una perspectiva más abierta hacia mí en el aspecto íntimo, no sé hasta cuando puedo mantenerme en los cabales y seguir el plan de la psicóloga.   

      El crujido de la puerta al abrirse y el giro de la manivela para cerrarla desde adentro me desembocan las hormonas.

     La miro cuando se acerca a la tenue luz de la lamparita de la pared que he dejado encendida y me quedo en estado de shock cuando sencillamente se deshace de su camisola, y la rubicunda piel de su torso aparece lisa y provocante. Luego baja el pantalón de su pijamas y más tarde haciendo un movimiento con las caderas se deshace de sus bragas que van a parar al suelo.

- ¡Hola! ?susurra cuando se echa a mi lado metiéndose debajo de las frazadas.

- ¡Hola! ?respondo lo mejor que puedo- ¿Ya se durmió Dany?

- ¡Sí! ?queda semi incorporada y me acaricia el cabello que ahora está desparramado por la almohada y por mis hombros. Más tarde se encima y humedeciendo sus labios los deja correr sobre los míos con lentitud y ternura.

   Y es tan recondenamente excitante, como su aliento y su aroma me subyugan que me entrego a la caricia completamente hechizada de sentir la presión de sus senos en mi pecho y su cuerpo desnudo sobre mi costado. Nos besamos primero con esa delicadeza producto de la más genuina ofrenda de amor que estamos compartiendo, pero a medida que profundizamos los besos y la piel es estimulada con las caricias inocentes en el cuello y los hombros, el aliento va perdiendo vigor.

- ¡Alex! ¿puedes quitarte la camiseta? ­?dice con su mano en mis pechos y sus labios acariciando mi cuello.

- Bueno ?susurro despacio y me echo hacia adelante para sacarla por la cabeza. Pero la vista de los pezones de ella, erectos y apetecibles cuando voy a volver a mi posición son demasiados tentadores, y allí me voy.

- ¡Humm! ?se relaja Isabelle cuando siente mis labios humedeciendo la zona con roces sensuales y pasadas tímidas de mi lengua. Sus dedos están ahora en mi espalda haciendo círculos sin rumbo fijo.

- Me prometiste dormir sin ropas.

- Pero no te dije cuándo ?sigo con las succiones a sus pechos y ella se pega a mí buscando contacto con sus piernas.

- Alex, ese short... me molesta ­-reclama con sus manos en mis nalgas.

- ¿Que tiene de malo? ? sigo en el plan, o sea: hacerme la dura.

- ¡Quítatelo! ¿sí?

     Ella mismo lo baja hasta las rodillas y con un movimiento de los pies los expulso hasta los tobillos.

- ¡Mucho mejor! ?ronronea en mi cuello y me mordisquea en el hombro.

     Esto está poniéndose mejor de lo que pensaba, percibo que a la vez que me estruja las nalgas suavemente, ha pegado su sexo en mi ingle, y aunque tengo mis bragas aún puestas, siento el roce de sus bellos y cierta humedad impregnándose en mi piel.

- ¡Te deseo Alex! ?gime y va en busca de mis manos que se entretienen en su vientre y las acomoda de manera que pueda acariciarle el trasero. Encontrarme palpando sus nalgas por deseo de ella me enardece la respiración y me temblequean las piernas. Pero conteniendo el estallido de emoción, las palpo y aprieto dócilmente maravillándome de la tersura de su piel y las curvas firmes que abarco con mis dedos.

- ¡Yo también, Bell! ?murmuro perdiendo mi boca en su garganta mientras ella ya ha empezado a halar hacia abajo mis bragas y desperdiga cientos de besos en mi oído. Cuando se pega a mí, aun de costado y nuestros sexos se rozan dejo simplemente de respirar. Es un toque sensual, inofensivo, y de tentativas.

     Y aunque quiero más, me conformo con advertir como la vellosidad de nuestras pelvis se entremezclan y el pulsar de nuestros centros se hace evidente. Isabelle ya respirando agobiada sube la mirada a mis entornados ojos y el desenfreno de sus pupilas hace que mis manos se ciñan con firmeza a sus nalgas y mi pelvis inicie un empuje de frotamiento que es recibido con un largo gemido por parte de ella y sin vacilar, responda impulsando su sexo para profundizar la fricción con el mío.

- ¿Bell? ¿Ya debemos parar? ¿sí?

     Me encuentro diciendo cautivada por ese roce que hace que mis líquidos acudan vertiginosos acumulándose en mi centro ¡Se ha tenido que dar cuenta que ya estoy empapada!

- ¡Alex! ?sus labios están succionando mi clavícula izquierda y sus manos deambulan por toda mi espalda y comprimen mi trasero con codicia- ¡Quiero más!

     ¡Oh Dios! Ella me lo está pidiendo! ¡Al diablo con la psicóloga! ¡Las dos queremos más!.

- ¡Mam! ?la voz que escuchamos detrás de la puerta cerrada nos petrifica. Isabelle levanta la cabeza asustada y el miedo es patente en su mirada.

- ¡Dios mío! ¡Es Dany!.

       No se de que forma mi calentura se evapora y torpemente busco mis bragas enredadas en los tobillos para saltar al piso en busca del short y la camiseta.

- ¡Vístete! ?pero ya Isabelle ha reaccionado y frenética, se enfunda en sus pantalones y su camisola.

- ¡Mam! ¿Estás ahí?

- ¡Espera Dany que ya abro! ?me abalanzo hacia la puerta recorriendo con la vista hacia atrás y percatándome que todo está en orden y que Isabelle se arrebuja ya vestida, bajo las colchas en la orilla extremo de la cama. Me paso la mano por el rostro y froto los ojos para parecer con sueño.

- ¡Hola, cariño! ?digo parada frente a él que trae en su mano su almohada.

- ¿Está mi mama?

­- Sí

- ¿Y qué está haciendo? ?sus ojitos verdes no ocultan la sorpresa.

- Durmiendo.

- ¿Mi mama se acuesta contigo?

- Bueno... Sí -¿sabrá realmente un niño de 6 años el significado no literal de tal afirmación­- ¡Nos queremos mucho! ?le digo suave para no dejar dudas.

- ¿Y tú la quieres? ­?pregunta y tal parece que sabe más de lo que imagino.

- ¡Con toda mi alma!

    El niño afirma y se inclina hacia adelante para tratar de mirar hacia adentro.

- Ella me dijo que también te quiere.

      Sonrío y no sabiendo que hacer, tomo aire para relajarme.

- ¿Tienes miedo de dormir solo? ?indago haciéndome a un lado por si sus intenciones son las de entrar.

- ¡No! ?afirma pero no me convence su rostro inseguro.

    Le extiendo la mano.

- ¡Ven! ?y él la toma presionando la almohada con la otra, sobre su pecho.

- Te podemos hacer un sitio aquí entre las dos ¿Si quieres?

- ¿Hay espacio?

­- La cama es muy grande y tú no eres gordo ¿no?

- No

     Sus pies desnudos se detienen en el canto de la cama y mira a Isabelle que no ha movido ni un músculo de su rostro.

- ¡Pssss! Está dormida  -dice girándose hacia mí.

- Te lo dije, hala, sube y acomódate.

    No espera a que lo repita y repta bajo las colchas hasta el centro y coloca su almohada junto a las nuestras para instalarse.

- ¿Y tú? ?­alza la cabeza para observarme.

- ¡Ya te sigo campeón! ?levanto las colchas y me acuesto a su lado.

- ¿Sam? ¿Te parece que mi mama es bonita? ?murmura y se encima hacia Isabelle para mirarla.

- Es la mujer más hermosa que conozco ?le digo convencida y extrañada por la pregunta.

- Eso creo, aunque hay una que casi casi, es igual de bonita.

- ¿Ah sí? ¡Explícame eso!

- ¡Tú!

- ¿Yo qué?

- Por un tantico así, no le ganas a mi mama.

- ¡Que adulón me has salido, rubio! ?me río sabiendo que Isabelle está despierta y escuchando todo.

- ¡Es la verdad!

     Busco por debajo de las colchas y cuando mi mano tropieza con su manito se la aprieto y el la lleva a su pecho junto a la de Isabelle que ya tiene aprisionada.

- ¡A dormir! ?digo cerrando los ojos- ¡Buenas noches Dany!

- ¿Sam?

- ¿Cariño?

- ¿Tú vas a venir con nosotros a la casa nueva ¿sí?

- Sí

- ¿Y vas a dormir con mi mama en el mismo cuarto? ¿sí?

- ¡Correcto! ?este chiquillo me hace utilizar todas las neuronas para poder seguirlo.

- ¿Y si alguna noche sueño con dragones y monstruos podría..?

- Venir a dormir con nosotras ¡Pues claro!

- ¡Qué bien! ?suspira aliviado.

      Por Dios si el pequeñajo todavía está de pañales, ¡Una ricura mi rubio lindo!

                                                           **********

   El amanecer ha sido un torbellino, Elois fiel a su palabra llega en el taxi que ha tomado desde la estación de trenes a las 6 de la mañana. Aun con los ojos cerrados escucho el escándalo que hace en la cocina con mis padres que están preparando el desayuno.

- ¡Buenos días! ?siento el cuerpo duro de Dany apelotonado sobre una de mis costillas y el roce de los labios de Isabelle sobre mi boca. ­-¡Hola! ?susurro perdiéndome en sus enormes ojos verdes que tengo a menos de un palmo.

- ¿Dormiste bien?- ¡No sé que tiene tu cama que a todos nos gusta!

    Sonrío flojo y llevo mis dedos a su rostro para acariciar su mejillas y acomodar los mechones de pelo rebeldes por detrás de las orejas.

- Estoy perdiendo dinero... debería empezar a cobrar, a ti pensión completa y a Dany media pensión por meterse bajo mis colchas.

- ¡Pagaría de buen grado! ?se arrima aún más por encima del cuerpo del niño y sus labios rosan, besan y por último succionan suave mi cuello.

     ¡Es increíble con que agresividad mi libido reacciona.

- ¡Bell! ?suspiro licuándoseme las entrepiernas- ¡El niño! ?le prevengo de mala gana en un susurro.

- ¡Psss, lo sé! es sólo para animarte a despertar a un nuevo día ?se retira a su sitio sonriendo.

- ¡Ya! ?suspiro profundo- ¡Entonces a levantarse antes que Elois nos abra la puerta!

- ¿Sería capaz?

- ¡Ja! si no lo sabré yo. ¡Dejemos dormir a Dany otro rato! ¿Sí?

- Está bien, me voy al otro baño para que ocupes este ? ya está por llegar a la puerta de salida cuando la detengo ciñéndola por la espalda.

- ¡No me importaría compartir el baño! ?susurro seductora en su nuca y me le pego a sus nalgas.

- ¿Alex? ?casi no escucho su voz cuando echa la cabeza hacia atrás permitiendo que la bese en el cuello- ¡No podemos!

- ¡Ya lo sé! pero sería tan agradable ?meto las manos por debajo de su camisola y le acaricio los pechos, haciendo hincapié en los pezones.

- ¡Jesús Cristo! ¡Que mala eres! ?farfulla alterada.

- ¡No sabes cuánto! ?muevo mi pelvis en círculo sobre sus nalgas y mordisqueo jadeando en su nuca.

- ¡No Alex! ahora no!... ?pero no se retira y su corazón bombea a tal punto que siento sus pulsaciones en mis propias manos asidas en sus pechos.

- ¡Bien! ?poco a poco voy bajando las manos y me separo de su cuerpo.

- ¿Agua fría? ¿sí? ? musita cuando se vuelve antes de agarrar el pomo de la puerta para abrirla.

- ¡Agua fría! ?afirmo embelesada al verla desaparecer.  

 

    Después del desayuno, llega el camión que hemos alquilado para la mudada, es increíble la cantidad de cartones que se han ido acumulando a través de las últimas semanas. Lo más reciente es un televisor plasma, de 45 pulgadas que mi madre ha tenido bien en comprar porque no se imagina a Dany sin ver el programa infantil de las seis de la tarde por el canal 1. Sospecho que ni Isabelle lo sabe, y eso me da la razón cuando ceñuda pasa la vista por los cartones como preguntándose de su procedencia.

     Luego nosotras con Dany y Elois vamos en mi coche y al llegar nos ponemos a dar vuelta en un entra y sale por todas las habitaciones hasta que los encargados de la firma de mudanza terminan de bajar los cartones y los muebles.

Isabelle se pasea inquieta sin saber por dónde empezar, hasta que nos ponemos de acuerdo de ir desempacando los cacharros de la cocina mientras Elois y Dany se encargan de acomodar las camas, alfombras y demás.

      Llegando el mediodía empezamos a tener hambre, así que es Elois es el encargado de traer unas p